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THE POLICE // La leyenda continúa

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La banda británica se presentó en el Estadio Nacional ante unos 50 mil asistentes, que se deleitaron con el espectáculo más notable de lo que va quedando del año.

Por Ricardo Dachelet Q.
Fotos por Jorge Leiva

El esperado momento de ver al trío londinense, ya fue un hecho. El 2007 es sin duda el boom de las reuniones y resucitaciones, siendo la vuelta de The Police una de las más bulladas, tras luego de una serie de rumores que sugerían una posible reunión del grupo en conmemoración de sus 30 años, se presentaron en febrero de este año en la entrega de los premios Grammys, en los siguientes meses la banda anunciaba su mediática y lucrativa gira, que los traía de vuelta a Chile tras 25 años que visitarán por primera vez nuestro país, en la polémica y recordada presentación en el Festival de Viña.

Sin duda, que un regreso tras 21 años de su separación, es un seductor pretexto para comprar el ticket y ser participe de una memorable postal sonora.

La cita de miércoles 5 de diciembre tenia un soporte telonero de lujo, al norteamericano Beck, el cual, pese a su excelente carrera, no estuvo en el escenario preciso para plasmar su intensa fusión de estilos, pero no se logro realizar un show independiente. Con puntualidad salieron los cuatro músicos que acompañaron a Beck el cual salió a escena con una pinta que emulaba a Kurt Cobain, tocando los primeros acordes de “Devil’s Haircut” del destacado Odelay (1996) que no se distinguía muy bien el sonido.

En realidad la presentación tuvo un precario sonido, no se distinguían las guitarras y su voz se escucho extremadamente baja, por lo mismo, Beck no es para un show en estadio, sino que en recintos acogedores y con buena acústica, un punto atractivo fue ver a el productor Nigel Godrich, encargado de los teclados. Alrededor de una hora de show, con 12 tema, donde resaltaron sus mejores temas “Black Tambourine”, “New Pollution”, la movida “Where It’s At”, “Think I’m in Love” de su última placa The Information (2006) y cerró su desencajada pero destacable presentación con “Loser”, uno de los himno de los 90 y con la potente “E- Pro” (Güero). Es evidente que el show de Beck tuviera la tibia recepción de público, ya que, la noche era de The Police.

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Pasadas las 22.30, se apagan las luces y el primero en salir es sin duda Gordon Matthew Sumner (Sting) seguido por Andy Summers y Stewart Copeland, acompañados por una intensa y extensa ovación de los presentes. El inicio no puedo ser mejor, “Message in a Bottle”, “Synchronicity II” y “Walking on the Moon” con sólo tres temas y el estadio estaba efervescente ante la calidad sonora del trío. No pasó mucho tiempo para que Sting diera las primeras palabras en español, tras lo cual estalló el estadio. El desplante escénico fue un excelente complemento con la música, siete pantallas, con una notable nitidez permitió ver con claridad el show.

¿Quieren cantar conmigo? pidió Sting al público en un perfecto castellano para el tema “Walking on the Moon”. La mítica formación recurrió a los clásicos hits para la gira mundial de su regreso a la actividad a 21 años de su separación.

El show de The Police en Santiago fue el número 82 de su gira mundial y la audiencia fue bastante heterogénea, era claro que los seguidores eran de más de 30 años de edad, pero también convocaron a los más jóvenes que lograron ver a una legenda, y juntos sumaron sus voces para corear éxitos como “Every Little Thing She Does Is Magic’ ,“Don’t Stand So Close To Me”, “Voices Inside My Head” y “De Do Do, Da Da Da”.

En “Invisible Sun” mostraron imágenes de niños que viven sumidos en la pobreza en distintos lugares del mundo, y continuaron con “Wrapped Around Your Finger”, “Walking in Your Footsteps” para darle paso a la elogiada “Roxanne”, que dio un merecido descanso a la banda, que rápidamente regreso para e interpretar “King Of Pain”, detallando lo multifacético del baterista Stewart Copeland. “So Lonely” fue amoldada a la edad actual del trío, ya que, ese frenético tema, se puede interpretar a gran velocidad con plenitud juvenil, lo cual, no implicó, que está versión 2007 sea pobre.

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Luego “Every Breath You Take”, demostró el por qué es considerado un himno, dando otro descanso a la banda, sólo quedo en el escenario Andy Summers, quien hizo reír a los presentes para que luego regresen los miembros restantes y cerraron con “Next To You” siendo un show de alrededor de una hora y cuarenta minutos. El estadio estallo en aplausos agradeciendo el intenso y potente recital, que demuestra que el sonido del “ayer” de The Police es actualizado y totalmente no se ha perdido ese encanto. Es incierto si la banda seguirá después de terminar su gira el próximo 28 de Junio de 2008 en Manchester, pero lo que se sabe es que Chile logró ver y escuchar a una legenda de la música y siendo este el show más notable de este año.

Set list:
Message in a Bottle
Synchronicity II
Walking On The Moon
Voices Inside My Head
Don’t Stand So Close To Me
Driven To Tears
Hole In My Life
Truth Hits Everybody
Every Little Thing She Does Is Magic
Wrapped Around Your Finger
De Do Do Do De Da Da Da
Invisible Sun
Walking In Your Footsteps
Can’t Stand Losing You
Roxanne

King Of Pain
So Lonely
Every Breath You Take

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3 Comentarios

3 Comments

  1. onfire

    08-Dic-2007 en 8:18 am

    el mejor concierto del añooo junto con incubus!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    la raja the policeeeee

    ojala sigan viniendo bandas como esta a nuestro pais

    saludos!!

  2. Pablo Recabal

    08-Dic-2007 en 9:26 am

    ¿ Alguien sabe el setlist de Beck ?

  3. elias eddu

    08-Dic-2007 en 9:54 pm

    THE POLICE es la mejor bada q eh conocido en mi 14 años q tengo , sus canciones como desde q comensaron a tocar hasta hoy son unos grandes del ROCK por eso soy su fans numero 1 de PERU

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Gustavo Santaolalla: El arte de la trayectoria

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Gustavo Santaolalla

La física define a la “trayectoria” como el recorrido que describe un objeto que se desplaza por el espacio. Este término en el ámbito musical se usa indiscriminadamente para hablar de carreras en múltiples estados; ya sea que exista o no un recorrido presente, se habla de las trayectorias para definir a los más grandes, pero pocos emulan a la física y hacen que este desplazamiento continúe. Una cosa es el movimiento hecho, pero otra el que se sigue haciendo, y por prácticamente 50 años, si hay un artista latinoamericano que no ha detenido sus rumbos –y, por tanto, su camino– ese es Gustavo Santaolalla.

Desde el rock profundamente argentino que profesaba en Arco Iris hasta su actualidad, donde se mezclan soundtracks y producciones para artistas desde Café Tacvba hasta Eric Clapton, Santaolalla ha hecho un andar profuso y lleno de canciones, propias y ajenas. Sin embargo, como dijo antes de su primera visita como Gustavo Santaolalla a nuestro país (antes había estado varias veces con Bajofondo), recién a los 66 años lanzó su carrera como solista, la que tiene discos y canciones a su haber, pero que jamás había configurado para girar o mostrarse, quizás en el último acto de humildad que tiene un tipo que gusta del proceso, del camino, ese que invitó a desandar en un Teatro Nescafé de las Artes casi repleto en la fresca noche del 12 de septiembre.

Justo antes de iniciar el show, a eso de las 21:20 horas, el teatro comenzó a aplaudir sin que se hubiera levantado aún el telón: la presencia de Jorge González, quien trabajara con Santaolalla en “Corazones” y su álbum homónimo, generaba vítores raros para un país que no reconoce a sus ídolos en vida, y era un pequeño aperitivo de la energía y sensaciones que inundarían el espacio por casi tres horas.

Todo iniciaba con “Inti Raymi”, y la Santabanda –como se hacen llamar los músicos de Santaolalla– mostraba la variedad de timbres que aparecerían en el show. Con la ovación del teatro, Gustavo aparecía para instalarse y comenzar con el primer set, rico en canciones de Arco Iris, esa banda que armó cuando empezaba a relacionarse con la música, con canciones como “Abre Tu Mente” o “Camino”, las que en el formato de esta gira obtienen matices y colores únicos, alejándose de la falsa psicodelia que se le legó a una banda como Arco Iris, que simplemente incluyó el folklore en el rock en tiempos de apretones mentales y revoluciones hippies. Ahora estas composiciones son atemporales y su construcción sólo alcanza tintes clásicos con los arreglos de este espectáculo, donde es la canción la que manda. Quizás eso hace de Santaolalla un compositor cautivante: deja que la canción mande, y él y los suyos sólo son puntos que arman la trayectoria de estos temas.

Así, a diferencia de otros shows en este formato, se coló un par de temas de su trabajo solista en esta primera parte, “Un Poquito De Tu Amor” y “Compañeros del Sendero”, dos sorpresas de varias que vendrían. Luego volvería a Arco Iris con canciones como la conocida “Zamba”, “Quiero Llegar” o la “Canción De Cuna Para El Niño Astronauta”, tras la cual vendría el recuerdo a la gran Mercedes Sosa y al amigo de mil batallas de Gustavo, León Gieco, para cerrar esa primera parte con el “Río De Las Penas” Intensa forma de dejar esperando a una audiencia que ya veía que el concierto iba para largo, y que sería incluso más extenso que las fechas anteriores hechas por Santaolalla y la Santabanda, sólida en todo momento, con Barbarita Palacios, Javier Casalla, Nicolás Rainone, Andrés Beeuwsaert y Pablo González haciendo gala de su carácter de multiinstrumentistas para dominar cada faceta que las canciones ponen en frente.

Al volver –­casi de improviso– Santaolalla irrumpe con “No Existe Fuerza en el Mundo”, que interpretara Gieco, mostrando lo importante de esa alianza para Gustavo. Luego de esto aparecería el trabajo completamente solista, con tracks como “A Solas” o “Todo Vale” para dar paso a otra corriente más atmosférica de la labor de este artista, que son los soundtracks, eligiendo “De Ushuaia A La Quiaca” de “Diarios de Motocicleta”, el main theme de la banda sonora del videojuego “The Last Of Us”, y un medley de “Brokeback Mountain”, mostrando la diversidad de espíritus, donde destaca el uso del charango y su timbre tan característico, entregando solemnidad y recogimiento, tal como el que se sintió en el homenaje hecho a Jorge González. Luego de mencionarlo para dar con una ovación gigante nuevamente, Santaolalla habla de los lazos que lo unen con González y dice que habrá un disco en honor a él, y que contará con una interpretación de “Por Amarte”, del “Corazones” (1991), ese disco que juntó por primera vez a dos de los artistas más importantes del continente. La versión fue sentida, contenida, una preciosa reversión donde Santaolalla ahondó en el sufrimiento del hablante. Si como compositor es clave, como intérprete se subvalora la intensidad que alcanza y que parece trascendental, más allá de lo obvio.

Debe ser, sino la experiencia, la trayectoria, esos caminos que se cruzan para corear “Mañana Campestre” o sentir “Pena En Mi Corazón”. Bajofondo y Arco Iris. Dos caras de un mismo creador, una apelando a las oscuridades y sus brillos, y otra a la belleza de la luz, tanto interna como externa, lo que trasunta en la belleza tierna de “Vecinos” y en la fuerza de “Ando Rodando”, que luego sólo crecería con la interpretación, a pura garganta y caja, en honor a la tradición de la vidala, para terminar con “Sudamérica” de Arco Iris y “Pa’ Bailar” de Bajofondo, ya con todo el mundo de pie, disfrutando de uno de esos artistas que no se cansan de deambular y hacer que su punto en la inmensidad del cosmos nunca deje de andar. Treinta canciones en casi tres horas, incluyendo el intermedio de quince minutos, emociones por montones y un sonido cálido que permitía a la voz de Santaolalla sobresalir. Pocas veces un espectáculo es capaz de capturar todas las facetas de un artista, en especial uno de tan amplio espectro, y ese fue el lujo que entregó Gustavo Santaolalla en el inicio de una gira solista que no es más que la demostración del más fino arte de la trayectoria.

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