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The Metal Fest, Día 1

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Por fin, entre tanto festival que se ha celebrado en nuestro país durante los últimos años, llegaba uno dedicado al género que despierta las pasiones más extremas de la audiencia nacional, el metal.

Si bien Maquinaria ha dado énfasis al rock, y hasta hace unos años se realizaban los Mosters Of Rock, donde músicos de la talla de Ozzy Osbourne o Judas Priest, cerraban sendas noches de riffs y headbanging, todavía existía ese vació en el panorama musical, que hiciera justicia a los miles de fanáticos, que rinden pleitesía a la “música del demonio”.

The Metal Fest arribaba para llenar ese vacío, y de una vez por todas, dejar en claro que el metal es el género con mayor influencia -y devoción- entre los chilenos. Pero el camino no fue precisamente de rosas. Que primero se baja Motörhead, que después no es un “open air”, entre otros problemas logísticos, que llegaron a su cenit, cuando la mítica banda inglesa, Venom, anunciaba la cancelación de su show a una semana del evento, porque sus visas de trabajo fueron enviadas a África (¿?). Más encima, el Metal Open Air, un festival de similares características a celebrarse en Brasil, resultó ser un enorme fiasco, con cancelaciones de bandas, alegando incumplimientos de contrato y falta de pagos. Por otra parte, la producción fue paupérrima y la experiencia definitiva del metal, se transformó en un desastre de proporciones, que terminó con la cancelación del evento en su segunda noche. Parecía que alguien estaba conspirando contra el metal, y muchos comenzaron a cuestionarse sobre cómo sucederían las cosas en nuestro país.

Afortunadamente, la primera jornada del festival fue un éxito. Timing perfecto entre banda y banda –sólo las presentaciones de Annihilator y Anthrax sufrieron retrasos-, un sonido que destacó por su claridad y potencia, que a pesar de que en algunas presentaciones existieron pequeños detalles que arreglar, en general, el sonido se mantuvo a la altura. El Movistar Arena, recinto elegido para albergar al festival, en una decisión que fue muy criticada por todos aquellos que esperaban un “open air”, funcionó impecablemente, y al ser un recinto cerrado, hacía que cada show se sintiera como el último, gracias a unos espectaculares juegos de luces. Sumado al escenario exterior, donde se presentaban las bandas nacionales, y una serie de stands de venta –donde se podía encontrar desde motos Harley Davidson, hasta ropa metalera para guaguas-, hacían de The Metal Fest, una experiencia soñada para cualquier metalero.

Por último, y quizás lo más importante, fue el público. Definitivamente, el metalero chileno es el fanático más devoto de su música, y en esta ocasión, no paró de disfrutar a cada una de las bandas, repletando la platea baja y cancha, donde se formó un circle pit, que comenzó con Obituary y terminó con la última nota ejecutada por Anthrax. Y a pesar de que al final del día, muchos cedieron al cansancio, los más “aperrados”, aguantaron hasta el final. Simplemente notable.

Siete fueron las bandas internacionales que se presentaron durante este día sábado. Thrash, death, rock and roll, e industrial, fueron los estilos que llevaron la batuta, en la primera noche de The Metal Fest.

 

Obituary: Marcando la pauta

Los primeros en subir al escenario principal, fueron los norteamericanos de Obituary, quienes en 45 minutos, marcaron la pauta para lo que sería el resto del día. Agresivos circle pits, headbanging a destajo, y la sensación de estar al interior de un verdadero infierno.

Los músicos hacen su ingreso al escenario a las tres de la tarde en punto. Sin ninguna intro de fondo, aparecen con sus instrumentos para darles los últimos ajustes y comenzar con la instrumental “Redneck Stomp” del disco “Frozen In Time” (2005), que siguió siendo revisado, cuando John Tardy (vocalista), sale a escena y da el pie para “On The Floor”.

A pesar de ser el primer acto, los de Florida, congregaron a miles de asistentes, que a esa hora, ocupaban poco más de la mitad del recinto. De “Slowly We Rot” (1989), su álbum debut, llegaba “Internal Bleeding”, que fue sucedida por la celebrada “Chopped In Half”, donde brilló el doble bombo de Donald Tardy.

La comunicación con el público se limitaba a un par de frases por parte del cantante, y gestos varios realizados por el grupo para los fans. Lo principal se encontraba en la música, y con lo acotado del tiempo, casi no había pausas entre tema y tema. Así fueron cayendo canciones como “Turned Inside Out”, “Dying” –ambas del “Cause Of Death” (1990)-, o “Threatening Skies”, que mantuvieron la adrenalina al tope.

De la placa del año 1997, “Back From The Dead”, sonaba “By The Light”, para dar un pequeño respiro, antes de vivir los últimos minutos del concierto. Entre los cánticos del público, se daba inicio a “Find The Arise”, que reactivo el mosh. Tardy marcaba los redobles, para volver a “Slowly We Rot”, con “’Til Death”, para seguir con el único tema que se tocó del disco “Xecutioner’s Return” (2007), el sencillo “Evil Ways”. La presentación de Obituary llegó a su fin con “Slowly We Rot”, clásico que da nombre al disco homónimo y es el tiro de gracia en cada una de las presentaciones de los americanos.

La cuarta presentación de Obituary en Chile, gozó de un gran sonido y la respuesta entusiasta de la fanaticada. La apertura no pudo ser mejor, y quedó constatado que el resto del espectáculo se venía con todo.

 

U.D.O.: Victoria teutónica

Udo Dirkschneider, la legendaria voz de Accept, regresaba a nuestro país, a menos de un año de su última actuación. A pesar de que estas visitas se recuerdan como shows de culto, ninguna ha hecho justicia a la figura del alemán. Accept esta reformado con un nuevo vocalista, y Udo se ha dedicado a trabajar con su banda, tocando en lugares pequeños, alejado de la magnificencia a la que estaba acostumbrado con su banda madre. Esta era la oportunidad para realizar un show memorable, a la altura del hombre, cuya voz interpretó himnos como “Balls To The Wall”, en los mejores tiempos del heavy metal.

Apostados frente al escenario se encontraban fanáticos de todas las edades, algunos más canosos y maduros, gritando el nombre del teutón. Las luces se apagan, la banda salta a escena y empieza “Rev-Raptor”, del disco homónimo del año 2011. Udo avanza sobre el escenario y saluda a su público. Es impresionante que a su edad su voz se mantenga casi intacta, capaz de llegar a los agudos sin ningún problema, y conservando su característico timbre, que lo llevó a ser reconocido como una de las voces más importantes del heavy de los 80`s. “Thunderball”, recibía los elogios del respetable, demostrando que su carrera solista, ha cosechado buenos frutos, y siguió siendo revisada con “Leatherhead” y “Vendetta”.

El primer momento para el recuerdo, lo marcó “Princess Of The Dawn”, el primer cover de la noche, que prendió a todo el mundo, que cantó cada una de las letras, manifestando lo imperecedero del legado de Accept. Una última pasada por el material de su banda con “Man And Machine”, del álbum del mismo nombre, y llegábamos al emocionante tramo final.

En Chile, jamás tuvimos la oportunidad de disfrutar de un recital de Accept, cuando éstos se encontraban en la cresta de la ola. Gran parte de las glorias ochenteras, han llegado con casi veinte años de atraso. Por lo mismo, los tres últimos temas que nos entregó Udo, fueron lo más cercano a un show de Accept en sus mejores tiempos. “Metal Heart”, “Balls To The Wall” y “Fast As A Shark”, canciones fundamentales en la historia del metal, sonaron monumentales, gracias a la participación de los miles de fanáticos que premiaron a un músico, al que no se le ha valorado como se debe. Un merecido reconocimiento, y un momento inolvidable para una presentación breve, pero intensa. Muchos veían a U.D.O. como el número kitsch de la jornada. Como una grata sorpresa, se transformó en uno de los mejores shows de la tarde del sábado.

 

Fear Factory: Potencia mecanizada

El tercer concierto del cuarteto norteamericano, venía a poner la cuota de tecnicismo y modernidad, para un espectáculo que comenzó siendo observado con distancia por el respetable.

A sólo meses de lanzar su octava placa de estudio, “The Industrialist” (2012), Fear Factory salía de entre las penumbras, acompañados por una intro, para escuchar las primeras notas de “Mechanize”. El sonido comenzó saturado, con el bajo de Matt DeVries apenas distinguible debajo de la guitarra de Dino Cazares. La batería de Mike Heller, sonaba poderosa, y desde el primer tema, las habilidades del baterista dejaron boquiabiertos a la multitud. Para completar el cuarteto, estaba Burton C. Bell, dueño de un vozarrón que brilla en los guturales, pero en los pasajes melódicos, pierde bastante, incluso llegando a ser opacada por el resto de los instrumentos. Así pudimos comprobarlo en “Shock”, del disco “Obsolete” (1998), cuyo coro se perdía entre la música, para luego continuar con “Edgecrusher”, del mismo disco.

A diferencia de las dos bandas anteriores, Fear Factory se caracteriza por su tecnicismo. Una precisión en los tiempo y cortes, donde destaca la labor de Heller en los tarros, quien casi estático en su puesto, dirige la maquinaria como un reloj. Hasta el momento, el grueso de los asistentes, escuchaba con respeto, pero con cierta distancia. El mosh de los fanáticos de la banda, se desarrollaba con “normalidad”, pero costó que el resto de la audiencia entrara en el juego.

Como adelanto de su nuevo próximo disco, llegó “Recharger”, donde siguieron dándose cita lo mejor de su repertorio. “Powershifter”, “Fear Campaign”, “Christploitation”, sonaron potentes, pero algo repetitivas en su estructura, haciendo que el setlist se tornara un tanto monótono para los que no eran fanáticos de la banda, quienes dejaron todo en temas como “Martyr”, “Demanufacture” y “Self Bias Resistor”.

El final lo puso “Replica”, sellando una presentación correcta, algo monótona, pero satisfactoria para los fanáticos del industrial metal.

 

Volbeat: Cerrando bocas, conquistando oídos

Los daneses llegaban como el número menos cotizado de la noche. Una impresión que se ganó primero, por su corta carrera –sólo tienen cuatro lanzamientos discográficos-, y por el desconocimiento casi general de su trabajo en nuestro país. Más aún, formando parte de un certamen metalero, la fusión de rock and roll, heavy metal, punk y rockabilly, de los de Dinamarca, despertó el desprecio de muchos de los metaleros más rudos, que abundaban en el Parque O’Higgins. De hecho, minutos antes de su salida al escenario, el Movistar Arena, había perdido a lo menos la mitad de la gente que estaba para Fear Factory.

Aún así, el lugar albergaba a miles de personas, ente los que se encontraban fanáticos de la banda, y otros que estaban ahí para conocer al grupo. Después de la hora de actuación de Volbeat, los primeros salieron totalmente satisfechos, y los segundos absolutamente sorprendidos. El cuarteto se transformó en la revelación de la noche.

Todo comenzó con “A Warrior’s Call”, de su más reciente disco “Beyond Hell/Above Heaven” (2011), con un sonido impecable y una actitud rockera, que marcaría todo el espectáculo. “Guitar Gangsters & Cadillac Blood”, del disco homónimo, llegaba entre el clamor de los fans. Michael Poulsen (primera guitarra/vocalista), se paseaba por el escenario y cambiaba de micrófono, en un juego que permitía que la banda ocupará todo el espacio disponible, donde el que más destacó fue Michael Poulsen, el calvo bajista que no paraba de hacer gestos de aliento al público.

Caía la punketa “Radio Girl”, para luego dar paso a “The Human Instrument”, y a “Sad Man’s Tongue”, canción dedicada a la memoria de Johnny Cash. La banda sabe mezclar de una forma muy natural los sonidos del metal con los del punk y el rockabilly. Así lo dejaron saber canciones como “Hallelujah Goat”, y “Mr. & Mrs. Ness”, cuyo inició es casi calcado al de “Dead Skin Mask” de Slayer. “River Queen”, volvía a poner a saltar a todos, para después realizar un mini medley, donde sonó “The Ace Of Spades” de Motörhead, una parodia al sonido de Napalm Death, y el mismísimo inició de “Dead Skin Mask”, cuya influencia seguía resonando con “Who They Are”.

El público respondió a cabalidad en cada tema interpretado por la banda, gesto que los daneses no se cansaron de agradecer en cada uno de los temas. De verdad se les veía muy sorprendidos por el feedback de la gente. El vocalista presenta a Thomas Bredahl, guitarrista de Mercyful Fate, que los ha estado acompañando durante esta gira, encargándose de las secciones rítmicas. Llegaba el momento de interpretar algo más liviano, así sonó la radial “Fallen”, dejando patente el gran aspecto que Volbeat es capaz de manejar, en un tema que perfectamente podría ser de Green Day. Para poner las cosas en su lugar, llegaba “The Mirror And The Ripper”, de su última producción, provocando un gran circle pit en el centro de la cancha. “I Only Want To Be With You”, el rockero cover de Dusty Springfield, fue un punto a aparte. Muchas sonrisas de “placer culpable”, y rostros sonrojados, ya que el tema es conocido en nuestro país por haber sido reversionado por el cantante Luis Miguel, siendo más conocido como “Ahora Te Puedes Marchar”, en un momento donde muchos metaleros trataron de mantener la compostura, tratando de que no se les escapará el popular coro de la canción, todo esto obviamente, sin que la banda lo sospechara en lo más mínimo.

Llegábamos al final de la velada con “Pool Of Booze, Booze, Booza” y “Still Counting”, para rematar con un extracto de “Raining Blood” de Slayer, coronando un concierto que sorprendió a propios y a extraños, debido a su capacidad para conquistar al público y hacer de su presentación, una de las más valoradas de la jornada.

 

Testament: El peso de los clásicos

Con el recuerdo fresco de su última visita al Caupolicán, los estadounidenses de Testament, llegaban a The Metal Fest, con un setlist que se pasearía por las composiciones más importantes de su carrera, frente a un gran marco de público, en la que para un servidor, fue la mejor presentación de la noche.

Testament fueron los únicos en “adornar” el escenario. Los americanos transformaron el lugar en una especie de inmenso mausoleo, gracias al uso de telones en el fondo del escenario, y sobre los amplificadores, que inmediatamente sentaron una atmósfera especial, para un público que repletó la cancha y la platea baja.

El primer gran número de la noche hacía acto de presencia ante la ovación de miles, antecedidos por una épica introducción, para arremeter con “The Preacher”, del clásico álbum “The New Order” (1988), cuya melodía de guitarra fue coreada por todos. Del mismo disco llegó el tema que lleva su nombre, “The New Order”, confirmaba que este sería un recital lleno de himnos, pero también había lugar para el material más reciente. De su última producción “The Formation Of Damnation” (2008), sonaba la agresiva “The Persecuted Won’t Forget”, para regresar a los clásicos con “Practice What You Preach”, de la placa del mismo nombre, para bajar un poco las revoluciones y dejarse llevar por el headbanging.

Uno de los momentos de mayor fervor, llegó con la interpretación de “Over The Wall”, tema del primer disco de la banda –el imprescindible “The Legacy” (1987)-, donde se formó uno de los circle pit más violentos de la noche. La entrega de la banda era absoluta, además de las pericias demostradas con sus instrumentos (Alex Skolnick, se robó la película con sus solos de guitarra), el constante agradecimiento al público chileno, era manifestado con orgullo por parte de Chuck Billy, cuya voz sonó atronadora, a pesar de hacer uso de efectos como el delay, para ayudarse en los gritos más complicados.

La distorsión de bajo de Greg Christian, daba el vamos a “Souls Of Black”, para dar paso a otro momento peak, cuando tocó interpretar “Into The Pit”, re-desatando la locura en el Movistar Arena. “Alone In The Dark” puso a prueba la garganta de los presentes, para ser sucedida por la ochentera “Electric Crown”. “More Than Meets The Eye”, volvía a mostrar el material más reciente de la banda, por su parte, “D.N.R. (Do Not Resuscitate)” y “3 Days In Darkness”, mostraban la faceta más noventera, ambas del LP “The Gathering” (1999).

El gran final llegó con la implacable “Disciples Of The Watch”, para quemar los últimos cartuchos. Chuck Billy declaraba su amor por nuestro país, en una presentación que brilló por su comunión con el público y la entrega total de una banda que prometió volver pronto. Testament, literalmente, la hizo.

 

Annihilator: Debut descafeinado

Los canadienses fueron confirmados a última hora, debido a la cancelación de Venom. Un reemplazo que entusiasmó a miles, quienes soñaban con la oportunidad de ver a la banda por primera vez en Chile. Para quien firma, Annihilator se transformó en el único punto bajo de la noche. Sin saber muy bien cuáles fueron las razones, la conexión entre los músicos y el público, no terminó de cuajar, y sólo logró despertar a la multitud en su tramo final.

El concierto comenzó con un considerable retraso de unos quince minutos, cuando las luces se apagaron y Annihilator hacía su entrada al recinto, para abrir con “Ambush”, tema de su disco homónimo, lanzado en 2010, ante una respuesta casi nula por parte del público, quienes se limitaron a escuchar de pie la primera parte del show. Por su lado, la banda trataba de entablar diálogo con la gente. Jeff Waters (voz/guitarra), trataba de animar al público, que de no ser por los fanáticos más acérrimos, o los participantes del eterno circle pit, hubiera parecido un verdadero cementerio.

El show prosiguió con “King Of The Kill”, tema del disco del mismo nombre del año 1994, para continuar con la thrashera “Ultra-Motion”, y “Set The World On Fire”, que tuvo bandera chilena incluida en uno de los amplificadores. Recién con “W.T.Y.D.”, el público comenzó a participar de forma masiva, para seguir revisando su último disco con “The Trend”.

Los últimos cuatro temas, lograron levantar los ánimos con los clásicos “The Fun Palace”, “Phantasmagoria”, y “I Am In Command”, tripleta del disco “Never, Neverland” (1990), para cerrar a lo grande, con la única canción que fue capaz de mover a los miles de metaleros congregados a esa hora. “Alison Hell” cerró la breve presentación de los canadienses, en un show sólo para fanáticos, y que estuvo al borde de pasar sin pena ni gloria. Una lástima que la banda no haya podido conectar con el público, que hacia el final de la noche, no se dejó convencer por Annihilator.

 

Anthrax: Retorno a lo grande

Los encargados de cerrar la primera jornada de The Metal Fest, fueron los norteamericanos de Anthrax. Los célebres miembros del prestigioso grupo conocido como “The Big Four”, regresaban a Chile con nuevo disco bajo el brazo, “Worship Music” (2011), trabajo que los ha traído de vuelta al panorama metalero actual, y que ha cosechado muy buenas críticas, tanto como de la prensa especializada, como del público.

La última visita de los neoyorkinos, sigue siendo recordada como uno de los grandes shows de metal que se ha dado en nuestro país, tanto así, que el mismísimo Scott Ian (guitarrista) declaró en su cuenta de Twitter, que esa presentación ha sido una de las más impresionantes en la historia de la banda, usando como testimonio un par de videos que él mismo colgó en YouTube, elogiando el fervor de los chilenos.

Ahora, en un espacio muchos más grande, la expectativa era aun mayor para un show que tenía todo para superar al anterior. Lamentablemente, esto no ocurrió, aunque eso no significa que el show haya sido malo ni nada por el estilo, todo lo contrario, pero hay que decir que el público, se portó mejor hace dos años. La indiferencia que sufrió el show de Annihilator, parecía haberse instalado en el lugar, y durante los primeros temas del concierto, la mayor parte de la gente, escuchaba sin mayor interés. Esto en parte, debido a que están en una gira de promoción y los dos primeros temas -“Earth On Hell” y “Fight ‘Em Till You Can’t”-, pertenecen a “Worship Music”, y parecía justificable el hecho de que no fueran recibidos con el mismo entusiasmo de los clásicos de toda la vida. Así quedó patente cuando cayeron “Caught In A Mosh”, y el cover de Trust, “Antisocial”, donde por fin se pudieron escuchar los cánticos de la gente y el mosh tomaba proporciones astronómicas. Un tirón de orejas para los metaleros nacionales, que a pesar de ser muy fieles a sus bandas, no están haciendo bien la tarea dejando de escuchar sus nuevos discos, para abrazar el material de antaño.

Después de “I’m Alive”, llegaba “Indians”, donde el “war dance”, hizo estragos en el centro de la cancha, el único lugar donde parecía que sí se estaba viviendo un concierto de Anthrax. “In The End”, otra del último disco, volvía a ser recibida con frialdad, la cual se rompió con “Got The Time”, y un tema de “Fistful Of Metal” (1984), “Deathrider”, tema que nunca había sido interpretado en nuestro país y fue celebrado por los fanáticos.

“Medusa”, “Among The Living” y “Be All, End All”, ponían fin a al primera parte del show, que luego de un breve encore, continúo con “Madhouse” y “Metal Thrashing Mad”, momento que Scott Ian aprovechó para declarar que el mosh pit que se generó en medio de la cancha, era el mejor que había visto en toda su carrera, un merecido reconocimiento para los metaleros más “aperrados” que no dejaron de moverse durante todo el día. Un extracto de “I’m The Man”, parte de ese experimento que realizaron con Public Enemy, antecedió a “I Am The Law”, donde Belladonna y compañía dejaron todo, cerrando una jornada impecable. No llegó a las alturas de lo ocurrido en el Caupolicán, pero aun así, Anthrax logró echarse el público al bolsillo y retornó a lo grande.

La primera jornada de The Metal Fest, estuvo marcada por una gran afluencia de público, presentaciones memorables y la sensación de que las cosas salieron a la perfección. Esperamos que en el segundo día, y final, las cosas sigan marchando a sobre ruedas.

Por Sebastián Zumelzu

Fotos por Nicolás Cubillos

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6 Comentarios

6 Comments

  1. Ignacio Correa

    30-Abr-2012 en 2:49 am

    Absolutamente en desacuerdo con lo que acabo de leer “Volbeat una de las más valoradas de la jornada”????? y Annihilator “al borde de pasar sin pena ni gloria” ??????????????
    Volbeat personalmente fue lo mas bajo de la noche, creo que no soy el único que piensa eso ya que son la única banda pifiada de ese día, muy bien al principio pero su vocalista no paraba de hablar! no todos sabemos ingles por la csm
    Annihilator, testament y Anthrax son los que dejaron al público más prendio, por algo sonó fuerte ese coro en el movistar que decía “Anihilator, Annihilator!”

  2. juanoo

    30-Abr-2012 en 2:29 pm

    lo escrito por Sebastián Zumelzu no le encuentro mucha razón sobre lo que escribió de volbeat y annihilator, se nota que no vio la reacción del publico en sus show, annihilator muchos lo esperaba por ser primera vez que venian y por sus clásicos es por eso que no devolvieron la entradas por la baja de venom,y en volbeat yo diría que paso sin pena ni gloria y que solo marco mas en lo ultimo tocando algo Raining Blood de Slayer pero eso nada mas y por eso mucho pensamos que era banda que no debía estar en este metalfest.

  3. gerardo tejada

    30-Abr-2012 en 9:27 pm

    Para Annihilator la gente estaba probablemente cansada (el cuerpo tiene un limite), no se puede seguir gritando al mismo volumen toda la noche.

  4. Claudia Toro

    30-Abr-2012 en 10:38 pm

    Sebastian Zumelzu….parece que no andabamos en el mismo Metal Fest….Volbeat no prendió a nadie, salvo uno que otro quinceañero, y Annihilator…POR FAVOR!!!…estuvo potentisimo, haciendo gala de un virtuosismo envidiable, como dicen por ahi, por algo todo el publico coreaba su nombre…..Ahora en mi retina quedará la frase acuñada por mi y muchos de mis amigos asistentes al evento… “más perdido que Volbeat en el Metal Fest”…. Bueno, de Testament y Anthrax ni decir, simplemente LO MAXIMO…

  5. MetalBere

    02-May-2012 en 3:39 pm

    Que onda???? Annihilator fue lo mejor!!! Super power y el publico estaba re prendido, en general estuvo la raja el Metal Fest, ojala el prox año lo hagan tambien!

  6. jose miguel

    09-May-2012 en 12:59 pm

    mmm, no se que wea vio el periodista, pero annihilator estuvo de pelos y fear factory fue una completa basofia, el vocalista es solo de estudio, en vivo simplemente no sirve

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DIIV: Esquemas Juveniles

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DIIV

Aunque estamos en una época con la posibilidad de más estilos que nunca, lo que es más claro de ver son las convergencias, cuando existen cosas muy diferentes que tienen un punto de encuentro. Nadie podría decir que Mac DeMarco, Wild Nothing y DIIV suenan igual, pero estos tres actos, con popularidad en nuestro país, tienen una sensibilidad con las guitarras y los ritmos que los hacen convivir incluso en el mismo sello, Captured Tracks. Pero luego aparecen las diferencias, que tienen más relación con cómo se disponen en un escenario o cómo se disponen ante su propia música, algo que se reafirmó en una nueva visita de DIIV, enterando su tercera vez en Chile.

Antes, todo partió con un potente set de Adelaida. La banda de Valparaíso estuvo muy bien elegida para partir con la jornada, en especial por la energía desplegada, que redundó en una ovación del público al cierre de su show pasadas las 21:45 hrs., donde pasaron por canciones como “1999” y “Eco”, para cerrar con la explosiva “Cienfuegos”, en su mayoría tracks que pertenecen a “Paraíso”, el disco que editaron en 2017. Un sólido espectáculo de una de las bandas más potentes del rock chileno, cuyo repertorio está siendo rápidamente engrosado.

Tras 25 minutos de espera, y teniendo a la mitad de DIIV en los últimos minutos ajustando ellos mismos sus instrumentos, entró a escena la banda de Brooklyn, que de inmediato podía establecer su potencia. A diferencia de Wild Nothing o DeMarco, lo de DIIV es más potente en el proscenio, y ellos no caen en la autoindulgencia, pese a que las formas de Zachary Cole Smith pudieran hacer creer lo contrario. Toda la banda suena cohesionada y eso deriva en el peso escénico que proyectan. Mientras Zachary pareciera al comienzo un vocalista parco que no se interesa en que se le entienda poco, luego se denota que eso es parte de la estética mientras él está enfocado como láser en lo suyo, y también en la guitarra de Andrew Bailey, con quien se complementan perfectamente.

Además, esta energía enfocada y este sonido aplanador no caen en un saco roto, porque el público que llegó a Club Blondie (que, vale decir, cada vez suena mejor para bandas) estaba dispuesto a saltar y sentir este show como algo realmente relevante. Ya en “Human” y “Dopamine” la algarabía era tal, que gente de la audiencia hacía crowdsurfing y otros revoleaban la polera o lo que fuera en el aire, como si se estuviera alentando al equipo en el estadio, con una conexión envidiable.

Aunque se ha visto a DIIV varias veces en vivo, existe algo que hace que se vuelva a ellos. Y tal vez sea esa sensación de que, en medio de todos los esquemas que rodean lo que son y proyectan sus canciones, existe una banda que tiene mucho que entregar, enfrentándose al cliché de los conjuntos que suenan o se ven similar, y que en general tienden a restringir el caudal de energía. En temas como “Past Lives” quedaba en claro que no se trataba meramente de escuchar versiones como las oscuras rendiciones de los discos, sino que algo de mayor alcance explosivo, sin traicionar esas sensaciones.

No es que DIIV sea la banda más brillante del mundo. Tras entregar una canción nueva sin título, tocaron un minuto de algo ininteligible y esos son gestos contradictorios, pero al menos reposa algo de honestidad en ellos que los hace ser de lo mejor de su rebaño, algo que en el iluminado final con “Dust”, “Doused”, y luego el encore con “Wait” (en el cual Andrew salió con un sostén que una persona lanzó al escenario) quedó de manifiesto. Poco más de una hora y cuarto que explicitan a DIIV como parte de los actos en los que no se debe desconfiar, porque pese a seguir modelos que parecieran muy definidos, ellos aún son capaces de entregar algo que los separa de la indulgencia y la simplona sencillez, y es así como probablemente los neoyorquinos consigan el paso a la trascendencia.

Setlist

  1. (Druun Pt. II)
  2. Is The Is Are
  3. (Druun)
  4. Human
  5. Under The Sun
  6. Dopamine
  7. Sometime
  8. Oshin (Subsume)
  9. Incarnate Devil
  10. Bent (Roi’s Song)
  11. Past Lives
  12. Nueva canción
  13. Healthy Moon
  14. Loose Ends
  15. Dust
  16. Doused
  17. Wait

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