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Thurston Moore y Kurt Vile: Más allá del ruido

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El año 2009, Thurston Moore y su proyecto más importante, Sonic Youth, aterrizaban por primera vez en nuestras tierras, para presentarse en un memorable concierto, en una semana que estuvo cargada de grandes recitales. Un sueño hecho realidad para un gran número de fanáticos, quienes se pudieron repetir el plato en Maquinaria Festival 2011, y ahora, podían darse el lujo de presenciar un show en solitario del legendario guitarrista, cuyo nombre es sinónimo de ruido y actitud.

Dueño de una sólida carrera solista, con más de una decena de producciones lanzadas a lo largo de dos décadas, Thurston Moore llegaba al Teatro Oriente para ofrecer un espectáculo que, a pesar de perfilarse como íntimo y contemplativo, estuvo cargado de energía y noise.

Unos minutos antes de las 21:10, una alarma llamaba a alistarse a los asistentes que repletaron las butacas del recinto. El primer número de la noche era el norteamericano Kurt Vile, junto a su banda soporte “The Violators”, quienes han estado de gira junto a Moore, entregando un set de canciones que mezclan el folk rock, con la suciedad de las guitarras punk. Promocionando su más reciente disco “Smoke Ring For My Halo” (2011), Vile y compañía, demostraron en un poco más de una hora, porqué deben ser considerados como uno de los grandes exponentes del género en estos días.

El delgado guitarrista sale a escena junto a su banda, para recorrer lo más destacado de su discografía. “Jesus Fever”, extraída de “Smoke Ring For My Halo”, gozó de un sonido notable, muy sucio, pero claro y potente. Vile deja de lado su guitarra eléctrica para tomar una acústica, dando los primeros rasgueos de “On Tour”, también de su último álbum.

El telón de fondo y las luces del teatro daban un toque casi onírico a la presentación, sumado a la puesta en escena de los músicos, quienes se mostraban muy concentrados en su interpretación, sólo tomándose un tiempo entre tema y tema, para afinar sus instrumentos y dedicar un par de escuetas palabras de agradecimiento, entre ellas, una confesión de haber perdido su “virginidad musical” al tocar por primera vez en estas tierras.

Temas como “Ghost Town”, la frenética “Freak Train” o la emocionante interpretación de “Peeping Tomboy”, hicieron del show de Vile, una antesala más que plausible, y dejo el ambiente preparado para el plato fuerte.

Cuando faltaban veinte minutos para las 23 horas, Thurston Moore subía al escenario, junto a su banda. Ante los gritos del público, Moore se mueve con tranquilidad sobre el escenario, incluso lanzando su chaqueta a la batería, y bromeando mientras esperan el arribo de su guitarrista. El concierto comienza con “Blood Never Lies”, cuarto tema de “Demolished Thoughts” (2011), un composición tranquila, donde se pudo apreciar nuevamente un sonido a la altura, con un perfecto balance entre riffs de guitarras y melodías del violín. La serenidad se mantuvo con “In Silver Rain With A Paper Key”. El sonido de la guitarra de Moore es inconfundible, los rasgueos y melodías llevan el sello de un sonido que prácticamente él inventó, y ha dado sus mayores resultados en el trabajo que ha realizado junto a Sonic Youth. Escucharlo en solitario, en un concierto de estas características, era un regalo para todo fanático de su legado. El espacio y la cercanía, daban cabida para que el norteamericano se explayara, e incluso se diera el tiempo para conversar con el público y contar algunas anécdotas sobre las canciones que estaba tocando. Como una de esas historias de amor, que nunca resultan, era presentada “Never Day”.

Uno de los momentos que despertó las pasiones de los presentes, fue cuando el guitarrista dedicó “Fri/end” del disco “Trees Outside The Academy” (2007), a Felipe Orrego, miembro de la banda nacional Los Blops, quien tocó junto Kim Gordon en los setenta. Moore afirma que si Kim no hubiese tocado con Felipe, quizás parte del sonido de Sonic Youth, no hubiese existido, concluyendo con la frase “podríamos decir que Sonic Youth, es una extensión de la música sicodélica chilena”. Los aplausos y gritos del público fueron inmediatos.

Antes de presentar “Orchard Street”, Moore se excusa por los problemas en su voz, debido a un resfrío provocado por los constantes viajes en avión. A decir verdad, su voz nunca se vio mermada por la enfermedad y se mantuvo clara durante toda la presentación, que continuó con un tema nuevo, sobre dos hippies, llamado “Groovie & Linda”. En “It’s Only Rock ‘n’ Roll (But I Like It)” –cover de los Rolling Stones–, el guitarrista se lanza hacia las primeras filas, momentos que unos cuantos aprovecharon para lanzarse sobre él y tocar la guitarra. La seguridad hacía lo que podía para detener a los fanáticos que se agolpaban a la orilla del escenario, mientras Moore yacía en el piso con su guitarra. Minutos de efervescencia que dejaron en el suelo a atriles y pedestales.

Mientras los técnicos ponían las cosas en su lugar, la banda se despachaba una impresionante improvisación, donde brillaron los acoples y los efectos de las pedaleras, demostrando que por muy íntimo y contemplativo que fuera el show, era Thruston Moore quien estaba sobre el escenario. Con las cosas de vuelta a la normalidad comenzó “Ono Soul”, para luego presentar a la banda y comentar la curiosidad que le causaba saber si la lluvia estaba al tanto de cuando era noche o de día, ya que siempre se pone a llover cuando es de noche. Confesándose fascinado por este fenómeno anuncia la llegada de “See-Through Playmate”.

Las melodías de su último disco vuelven a sonar con la hermosa “Mina Loy” y el sencillo “Circulation”, que culminó con otro momento de noise puro. Los músicos salen del escenario, para retornar unos momentos después e interpretar “Pretty Bad” y “Staring Statues”, para finalizar con “Psychic Hearts”, tema del disco homónimo del año 1995, que no había sido tocado en toda la gira, y según Moore, ya era tiempo de hacerlo.

De esta manera, a las 00:15, Thurston Moore y los suyos, dejaban el escenario en una noche que significó un regalo para los seguidores de la rama más ruidosa del rock. En un show intimo e intenso, el estadounidense dejo su nombre en lo más alto, demostrándonos que lo suyo, va más allá del ruido.

Setlist Kurt Vile & The Violators

  1. For Awhile (cover de Feelies)
  2. Jesus Fever
  3. On Tour
  4. Freeway
  5. Ghost Town
  6. Heart Attack
  7. Downbound Train (cover de Bruce Springsteen)
  8. Hunchback
  9. Peeping Tomboy
  10. Breathin’ Out
  11. Freak Train
  12. He’s Alright
  13. Baby’s Arms

Setlist Thurston Moore

  1. Blood Never Lies
  2. In Silver Rain With A Paper Key
  3. Never Day
  4. Fri/end
  5. Orchard Street
  6. Groovie & Linda
  7. It’s Only Rock ‘n’ Roll (But I Like It)
  8. Ono Soul
  9. See-Through Playmate
  10. Mina Loy
  11. Circulation
  12. Pretty Bad
  13. Staring Statues
  14. Psychic Hearts

 Por Sebastián Zumelzu

 Fotos por Sebastián Rojas

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2 Comentarios

2 Comments

  1. joe

    16-Abr-2012 en 9:46 pm

    Notable!

  2. Pancito

    26-Abr-2012 en 5:20 pm

    Un Dato: Felipe Orrego jamás tocó en Los Blops, tocó con Kim Gordon en una banda antes de Sonic Youth, él sólo les mostró a Los Blops.

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Bush + Stone Temple Pilots: Las fuerzas de la historia

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Cuando nos enfrentamos a una noche donde hay dos bandas relevantes, cuyo apogeo parece estar instalado hace décadas, la gran pregunta es por qué se siguen moviendo estos proyectos más allá de la nostalgia qué puede motivar a las bandas a continuar. Dos vertientes muy diferentes, pero a la vez complementarias, es lo que se pudo ver en la noche del 21 de febrero en un Teatro Caupolicán repleto que vivió una noche de rock tradicional, hits indelebles y también diferentes maneras de ver cómo evolucionar.

Antes, con puntualidad extrema (como ocurrió toda la jornada) se paró en el escenario la banda Randy Watson, que pese a que no tiene tanto ruedo discográfico y se presenta como una “nueva” agrupación, destila experiencia y potencia en el escenario. En 20 minutos lograron una reacción inmediata de la gente que ya a esa hora ocupaba más de la mitad del recinto de calle San Diego. Su rock es potente, recuerda al estilo alternativo de los 90’s pero también tiene quiebres más contemporáneos. Si estos son los primeros pasos del retorno de esta banda (que por los inicios de la década sacó su primer material), habrá que esperar qué viene, y si en estudio pueden replicar esa energía contagiosa que ya muestran.

Otra banda nacional recibida de gran forma por el público fue Temple Agents, que siempre en estas ocasiones de abrir para bandas muy reconocidas sale jugando con maestría, pese a que los problemas de sonido con el micrófono de Ale Solar pudieran haber quitado un poco de atención en las canciones. Su potencia es innegable, aunque resulta extraño que, pese a grandes ocasiones y grandes presentaciones, todavía aparente ser tan lejano este nombre. Quizás a Temple Agents le pesa cantar en inglés, pero al mismo tiempo es parte de esas gracias que les hacen tener un look y presentación de nivel internacional, y ello merezca más reconocimiento, en especial por su capacidad en el escenario.

Bush: Hacia adelante, sin miedo

En una entrevista con nuestro medio (que pronto publicaremos), Gavin Rossdale dice que es un “músico trabajador”, reconociéndose como parte de una clase, más allá de talentos o de méritos. Lo que le llena el alma es hacer música y mostrarla, sea a través de Bush o de otros artistas, y es esa apertura la que queda de manifiesto desde las 21:23 hrs. en adelante, en un set que pese a descansar mucho en “Sixteen Stone” (1994), su primer álbum, al mismo tiempo es capaz de mostrar cómo la banda continúa hacia adelante, sin temores.

El pilar de lo que hace la banda es Gavin, sin duda. El tipo se mueve con la prestancia y atractivo en escena que desearía tener Adam Levine y la voz que muchos de la mitad de su edad quisieran mantener. Desde temas más antiguos como “Machinehead” hasta la más nueva del set, “This Is War”, Rossdale entrega movimiento, intensidad y alegría a cada uno de sus movimientos. La banda que lo acompaña, además, es impecable, y suena perfecta desde el primer momento. Eso es algo que no cambiará a lo largo de la jornada, mientras Gavin habla en su español sorprendentemente fluido con un público que, quizás pudo haber llegado en su mayoría a ver a Stone Temple Pilots, pero que se entregó a la experiencia de Bush.

Esta segunda etapa de Bush, que apretó el botón de reinicio en 2010, lleva casi lo mismo que esa que comprendió de 1992 a 2002, y quizás no ha entregado singles memorables, pero ha permitido consolidar a una agrupación demasiado empantanada por el sonido de los tiempos, y darle sus propios matices y, más importante, sanearla de nostalgias sonoras. Una cosa es cantar “Greedy Fly” o “Everything Zen” 20 años después, y otra muy diferente es hacerlo copiando y pegando entre un tiempo y el otro. Es ese error el que Bush evita a toda costa, sin traicionar el momentum propio de las composiciones, y ahí es donde se le puede creer a Gavin: el respeto a la canción es digno de un obrero de la música, y esa devoción a la obra es algo que corre con fuerza en cada etapa de ese viaje.

Entremedio, como en cada periplo, hay baches, y en este caso tuvo que ver con un conato que Gavin tuvo con un asistente en platea baja, quien al parecer tenía un ánimo violento, y que Rossdale intentó calmar, encontrándose con un muro de condescendencia por parte de este miembro del público. Ya nos decía Gavin en la mañana del concierto que intenta no pescar lo que dicen los haters, pero que cara a cara la situación era otra, y así fue. El muchacho se fue, golpeando a su paso a gente del público, un episodio ridículo donde se confunde la “actitud rockera” con la lisa y llana estupidez. Algo irónico luego de tocar un tema llamado “Everything Zen” para dar paso a otro llamado “Let Yourself Go”. Literalmente, Gavin invitó a ese furioso “fan” a dejarse ir.

Tras “Swallowed” y un coro rotundo del público, Gavin se fue a la mitad de “Little Things” bajando a la barricada que separa la cancha del escenario, y luego salió de la vista de la gente para volver en la galería del Caupolicán y transitar por todo el ancho de las plateas cantando y sacándose selfies al paso con algunos, y siendo tocado por otros muchos. Una locura que más tarde sería copiada pero no igualada. Era la invitación a estar todos juntos, como decían Los Jaivas, y también The Beatles en “Come Together”, corte del álbum blanco que Bush cubrió antes de rematar con “Glycerine”, donde Gavin a pura guitarra primero hizo cantar a la gente, y rematando con “Comedown”, directo en el corazón de la nostalgia. En vez de apelar a sonar al pasado, Bush suena a presente, y así proyecta su futuro, con una energía envidiable, que por 80 minutos llevó a un teatro repleto a vivir todos los tiempos, mirando hacia adelante, sin auto plagios ni mentiras, derivando en un gran show.

Stone Temple Pilots: Completando el círculo 

Quienes no buscaban sorprender ni mostrar vigencia fueron Stone Temple Pilots, que pese a ser el plato fuerte de la noche, cayó un poco en el ejercicio de ser opacados por Bush y su excelente presentación, algo similar a lo ocurrido con The Hives eclipsando a Arctic Monkeys en su recordada visita de 2014. Puntual como todo lo que se vivió en la noche, Stone Temple Pilots entró a escena sin mayores presentaciones, abocándose directo a la música con “Wicked Garden” y “Crackerman”, canciones que de inmediato encendieron los ánimos de un público que iba decidido a pasarlo bien, sin importar que la encarnación de la banda arriba del escenario no sea la misma que los hizo famosos. Eso, en el papel, ya que desde el look a los movimientos de Jeff Gutt emularon durante toda la noche a Scott Weiland, algo que podría ser bueno o malo dependiendo el punto de vista que se mire, pero que, a la larga, sirvió como un buen efecto placebo para no caer en cuenta de que la voz que retumbaba en cada rincón del teatro no era la misma que instaló estas composiciones en la memoria colectiva.

A fin de cuentas, lo que STP hace en el escenario es una continuación natural de la carrera de la banda, como si se tratara de empujar un legado estrictamente musical en vez de reposar en la figura de su fallecido frontman. Lo anterior, es una ventaja para el conjunto, ya que se omiten clichés casi obligatorios de las bandas reformadas como el recuerdo a los que ya no están, dedicar alguna composición emotiva a un ex compañero, o el típico “esta noche es para *inserte nombre de fallecido*”, lo cual seguramente era lo que muchos esperaban durante la noche, pero lo más cercano de eso fue la presencia de Jeff Gutt como una especie de cuerpo poseído por el espíritu rebelde y lleno de actitud que tenía Scott Weiland en sus mejores años. Por supuesto, no hay necesidad de quitarle mérito al vocalista, ya que su interpretación es lo que más refuerza una banda que siempre ha sonado perfectamente arrolladora, y eso lo demostró a la hora de despachar clásicos del catálogo del cuarteto como “Bing Bang Baby” o “Plush”, cuya interpretación semi a capella en la primera parte generó uno de los momentos más lindos de la velada.

Y si la noche estaba dispuesta para la nostalgia, las canciones del nuevo álbum homónimo de la banda debieron pasar a segundo plano, con las igualmente tremendas “Meadow” y “Roll Me Under” como las únicas presentes dentro del set. Aquí es donde fue posible notar la gran calidad vocal de Gutt y su entrega hacia el espectáculo, recorriendo toda la cancha del Caupolicán mientras recibía el cariño y los flashes de la gente a medida que los hermanos DeLeo junto a Eric Kretz echaban abajo el escenario con su implacable forma de tocar rock. Si bien Gutt es quién conduce la fiesta, se nota de manera indirecta que es Robert DeLeo junto a su hermano Dean quienes lucharon contra la corriente para sacar la banda adelante en tiempos tan adversos como los que han vivido. “Interstate Love Song”, una de las favoritas de la gente, permitió que los hermanos notaran lo que querían: el público no los olvida y sus canciones siguen sonando tan fuerte como antes.

El show avanzaba hacia el final y llegaban las canciones “Dead And Bloated” y “Trippin’ On A Hole In A Paper Heart” para dar el punto final, cerrando así un círculo que se completaba con la banda volviendo a sus orígenes, ya que, como se notó en varias ocasiones, la figura de Jeff Gutt emuló a un Weiland en sus mejores años, casi como volver en el tiempo a los días en que STP era una de las bandas más comentadas dentro de la escena del grunge y el rock alternativo de los años noventa. “Sex Type Thing” fue la que finiquitó definitivamente un nuevo paso del conjunto por nuestras tierras, el tercero, pero a la vez el primero con esta nueva encarnación que pasó la prueba de cumplir con las expectativas y exigencias que requiere un catálogo tan nutrido y poderoso como el de los oriundos de San Diego, California.

Solo el tiempo dirá si esta alineación puede seguir adelante con éxito, pero al menos con lo demostrado anoche se puede entrever que así será. Tanto Bush como STP tuvieron la tarea de sacar adelante un legado que para el mainstream podría haberse quedado estancado en el tiempo, pero demostraron vigencia y sobre todo respeto por una carrera que dio muchos frutos y que sigue estando latente dentro del corazón de sus seguidores. Puede que ambos sean actos de nostalgia, pero cuando esa nostalgia se expresa tan bien como en sus mejores años, no se siente como tal. Aquí no hubo auto parodias ni músicos en caída libre en cuanto a interpretación o entrega en escena, sino que más bien las energías propias de este segundo aire que las dos agrupaciones tuvieron. Los años podrán seguir pasando, pero el talento, la entrega y el deseo de seguir tocando impecablemente quedará siempre, sin tener que contar con manchas oscuras dentro de tan preciado legado musical.

Setlist Bush

  1. Machinehead
  2. The Sound Of Winter
  3. This Is War
  4. The People That We Love
  5. Greedy Fly
  6. Everything Zen
  7. Let Yourself Go
  8. Swallowed
  9. Little Things
  10. Come Together (original de The Beatles)
  11. Glycerine
  12. Comedown

Setlist Stone Temple Pilots

  1. Wicked Garden
  2. Crackerman
  3. Vasoline
  4. Silvergun Superman
  5. Big Bang Baby
  6. Big Empty
  7. Creep
  8. Plush
  9. Meadow
  10. Interstate Love Song
  11. Roll Me Under
  12. Dead And Bloated
  13. Trippin’ On A Hole In A Paper Heart
  14. Sex Type Thing

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