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Theatre of Tragedy: El Teletón se tornó en tragedia

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Agridulce. Solo eso se puede inferir, en resumidas cuentas, de la presentación de Theatre of Tragedy en Chile. Si bien fue una excelente ocasión para saciar las ansias de muchos por ver a los noruegos en nuestro país. No sé si estaré en lo correcto, pero es injusto perder el auge, o divisarlo a la distancia, de bandas tan importantes. Tal como lo ha sido Theatre of Tragedy para el género gótico e industrial, por ejemplo.

Suena igualmente injusto pensar que sólo para su gira de despedida y luego de 17 años,  esta banda pisara Chile por primera vez.  Pero por otro lado, ¡qué privilegio!, es el haberlos tenido en frente. Es probable que así lo piensen, los más de 500 asistentes que no alcanzaron ni para dar el lleno de un tercio del teatro.

A las 20:00 hrs., tras una inusitada aparición de una banda telonera, la escuetísima audiencia que comenzaba a llenar el Teletón reaccionó. Muy poco fue anunciado y solo los más cercanos a la producción sabían de esta participación.

Sacramento se adueñó rápidamente del escenario y con un oficio respetable para la novicia banda, se llevó el respeto de muchos, como la indiferencia de otros, y repudio de algunos cuantos. Inexplicable, puesto que si bien sus integrantes tiene experiencia en otras bandas (UDK), y lo que entregaron fue digno de elogio. La risa burlesca de algunos no tenía lógicamente cabida. En fin, cabe destacar el buen sonido, y un fiato en buenas vías de desarrollo.

Por otro lado, es también importante recalcar, sin intención de atacar a las productoras. Pero por favor, “Más trabajo en la ecualización previa”, las bandas chilenas merecen más que solo las amplifiquen, necesitan sonar mejor. Y no hay grandes excusas, sino ¿Cómo se explica la diferencia estratosférica entre el sonido de la batería de Sacramento y la de Hein Frode Hansen?.

Tras treinta correctísimos minutos de presentación, la banda se bajó del escenario, y dio paso a otros treinta minutos de espera y por consiguiente un show lleno de emociones encontradas, pero sobre todo melancolía.

Si bien hubo puntuales fallas en el sonido, el espectáculo ofrecido por Nell y Ray no fue opacado, es más, el dramatismo y la teatralidad que con tan sutiles gestos añadieron a cada canción del show, hizo de este una experiencia notable. Un repaso por lo más destacado de su repertorio fue parte de la avasalladora presentación del septeto noruego en el Teatro Teletón.

El ambiente familiar, de cercanía, y acogedor, se sentía. Quizás lo único positivo de tan baja concurrencia era, ese sentimiento de exclusividad y personalización que la banda tuvo con los presentes. No pararon durante todo el concierto con las frases y los elogios para Chile y sus fanáticos. Cuestión que debería haber sido diametralmente opuesta.

Con una formación de lujo y siete integrantes sobre el escenario, conformados por el dúo vocal de Raymond J. Rohonyi y Nell Sigland, la pareja de guitarras por el oxigenado Vegar T. Thorsen, y un casi estático Frank Claussen. Para finalizar con el emblemático Lorentz Aspen en teclados, y los no menos importantes Hein Frode Hansen en batería, y Erik Torp (Deathfare, Lowdown), en bajo. Este último incluido especialmente para esta gira.

Los fuegos comenzaron a encenderse con los primeros acordes de ‘Hide and seek’, para continuar sin pausa alguna con ‘Bring forth ye shadow’, de su segunda opus, “Velvet darkness they fear” (1996). También tocarían después ‘Der tanz der schatten’, de ese mismo álbum. La presentación incluyó además, clásicos como ‘Lorelei’, ‘Venus’ y ‘Cassandra’ de su placa de 1998, “Aégis”.

Entre otras, interpretaron pinceladas de su última placa “Forever is the world”, con ‘Frozen’, ‘Hollow’ y la canción que lleva como título, el mismo del disco. Dijeron presente ‘Ashes and dreams’, ‘Fade’ y ‘Storm’, de su disco “Storm” (2006), en el que sería el otrora debut de Nell en la banda. Por cierto, Liv Kristine dejaría bien alta la vara. Y cuestión que tras la brillante participación de la soprano en los últimos cuatro años, surgió un duelo de fanáticos de ambas vocalistas. ‘Fragment’ e ‘Image’ de parte del “Musique” (2000)

Lo de Theatre of Tragedy, y en especial la reacción de la fanaticada chilena fue sumamente idéntico a lo sucedido con Cristina Scabbia (Lacuna Coil) y con anterioridad Simone Simmons (Epica). Más de algún piropo generalizado, uno que otro fanático más atento que aprovechó momentos de silencio para lanzar divertidas proposiciones amorosas a la frontwoman de la banda, que no pasaron desapercibidas, y más de alguna risa arrancó. Sobre todo el escueto pero directo “I love you” que alguien le dedicara a Nell, tras una espléndida interpretación de ‘Cassandra’.

Más allá del tremendo setlist, y una entrega total de la banda, que de alguna manera pagó el fervor, el fanatismo, la entrega y la espera de la fanaticada chilena que presenció su performance. El show fue emotivo, simple, directo y sin excusas. Hacia adelante y de hecho desde el frente era el lugar perfecto para presenciar lo entregado por los siete músicos escandinavos.

La carga emotiva que se generaba entre el dúo vocal visual y sonoramente, sumado al juego de iluminación, con una cuota de humo bien sincronizado y el oficio incólume de los restantes integrantes. Generaron a ratos, un ambiente y un clima incandescente y armónico para la vista y oídos de los presentes. La puesta en escena con tan poco, incluso llegó a ser muy plástica y sobre todo pictórica. Es una lástima que el show se acabe para tan tremenda agrupación.

“A Hamlet for a Slothful Vassal” de su disco debut, sumó otro episodio en la noche. Lorentz quien fuera uno de los precursores de la idea de “cerrar el Teatro, definitivamente”, no pudo contenerse y abandonó su puesto habitual, para acercarse al público. Pareciera que tras el final de la historia, está recuperando la motivación y la entretención de tocar en vivo. Yo me pregunto, será muy egocéntrico pensar que si la gira de los noruegos venía antes, la historia ¿sería diferente?.

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Ray

    02-Ago-2010 en 11:20 am

    Notable concierto, pero pq no han puesto los últimos!!!

  2. elroco

    14-Oct-2010 en 12:59 am

    Nunca supe que vinieron, cuando fue eso?

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The Rasmus: La burbuja feliz del Edén

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The Rasmus

Es inevitable que se mezclen las cosas cuando un día es tan intenso. No podemos mencionar algo respecto del muy buen show que dio The Rasmus, en su reencuentro con Chile en la noche del 15 de noviembre en un Club Chocolate repleto, sin que hagamos referencia a cómo afuera se encendían barricadas y las fuerzas policiales operaban impunemente usando sus medios para infundir temor. Es inevitable pensar en eso, porque incluso en las puertas del recinto del barrio Bellavista se sentían los efectos de los gases lacrimógenos lanzados por Carabineros. Es en días así donde se nota más la burbuja feliz en la que muchas veces se desarrolla el arte, en general, y más aún una manifestación cultural masiva como son los conciertos.

Mientras la ciudad ardía, había un trocito de Finlandia en el escenario intentando acallar este contexto lamentable y triste de represión y dolor. De hecho, las sensaciones ante un show como el de The Rasmus ni siquiera caben en la nostalgia, pese a que su mayor éxito haya sido con singles de un disco de 2003 (“Dead Letters”), sino que la más sencilla felicidad, esa de ver a fans contentos, fervientes, apasionados, con lienzos de diferentes fan clubs, como una convención en torno a las canciones. Además, el cuarteto no pareciera ver que el tiempo pase, porque su sonido y la energía parece la misma que hace 15 años.

Una jornada muy pulcra que, aún con sabor a lacrimógena en ciertas partes del Club Chocolate, inició con un par de tracks ganadores de “Dead Letters”, “First Day Of My Life” y “Guilty”, que de inmediato subieron la temperatura y los globos transparentes que llevaba el público, dándole más colores y texturas a un marco lleno de amor. Al igual que con Zoé hace un par de noches, la voz de Lauri Ylönen sonaba tan bien, que podía parecer que estuviera haciendo playback, pero no. Incluso se daba maña de hacer cantar a la gente en canciones tan coreadas como “No Fear” o “Time To Burn”.

No es que sólo Lauri estaba haciendo su labor y generando reacciones en la gente, sino que la banda completa. Por ejemplo, Aki Hakala desde la batería sacaba a cada rato gritos de “¡mijito rico!” y otros cánticos cosificadores, mientras era clínico en su forma de hacer las percusiones, sin excesos ni carencias, lo mismo que el guitarrista Pauli Rantasalmi, en tanto que el bajista Eero Heinonen era el más preocupado de que la gente aplaudiera, vibrara y también se comunicó varias veces para expresar lo similares que eran Finlandia y Chile en sus geografías y la pasión por la música que se ve de la gente. Quizás por eso es que podría criogenizarse este amor por The Rasmus y así viva para siempre, porque son momentos como los vividos en este show los que permiten pensar de que la incondicionalidad del fan es algo real.

Aunque vinieron a promocionar “Dark Matters”, ese disco que lanzaron en 2017, sólo tocaron tres temas de aquel material y el show se basó principalmente en el disco que los lanzó a la fama, del que tocaron 8 de sus 10 canciones. Lo que llama la atención es cómo todo suena casi igual a sus momentos de lanzamiento respectivos y, aun así, todo logra parecer recién salido del horno. Es un testamento a la efervescencia de un público que no hace que la jornada parezca como un recuerdo de canciones de 2003, sino como el apogeo y el mejor momento de una banda que pareciera estar recién al alza. Esto, incluso con canciones nuevas como “Holy Grail”, que al menos un tercio de las personas en el público se sabía, siendo una canción no lanzada oficialmente y habiendo salido hace recién un par de meses. Detalles como éstos son los que hacen a una banda lucir brillante.

El show es bien pensado, desde el diseño de iluminación hasta su estructura, con una parte de canciones pegadas y bien tocadas, moviendo al público y luego darles una mini sesión acústica con “Not Like The Other Girls” y “Still Standing”, para después equilibrar con “Funeral Song”, con Lauri solo con la pista con cuerdas y el bajo de Eero, dejando en claro la potencia de su voz y también la de los pulmones de los fanáticos y fanáticas, enrielando el show hacia su clímax con el mega éxito de los de Helsinki, “In The Shadows”, siendo innegablemente tremendo. Ejecución y energía perfecta, con el lugar preciso para que se luzca, todo para dejar a un público ávido de más y más de The Rasmus, algo que un par de minutos después se arreglaría.

Eero se subió solo al escenario, habló de lo linda que es la cordillera y lo mucho que le recuerda a las montañas de Finlandia y Escandinavia, para luego, con guitarra electroacústica en mano, hacer una versión de “Bésame Mucho”, sin saberse mucho la letra, pero sí la melodía. Aunque esta canción sea original de la artista Consuelito Velázquez y se popularizara en algunas partes por Pedro Infante, lo cierto es que el mundo la asocia mucho más al recientemente fallecido Lucho Gatica, el rey del bolero, y se nota como un detalle muy bello que, en Chile, eligiera una canción tan distinta al cliché para honrar al país y sus artistas.

Tras ello, una potente versión de “Wonderman” y el karaoke colectivo de “Sail Away” cerraban un show al borde de la perfección, que en poco menos de una hora y media sirvió como protección frente al dolor exterior y como burbuja de amor ante tanta injusticia. A veces, la música se necesita para tener felicidad en momentos duros, y este contraste se hizo evidente en un show que superó toda expectativa a punta de profesionalismo y conexión con una audiencia incondicional y bella.

Setlist

  1. First Day Of My Life
  2. Guilty
  3. No Fear
  4. Paradise
  5. Time To Burn
  6. Immortal
  7. Justify
  8. Nothing
  9. Holy Grail
  10. Not Like The Other Girls
  11. Still Standing
  12. Funeral Song
  13. F-F-F-Falling
  14. In My Life
  15. Livin’ In A World Without You
  16. In The Shadows
  17. Bésame Mucho (original de Consuelito Velázquez)
  18. Wonderman
  19. Sail Away

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