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Tricky: Delirante erotismo más allá del bien y el mal

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Para comenzar a describir los sucedido el domingo pasado en la intima cúpula del parque O’Higgins, necesariamente debemos ahogarnos en la oscura y esquizofrénica forma de ser de Adrian Thaws, quién entró en la escena musical a fines de los 90 cuando colaboró en los discos “Protection” y “Blue Lines” de Massive Attack, álbumes que serían el pilar fundamental de lo que más tarde sería denominado Trip Hop, una fusión experimental de R&B, rock y electrónica que fue gestada en Bristol, Inglaterra.

Desde esa época ya podíamos ver a un Tricky debatiéndose entre el bien y el mal. Con sonidos obsesivos y delirantes que bipolarmente se transformaban en juegos provocadores. Así al menos lo percibimos desde su primer álbum “Maxinquaye” de 1995, que continuó de igual manera en “Angels With Dirty Faces” y en colaboraciones tan significativos como en el disco “Post” de Björk.

Con el paso del tiempo, como todo héroe incomprendido, Tricky se ahogó en sus demonios que lo acompañaron por túneles de depresión, cambios de humor y arrebatos tan incomprensibles como el destruir toda una habitación de un hotel sólo porque alguien se había equivocado con su pedido. Pero estos ataques no eran del típico rockstar influenciado por las drogas y el estrellato. Lo de él siempre fue un lado oscuro que lo asfixiaba, que lo atrapaba en un autismo claustrofóbico y que intentaba exorcizar a través de su música.

Este infierno con el cual lidiaba y que fue su fuente de inspiración, también lo condujo a huir de la escena musical buscando ayuda en tratamientos psiquiátricos y cambiándose a un nuevo manager que le dio un giro más iluminado a su vida. Un nuevo camino que se observó desde “Blow Black” y que se materializa con más fuerza en “Mixed Race” producción ambiciosa por donde transitan influencias jamaicanas, africanas y francesas. Último trabajo que lo trae por segunda vez a nuestro país.

La noche del domingo es justamente eso, un recorrido por los submundos de este personaje que entra en escena apenas percibido por las sombras, sólo unos focos azules y rojos dejan ver una delgada figura que se mueve inquietantemente sobre el escenario para comenzar con “You Don’t Wanna” de Blow Back, canción que inmediatamente nos recuerda las bases de Sweet Dreams, pero con el sello propio de este artista del collage que es capaz de transformar cualquier pieza musical en algo completamente nuevo.

Luego continuaría con “Really Real”, donde aparece la dulce y sensual voz de Franky Riley, cantante que grabó en el último trabajo, “Mixed Race”, y que es el complemento perfecto a la voz excitantemente gastada de Tricky. En este punto, comenzamos a notar al resto de la banda, dos chicas rubias a cargo de la batería y el bajo. Otra, de piel mestiza, que toca delicadamente la guitarra mientras se mueve sensualmente bajo un foco rojo. Y un hombre en el fondo a cargo de las programaciones. Rincón que cada tanto Tricky iba a supervisar como maestro de orquesta que da órdenes a cada uno de sus músicos.

Una vez sumergidos en este inquietante universo llega “Puppy Toy”, excitante interpretación que nos introduce a un mundo de bares bohemios donde el blues era el fondo perfecto para los más famosos nightclubs de Harlem, visión que rescata Tricky con su insinuante propuesta escénica donde predominan sombras que se pierden en luces rojas, azules y otras amarillas que cada tanto dejan ver una gran lengua húmeda que emerge de los labios carnosos de este oscuro demonio.

Más tarde continuaría con la sugestiva “Overcome” de su álbum debut y con el alucinante cover “Ace of Spades” de Motörhead. Canción que es bailada indomablemente por Tricky, quién con solo un gesto de su mano da la orden para que seguridad ayude a subir a una treintena de personas al escenario. Masa que sube enardecida y comienza a saltar frenéticamente bajo los flash de luces blancas que iluminaban estroboscópicamente todo el escenario, mientras la figura delgada y oscura de Tricky se perdía entre la multitud.

En ese momento, todos los que seguíamos abajo nos vimos sumergidos en una especie de éxtasis contenido por no ser parte de los que se atrevieron a subir. Sin embargo, esta pequeña exclusión es aliviada rápidamente por el mismo Tricky, quién decide bajar y seguir bailando junto a todos nosotros, quienes lo elevamos al cielo como una figura venerada que es entregada de mano en mano para obtener algo de su energía.

Y siguiendo con esta ceremonia frenética llega “Council Estate” y todo vuelve a transformarse en una gran pogo que mueve a la multitud al son de cada base punk de esta canción. Para luego continuar con “Kingston Logic” donde Franky hace un rapeado juego de palabras, mientras Tricky se mueve a su lado con el torso desnudo, que se ilumina solo por unos focos azules que emergen del fondo del escenario con cada beat.

Para seguir viajando un poco más profundo llegaría “Past Mistake”, donde nuevamente muchos vuelven a subir a escena atraídos por este demonio erótico que sigue introduciéndonos en estas saturaciones delirantes que nos arrastran placenteramente por laberintos. Caminos donde nos perdemos sin la obsesión de encontrar la salida. Un acto de descubrir la música más allá de reconocerla. De interactuar hasta tal punto, que el mismo Tricky vuelve sobre todo nosotros estirando sus largos brazos para volver a perderse en el mar de personas.

Para quienes hemos escuchado a Tricky desde los tiempos de Massive Attack, ya deberíamos estar acostumbrados a los registros bajos y sugestivos a los que llega su voz, una experiencia única que sin duda puede tan aterradora como placentera. Como cuando interpreta “Vent” con un baile sinuosamente excitante que es interrumpido cada tanto por su esquizofrénica cabeza que se mueve con fuerza de lado a lado como intentando exorcizar los demonios que acosan sus pensamientos. Una escena que se complementa con un largo brazo que sube apuntando al cielo y a cada integrante de su banda, como con el poder mental de hacer hablar y callar cada sonido con tan solo levantar su índice. Entonces nos vuelve a levantar el brazo para que hagamos lo mismo, luego apunta al cielo, a nosotros y la nada.

Sin duda, este concierto fue una experiencia de sonidos oscuros que fueron impecablemente interpretados por una iluminada voz femenina, que nos ayudó a recorrer estos parajes inquietantes y a la vez embriagadoramente lúcidos que componen la mente y el alma de Tricky. Un fiel reflejo de que no podemos ver el cielo sin haber pasado antes por el infierno.

Fotos por Felipe Ramírez A.

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The Offspring, Eterna Inocencia y BBS Paranoicos: Final de fiesta

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The Offspring

Es imposible no pensar en el contexto antes de plantearse cómo hablar de un show realizado en medio del avance del SARS-CoV-2, coronavirus que deriva en la enfermedad COVID-19, hoy una pandemia global. Es difícil no pensar en la ineptitud de las autoridades que, pese a la tardanza del virus en llegar a Chile, aún no toman las decisiones que podrían evitar un contagio a niveles terribles. Así, no es extraño que el show de The Offspring en nuestro país sí pudiera realizarse, aunque en la previa hubo múltiples cuestionamientos. La industria del entretenimiento está sufriendo en todo el mundo y, al final, este fue el último concierto quizás hasta cuánto tiempo más. Y eso está bien, y es lo correcto, por culpa de un virus que no ataca con fuerza a quienes van a eventos así, sino a los adultos mayores.

Sin embargo, este cierre de fiestas, pese a tener tanto en contra y tanto que analizar fuera del escenario, en el lugar donde la gente pone sus oídos, ojos, cuerpos y corazones, lo cierto es que presentó tres bandas que exploraron los lados más brillantes del punk, de todo lo que significa, ya sea el compromiso social –como hizo Eterna Inocencia–, con la rabia del pleno acto de vivir como hace BBS Paranoicos, o desde el lado de disfrutar el sonido como The Offspring. En una extraña burbuja con forma de cúpula como es el Movistar Arena, pudimos ver una comunidad unida, sin temores a una pandemia mundial. Y es que la fiesta fue completa para quienes asistieron, pese a la postal de personas con mascarillas (que se supone no sirven para enfrentar un posible contagio) o también las noticias que llegaban de la suspensión de múltiples eventos y actividades productivas del país, anticipándose a las autoridades, las grandes perdedoras de cualquier jornada en los últimos meses.

BBS Paranoicos abrió con puntualidad los sonidos a las 17:45 hrs., y lo hizo con “Sin Salida”, “Mis Demonios” y “La Rabia”, una triada que en poco más de cinco minutos dejó en claro el espíritu que inundaría la siguiente hora de música, que de forma exacta iba hilvanando canciones de furia, desesperanza o reafirmación del ser, como “Sanatorio”, “Mentira” o el hit “Ruidos”. En medio de eso, la gente saltaba al son de “el que no salta es paco” o de los gritos de “Piñera conchetumare, asesino, igual que Pinochet”. La banda respondía diciendo que era clave ir a votar, mientras lucían sus poleras negras con la leyenda “#APRUEBO” por delante, dejando su tradicional logo por la espalda.

Aunque el micrófono de Omar Acosta no tenía mucha claridad –algo que hacía que se perdieran parte de las letras–, la interpretación en todo sentido funcionaba perfecto. “Como Una Sombra” o “Calla y Espera” retumbaban mientras ya se pasaba de un millar a varios miles de personas en Movistar Arena. La parte de adelante fue siempre la más entusiasta y, aprovechando el espacio, incluso hubo un circle pit que probablemente contravino cualquier recomendación de distanciamiento social por el coronavirus, pero que a quienes estuvieron ahí no les importó. Igualmente, se hacía rara esa sensación de ver un show con tal nivel de compromiso social y, a la vez, notar que las ganas de formar parte del momento podían ser contraproducentes respecto a la salud pública. De todas formas, una hora después, tras el doblete entre “Irreparable” y “No Lo Veo Como Tú”, se cerró no sólo un show tremendo de BBS Paranoicos, sino también el inicio de esta extraña, pero potente jornada de punk.

La continuación no iba a ser menos fuerte con Eterna Inocencia. La banda argentina, que hace de la consigna social parte de las historias que cuentan, se atrasó cinco minutos de lo que supuestamente debía ser el inicio del show, aunque eso no mermó en la vibra de la gente o de los músicos. Nuevamente sería el micrófono del vocalista principal el que generaría problemas, esta vez dejando en un nivel más bajo del necesario a Guillermo Mármol, cuya labia es importantísima en cada track que se despachó, desde “Viejas Esperanzas” o desde “A Los Que Se Han Apagado…”. Lo más impactante de lo que hace el quinteto es cómo logran el sonido que tienen, que los acerca más a Bad Religion en la pulcritud que a conjuntos más desprolijos que ven en lo instrumental algo secundario. Sí, las letras y las convicciones de Eterna Inocencia son algo que los acerca al público y a una sociedad completa, con “La Risa De Los Necios” –dedicada al “cura obrero”, Mariano Puga– o “El Guardián” como ejemplos de ello. Pero también hay espacios como el instrumental después de “Le Pertenezco A Tus Ojos…” que dejan en claro cómo EI es muchísimo más en vivo que en estudio.

Episodio aparte fue el freno que la banda le dio al show por más de cinco minutos con el fin de que la gente amontonada dejara espacio para que atendieran a un chico que estaba con problemas de salud en la multitud. Cerrando con “Weichafe Catrileo”, canción inequívocamente destinada a la lucha en la que, pese al desvío lamentable que presenta la pandemia del nuevo coronavirus SARS-CoV-2, sin duda que continúa, y que tras más de una hora de fuerza escénica también se pudo compartir con las grandes letras e interpretación de una banda de punk que es mucho más que eso a estas alturas para sus fans en nuestro país.

Cuando el reloj marcaba las 21:00 horas en punto, el recinto bajaba sus luces y las trompetas características de “Pretty Fly (Reprise)” –canción que cierra el icónico “Americana” (1998)– daban inicio al número estelar de la jornada. Y es que, luego de la enérgica rendición de los clásicos “Americana”, “All I Want” y “Come Out And Play”, no cabía duda de que los fanáticos de The Offspring ansiaban un baño de nostalgia tras casi cuatro años de espera y del reagendamiento dado por la contingencia en el territorio nacional. El triplete, ovacionado y disfrutado por los presentes hasta con bengala incluida, dejó en evidencia el excelente estado de la banda gracias a una perfecta ecualización que reverberó sin problemas en el globo. Tras dicho inicio, Dexter bromeó que este sería “probablemente el último concierto en el hemisferio occidental” y que, a pesar de todo, no podían cancelar tan especial reencuentro. El vocalista finalizó su humorística intervención no sin antes recomendar evitar el contacto físico para prevenir cualquier contagio relacionado a la pandemia que acecha al mundo por estos días.

Pausando el repertorio típico por algunos momentos, el cuarteto estadounidense presentó “It Won’t Get Better”, una de sus más recientes creaciones, ante una respetuosa audiencia que apoyó con palmas cuando la canción y los músicos lo requirieron. Luego, volvieron al ruedo con “Want You Bad”, “Session”, “Original Prankster” y “Staring At The Sun”, hitazos que encendieron al público y lo llevaron a iniciar diversos –y poco recomendados– mosh pits a lo largo de la sección. La voz de Dexter merece mención aparte, pues, a pesar de los años, llega a los tonos requeridos por la selección y es capaz de interpretar con la fuerza que una agrupación de este estilo demanda. Al finalizar un diálogo que sólo The Offspring puede llevar a cabo a la perfección, haciendo chistes sobre cómo Dexter, aparte de ser el liricista principal de la banda, también tenía un doctorado en virología, llegando a la hora de los covers. Y es que, tal y como lo reconocieron en el escenario, no habría grupo sin Ramones o sin la influencia de los hermanos Young.

Una vez terminado el homenaje, los norteamericanos versionaron sus tradicionales “Bad Habit”, “Gotta Get Away” y una emotiva “Gone Away” en piano, la que demostró el correcto estado vocal de Holland y constituyó una mezcla perfecta entre aterciopelados tonos de sensibilidad y el estruendo característico de la banda hacia el ocaso del tema. Luego, los éxitos insignes de la banda “Why Don’t You Get A Job?”, que incluyó unas pelotas plásticas de colores para interactuar con los fans, “(Can’t Get My) Head Around You”, “Pretty Fly” y “The Kids Aren’t Alright” sentaron precedente de que la potencia del grupo sigue incólume tras 34 años de carrera. Hacia el epitafio del periplo, y a modo de encore luego de un par de minutos de reposo, retornaron al escenario para finalizar con dos clásicos y un inesperado tributo a Pennywise, quienes tuvieron que restarse del evento a última hora dada la alerta de salud mundial. Cerrando con “You’re Gonna Go Far, Kid”, “Bro Hymn” y “Self Esteem”, The Offspring le puso broche de oro a una icónica noche en Movistar Arena, lugar que marca un hito de masividad en la historia del grupo en cuanto a conciertos en nuestro país.

Tomando las palabras de Holland en los últimos minutos del show, es menester mencionar que este fue, probablemente, el bastión final en un largo tiempo de eventos masivos en la industria de la música en Chile y en occidente. Sin embargo, eso no fue impedimento para el disfrute de miles de asistentes que llegaron y lo dieron todo en un espectáculo que logró llevarse a cabo de manera perfecta, pese a todos los contratiempos y dificultades que surgieron. Ciertamente, resulta muy importante tomar las recomendaciones del vocalista antes de despedirse: “Cuídense, por favor. Hasta la próxima”. Un incierto cierre temporal para el showbiz musical que promete un “hasta luego”, pero que desconoce qué tan pronto se reactivará el flujo normal y necesario de adrenalina y fervor que solamente las melodías pueden proveer a los habitantes de esta tierra.

Setlist BBS Paranoicos

  1. Sin Salida
  2. Mis Demonios
  3. La Rabia
  4. No Siento Culpa
  5. Eterno Retorno
  6. Sanatorio
  7. Mentira
  8. Ruidos
  9. Corazón Al barro
  10. Tanto Insistir
  11. Daño Permanente
  12. Recuerdos
  13. Como Una Sombra
  14. Cristales
  15. Calla y Espera
  16. El Regreso
  17. Ausencia
  18. Irreparable
  19. No Lo Veo Como Tú

Setlist Eterna Inocencia

  1. Viejas Esperanzas
  2. Encuentro Mi Descanso Aquí, En Este Estuario
  3. A Los Que Se Han Apagado…
  4. Trizas De Vos
  5. Abrazo
  6. A Elsa y Juan
  7. La Risa De Los Necios
  8. El Guardián
  9. La Mentira Sin Fin
  10. Cuando Pasan Las Madrugadas…
  11. Hazlo Tú Mismo
  12. Cartago
  13. Sin Quererlo (Mi Alma Se Desangra)
  14. Cassiopeia
  15. Le Pertenezco A Tus Ojos…
  16. Puente De Piedra
  17. Nuestras Fronteras
  18. Weichafe Catrileo

Setlist The Offspring

  1. Americana
  2. All I Want
  3. Come Out and Play
  4. It Won’t Get Better
  5. Want You Bad
  6. Session
  7. Original Prankster
  8. Staring At The Sun
  9. Blitzkrieg Bop (original de The Ramones)
  10. Whole Lotta Rosie (original de AC/DC)
  11. Bad Habit
  12. Gotta Get Away
  13. Gone Away
  14. Why Don’t Get You Get A Job?
  15. (Can’t Get My) Head Around You
  16. Pretty Fly
  17. The Kids Aren’t Alright
  18. You’re Gonna Go Far, Kid
  19. Bro Hymn (original de Pennywise)
  20. Self Esteem

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