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The Used: Sonido homogéneo

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La música es una de las formas de expresión más universales que existen. No todos la tienen que entender, pero a todos les pasa algo al recibirla. Amor, odio, cercanía, etcétera. Provenga del lugar que provenga, sea del estilo que sea, tiene como objetivo llenar los oídos de las personas y que estas le den su propia lectura, aún cuando el compositor y/o intérprete la hayan creado con un sentido muy distinto.

The Used, no escapa a esto. Son hijos de la década del 2000, cuando bandas como My Chemical Romance o Fall Out Boy cimentaban un camino que, cada cierto tiempo, crece como una necesidad de sufrir con rudeza. Tienen un sonido que posee mixturas del génesis más puro del punk rock o el hardcore, por mencionar algunos sub géneros. Sabiendo sólo esto, pensaríamos que estamos frente a una banda de diversos colores. Pero no es tan así.

The Used llegó al país para su segunda presentación. Esta vez el lugar elegido fue el Club Chocolate, el cual albergó con tranquilidad los aproximados mil asistentes, en su mayoría adolescentes y post adolescentes que se rindieron desde el primer segundo ante los alaridos de Bert McCracken, vocalista y líder absoluto de la banda. McCracken revoluciona a su público a punta de saltos, gestos sexuales, gritos y un sin fin de artilugios que parecen resultarles muy bien, sobre todo cuando lo más importante falla: su voz. Si bien no es un mal cantante en vivo, la exigencia del género hace que a ratos su trabajo vocal se fatigue, y quizás por eso es que en reiteradas ocasiones compartió el micrófono con toda su audiencia.

Desde un inicio, The Used demostró en el escenario lo que mejor sabe hacer, elevar sus sonidos hasta crear la estridencia deseada, pero no por eso, tan efectiva. Partieron a las 21:10 con “Put Me Out” y desde ese instante la audiencia, mayormente la ubicada en cancha, siguió cada uno de los movimientos del cuarteto, siendo de aquel tipo de fanaticada que de vez en cuando extrañamos. Efervescencia pura.

Por momentos, a pesar que hay ingenieros de sala que pueden obtener un muy buen sonido en el Club Chocolate, el sonido de The Used fue poco claro, comenzando por la voz de McCracken, y en algunos pasajes de la noche, el estruendoso y positivamente sobresaliente bajo de Jeph Howard, enmudeció los sonidos de la guitarra de Quinn Allman, como sucedió con “Best of Me” o “I Caugh Fire”.

En “Take it Away”, demuestran la poca justicia que le hacen las comparaciones reiteradas con sus compatriotas de My Chemical Romance. Estos últimos resultan más baladistas al lado del cuarteto de Utah. El problema es que, a medida que avanzó el show, los matices se fueron perdiendo, formando poco a poco una extensa canción demasiado homogénea. “Listening” y “Kiss It Goodbye” son muestra de ello. Y las pausas necesarias se hacen escasas, al menos hasta la mitad del show.

En medio del relajo asoman las frases clichés como “ustedes son tan sexies” o “me gustaría tener relaciones con todas las mujeres de aquí”, y el resto de la banda regala lo que puede, baquetas, botellas, de todo. Para luego seguir con la segunda mitad del show, y varias entregas de “Vulnerable” (2012), su último disco que ha recibido críticas bastante mixtas.

En “Buried Myself Alive”, saltan a la vista –y al oído- pequeñas imperfecciones de parte de Daniel Whitesides que, a pesar de tener una rítmica bastante repetitiva en ciertas canciones, aún así pierde por milésima de segundos el ritmo. Algo que sí se agradece en el repertorio, es la evidente evolución desde las viejas canciones y su hardcore casi adolescente, hasta un bagaje por sonidos más oscuros, más intensos, como en “I Come Alive”.

La última parte del show fue el desenfreno máximo de sonidos posibles. Con una aceptable claridad por parte del sonido de sala, el cuarteto prosiguió con una sesión de karaoke intensa y ruidosa, como “Blood On My Hands” y “Pretty Handsome Awkward”, que dejaron como cierre antes de la pausa. A su vuelta, regalaron el momento más melódico y apacible de la noche con “On My Own”, para cerrar con la intro de “Smell Like Teen Spirit”, llamada la mejor canción alguna vez escrita por el mismo McCracken, para luego bajar el telón con “A Box Full Of Sharp Objects”.

Hay que ser justos. Probablemente para gran cantidad de los presentes en cancha, esta noche fue particularmente grandiosa. Otros dirán que fue el recital de sus vidas. The Used tiene las herramientas necesarias para funcionar a la perfección dentro de su género y, por qué no decirlo, dentro de su nicho. El problema es que el hardcore, el punk rock, el emo core, y otros géneros de similar tendencia, necesitan matices para llevar la hora de música por distintos parajes y entregar realmente un grupo de canciones que funcionen con coherencia, casi como una historia. Es cosa de escuchar en vivo a Deftones o Korn y notar las diferencias timbrísticas que se pueden encontrar dentro de una de sus presentaciones.

The Used, es una banda que está afiatada, pero de pronto surgen dudas al escucharlos. ¿Cómo no estarlo si en momentos se convierten en una agrupación poco compleja y plana? Y aquí la enmienda de universalidad musical se cumple a la perfección; The Used a ratos sí genera una clara lectura de su show: ruidoso, violento, pasional, pero parejo, muy parejo.

Setlist

  1. Put Me Out
  2. Take It Away
  3. Bird and the Worm
  4. Listening
  5. Kiss It Goodbye
  6. I Come Alive
  7. I Caught Fire
  8. The Taste Of Ink
  9. All That I’ve Got
  10. Buried Myself Alive
  11. Blue and Yellow
  12. Blood on my hands
  13. Best of Me
  14. Pretty Handsome Awkward
  15. On My Own
  16. A Box Full of Sharp Objects

Por Pamela Cortés

Fotos por Praxila Larenas

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1 Comentario

1 Comentario

  1. lukas

    11-Oct-2012 en 11:32 pm

    El show estuvo bien bueno, The Used estuvo notable,son un espectáculo de verdad, buen sonido y desplante escenico. Discrepo con el review ya que encontré que la banda ha logrado una madurez evidente y se les baja de inmediato el perfíl por el estilo de música.
    Otro punto que merece distinción: Los teloneros. Ribo me sorprendió, conocía una que otra canción y tuve la posibilidad de ver todo su show, y me sorprendieron completamente, una solides impecable, el sonido, el desplante, las canciones, de un nivel totalmente internacional; así que encuentro que justo destacarlos.
    En conclusión un show de altísima

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DIIV: Esquemas Juveniles

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DIIV

Aunque estamos en una época con la posibilidad de más estilos que nunca, lo que es más claro de ver son las convergencias, cuando existen cosas muy diferentes que tienen un punto de encuentro. Nadie podría decir que Mac DeMarco, Wild Nothing y DIIV suenan igual, pero estos tres actos, con popularidad en nuestro país, tienen una sensibilidad con las guitarras y los ritmos que los hacen convivir incluso en el mismo sello, Captured Tracks. Pero luego aparecen las diferencias, que tienen más relación con cómo se disponen en un escenario o cómo se disponen ante su propia música, algo que se reafirmó en una nueva visita de DIIV, enterando su tercera vez en Chile.

Antes, todo partió con un potente set de Adelaida. La banda de Valparaíso estuvo muy bien elegida para partir con la jornada, en especial por la energía desplegada, que redundó en una ovación del público al cierre de su show pasadas las 21:45 hrs., donde pasaron por canciones como “1999” y “Eco”, para cerrar con la explosiva “Cienfuegos”, en su mayoría tracks que pertenecen a “Paraíso”, el disco que editaron en 2017. Un sólido espectáculo de una de las bandas más potentes del rock chileno, cuyo repertorio está siendo rápidamente engrosado.

Tras 25 minutos de espera, y teniendo a la mitad de DIIV en los últimos minutos ajustando ellos mismos sus instrumentos, entró a escena la banda de Brooklyn, que de inmediato podía establecer su potencia. A diferencia de Wild Nothing o DeMarco, lo de DIIV es más potente en el proscenio, y ellos no caen en la autoindulgencia, pese a que las formas de Zachary Cole Smith pudieran hacer creer lo contrario. Toda la banda suena cohesionada y eso deriva en el peso escénico que proyectan. Mientras Zachary pareciera al comienzo un vocalista parco que no se interesa en que se le entienda poco, luego se denota que eso es parte de la estética mientras él está enfocado como láser en lo suyo, y también en la guitarra de Andrew Bailey, con quien se complementan perfectamente.

Además, esta energía enfocada y este sonido aplanador no caen en un saco roto, porque el público que llegó a Club Blondie (que, vale decir, cada vez suena mejor para bandas) estaba dispuesto a saltar y sentir este show como algo realmente relevante. Ya en “Human” y “Dopamine” la algarabía era tal, que gente de la audiencia hacía crowdsurfing y otros revoleaban la polera o lo que fuera en el aire, como si se estuviera alentando al equipo en el estadio, con una conexión envidiable.

Aunque se ha visto a DIIV varias veces en vivo, existe algo que hace que se vuelva a ellos. Y tal vez sea esa sensación de que, en medio de todos los esquemas que rodean lo que son y proyectan sus canciones, existe una banda que tiene mucho que entregar, enfrentándose al cliché de los conjuntos que suenan o se ven similar, y que en general tienden a restringir el caudal de energía. En temas como “Past Lives” quedaba en claro que no se trataba meramente de escuchar versiones como las oscuras rendiciones de los discos, sino que algo de mayor alcance explosivo, sin traicionar esas sensaciones.

No es que DIIV sea la banda más brillante del mundo. Tras entregar una canción nueva sin título, tocaron un minuto de algo ininteligible y esos son gestos contradictorios, pero al menos reposa algo de honestidad en ellos que los hace ser de lo mejor de su rebaño, algo que en el iluminado final con “Dust”, “Doused”, y luego el encore con “Wait” (en el cual Andrew salió con un sostén que una persona lanzó al escenario) quedó de manifiesto. Poco más de una hora y cuarto que explicitan a DIIV como parte de los actos en los que no se debe desconfiar, porque pese a seguir modelos que parecieran muy definidos, ellos aún son capaces de entregar algo que los separa de la indulgencia y la simplona sencillez, y es así como probablemente los neoyorquinos consigan el paso a la trascendencia.

Setlist

  1. (Druun Pt. II)
  2. Is The Is Are
  3. (Druun)
  4. Human
  5. Under The Sun
  6. Dopamine
  7. Sometime
  8. Oshin (Subsume)
  9. Incarnate Devil
  10. Bent (Roi’s Song)
  11. Past Lives
  12. Nueva canción
  13. Healthy Moon
  14. Loose Ends
  15. Dust
  16. Doused
  17. Wait

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