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Therion: Caravana de Fantasías

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Celebrando sus 25 años de carrera, los suecos de Therion regresaban a Chile para entregar una de sus presentaciones más épicas en tierras nacionales. Con un set de 24 canciones, incluyendo la interpretación íntegra del disco “Secret Of The Runes” (2001), Christofer Johnsson y compañía, dieron un espectáculo de proporciones, que no necesitó de las grandes escenografías con las que la banda suele presentarse en Europa, para encantar a los fanáticos que llenaron el Teatro La Cúpula del Parque O’Higgins.

A las 21 horas en punto se dio inició al espectáculo con el apoteósico cover de Carl Orff, “O Fortuna”. La energía es desbordante y los ocho músicos que llenan el escenario, se asemejan mas a actores de una obra fantástica, que a los miembros de una banda. Las voces de los cuatro vocalistas conforman un coro imponente, destacando el dueto lírico compuesto por las cantantes Lori Lewis y Linnéa Vikström, a pesar de que esta última se veía opacada por la voz de sus compañeros, y Thomas Vikström, el más versátil capaz de llegar a unos agudos dignos de la mejor época de Rob Halford, hasta unos guturales doom, sin mermar en ningún momento. La interacción con el público es inmediata y el “Secret Of The Runes” comienza a ser interpretado con “Ginnungagap”. El sonido se mantuvo sólido desde un principio –salvo el detalle en la voz de Linnéa Vikström- y logró que las versiones en vivo del disco se escucharan muy superiores a sus versiones en estudio.

El concierto continúo con “Midgard” y “Asgard”, para hacer la primera pausa, donde Thomas da la bienvenida al respetable, recordándonos que estaban celebrando su 25 aniversario, y que estaban tocando “Secret Of The Runes” completo. Pidió que el público gritara el nombre del tema que seguía en el disco. La gente respondió al instante y “Jotunheim” fue la que siguió en el set. Cada una de las canciones creaba una nueva atmósfera, una fantasía en medio de una ópera metal, cuyo poder era a ratos desbordante. Obviamente, hubiese sido más satisfactorio verlos con el show completo, pero a juzgar por lo visto anoche, Therion es capaz de transmitir las mismas sensaciones, sin necesidad de ornamentos.

Thomas volvía a demostrar las virtudes de su voz en “Schwarzalbenheim” y Lori Lewis tomaba parte en los teclados de “Ljusalfheim”. Con una Linnéa encadenada, era interpretada “Muspelheim”, y “Nifelheim” pegada a “Vanaheim”, puso a cantar a coro a todos los fanáticos, en uno de los peaks de la noche. Todas las facultades teatrales de sus integrantes quedaron plasmadas en “Helheim”. El final de “The Secret Of The Runes”, llegó con el tema que da el nombre al disco, cerrando una interpretación sobresaliente y conmovedora. Pero todavía quedaba mucho concierto por delante.

Comenzaba el repaso a la discografía de la banda, tocando a lo menos un tema de los discos que marcaron hitos en la historia de la agrupación. “The Beauty In Black” fue presentada como una de sus canciones más oscuras, en el único tema tocado del disco “Lepaca Kliffoth” (1995). Precedida por los “ole, ole, ole, ole, Therion”, llegaba “Wine Of Aluqah”, que fue secundada por “An Arrow From The Sun”. La bella Lori Lewis tomaba el micrófono para presentar “Lemuria”, uno de los cortes más celebrados de la noche. De su última placa, “Sitra Ahra” (2010), sólo fue interpretada la épica “Land Of Canaan”, que dio paso a “Dark Venus Persephone”, repasando Sirius B (2004).

Christofer Johnsson es el maestro de ceremonias, y aunque mantenga un bajo perfil sobre el escenario, encargándose de las secciones rítmicas de guitarra, él es el amo y señor en Therion. Sus decisiones dentro de la agrupación han causado la polémica entre los fanáticos, pero lo cierto es que esta encarnación de Therion se sostiene con muy buenas credenciales sobre el escenario. El guitarrista toma el micrófono y acompañado de Christian Vidal (guitarra principal), quien hace la tarea de traductor, presenta un medley de la que puede ser la primera versión de Therion, bautizada como “Blitzkrieg”, una banda metalera a la vieja usanza, donde el sueco hizo sus primeras incursiones en el mundo de la música. El medley estuvo compuesto por tres composiciones cantadas por Johnsson, quien fue acompañado por el resto de los vocalistas, en un momento que se salió de la tónica del concierto, pero en el contexto del aniversario, sirvió como una agradable revisión de la historia de la banda.

El show entraba a su sección final con “In The Desert Of Set” y “Grand Finale/Postludium”, donde los cantantes dejaron el escenario para que los instrumentos brillaran en los últimos minutos del tema, dando el pie para el primer bis de la noche, que azotó el lugar con “The Rise Of Sodom And Gomorrah”, y la imprescindible “To Mega Therion”, que tuvo bandera chilena incluida, y un público cantando cada una de las estrofas. Todavía quedaba tiempo para un nuevo encore, el cual fue presentado por el argentino Christian Vidal, quien agradeció el cariño de los fanáticos, y reconociéndolos como los principales responsables de la magia que Therion transmite en vivo. El último tema de la noche fue “Quetzalcoatl” del disco “Lemuria” (2004), en un final que no despertó las mismas pasiones que “To Mega Therion”, pero que dejó satisfechos a todos, cerrando un concierto impecable que, a pesar de su duración, se pasó volando.

Lo más probable es que Therion regrese a nuestro país, el cariño que se les tiene acá es incondicional, y aunque no lleven grandes cantidades de público a sus conciertos, la concurrencia es suficiente para dar vida a la caravana de fantasías que los suecos son capaces de desplegar sobre el escenario. A cruzar los dedos para que en algún futuro cercano podamos ver un show de Therion con toda la producción de la que suelen hacer gala. Nos lo merecemos.

Setlist

  1. O Fortuna (Carl Orff cover)
  2. Ginnungagap
  3. Midgard
  4. Asgard
  5. Jotunheim
  6. Schwarzalbenheim
  7. Ljusalfheim
  8. Muspelheim
  9. Nifelheim
  10. Vanaheim
  11. Helheim
  12. Secret Of The Runes
  13. The Beauty In Black
  14. Wine Of Aluqah
  15. An Arrow From The Sun
  16. Lemuria
  17. Land Of Canaan
  18. Dark Venus Persephone
  19. Blitzkrieg Medley
  20. In The Desert Of Set
  21. Grand Finale/Postludium
  22. The Rise Of Sodom And Gomorrah
  23. To Mega Therion
  24. Quetzalcoatl

 Por Sebastián Zumelzu

Fotos por Praxila Larenas

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2 Comentarios

2 Comments

  1. PatoLal

    05-Jun-2012 en 3:48 pm

    ¡Qué buen concierto!
    Hay un pequeño gran problema en el Review: las oportunidades donde se nombra a Thomas Vikström, en realidad se habla de Snowy Shaw.

    • PatoLal

      05-Jun-2012 en 3:48 pm

      *en la mayoría de los casos.

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DIIV: Esquemas Juveniles

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DIIV

Aunque estamos en una época con la posibilidad de más estilos que nunca, lo que es más claro de ver son las convergencias, cuando existen cosas muy diferentes que tienen un punto de encuentro. Nadie podría decir que Mac DeMarco, Wild Nothing y DIIV suenan igual, pero estos tres actos, con popularidad en nuestro país, tienen una sensibilidad con las guitarras y los ritmos que los hacen convivir incluso en el mismo sello, Captured Tracks. Pero luego aparecen las diferencias, que tienen más relación con cómo se disponen en un escenario o cómo se disponen ante su propia música, algo que se reafirmó en una nueva visita de DIIV, enterando su tercera vez en Chile.

Antes, todo partió con un potente set de Adelaida. La banda de Valparaíso estuvo muy bien elegida para partir con la jornada, en especial por la energía desplegada, que redundó en una ovación del público al cierre de su show pasadas las 21:45 hrs., donde pasaron por canciones como “1999” y “Eco”, para cerrar con la explosiva “Cienfuegos”, en su mayoría tracks que pertenecen a “Paraíso”, el disco que editaron en 2017. Un sólido espectáculo de una de las bandas más potentes del rock chileno, cuyo repertorio está siendo rápidamente engrosado.

Tras 25 minutos de espera, y teniendo a la mitad de DIIV en los últimos minutos ajustando ellos mismos sus instrumentos, entró a escena la banda de Brooklyn, que de inmediato podía establecer su potencia. A diferencia de Wild Nothing o DeMarco, lo de DIIV es más potente en el proscenio, y ellos no caen en la autoindulgencia, pese a que las formas de Zachary Cole Smith pudieran hacer creer lo contrario. Toda la banda suena cohesionada y eso deriva en el peso escénico que proyectan. Mientras Zachary pareciera al comienzo un vocalista parco que no se interesa en que se le entienda poco, luego se denota que eso es parte de la estética mientras él está enfocado como láser en lo suyo, y también en la guitarra de Andrew Bailey, con quien se complementan perfectamente.

Además, esta energía enfocada y este sonido aplanador no caen en un saco roto, porque el público que llegó a Club Blondie (que, vale decir, cada vez suena mejor para bandas) estaba dispuesto a saltar y sentir este show como algo realmente relevante. Ya en “Human” y “Dopamine” la algarabía era tal, que gente de la audiencia hacía crowdsurfing y otros revoleaban la polera o lo que fuera en el aire, como si se estuviera alentando al equipo en el estadio, con una conexión envidiable.

Aunque se ha visto a DIIV varias veces en vivo, existe algo que hace que se vuelva a ellos. Y tal vez sea esa sensación de que, en medio de todos los esquemas que rodean lo que son y proyectan sus canciones, existe una banda que tiene mucho que entregar, enfrentándose al cliché de los conjuntos que suenan o se ven similar, y que en general tienden a restringir el caudal de energía. En temas como “Past Lives” quedaba en claro que no se trataba meramente de escuchar versiones como las oscuras rendiciones de los discos, sino que algo de mayor alcance explosivo, sin traicionar esas sensaciones.

No es que DIIV sea la banda más brillante del mundo. Tras entregar una canción nueva sin título, tocaron un minuto de algo ininteligible y esos son gestos contradictorios, pero al menos reposa algo de honestidad en ellos que los hace ser de lo mejor de su rebaño, algo que en el iluminado final con “Dust”, “Doused”, y luego el encore con “Wait” (en el cual Andrew salió con un sostén que una persona lanzó al escenario) quedó de manifiesto. Poco más de una hora y cuarto que explicitan a DIIV como parte de los actos en los que no se debe desconfiar, porque pese a seguir modelos que parecieran muy definidos, ellos aún son capaces de entregar algo que los separa de la indulgencia y la simplona sencillez, y es así como probablemente los neoyorquinos consigan el paso a la trascendencia.

Setlist

  1. (Druun Pt. II)
  2. Is The Is Are
  3. (Druun)
  4. Human
  5. Under The Sun
  6. Dopamine
  7. Sometime
  8. Oshin (Subsume)
  9. Incarnate Devil
  10. Bent (Roi’s Song)
  11. Past Lives
  12. Nueva canción
  13. Healthy Moon
  14. Loose Ends
  15. Dust
  16. Doused
  17. Wait

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