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Unisonic + Gotthard: Como un vino añejado

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El Caupolicán volvía a abrir sus puertas para el rock y el metal, esta vez albergando la primera visita a nuestro país, de dos bandas que han decidido permanecer en la época y estilo que les valió el éxito, en los mejores años de los 80s y 90s. Los suizos de Gotthard y los alemanes de Unisonic, comandados por Michael Kiske y Kai Hansen, hicieron las delicias de los fanáticos que se niegan a olvidar los años de gloria del hard rock y el power metal.

Gotthard fue la encargada de abrir la velada. Los suizos vienen estrenando nuevo vocalista, luego de que Steve Lee falleciera en un accidente de moto, durante el año 2010. El joven Nic Maeder fue reclutado para encargarse de las voces, y ésta es su primera gira mundial con la banda. De hecho, el del Caupolicán, vendría a ser su tercer show íntegro, por lo que estábamos frente a una agrupación en pleno proceso de adaptación. Claro que eso sobre el escenario, pasaba totalmente desapercibido. “Dream On” abrió los fuegos con una respuesta cálida de un público, que en su mayoría, estaba ahí por Unisonic, pero disfrutó y, con mucho respeto, escuchó el concierto de los suizos, que continuaron con “Top Of The World”.

Nic Maeder es dueño de una gran voz y carisma, típicas del estilo, y su performance sobre el escenario, dan cuenta de su calidad como frontman, llevando la batuta en cada una de las canciones. El resto de la banda, a pesar de los años, se mueve con soltura y con la misma actitud de antaño, casi como si se hubieran quedado congelados en el tiempo, porque la música de Gotthard se siente de esa manera. Incluso en los temas nuevos como “Starlight”, existe ese sonido característico, que a estas alturas sólo despierta nostalgia. Todo parece moverse en base a un libreto, donde se suceden las frases y piruetas clichés, que hacen del hard rock un estilo que sobrevive gracias al recuerdo. Así lo demuestran temas como “Sister Moon”, cuyo parecido con “Still Of The Night” de Whitesnake, es innegable, o en “Need To Believe”, la clásica balada rock.

El show siguió con “Give Me Real”, tema nuevo, y “Master Of Illusion”, para pasar a una balada, que fue presentada como el primer tema que escribieron con esta nueva formación, discurso que fue interrumpido por un grupo de impacientes desubicados (no se les puede decir de otra forma), quienes se pusieron a gritar el nombre de Michael Kiske. Aun así, “Remember It’s Me” fue escuchada con respeto y hasta sacó aplausos. El momento íntimo alcanzó su peak con “One Life, One Soul”, dedicada a la memoria de Steve Lee, y donde pudimos apreciar las bondades de la voz de Maeder.

Mediante el uso de un talkbox, Leo Leoni hacía hablar a su guitarra, para traer de vuelta el rock con “Mountain Mama” y “Right On”. Se escucharon de nuevo los cánticos para Kiske, pero esta vez fueron sobrepasados por los “olé, olé, olé, olé, Gotthard, Gotthard”, que fueron agradecidos por los músicos, asegurando que iban a volver a nuestro país. El coro siguió haciendo lo suyo, cuando tocó interpretar “Hush”, cover de Billy Joe Royal, momento en que los “na, na, na…” inundaron el Caupolicán. La base de batería, daba el pie para “Lift U Up”, antes de llegar al clímax de la presentación con “Anytime Anywhere”. Mientras los fanáticos replicaban los “ole, ole…”, Gotthard hacía una última reverencia y salía del escenario, sellando una presentación que dejo puro sabor a nostalgia.

Unisonic llegaba jugando de ganador. Con tan sólo un disco editado, las expectativas residían en la oportunidad de poder ver en vivo a la leyenda viviente del power metal, Michael Kiske, dueño de una voz única, que hasta el día de hoy se mantiene impecable. Esto sumado a su reunión con Kai Hansen, líder de Gamma Ray, y compañero de Kiske en las épocas de gloria de Helloween, hacían de la presentación de Unisonic, una de esas citas imperdibles con la historia.

El comienzo fue apoteósico, con la introducción de “La Cabalgata De Las Valkirias” de Wagner, seguido por la entrada de los músicos y los primeros riff de “Unisonic”, la canción. La respuesta del público fue inmediata al ver la figura del calvo vocalista sobre el escenario, más aún cuando se pudo comprobar in situ, que su voz se conserva intacta y poderosa. A pesar de que el sonido jamás fue perfecto, en parte por la saturación de los instrumentos, que a ratos opacaban la voz del alemán, la energía se mantuvo a tope en cada una de las canciones. Sin ser clásicos ni nada por el estilo, el catálogo de Unisonic fue capaz de sostenerse durante la hora y algo que duro el concierto. Así lo demostraron “Never Too Late” y “Renegade”, donde no faltaron las voces de los fanáticos más acérrimos.

Kiske es el dueño de la función, con una actitud lúdica y relajada, casi como estando de vacaciones más que en un tour de conciertos. Entre canción y canción, conversaba y bromeaba con el público, confesando que la noche anterior, en el show que hicieron en La Batuta, estaba algo borracho, pero que en el Caupolicán estaba con todas sus energías y concentración al tope. En un par de canciones, bajó del escenario para compartir con los fanáticos de las primeras filas. Kiske venía a pasarlo bien. Hansen, por su parte, a pesar de compartir “la buena onda”, es la columna vertebral de la banda y se encarga de poner la cuota de “seriedad” en el grupo. Balance que quedó patente en “King For A Day”, donde las personalidades de los dos líderes, se complementaban a la perfección en el escenario.

Desde una plataforma que servía de segundo piso, Hansen y Mandy Meyer, introducían con sus guitarras, los primeros riff de “I’ve Tried”, secundada por “My Sanctuary”. Todo el mundo esperaba algo de Helloween. Conscientes de ello, en cada uno de sus shows Unisonic se ha encargado de tocar uno o dos clásicos de la banda. Para esta oportunidad, la elegida fue “March Of Time”, del “Keeper Of The Seven Keys Part2” (1988), que despertó a todo el Caupolicán con una interpretación perfecta. Una vez más, la voz de Kiske se robaba la película.

Unisonic siguió mostrando lo suyo con “Over The Rainbow” y “Star Rider”, para seguir con una sección de solos de guitarra a cargo de Hansen y Meyer, que sirvieron como introducción para “Souls Alive”, tema en que Hansen aprovechó de fumar un cigarrillo, mientras tocaba su guitarra. El primer encore llegaba con “We Rise”, donde Kiske volvió a bajar del escenario, claro que en esta ocasión cometiendo un chascarro, al confundir este tema como el último de la primera parte, creando un momento bastante absurdo, cuando decidió abandonar el escenario, mientras sus compañeros se miraban entre si, y Hansen daba un grito señalando que todavía no era tiempo del bis. Kiske volvía desde bambalinas, entre risas y declarando “I fucked up!”. “Never Change Me” puso fin a la primera parte del set.

La banda volvía a escena para tocar dos clásicos de Helloween. “Future World” y “I Want Out”, coreadas por absolutamente todo el teatro. Aunque un servidor hubiese preferido un final más épico con la interpretación de “Eagle Fly Free”, el “regalo” fue suficiente para saciar las ansias de escuchar esos clásicos, en la voz del hombre que los hizo grandes.

Unisonic brilló con luz propia, sin salirse de sus parámetros, cerrando una noche donde los sonidos de las glorias pasadas lograron cautivar y, por sobre todo, demostrar que su magia sigue intacta. Por algo dicen, que el vino añejado, sabe mejor.

Setlist Gotthard

  1. Dream On
  2. Top Of The World
  3. Starlight
  4. Sister Moon
  5. Need To Believe
  6. Give Me Real
  7. Master Of Illusion
  8. Remember It’s Me
  9. One Life, One Soul
  10. Mountain Mama
  11. Right On
  12. Hush (cover de Billy Joe Royal)
  13. Lift U Up
  14. Anytime Anywhere

Setlist Unisonic

  1. Unisonic
  2. Never Too Late
  3. Renegade
  4. King For A Day
  5. I’ve Tried
  6. My Sanctuary
  7. March Of Time (cover de Helloween)
  8. Over The Rainbow
  9. Star Rider
  10. Souls Alive
  11. We Rise
  12. Never Change Me
  13. Future World (cover de Helloween)
  14. I Want Out (cover de Helloween)

Por Sebastián Zumelzu

Fotos por Praxila Larenas

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Neurosis: El arte del sigilo

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Neurosis

Lo de ayer es posible clasificarlo como un sueño hecho realidad, aunque suene a lugar común, porque Neurosis es una de esas agrupaciones a las que se les atribuye la etiqueta de legendarios, de pioneros y visionarios, y también porque hasta ayer verlos en vivo en Chile parecía improbable, a pesar del cambio de paradigma que ha vivido el circuito en los últimos años en cuanto al crecimiento exponencial de la cartelera. Su arte –como su actitud– siempre ha sido arisca, temperamental y, por lo mismo, no es considerada masiva, sin embargo, eso nunca fue impedimento para que el mundo supiera de su existencia y, sobre todo, conociera su trascendencia en la historia de la música extrema, porque hoy, en perspectiva, Neurosis figura en un exclusivo grupo de bandas que con su trabajo han creado, moldeado e inspirado a toda una generación de nuevos artistas.

La ocasión ameritaba un acto nacional de soporte acorde a la instancia y, con justa razón, los elegidos fueron La Bestia de Gevaudan, lo que se tradujo en un acierto de la producción debido a que la mayoría de los presentes los conocían, por lo tanto, a las 20:30 hrs., cuando dieron inicio a su intervención, el contingente apostado en la pista del recinto era considerable. Por otra parte, resulta evidente que Club Blondie ha invertido en la mejora de la acústica, porque se apreciaron con claridad los instrumentos y, más aún, los fundamentales arreglos electrónicos, sello característico de LBDG. Así, piezas como “Diecisiete Seis Cuatro”, “Fig 5” o la última “Feral”, desplegaron todo su potencial, dejando todo dispuesto de la mejor forma posible para el debut de Neurosis en el país, en el marco de la gira promocional de su registro más reciente, “Fires Within Fires” (2016).

Los mismos músicos de Neurosis prepararon y afinaron los detalles de su presentación, algo no muy común en agrupaciones de la talla de los originarios de la costa oeste estadounidense, y unos veinte minutos antes de las 22:00 horas y sin más preámbulo, comenzaron con un ritual que hasta hace un tiempo sólo ocurría en la imaginación de sus seguidores chilenos. Con “Lost”, del seminal y piedra angular de su sonido como lo es “Enemy Of The Sun” (1993), la ovación fue gigantesca y más aún la conexión entre el conjunto y la audiencia, quienes durante toda la jornada –incluyendo el tiempo que LBDG estuvo en el escenario– se mostraron entusiastas y conectados con las composiciones densas y afiladas que cortaban el aire junto con la respiración.

A pesar de que el tour se enfoca en “Fires Within Fires”, hay espacio para una selección de parte del material más antiguo y “The Web”, proveniente del aclamado “Souls At Zero” (1992), fue la siguiente en profundizar aún más la experiencia hipnótica en la que Neurosis sumerge al público, quien, por su parte, mostró la fidelidad con el conjunto al corear y participar de manera activa en “A Shadow Memory”, muestra de lo publicado el año pasado. Uno de los momentos más intensos se vivió con “Locust Star”, porque para muchos (quien redacta incluido) “Through Silver In Blood” (1996) es la esencia y la cúspide de una discografía que, por lo demás, no sabe de puntos bajos.

Luego vino un bloque dedicado a la última década, donde aparecieron “Fire Is The End Lesson” y “Broken Ground”, ambas de “FWF”, junto a “Water Is Not Enough”, perteneciente a “Given To The Rising” (2007), que en aquel año significó la vuelta a una actitud más cruda y vehemente de la que se habían alejado un poco. Para perpetuar esos matices espesos que inundaron el ambiente, la banda sorprendió con “Takeahnase”, también de “Souls At Zero” y la concurrencia lo agradeció con entusiasmo y devoción, porque sin dudas pocos se atrevieron a predecir algo así. Por su parte, los miembros de Neurosis, fieles a su estilo, no dijeron una sola palabra entre canción y canción; lo suyo es comunicarse a través de su repertorio y en eso no escatiman, porque los recursos para expresar los sentimientos plasmados en cada riff y en cada estrofa fluyen con fuerza y decisión, planteando la premisa de que a veces la música y su interpretación hablan por sí solas.

Ubicados en la recta final del estreno de Neurosis en Chile y en América Latina, la parsimonia de “At The End Of The Road” y “Bending Light” funcionó como una especie de portal interdimensional hacia el estado alterado de conciencia que significó el remate de una noche inolvidable y de carácter histórico. Desde el superlativo “A Sun That Never Sets” (2001), “Stones From The Sky” sonó impecable, emulando y hasta superando el aura mística que rodea al disco, con una ejecución perfecta que hizo que la extensión de casi diez minutos pareciera apenas un suspiro en el abismo de la noche más oscura. Por último, “The Doorway”, una de las más esperadas de la noche y de la vida, expuso la popularidad de “Times Of Grace” (1999) y clausuró con ardor, mediante su ímpetu y sus vísceras, una actuación que cumplió y superó todas las expectativas.

En silencio y sin aspavientos, al igual que su exitosa carrera, Neurosis se retiró del escenario ante los gritos de júbilo y los aplausos de agradecimiento de los asistentes que, incrédulos pero satisfechos, volvían a este plano de la realidad, una que durante cien minutos fue suprimido y cuestionado por los acordes de una leyenda sempiterna y sin precedentes, que con humildad y precisión rubricó su paso por el país siendo fieles a sus convicciones, con la maestría absoluta de quienes aprendieron de la experiencia sin perder el rumbo, a pesar de ser considerados como relevantes y decisivos por unanimidad en la historia del metal mundial.

Setlist

  1. Lost
  2. The Web
  3. A Shadow Memory
  4. Locust Star
  5. Fire Is The End Lesson
  6. Water Is Not Enough
  7. Broken Ground
  8. Takeahnase
  9. At The End Of The Road
  10. Bending Light
  11. Stones From The Sky
  12. The Doorway

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