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Thundercat: El tronante ronroneo

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Nunca pensamos que esto pasaría, pero la noche del 8 de mayo de 2018 concretó uno de los anhelos más preciados para el público local. Stephen Bruner, el mismísimo Thundercat, debutó en Chile con un espectáculo demoledor. Las palabras podrían quedarse cortas para describir lo ocurrido en el Teatro Nescafé de las Artes, donde un público muy comprometido con el artista comenzó a llegar desde temprano para disfrutar de un show que se centraría en la promoción de “Drunk” (2017), su último trabajo de estudio, además de un pequeño repaso a sus colaboraciones y anteriores LP’s de su carrera. Con un retraso de apenas diez minutos, la banda completa subió al escenario, ante el aplauso de quienes por fin podrían presenciar el poderío de uno de los bajistas más prolijos en la actualidad.

Desde el comienzo, Bruner derrochó su impecable técnica para tocar el bajo, aprovechando muchas de las instancias instrumentales en sus canciones para darle rienda suelta a las seis cuerdas de su feroz y ronroneante instrumento. Acompañado de una impecable sección rítmica, tanto el teclado como la batería fueron parte fundamental en el cimiento sonoro por donde las líneas de bajo del músico se paseaban cual gato sobre una azotea, con cortes como “Captain Stupido” y “Uh Uh” siendo coreados por gran parte de los presentes. Una de las canciones más esperadas fue “A Fan’s Mail (Tron Song Suite II)“, con el característico “meow, meow, meow” coreado con gran sentido del humor por los asistentes, lo que provocó más de alguna sonrisa en el lúdico y distendido bajista, quien se mostró muy contento en todo momento por el recibimiento de su música.

Existe un componente constante en la calidad musical que el artista ha desarrollado durante su discografía, pero con “Drunk” el asunto fue mucho más allá. Independiente de las colaboraciones con una selecta lista de invitados que tiene la placa, esta además destaca gracias a una elocuencia muy presente entre una composición y otra. No se trata de hacer canciones “que suenen todas iguales”, como dicen los críticos menos minuciosos, sino que también en cumplir con un estándar base para mantener un relato que no presente ripios en el camino. Aunque la interpretación del LP que Thundercat hace en el escenario no representa necesariamente un orden idéntico a la versión original, el músico va intercalando las canciones por serie, tocando un puñado de estas en orden, para luego introducir alguna composición de sus anteriores trabajos, o una colaboración con sus socios más recurrentes: Kendrick Lamar, con sus respectivos guiños en extractos de “These Walls” y “Complexion (A Zulu Love)“, o también Flying Lotus, sobre el que reflexionó antes de “MmmHmm“, donde manifestó su satisfacción al estar involucrado en Brainfeeder, el sello discográfico del artista, quien también nos visitó este año hace casi un mes junto a Radiohead.

Otro elemento más que favorable, es el gran sentido del humor de Bruner, permitiendo un show distendido y lleno de instantes memorables, como los constantes chistes que iba contando, así como esas risotadas que lanzaba absolutamente de la nada, sólo demostrando que es un tipo alegre que mira la vida de una manera muy diferente a los demás. Punto aparte para la historia que contó mientras interpretaba “Tokyo“, dedicada a todos los fans de Dragon Ball, donde habló un poco del nacimiento de esta canción, así como su estancia en Tokyo, donde no lo pasó del todo bien producto de algunas anécdotas relacionadas al “Bosque de los Suicidios“, uno de los lugares más misteriosos y tenebrosos del mundo. No obstante, ese espíritu infantil que muchas veces evidencia en su actuar, se reflejó muy bien en su profundo amor por los dibujos animados, porque, tal como dijo en el escenario, “Dragon Ball es vida“. Amén por eso.

Casi dos horas de show, más canciones que de costumbre, improvisación al borde del caos, y mucha, mucha buena onda. Todo eso, y más, fue el saldo que dejó el debut de Thundercat en Santiago, alzándose de inmediato como una de las presentaciones más destacadas del año. Independiente de unos pequeños ripios de sonido que aparecieron en algunos fragmentos del show, nada pudo opacar el tremendo talento de este verdadero felino en el escenario, quien demostró por qué se ha ido ganando su espacio dentro de la escena.

Pocas veces se ve un recibimiento de este tipo para un artista tan complejo como este. La devoción que Thundercat generó en su presentación fue una sorpresa agradable, demostrando la fuerte relación del jazz con nuestro país. Santiago fue visitado por un felino sigiloso y a la vez juguetón, cuyo tronante ronroneo cautivó a todos quienes se dejaron llevar por su sonido.

Setlist

  1. Rabbot Ho
  2. Captain Stupido
  3. Uh Uh
  4. Bus In These Streets / These Walls (original de Kendrick Lamar)
  5. A Fan’s Mail (Tron Song Suite II)
  6. Tron Song
  7. Jethro
  8. Heartbreaks + Setbacks
  9. Lava Lamp
  10. Lone Wolf And Cub
  11. Song For The Dead
  12. MmmHmm (original de Flying Lotus) / Complexion (A Zulu Love) (original de Kendrick Lamar)
  13. I Am Crazy
  14. 3AM
  15. Drunk
  16. Drink Dat
  17. Tokyo
  18. Friend Zone
  19. Them Changes
  20. Lotus And The Jondy
  21. DUI

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Metronomy: El disco de tu corazón

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Metronomy

Sigue siendo extraño ir a conciertos y disponerse a pasarlo bien cuando el país despertó y, como pasa en “The Matrix”, al abrir los ojos no era un mundo idílico el que supuestamente había y pintaban, sino que todo se ve sucio, injusto y sobre una lupa. Por ello la música sirve como escape en medio de tensiones y para no perder la perspectiva sobre el propio ser. En medio de causas comunes, donde los cuerpos se vuelven uno y la individualidad se ve como un lujo, es bueno recordar el propio corazón, aquello que lo mueve, lo que lo emociona y hace feliz. Ese tipo de reacciones genuinas son las que aparecieron copiosamente en el retorno de Metronomy a nuestro país, con su cuarto show a la fecha, en la explanada del Centro Cultural Matucana 100.

La gente fue llegando poco a poco hasta repletar la explanada, cuando ya se escondía el sol, poniéndose cada vez más impaciente mientras se acercaban las 21:15 hrs., supuesto horario de inicio del show. A las 21:26 comenzó a sonar “Wedding” como intro del concierto, y como a la distancia se veía el edificio donde están los camarines, se notaba –como si fuera un programa televisivo– el momento exacto en que la banda se movía para llegar al escenario de riguroso vestuario blanco, en medio de los vítores. Comenzaron con “Lately”, canción en medio de la cual se escuchaban los primeros gritos de “el que no salta es paco”, parte de la “nueva normalidad” en los conciertos, algo de lo que deberemos hablar más tarde.

La potencia de las canciones de Metronomy no daba respiro. “Lately” y su pulso más psicodélico (sello de su último trabajo de estudio, “Metronomy Forever”) hasta el hit “The Bay”, convirtieron a Matucana 100 en un lugar de karaoke, irrumpiendo de inmediato la faceta más banda de rock de Metronomy con “Wedding Bells” y ese final falso que culminaba en una explosión con el solo de un Joseph Mount que parece más cómodo y sobrecogido que nunca con el rol que tiene en vivo. Mount es un tipo notoriamente tímido en el escenario, pese a ser el líder de un proyecto que mueve mucha gente, pero tal vez eso viene desde una comprensión fundamental. Y es que lo que se convierte en el disco o la canción que llega directo al corazón de la gente es una composición, más allá de sus exponentes.

Aunque Metronomy tiene una formación reconocible, de buenos músicos y carismas al servicio del show, lo más abrumador es la potencia de las composiciones, como pocas veces pasa en un espectáculo. La fuerza de “Corinne” no va ni en la potencia que le puso Anna Prior a cada beat en la batería o a los adornos precisos de los teclados del contagioso bailar y sonreír de Oscar Cash, sino que en la armonía tan fluida como impalpable que tienen los diferentes ritmos que mueven a la canción. En “Everything Goes My Way”, además del inmenso amor del público chileno a Prior o de la guitarra acústica siendo un dulce néctar para los oídos, la dinámica típica de los grupos a capella sesenteros en el coro son lo que hace la canción, y eso terminaba siendo hecho por el público, muy participativo, a diferencia de la última visita de la banda en un Lollapalooza 2018 donde resultaron injustamente ignorados.

Reservoir” fue una explosión de energía, en tanto que “Walking In The Dark” mostraba la vibra más chill digna de Madchester y la onda rave, para luego continuar precisamente con el baile con dos piezas instrumentales: “Boy Racers” y “Lying Low”. En este caso, vale precisar que Michael Lovett y Oscar Cash se complementan de forma perfecta cuando ambos están manejando los teclados, en una mini orquesta de sintetizadores muy a la usanza de Orchestral Manoeuvres In The Dark, pero con una vibra más ligera. En “Boy Racers”, además, Olugbenga Adelekan por fin sonó más con su bajo que, pese a tener un protagonismo clave en canciones como “The Bay”, no quedaba tan adelante en la mezcla de sonido, como sí pasó en esa canción. Todo esto servía como aperitivo perfecto para “Old Skool”, otra de esas composiciones hechas para conseguir la participación del público y hacer aún más grande la experiencia. Es impecable la capacidad de Mount de crear estas obras que, desde una producción usualmente muy minimalista y con el cuidado necesario de dejar respirar las capas sonoras, terminan con una capacidad de generar enlaces de valencia tan numerosos con la audiencia, tanto, que la participación hace del momento algo más cercano y también mucho más inolvidable.

Luego, la vibra de banda de rock & roll volvió a escena con “Insecurity”, una canción que en manos de cualquier otra banda hubiera quedado plana, pero que para Metronomy es perfecta porque refleja sus propias sensaciones de extrañeza y de desacomodo con aquello que pareciera tan natural. Parte también de la catarsis en medio de este show fue la capacidad de evitar que la normalidad parezca tan normal, y eso a Metronomy le queda muy bien. Tal vez, por ello en vez de tocar “On Dancefloors”, como decía el setlist, la banda se vio descolocada con los gritos de “el que no salta es paco” y “el pueblo unido jamás será vencido” con los que ellos intentaron continuar una parte instrumental de “Insecurity”. En vez de hacer como cualquier otra banda y seguir como si nada, la cara de Joseph indicaba que no sabía cómo reaccionar, más allá de una sonrisa nerviosa que cambió para tener un poco más de seguridad con “I’m Aquarius” y calmar un poco los decibeles, sumergiendo a la audiencia en un track tan especial como acuático, de esos que son inmersivos, justo para después despachar “The End Of You Too” pegada a “Salted Caramel Ice Cream” en un tono más bajo de lo que es la versión de estudio, algo que quizás sacó un poco a la gente del acto de disfrutar sin freno.

“El disco de tu corazón”, concepto acuñado por Miranda! –otra banda llena de canciones que, más allá de su estilo, se pegan de forma irremediable a los oídos–, no dejaba de rotar y de ser escuchado. Una canción tan querida como “The Look”, con un épico final de sintetizadores trenzados en un baile sideral, volvía a convertir a la explanada de M100 en un lugar caluroso, movido y repleto de baile, en tanto que “Love Letters” y su pulso casi como el latido de un corazón, sin parar, sin soplos o pausas, aumentó aún más las fuerzas que terminaron de explotar con un poco más de calma en “Sex Emoji”. El encore no demoró mucho, con “Upset My Girlfriend” que, en un tono casi autobiográfico, recuerda los inicios en la música de Joseph, quien por sentir la música muchas veces se dejaba llevar demasiado. Y quizás ahí está el mayor triunfo de su historia, el aprender a tener control, pero también a permitir que las cosas tengan crecimiento orgánico.

Como un corazón latiendo, el beat final tenía que ser uno de compases irregulares y de final abrupto, como ocurre con la rara “Radio Ladio”, final preciso para un show donde las canciones brillaron más que cualquier otra cosa. Al final del día eso es lo importante, porque, así como en tantos recuentos de fin de año, son esos tracks los que se quedan en el alma, esperando su momento para explotar en situaciones de felicidad que pueden acallar, aunque sea por una hora y media, la sordera del fascismo devenido en enemigo y la desesperanza convertida en voz cantante y rebelde de una revolución con todo en contra, pero con la fuerza de la unión como estandarte. Y qué buen soundtrack hubo para este pequeño escape.

Setlist

  1. Wedding
  2. Lately
  3. The Bay
  4. Wedding Bells
  5. Corinne
  6. Whitsand Bay
  7. Everything Goes My Way
  8. Heartbreaker
  9. Reservoir
  10. Walking In The Dark
  11. Boy Racers
  12. Lying Low
  13. Old Skool
  14. Insecurity
  15. I’m Aquarius
  16. The End Of You Too
  17. Salted Caramel Ice Cream
  18. The Look
  19. Love Letters
  20. Sex Emoji
  21. Upset My Girlfriend
  22. Radio Ladio

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