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The Pretty Reckless: Por el camino correcto

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Fue un retorno esperado por muchos, el que por fin pudo concretarse iniciando este 2017. Era evidente la difícil misión que tendría The Pretty Reckless en su regreso a Santiago, sobre todo en medio de una gira donde deben demostrar al mundo de qué están hechos. Con una discografía concentrada en tres trabajos de estudio, el cuarteto liderado por Taylor Momsen llegó a nuestro país promocionando “Who You Selling For” (2016), un disco que les valió críticas favorables gracias a la madurez y evolución de su sonido. The Pretty Reckless no le teme al cambio, y esa metamorfosis estaría a punto de estallar frente a una legión de fanáticos que esperaban ansiosamente por su banda favorita.

Unos minutos después de la hora pactada, un grito ensordecedor hizo temblar cada rincón del Teatro Cariola; uno a uno, Jamie Perkins, Mark Damon, Ben Phillips y la reina de la noche, Taylor Momsen, tomaron sus posiciones para lanzarse de lleno con “Follow Me Down“, track que abre su segundo LP, “Going To Hell” (2014), y que demuestra ese estilo entre hard rock y un estridente metal, camino que siguieron en su último álbum. Pese a que todas las canciones suenan de lo mejor en vivo, es notorio escuchar en títulos como “Oh My God” ese sonido más desarrollado y maduro que consiguieron en su más reciente trabajo. Taylor canta con toda el alma, dejando atrás ese personaje un tanto cliché de la “chica rebelde y rockera”, tomándose en serio una banda y un catálogo que no tiene nada que envidiar a otras agrupaciones del género.

Uno de los momentos de mayor catarsis se produjo en el combo de “Make Me Wanna Die” y “My Medicine“, extraídas de su álbum debut “Light Me Up” (2010), que fueron coreadas por todo el público, el que demostró estar en pleno conocimiento del catálogo del cuarteto. Cada canción tiene un ímpetu diferente al resto, algo que en parte recae en la figura del guitarrista Ben Phillips, quien con sus riffs aporta la precisión y pulcritud adecuada en cada una de las canciones. Si en algún momento fueron considerados como “Taylor y sus chicos”, eso quedó atrás a raíz de lo visto sobre el escenario: aquí cada quien hace lo suyo, ya no está esa actitud sobreexagerada de Momsen, ni esa atención total en su figura, esta es una banda completa, donde cada uno aporta lo que debe aportar, lo que recuerda a casos como el de 30 Seconds To Mars, quienes logran derribar todo prejuicio existente mostrándose como una banda que sabe hacer las cosas más allá que de concentrar toda la atención en un frontman.

“Who You Selling For” es de lo más oreja para las radios, pero en el buen sentido, con contenido y peso, tal como “Just Tonight“, ya que, independiente de su configuración, se mimetizan muy bien en un setlist que sabe cómo intercalar la energía con la emotividad. El cierre estuvo a cargo de “Going To Hell” y “Take Me Down“, canción en la que es necesario detenerse: no tiene esos riffs agresivos, ni esos bestiales redobles de Jamie Perkins, pero sí tiene un orden y una estructura que denota experiencia; no es casualidad que este corte sea parte de su último álbum, siendo la prueba más fehaciente de la búsqueda que la banda experimentó en un trabajo que es el más completo y matizado de toda su carrera. Un encore a cargo de “Fucked Up World“, con solo de batería incluido, puso fin a un show del que muchos no esperaban tanto, pero que logró demostrar que sí hay una intención de por medio, más allá de todo prejuicio.

La principal misión de The Pretty Reckless era demostrar que son más que una banda cuyo principal centro de atención es su frontwoman, algo que gracias a sus trabajos musicales han ido logrando paso a paso. Atrás quedaron esos cuestionamientos de si es música de carácter comercial o para “posers” (argumento ultra agotado en el sector más purista del metal), ya que se nota una madurez en cuanto a sus composiciones. Momsen deja atrás el estigma de su apariencia, y aunque siga bailando y moviéndose eróticamente en el escenario, eso ya no es lo que más importa. Poner en paralelo su primera presentación en Chile en 2012 frente a esta, no hace más que dejar la satisfacción de ver a una banda que está haciendo bien las cosas, sabiendo lo que quiere y buscándolo poco a poco mediante el camino correcto.

Por Manuel Cabrales

Fotos por Luis Marchant

Setlist

  1. Follow Me Down
  2. Since You’re Gone
  3. Oh My God
  4. Hangman
  5. Make Me Wanna Die
  6. My Medicine
  7. Prisoner
  8. Sweet Things
  9. Who You Selling For
  10. Just Tonight
  11. Zombie
  12. Living In The Storm
  13. Heaven Knows
  14. Going To Hell
  15. Take Me Down
  16. Fucked Up World

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DIIV: Esquemas Juveniles

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DIIV

Aunque estamos en una época con la posibilidad de más estilos que nunca, lo que es más claro de ver son las convergencias, cuando existen cosas muy diferentes que tienen un punto de encuentro. Nadie podría decir que Mac DeMarco, Wild Nothing y DIIV suenan igual, pero estos tres actos, con popularidad en nuestro país, tienen una sensibilidad con las guitarras y los ritmos que los hacen convivir incluso en el mismo sello, Captured Tracks. Pero luego aparecen las diferencias, que tienen más relación con cómo se disponen en un escenario o cómo se disponen ante su propia música, algo que se reafirmó en una nueva visita de DIIV, enterando su tercera vez en Chile.

Antes, todo partió con un potente set de Adelaida. La banda de Valparaíso estuvo muy bien elegida para partir con la jornada, en especial por la energía desplegada, que redundó en una ovación del público al cierre de su show pasadas las 21:45 hrs., donde pasaron por canciones como “1999” y “Eco”, para cerrar con la explosiva “Cienfuegos”, en su mayoría tracks que pertenecen a “Paraíso”, el disco que editaron en 2017. Un sólido espectáculo de una de las bandas más potentes del rock chileno, cuyo repertorio está siendo rápidamente engrosado.

Tras 25 minutos de espera, y teniendo a la mitad de DIIV en los últimos minutos ajustando ellos mismos sus instrumentos, entró a escena la banda de Brooklyn, que de inmediato podía establecer su potencia. A diferencia de Wild Nothing o DeMarco, lo de DIIV es más potente en el proscenio, y ellos no caen en la autoindulgencia, pese a que las formas de Zachary Cole Smith pudieran hacer creer lo contrario. Toda la banda suena cohesionada y eso deriva en el peso escénico que proyectan. Mientras Zachary pareciera al comienzo un vocalista parco que no se interesa en que se le entienda poco, luego se denota que eso es parte de la estética mientras él está enfocado como láser en lo suyo, y también en la guitarra de Andrew Bailey, con quien se complementan perfectamente.

Además, esta energía enfocada y este sonido aplanador no caen en un saco roto, porque el público que llegó a Club Blondie (que, vale decir, cada vez suena mejor para bandas) estaba dispuesto a saltar y sentir este show como algo realmente relevante. Ya en “Human” y “Dopamine” la algarabía era tal, que gente de la audiencia hacía crowdsurfing y otros revoleaban la polera o lo que fuera en el aire, como si se estuviera alentando al equipo en el estadio, con una conexión envidiable.

Aunque se ha visto a DIIV varias veces en vivo, existe algo que hace que se vuelva a ellos. Y tal vez sea esa sensación de que, en medio de todos los esquemas que rodean lo que son y proyectan sus canciones, existe una banda que tiene mucho que entregar, enfrentándose al cliché de los conjuntos que suenan o se ven similar, y que en general tienden a restringir el caudal de energía. En temas como “Past Lives” quedaba en claro que no se trataba meramente de escuchar versiones como las oscuras rendiciones de los discos, sino que algo de mayor alcance explosivo, sin traicionar esas sensaciones.

No es que DIIV sea la banda más brillante del mundo. Tras entregar una canción nueva sin título, tocaron un minuto de algo ininteligible y esos son gestos contradictorios, pero al menos reposa algo de honestidad en ellos que los hace ser de lo mejor de su rebaño, algo que en el iluminado final con “Dust”, “Doused”, y luego el encore con “Wait” (en el cual Andrew salió con un sostén que una persona lanzó al escenario) quedó de manifiesto. Poco más de una hora y cuarto que explicitan a DIIV como parte de los actos en los que no se debe desconfiar, porque pese a seguir modelos que parecieran muy definidos, ellos aún son capaces de entregar algo que los separa de la indulgencia y la simplona sencillez, y es así como probablemente los neoyorquinos consigan el paso a la trascendencia.

Setlist

  1. (Druun Pt. II)
  2. Is The Is Are
  3. (Druun)
  4. Human
  5. Under The Sun
  6. Dopamine
  7. Sometime
  8. Oshin (Subsume)
  9. Incarnate Devil
  10. Bent (Roi’s Song)
  11. Past Lives
  12. Nueva canción
  13. Healthy Moon
  14. Loose Ends
  15. Dust
  16. Doused
  17. Wait

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