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The Kills: Un chorro de sangre a la cabeza (y a presión)

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The Kills nació en 2002, un día de los enamorados. En realidad fue un poco antes, pero vio la luz en vivo un 14 de febrero de ese año, justo cuando un grupo iba a dar el salto al estrellato. Coldplay lanza ‘A Rush of Blood to the Head’ y vuelven a poner a las bandas al mando. Pero Alison Mosshart y Jamie Hince fueron contra la corriente cuando el único referente era White Stripes e hicieron un dúo. ¿Y qué diablos puede tener que ver Coldplay con The Kills? Sólo es que, tras ver a The Kills en un Teatro Oriente con unos 1500 asistentes, uno piensa que ese título de álbum le queda mucho mejor al dúo británico-estadounidense que a Chris Martin y los suyos.

Lo que pasó anoche fue un chorro de sangre directo al cerebro. Un show de esos donde no importa la cantidad, sino que la calidad, y a ratos The Kills sonó exacto a como lo hace en sus registros de estudio, pero algo cambia. Pese a que creamos que Alison es la extrovertida y que Jamie resulta ser más reflexivo, en vivo es al revés. Mosshart canta e interpreta para sí misma, de forma tímida, entreteniéndose, pero también escondiendo mucho. Alison es forma, pero en el fondo, es una tierna muchacha que se puso nerviosa cuando dos fanáticos se subieron al escenario y le besaron una mejilla. Mientras, Jamie sorprende por ser más cercano con la audiencia, divertirse con ellos y llevar esa actitud punk que tanto le gusta, tomando la guitarra como una pistola, golpeando las cuerdas estridentemente e incitando a la gente a batir las palmas.

Fue una suerte que no apareciera la puntualidad inglesa. La gente entró recién pasadas las 20.45 y el concierto partió con veinte minutos de retraso. Algo más que aceptable. De hecho, el público se acomodó bien en los asientos acolchados… Para pararse de inmediato cuando The Kills entró en escena.

Alison le daba carne a “No Wow”, canción del injustamente olvidado disco del mismo nombre. Sus bailes, movimientos de cabeza y esos quiebres que hace al moverse por el escenario vuelven loco al público, pero comenzamos a ver que le cuesta comunicarse con la gente. Ella no hace  más que dar las gracias. Jamie tomaría posteriormente el micrófono para reaccionar ante el público, diciendo que “esta es la razón por la que hicimos este tour. Gracias por dejárnoslo en claro”. Vinieron a presentar “Blood Pressures” (Domino, 2011) y eso se nota. No sólo viene una coreadísima y potente versión de “Future Starts Slow”, sino que además la tremenda “Heart Is A Beating Drum”. Las bases apoyan, dan las percusiones, un poco de ruido blanco también, pero es Jamie el motor musical con su guitarra llena de efectos. Mientras, Alison es magnética, al menos como los fanáticos perciben. De hecho, al final de “Heart Is…” bota un ventilador de una patada y se sube a disfrutar de su viento. Es que la guitarra de Jamie y el baile y los alaridos de Alison logran quitarle toda solemnidad a un escenario pulcro como es el Teatro Oriente. The Kills enturbia el ambiente, dejándolo más cercano a lo que esperan los fans. Los asientos numerados se difuman un poco porque en el aire ya está “Cheap and Cheerful” y los pasillos se llenan de gente que quiere capturar esa imagen de Mosshart meneando la cabeza o de Jamie apuntando con la guitarra.

Para “Kissy Kissy” la gente es capaz de digerir la complejidad de los arreglos de la canción, poco empáticos, pero lo suficientemente poderosos como para traspasar cualquier atisbo de cansancio. Lo mismo con la rítmica “U.R.A. Fever”, donde parten en una especie de diálogo que deriva en un gran momento con ambos cantando en el mismo micrófono.

La prueba de “DNA” sacó otro poco de sangre, con ese ritmo rico en quiebres y un coro donde el público participa gustoso.

A esas alturas se repetía un asunto que minaba la atención de varios asistentes: el audio. En algunos momentos las voces se perdían por la potencia de los instrumentos, es decir, de la base y la guitarra, y tampoco era tanta la amplificación. El Teatro Oriente tiene excelente acústica, pero resulta entretenido que una banda que utiliza bien los sonidos saturados no llegue a sonar lo suficientemente fuerte en su concierto. De todas formas, cada stroke de Jamie es potente, y en “Satellite”, no sólo es la gente sino que el mismo Hince quien se da cuenta de cómo prende la audiencia.

“Tape Song” es una pausa en medio de tanta potencia, en especial porque luego viene la canción que mejor refleja las posibilidades y matices cuya cima puede alcanzar un dúo, “Baby Says”, no sólo tiene nostalgia y un momentum exquisito, sino que también control respecto a la emoción. Un gran momento donde el público más que gritar, escuchó y atendió a la dirección de Alison y Jamie.

“Black Balloon” dio con la complicidad de las palmas en algún momento, pero luego el respetable prefirió que The Kills hiciera el show. Y así el in crescendo de esta canción va operando como parte de la triada que supuestamente cierra la presentación.

Entremedio hay un gran cover, “Pale Blue Eyes”, de The Velvet Underground, que en la versión The Kills mantiene la suciedad deliciosa del sonido de la guitarra y configura un momento único en el concierto, ya que no la tocaron ni en Perú, ni en Brasil.

“Last Day of Magic” y “Sour Cherry” aparecieron como grandes finales, tanto por el ritmo endemoniado que logran, como por la interpretación sentida de Jamie. Alison armó una conexión en ciertos momentos con la gente en la platea alta y lanzó un par de sonrisas cómplices. Todo esto para que los asistentes, tras una hora de concierto, quedaran pidiendo más. Y tras un alarido, ensordecedor a ratos, Mosshart y Hince regresaron al escenario. Allí nuevamente Jamie tomó la palabra para agradecer a los fans. “The Last Goodbye” logra configurar un momento mágico, donde sientes cada parte del teclado que toca Jamie en vez de la acostumbrada guitarra, o donde Alison se detiene en su bamboleo constante y desde un punto fijo se abre por fin a la gente.

El problema es que un par de fanáticos rompieron un poco esta magia subiendo al escenario y besando en la mejilla a la cantante, pero ella siguió como si (casi) nada hubiera pasado para armar el paisaje más bello del concierto, con el público ondeando sus brazos con el swing de vals de este último adiós.

Alison se puso a resguardo y, con un par de baquetas, ayudó a darle aún más sustancia a la ya rabiosa y divertida “Pots And Pans”, para luego dar pie al mejor riff de guitarra de la noche y freír cabezas con “Fried My Little Brains”, un cierre perfecto para una noche corta, precisa, pero de alto impacto, que la gente agradeció con su aplauso y también con la tranquilidad de que The Kills lo dio todo arriba del escenario, tal como prometieron.

Algunas conclusiones pueden ser que faltó un par de amplificadores que aumentaran el volumen de la performance. También que Jamie es más extrovertido en el fondo que la carismática pero realmente tímida Alison Mosshart. Y finalmente que, si bien son dos personas, en el escenario se hacen un solo montón de sangre que va por tus venas y que se convierte en un chorro directo a tu cabeza. Como Coldplay jamás imaginó que se podría hacer. Al estilo The Kills.

Por Manuel Toledo-Campos

Setlist:

  1. No Wow
  2. Future Starts Slow
  3. Heart Is A Beating Drum
  4. Cheap And Cheerful
  5. Kissy Kissy
  6. Ura Fever
  7. DNA
  8. Satellite
  9. Tape Song
  10. Baby Says
  11. Black Balloon
  12. Pale Blue Eyes (cover Velvet Underground)
  13. Last Day Of Magic
  14. Sour Cherry
    ——————————-
  15. The Last Goodbye
  16. Pots And Pans
  17. Fried My Little Brains

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Knotfest Chile 2022

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Slipknot en Knotfest 2022

La espera parecía eterna, pero el día finalmente llegó. A más de dos años de su anuncio, este domingo 11 de diciembre se celebró la primera versión de Knotfest Chile. Luego de su paso por Colombia, fue el turno del Estadio Monumental para recibir a uno de los festivales de música pesada más afamados a nivel mundial. Junto a nombres de la talla de Judas Priest, Pantera, Bring Me The Horizon o Mr. Bungle, los anfitriones de Slipknot llevaron a cabo un espectáculo de intensidades, que estuvo marcado por algunas dificultades en su inicio y un calor implacable que no dio tregua a los fanáticos.

La jornada en Macul abrió los fuegos pasadas las 13:30 horas, con un retraso considerable. Debido a errores logísticos durante las pruebas de sonido, el show no comenzó hasta más de una hora después de lo pronosticado, lo que significó sacrificar las presentaciones de Rama y Weichafe. Una situación lamentable, que además genera una profunda deuda a la trayectoria de ambas bandas y a la escena local.

Vended

En un intento por continuar sobre la marcha, Vended fue la encargada de comenzar con el primer número de la tarde. Entre la impaciencia de los presentes y un sol que no daba tregua, la banda liderada por Griffin Taylor se abrió paso entre las adversidades. Si bien, se trata de un sonido que recuerda mucho al proyecto de su padre, Taylor hijo y los demás integrantes aprovecharon estas similitudes para conectar con el público y mostrar su precoz repertorio, abriendo con “Ded To Me”, el primero de los sencillos lanzados este año.

Pese a las dificultades técnicas que presentó uno de los guitarristas, las canciones de su único EP, “What Is It//Kill It” (2021), lograron empatizar con una cancha ansiosa. En más de una ocasión el vocalista agradeció la disposición a escuchar esta propuesta que recién da sus primeros pasos, pero que demuestra muchas ganas. Con media hora de show, la banda se despidió con la promesa de un futuro retorno.

Tenemos Explosivos

Tras el potente show de Vended, al menos un representante local sí pudo salir a escena. Tenemos Explosivos estuvo con su set sobre el Circus Stage casi 10 minutos antes de lo previsto frente al acalorado público que ya repletaba el campo del Estadio Monumental. Así, la banda repasó varias canciones, y particularmente de su último disco, “Cortacalles”, como “San Borja” a modo de himno, y también clásicos de “La Virgen de los Mataderos” (2015) como “Regreso A Casa” y “Opúsculo de Tennessee”, o la demoledora “Agamenon” de su álbum “Victoria” (2017), entre muchos otros.

El calor era penetrante y agobiante para quienes se mantenían en cancha, pero la masa que a esa altura ya era considerable recibió con entusiasmo el set de los chilenos, que en ejecución y sonido no presentó mayores inconvenientes. Si bien, su propuesta no compartía tanto en términos metaleros con el grueso del cartel, Tenemos Explosivos goza de la virtud de la potencia y velocidad. Eso, sumado a su mensaje y canciones que eran golpe tras golpe, fue suficiente para que prendieran la tarde.

Tenemos Explosivos mantiene, sin embargo, una esencia under, que los aleja de los grandes escenarios y los posiciona mejor en un ambiente más íntimo y desordenado. Esa intimidad se transmite desde su cercanía, sus letras y la potencia de su sonido, que golpea de manera diferente a como lo harían las otras bandas el resto de la jornada. Esos detalles de su propuesta no son posibles de observar en un gran festival, como por ejemplo el famoso sample de la charla del profesor Carlos Pérez, entre otros arreglos. Aun así, el conjunto demostró que su propuesta y calidad es favorablemente arriesgada para este tipo de eventos de gran envergadura, recibiendo además el aguante y el respeto del público local.

Sepultura

Retomando la actividad en el Knot Stage, Sepultura fue el segundo acto internacional de la jornada, una que ya comenzaba a acumular una cantidad masiva de asistentes en la cancha del Estadio Monumental. Valiéndose de la brutalidad y fuerza que los caracteriza, los brasileños llevaron a cabo un repertorio equilibrado, donde no faltaron clásicos, pero también dedicaron una porción importante a “Quadra” (2020), álbum que debió esperar dos años para ser interpretado en vivo. Entre aplausos que se fundían con los tambores profundos de “Isolation”, la banda puso en contexto un show que se mantuvo en movimiento a través de su discografía.

Pese a las inclemencias del clima, el carisma de Derrick Green fue capaz de encaminar a las personas del público, quienes respondían enérgicos frente al setlist escogido, particularmente en canciones como “Kairos”, “Propaganda” o “Cut-Throat”. Esta misma camaradería fue la que mostró el guitarrista Andreas Kisser, agradeciendo a todos los presentes y recordando la extensa y cercana historia que tiene Sepultura con Chile.

En un momento que se alejó de la predominante tónica extrema, “Agony Of Defeat” fue la última canción elegida de “Quadra”, mostrando una arista más pausada, con pasajes donde la voz de Green se acercaba a lo melódico. Luego de aquel respiro, la banda se volcó hacia un cierre altamente celebrado, incluyendo tracks acelerados como “Refuse/Resist” y “Arise”. Como dupla final, “Ratamahatta” y “Roots Bloody Roots” hicieron saltar a una fanaticada sólida que quedó con ganas de más, pese a la alta exigencia física de la presentación.

Trivium

Los de Orlando salían a escena con la expectativa más que arriba de una multitud que esperaba por sus densos y veloces acordes. Con una particular energía y buena onda, Matt Heafy y compañía se plantaban en el Circus Stage para iniciar sin mayor introducción con “In The Court Of The Dragon”. El público explotaba durante los más de nueve minutos de la canción de su último álbum del mismo nombre, y así Trivium conectaba rápidamente con su fanaticada local. No hacía falta mayor adelanto que los primeros acordes para que la gente estallara en canciones como “Down From The Sky” o “The Sin And The Sentence”. Trivium empezaba a asomar como uno de los puntos altos de la tarde gracias a su destreza y carisma, con un Heafy siempre atento y preocupado de una audiencia que se movía entre los diversos mosh pits a lo largo de la cancha. Si hasta una camiseta de la selección chilena lució sobre el escenario para continuar repasando parte de sus éxitos.

Si bien Heafy toma el liderazgo, su destreza vocal se complementa muy bien en vivo con sus compañeros de guitarra y bajo, quienes también apoyan. La banda expone muy bien esa interesante mezcla que deriva del power metal y otros elementos más pesados, ligados al sonido más tradicional. Es esa cercanía y afinidad con canciones veloces y virtuosas lo que hace que Trivium sea un imperdible en este tipo de contextos masivos, donde su presencia es material fértil para convocar o remover prejuicios, y es que su propuesta, lejos de ser tibia, puede provocar resistencia en ciertos admiradores más tradicionales, no obstante, sólo basta con verlos sobre el escenario para despejar dudas de su identidad.

Trivium se presentó como uno de los puntos altos de la tarde de Knotfest Chile, entregando una generosa presentación que repasó lo mejor de su catálogo, y conectando con su ferviente base de fans, mostrándose además participativos en todo momento bajo las órdenes de Heafy. Conquistar un público tan diverso entre gustos y edad, y sobrepasar aquello a punta de riffs y una clase magistral de cómo rediseñar el metal, es una de las virtudes de la presentación de Trivium en Chile. Su show rebasó expectativas y convocó transversalmente al ambiente de Knotfest.

Bring Me The Horizon

Bajo el sol, 34ºC de calor, y en un mar de poleras de Pantera y de Slipknot, la tarea no parecía sencilla para la banda más “pop” del festival. Bring Me The Horizon hizo gala de su atributo más subvalorado para ganarse a la gente y, además, ahondar en su historia en vivo en Chile: la calidad. No sólo hay sentido del espectáculo, con visuales, una construcción teatral del show y un frontman cuyo carisma se despliega como tótem, sino también un entendimiento cabal de que la alquimia de géneros que ha transformado su camino desde el metalcore hacia terrenos híbridos cercanos al dubstep, EDM y pop no puede funcionar si la ejecución es mediocre. Por eso, en vivo Bring Me The Horizon es una maquinaria aceitada.

Ejemplos de lo anterior hay desde “Can You Feel My Heart?”, su video introductorio y su potencia épica, hasta momentos donde el tempo es más rápido y los timbres más chillones, como ocurre en “Kingslayer”, la colaboración con BABYMETAL. En medio, las programaciones, teclados y segundas voces de Jordan Fish son el pegamento que junta las partes con coherencia, también sirviendo como un colchón para apoyar a Oliver Sykes, quien vocalmente ha mejorado mucho en los últimos años al cuidar los momentos donde se esfuerza gracias a que Jordan está ahí.

Esto se nota en canciones como “Happy Song”, “Dear Diary” o “Shadow Moses”, con una banda que se nota cómoda en el terreno movedizo donde se instaló. Sin géneros claros, sin cajas donde aferrarse, sino que haciendo lo suyo, sin miramientos, y viendo el cálido y potente recibimiento de un público que estaba metafóricamente derritiéndose en el estadio, sin duda que denota cómo, incluso subvirtiendo lo usual, puede llegarse a crear momentos comunes a pura calidad.

Mr. Bungle

El sol implacablemente seguía pegando sobre las cabezas de los cientos de asistentes en la cancha, cuando era el turno de que Mr. Bungle concretara su tercera presentación de la semana en nuestro país. El conjunto liderado por Mike Patton venía de dos noches completamente agotadas en Teatro Coliseo para seguir entregando golpetazos con las canciones de “The Raging Wrath Of The Easter Bunny Demo” (2020), disco que se lleva todo el set de esta nueva encarnación de la banda, con Dave Lombardo y Scott Ian como adiciones de lujo.

Lo que presentó Mr. Bungle en el Monumental fue precisamente lo que promete: un show lleno de thrash metal, donde las canciones no dan respiro a quienes se aventuren dentro de los moshpits que se formaron en la cancha. Bajo esos parámetros es que pasaron implacables tracks como “Anarchy Up Your Anus”, “Rapping Your Mind” o “Spreading The Thighs Of Death”, ejecutados con un pulso impresionante de toda la sección instrumental, especialmente la inigualable batería de Lombardo y el bajo galopante de Trevor Dunn, quienes fueron el sustento perfecto para que Ian y Trey Spruance arremetieran con los demoledores riffs que le entregan el cuerpo preciso a las retumbantes interpretaciones de “Eracist”, “Bungle Grind” o el tremendo guiño a “Hell Awaits” de Slayer, que encendió los ánimos en la cancha.

Tal como en sus presentaciones anteriores, la banda rindió tributo a Violeta Parra con una breve versión de “Gracias A La Vida” para culminar con una sorpresiva interpretación de “Territory” de Sepultura con el guitarrista Andreas Kisser y el vocalista Derrick Green invitados al escenario, quedando el momento plasmado como una de las postales más inolvidables de la jornada.

Pantera

El anuncio del retorno a las pistas de Pantera con Phil Anselmo y Rex Brown como únicos miembros originales, generó reacciones mixtas. Pero cuando se supo que como músicos de apoyo contarían con el mismísimo Zakk Wylde en la guitarra y Charlie Benante en la batería, las dudas se disiparon. Y así lo confirmaron al arribar al Knot Stage, cuando el calor abrasante del sol comenzaba a amainar y la sombra comenzaba a tocar el otro lado de la cancha del Monumental. Eso sí, a poco andar se notó la ausencia de Brown, la cual fue confirmada por el mismo Anselmo por temas de salud (estuvo con un agudo cuadro febril que derivó en Covid), y en su lugar quedó a cargo de las cuatro cuerdas Derek Engemann.

Un emotivo video con una colección de registros audiovisuales de Dimebag Darrell y Vinnie Paul, la mayoría extraída de tesoros como “Vulgar Video”, junto con la tradicional intro sacada de “Eraserhead” de David Lynch, precedió el estruendoso inicio con “A New Level” y el público simplemente se entregó al éxtasis. Mientras el tremolo maestro de Wylde rendía tributos con bríos propios sin perder la esencia del sonido, la voz de Anselmo sonaba atronadora y versátil por partes iguales, aunque muchas canciones tuvieron que ser rebajadas de tono para poder ajustarse a la tesitura actual de Anselmo, pese a ello, ninguna escatimó en potencia e intensidad.

En consideración con lo breve de la presentación, tuvieron que ingeniárselas para desplegar la mayor cantidad de su robusto catálogo de singles, como “I’m Broken”, “5 Minutes Alone” o “Mouth For War” con otras igualmente conocidas, como “Fucking Hostile”, teniendo que recurrir a canciones con outros de otras, como “Becoming” unida a “Throes Of Rejection” y la mencionada “I’m Broken” unida a “By Demons Be Driven”. Un nuevo homenaje con imágenes de los hermanos Abbott sobrevino en la medianía del show, mientras de fondo sonaba “Cemetery Gates”, con una sentida y profunda versión de “Planet Caravan” de Black Sabbath que vino a continuación. Hacia el final, “Walk” y especialmente “Cowboys From Hell” multiplicaron los circle pits en una cada vez más agolpada cancha, en lo que fue hasta ese momento el show más enérgicamente recibido por el público.

Judas Priest

Tener trayectoria asegura respeto, admiración y un sitial en la historia, pero en el presente esos pergaminos se deben defender, y en el caso de la música aquello se ve en el escenario. Por eso era tan atractiva la chance de presenciar a Judas Priest celebrando su historia de 50 años de carrera en un escenario grande, aunque las dudas se instalaban en el contexto. Un Knotfest usualmente se asocia más a los nombres que están reconfigurando el metal y su extensión, entonces un acto ligado a la tradición del heavy metal era algo riesgoso, y al comienzo del show, que partió a las 20:25 hrs., se acrecentaba la incertidumbre.

Sólo la gente más adelante en el escenario Circus respondía a Rob Halford en “Electric Eye” o en “Riding On The Wind”, pero quizás eso tenía que ver con que el público lo dio todo en Pantera y requería de un respiro. Por ello es que poco a poco podría haber chance de que las cosas cambiaran, y así fue. Mientras la gente recuperaba energías, bríos y onda, en el escenario Halford exudaba talento tullido por la experiencia o Scott Travis entregaba fuerza y sonrisas en cada ocasión que se pudiera, mientras desfilaban clásicos como “Jawbreaker” o “Devil’s Child”. Así, en la medianía del espectáculo hubo la primera instancia de genuina conexión con la audiencia más allá de las primeras filas con “Turbo Lover”. Allí hubo mayor respuesta a las peripecias de Halford y sus intentos de que le siguieran con los coros, tras lo cual vinieron más monumentos de las cinco décadas de historia que son rescatadas en el show.

El final del set inicial fue sobrecogedor con “Screaming For Vengeance” y “Painkiller”, pero tras un par de minutos, Halford volvió a escena arriba de una Harley-Davidson para hacer “Hell Bent For Leather” directo desde la autopista, o desde las calles más peligrosas con “Breaking The Law”, antes de cerrar con “Living After Midnight”. Comparar el inicio con el final del show de Judas Priest en Knotfest Chile es impactante, desde el respeto y la escucha silenciosa a la fiesta completa, y aquello es símbolo de la carrera de una agrupación resistida y vilipendiada en sus inicios, pero que con trabajo duro y grandes canciones se convirtió en un puntal de la historia del metal.

Slipknot

No hay que dar muchas vueltas para ver por dónde partir con Slipknot. La banda llegó por tercera vez a Chile para encabezar un festival que es su propia creación, por lo que evidentemente sería la encargada de poner el broche de oro, a pesar de los cuestionamientos de quienes pedían una agrupación más longeva como cierre. Bastó con ver el mar de gente esperando por Corey Taylor y compañía para notar que los dudosos no podían estar más equivocados, ya que fue desde el primer minuto que el conjunto demostró su estatus como uno de los nombres más importantes en la historia del metal. Con una seguidilla de himnos como “Disasterpiece”, “Wait And Bleed” y la demoledora “All Out Life”, el conjunto inició un show en que sorprendentemente los artilugios escénicos, como los disfraces y el atractivo visual, fueron más que nada un complemento para lo verdaderamente importante: la música.

Con una interpretación pulcra y sin titubeos, la banda diversificó su set pasando por sus siete LPs, dándole el protagonismo a “Slipknot” (1999), “Iowa” (2001) y “All Hope Is Gone” (2008), desplegando un desfile de sus canciones más insignes como “Psychosocial”, “The Heretic Anthem” o “Spit It Out”, coreadas por prácticamente la totalidad del estadio, poniendo en tela de juicio si eran muchos o no los asistentes que sólo estaban ahí por curiosidad. Punto aparte para las intervenciones en español del frontman, que estrecharon la conexión con la audiencia en un show enérgico, que no se detuvo a la hora de mantener los ánimos a tope, pese a lo agotadora que fue la jornada.

Hablar de Slipknot como un clásico es algo inevitable a estas alturas, debido a que la banda se ha establecido como un nombre de peso en la escena del metal, con un desplante y catálogo que los tiene a otro nivel dentro de la memoria colectiva. A simple vista, el grueso del público disfrutó a concho el show de la banda, demostrando su enorme arrastre en nuestro país y dejando claro que están listos para instancias mayores, por lo que no sería de extrañar que su próxima visita a Santiago sea en un estadio de gran capacidad como show principal y no mediante un evento con más invitados en el cartel.

En la vereda estrictamente artística, Knotfest consagró su primera versión chilena como un festival que indudablemente abrirá la puerta a futuras ediciones, incluso con los evitables contratiempos que se vivieron durante la jornada, como problemas en el ingreso o improvisados puntos de hidratación. Comprendiendo que es muy difícil que la totalidad de los asistentes quede conforme con su experiencia, el foco central del evento, que fue la música en vivo, cumplió a cabalidad lo que se esperaba, ofreciendo un recorrido por distintas veredas y épocas en este eterno y constante libro de la música pesada. Desde el pasado con Judas Priest, el presente con Slipknot y el futuro con Vended, la primera edición de Knotfest Chile ejemplificó claramente el saludable y revitalizado estado actual del metal y su comunidad cada vez más diversa.

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