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The Rasmus: La burbuja feliz del Edén

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Es inevitable que se mezclen las cosas cuando un día es tan intenso. No podemos mencionar algo respecto del muy buen show que dio The Rasmus, en su reencuentro con Chile en la noche del 15 de noviembre en un Club Chocolate repleto, sin que hagamos referencia a cómo afuera se encendían barricadas y las fuerzas policiales operaban impunemente usando sus medios para infundir temor. Es inevitable pensar en eso, porque incluso en las puertas del recinto del barrio Bellavista se sentían los efectos de los gases lacrimógenos lanzados por Carabineros. Es en días así donde se nota más la burbuja feliz en la que muchas veces se desarrolla el arte, en general, y más aún una manifestación cultural masiva como son los conciertos.

Mientras la ciudad ardía, había un trocito de Finlandia en el escenario intentando acallar este contexto lamentable y triste de represión y dolor. De hecho, las sensaciones ante un show como el de The Rasmus ni siquiera caben en la nostalgia, pese a que su mayor éxito haya sido con singles de un disco de 2003 (“Dead Letters”), sino que la más sencilla felicidad, esa de ver a fans contentos, fervientes, apasionados, con lienzos de diferentes fan clubs, como una convención en torno a las canciones. Además, el cuarteto no pareciera ver que el tiempo pase, porque su sonido y la energía parece la misma que hace 15 años.

Una jornada muy pulcra que, aún con sabor a lacrimógena en ciertas partes del Club Chocolate, inició con un par de tracks ganadores de “Dead Letters”, “First Day Of My Life” y “Guilty”, que de inmediato subieron la temperatura y los globos transparentes que llevaba el público, dándole más colores y texturas a un marco lleno de amor. Al igual que con Zoé hace un par de noches, la voz de Lauri Ylönen sonaba tan bien, que podía parecer que estuviera haciendo playback, pero no. Incluso se daba maña de hacer cantar a la gente en canciones tan coreadas como “No Fear” o “Time To Burn”.

No es que sólo Lauri estaba haciendo su labor y generando reacciones en la gente, sino que la banda completa. Por ejemplo, Aki Hakala desde la batería sacaba a cada rato gritos de “¡mijito rico!” y otros cánticos cosificadores, mientras era clínico en su forma de hacer las percusiones, sin excesos ni carencias, lo mismo que el guitarrista Pauli Rantasalmi, en tanto que el bajista Eero Heinonen era el más preocupado de que la gente aplaudiera, vibrara y también se comunicó varias veces para expresar lo similares que eran Finlandia y Chile en sus geografías y la pasión por la música que se ve de la gente. Quizás por eso es que podría criogenizarse este amor por The Rasmus y así viva para siempre, porque son momentos como los vividos en este show los que permiten pensar de que la incondicionalidad del fan es algo real.

Aunque vinieron a promocionar “Dark Matters”, ese disco que lanzaron en 2017, sólo tocaron tres temas de aquel material y el show se basó principalmente en el disco que los lanzó a la fama, del que tocaron 8 de sus 10 canciones. Lo que llama la atención es cómo todo suena casi igual a sus momentos de lanzamiento respectivos y, aun así, todo logra parecer recién salido del horno. Es un testamento a la efervescencia de un público que no hace que la jornada parezca como un recuerdo de canciones de 2003, sino como el apogeo y el mejor momento de una banda que pareciera estar recién al alza. Esto, incluso con canciones nuevas como “Holy Grail”, que al menos un tercio de las personas en el público se sabía, siendo una canción no lanzada oficialmente y habiendo salido hace recién un par de meses. Detalles como éstos son los que hacen a una banda lucir brillante.

El show es bien pensado, desde el diseño de iluminación hasta su estructura, con una parte de canciones pegadas y bien tocadas, moviendo al público y luego darles una mini sesión acústica con “Not Like The Other Girls” y “Still Standing”, para después equilibrar con “Funeral Song”, con Lauri solo con la pista con cuerdas y el bajo de Eero, dejando en claro la potencia de su voz y también la de los pulmones de los fanáticos y fanáticas, enrielando el show hacia su clímax con el mega éxito de los de Helsinki, “In The Shadows”, siendo innegablemente tremendo. Ejecución y energía perfecta, con el lugar preciso para que se luzca, todo para dejar a un público ávido de más y más de The Rasmus, algo que un par de minutos después se arreglaría.

Eero se subió solo al escenario, habló de lo linda que es la cordillera y lo mucho que le recuerda a las montañas de Finlandia y Escandinavia, para luego, con guitarra electroacústica en mano, hacer una versión de “Bésame Mucho”, sin saberse mucho la letra, pero sí la melodía. Aunque esta canción sea original de la artista Consuelito Velázquez y se popularizara en algunas partes por Pedro Infante, lo cierto es que el mundo la asocia mucho más al recientemente fallecido Lucho Gatica, el rey del bolero, y se nota como un detalle muy bello que, en Chile, eligiera una canción tan distinta al cliché para honrar al país y sus artistas.

Tras ello, una potente versión de “Wonderman” y el karaoke colectivo de “Sail Away” cerraban un show al borde de la perfección, que en poco menos de una hora y media sirvió como protección frente al dolor exterior y como burbuja de amor ante tanta injusticia. A veces, la música se necesita para tener felicidad en momentos duros, y este contraste se hizo evidente en un show que superó toda expectativa a punta de profesionalismo y conexión con una audiencia incondicional y bella.

Setlist

  1. First Day Of My Life
  2. Guilty
  3. No Fear
  4. Paradise
  5. Time To Burn
  6. Immortal
  7. Justify
  8. Nothing
  9. Holy Grail
  10. Not Like The Other Girls
  11. Still Standing
  12. Funeral Song
  13. F-F-F-Falling
  14. In My Life
  15. Livin’ In A World Without You
  16. In The Shadows
  17. Bésame Mucho (original de Consuelito Velázquez)
  18. Wonderman
  19. Sail Away

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Campo Abierto 2019

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Kimbra

Nos acercamos al final de enero y llegó el primer festival de su tipo en realizarse este año, tratándose de Campo Abierto, que celebró una nueva versión bajo el implacable sol y la agradable tarde en la Explanada Centro del Parque Araucano. Un cartel con una gran variedad de sonidos se tomaría una tarde cuyo principal objetivo sería reunir a sus asistentes bajo un ambiente de sana convivencia y una tarde agradable al aire libre, con especial cuidado en las familias y los más pequeños, quienes tendrían diversos espacios para desarrollarse a lo largo de la jornada. Por supuesto, la música no debía quedar atrás, y un gran cartel compuesto por nombres como Kimbra, José González, Christina Rosenvinge y Kinética, amenizarían el día con excelentes presentaciones. Reiterando, los niños no se quedarían atrás, por lo que un show a cargo de Lyra divertiría a los más pequeños a modo de apertura del escenario.

La tarde no pudo comenzar de mejor forma con la última de las adiciones al festival, Christina Rosenvinge, quien, anunciada con una semana de anticipación, igualmente reunió a una gran cantidad de fanáticos para su temprano set a eso de las tres de la tarde. Manteniendo la tónica de lo que han sido sus anteriores presentaciones a lo largo del país, la española entregó un show con lo más destacado de su catálogo, además de algunos recuerdos a su antigua banda Christina & Los Subterráneos.

Con la misma fotografía que ilustra su álbum “Un Hombre Rubio” https://www.humonegro.com/discos/christina-rosenvinge-hombre-rubio/ (2018) de fondo, Christina ejecutó un especial énfasis en ese trabajo con “Niña Animal”, “El Pretendiente”, “Pesa La Palabra”, “Romance De La Plata”, “Ana y Los Pájaros”, y “La Flor Entre La Vía”, las que fueron muy bien recibidas por el público. Por supuesto, no estuvieron ausentes otros puntos altos de su discografía, como “Mi Vida Bajo El Agua” de “La Joven Dolores” (2011), o “Alguien Tendrá La Culpa” del álbum “Lo Nuestro” (2015). Con un gran desplante y carisma en escena, Christina finalizó su presentación con la tremenda “Mil Pedazos”, probablemente la canción más reconocida de su época con Los Subterráneos, dejando tanto a los asistentes como a la artista feliz luego de una linda y conmovedora presentación a plena luz del día.

Una especial selección de Salamanca Selector inundaba el lugar cada vez que el escenario se preparaba para recibir al siguiente artista, mientras los asistentes disfrutaban de la oferta gastronómica o de distintos brebajes que la terraza ofrecía. Algunos conversando, otros en el pasto, mientras que otros sólo esperaban en el escenario por lo que se vendría más tarde, con algunos fans de Kimbra ya asomándose para presenciar el plato estelar de la noche. Luego llegaría el turno de Kinética como la única representante nacional dentro del cartel, comenzando su show prácticamente puntual con el horario estipulado.

El proyecto de Emiliana Abril entregó un show donde primaron los sonidos electrónicos y los aturdidores beats que se tomaban cada una de las canciones. Por supuesto, el show se enfocó en composiciones de todo su catálogo, contando con el trabajo “III” (2017) como su último lanzamiento a la fecha, donde la artista llenó cada espacio con una vanguardista esencia que caló hasta lo más profundo, dejando volar su creatividad por cada rincón del lugar. Sin duda un show más que interesante, dejando con muchas ganas de presenciar a la artista en otros contextos durante el año.

Avanzaba la tarde y llegó el turno de José González, quien junto a su guitarra brindó un momento reflexivo y de relajo entre el intenso calor santiaguino. Pese a algunas complicaciones de sonido en el principio, el cantautor supo cómo brindar toda la tranquilidad que su música inspira, interpretando sentidas versiones de “Abram”, “Down The Lines” o “Stories We Build, Stories We Tell”, infaltables dentro de sus shows para cohesionar a cada uno de los presentes bajo un silencio y atención absoluta frente a lo que ocurría.

Las anteriores visitas del músico –todas en contextos cerrados– han sido de diversos contrastes en cuanto a la participación de la gente, lo que afortunadamente no logró ser un problema en esta ocasión, quizás por el compromiso mayor que el público chileno ha ido desarrollando hacia su música. Evidentemente, eso permitió que “Heartbeats”, la que, pese a ser original de The Knife es una de sus canciones más conocidas, reflejara el punto alto del set, mezclando la melancolía con serenidad gracias a la voz de González y los sigilosos y acariciantes acordes de su guitarra.

El sol todavía no se escondía cuando llegaba el turno del número estelar de la jornada, la neozelandesa Kimbra, quien debutaba finalmente en nuestro país ante la expectación de sus fanáticos que esperaron años por ver dicho momento. Si bien, su popularidad estalló hace ya varios años, la cantante llegó recién ahora para promocionar su álbum “Primal Heart” (2018), con un setlist que se enfocó principalmente en ese trabajo, aunque sin dejar atrás otras composiciones de su catálogo, como “Hi Def Distance Romance” o “Love In High Places”, coreada por una gran parte del público que presenció su show, sin duda el más concurrido de toda la jornada.

Es claro que “Vows” (2011) es su disco más popular, por lo que era imposible que la cantante no incluyera alguna canción de ese trabajo, con la evidente elección de “Settle Down” y “Cameo Lover” como los comodines de un debut que, instantáneamente, puso los ojos de la prensa sobre su trabajo. “Top Of The World” y la cúspide de un show que desplegó energía a cada momento, fue la postal que selló un debut que tardó mucho en llegar, pero que finalmente cumplió de manera fugaz un momento que era más que esperado. Es innegable el carisma y el gran desplante escénico de Kimbra, por lo que su show fue todo lo que se podía esperar, y más.

Una tarde completa de música y ambiente familiar llegaba a su fin tras el show de Kimbra, consagrando esta versión de Campo Abierto como una de las mejor logradas en su historia gracias a la correcta distribución de todos sus factores. Espacios, horarios, presentaciones, actividades alternas, todo lo que el festival ofreció en esta nueva jornada funcionó con el mecanismo de un reloj, lo que permitió también que el público viviera una agradable jornada. Cada presentación tuvo lo suyo y destacó gracias a distintos factores, lo que siempre debería ser la tónica en un festival: que cada artista tenga su espacio de desarrollo y cada propuesta se pueda complementar sin mayores problemas con el contexto y su entorno. A eso apostó Campo Abierto, y resultó favorablemente, esperando que sigan presentándose contextos tan variados y armónicos como este.

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