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The Exploited: Vivir rápido, jamás morir

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Increíble, pero cierto. Desafiando múltiples dificultades, la noche de este jueves se concretó un hito que se veía tan lejano como improbable: la mítica banda escocesa The Exploited por fin volvía a Chile. Luego de una fallida presentación durante el Punk Rock Festival de 2016, la banda prometió retornar el año pasado, sin embargo, fueron los problemas cardíacos de Wattie Buchan los que nuevamente postergaron un reencuentro que parecía imposible. Pero como dicen, la tercera es la vencida, y las leyendas del punk lograron la hazaña en una Cúpula Multiespacio que vivió una catarsis absoluta. Una experiencia irrepetible que retribuyó cada día de espera.

Tal como se tenía previsto desde su errática fecha para octubre del año pasado, los locales 10 Botellas prepararon la ansiada llegada de los escoceses. El conjunto de La Florida fue bien recibido por quienes comenzaban a ocupar Cúpula Multiespacio, cantando y girando con clásicos de su repertorio, como “Punk Not Dead”, “Hígado Valiente” y “Marciano”, no sin antes despedirse con un singular homenaje a los anfitriones. Un cover de “Chaos Is My Life” cerró el show de los teloneros, declarando su fanatismo y entusiasmo por formar parte de un evento mítico.

Con todo listo para iniciar el show, el ambiente estaba cargado de una energía incontenible. Desde el momento en que el icónico mohicano rojo de Wattie Buchan apareció en el escenario, el ímpetu del público desató un mar de gente. Para canalizar tanta vehemencia, “Let’s Start A War” abrió el repertorio de The Exploited, seguido inmediatamente por “Fight Back”, donde su característica fórmula de hardcore punk veloz y metalizado alimentaba el éxtasis de los asistentes.

Entendiendo las dinámicas vertiginosas de un show de punk, el riesgo a que la jornada se interrumpiera de golpe por un imprevisto se hacía latente. A sólo minutos de concierto, el primer fanático de una seguidilla interminable lograba burlar la seguridad y se subía a cantar “Dogs Of War” junto al conjunto. Una actitud que puede molestar a algunos, pero que son propias de eventos de esta índole. Así lo entiende el público y también así lo entiende Wattie, quién, curtido por los años, se lo tomó con humor y buena gana cada vez que alguien se unía al escenario.

Sumándole más elementos al factor riesgo, del público comenzaban a encenderse las bengalas, y el humo –aparentemente de extintores– invadía La Cúpula. Todo esto de fondo mientras sonaba parte del repertorio más intenso de la banda, con canciones como “UK 82”, “Chaos Is My Life” y “Dead Cities”, ofreciendo una postal caótica, pero absolutamente auténtica. Es que en ocasiones como estas no hay espacio para lo fingido. Sólo con ver los rostros desaforados en el mosh se percibía la energía a flor de piel, mientras el coro de “Alternative” era seguido por todo el recinto.

Frente a circunstancias tan frenéticas, hizo falta bajar las revoluciones del show. La evidente dificultad para respirar de Buchan, debido al humo, junto a las continuas interrupciones del público, obligaron a calmar las pasiones para que la presentación de The Exploited llegara a buen puerto. Con los fanáticos más contenidos –en la medida de lo posible–, los escoceses continuaron con los clásicos “Troops Of Tomorrow”, “Noise Annoys” y “Never Sell Out”, siendo esta última un llamado a mantenerse auténtico.

Ya en el tramo final del concierto, “Beat The Bastards” retomó el período más metalizado de la banda, de la mano del guitarrista Matt MaGuire y su ejecución furiosa. “Cop Cars”, parte de su repertorio más antiguo, fue aplaudida por los asistentes, mientras que “Fuck The System” motivó uno de los mosh pits más intensos de la velada. Uno de los momentos significativos al cierre fue cuando Wattie dedicó una crítica a las políticas imperialistas en “U.S.A.”, dejando el escenario mientras los fanáticos quedaban aún ansiosos de más. El momento cúlmine del show se vivió cuando la banda invitó a todos, humanos y perros, a subir al escenario para cantar “Sex & Violence”, donde el descontrol absoluto terminó por dar el cierre fraterno, aunque accidentado, a una jornada donde primó el peligro latente y la pasión descontrolada.

Al salir de Cúpula Multiespacio queda la sensación de haber vivido un auténtico espectáculo dedicado a la catarsis; sin protocolos ni pautas, encaminado en gran parte por la improvisación que exigía la dinámica, siempre jugando en la cuerda floja y arriesgándose a caer en el desastre, que afortunadamente no fue la ocasión. Más destacable aún, la energía en la voz de Wattie Buchan da cuenta de una bestia que no se resigna ante los embates de la vida, quien, como pocos, sabe vivir al límite y sobrevivir a los extremos.

Setlist

  1. Let’s Start A War
  2. Fight Back
  3. Dogs Of War
  4. The Massacre
  5. UK 82
  6. Chaos Is My Life
  7. Dead Cities
  8. Alternative
  9. Rival Leaders
  10. Troops Of Tomorrow (original de The Vibrators)
  11. Noise Annoys
  12. Never Sell Out
  13. I Believe In Anarchy
  14. Holiday In The Sun
  15. Beat The Bastards
  16. Cop Cars
  17. Porno Slut
  18. Fuck The System
  19. Disorder
  20. Army Life
  21. U.S.A.
  22. Sex & Violence

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Metronomy: El disco de tu corazón

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Metronomy

Sigue siendo extraño ir a conciertos y disponerse a pasarlo bien cuando el país despertó y, como pasa en “The Matrix”, al abrir los ojos no era un mundo idílico el que supuestamente había y pintaban, sino que todo se ve sucio, injusto y sobre una lupa. Por ello la música sirve como escape en medio de tensiones y para no perder la perspectiva sobre el propio ser. En medio de causas comunes, donde los cuerpos se vuelven uno y la individualidad se ve como un lujo, es bueno recordar el propio corazón, aquello que lo mueve, lo que lo emociona y hace feliz. Ese tipo de reacciones genuinas son las que aparecieron copiosamente en el retorno de Metronomy a nuestro país, con su cuarto show a la fecha, en la explanada del Centro Cultural Matucana 100.

La gente fue llegando poco a poco hasta repletar la explanada, cuando ya se escondía el sol, poniéndose cada vez más impaciente mientras se acercaban las 21:15 hrs., supuesto horario de inicio del show. A las 21:26 comenzó a sonar “Wedding” como intro del concierto, y como a la distancia se veía el edificio donde están los camarines, se notaba –como si fuera un programa televisivo– el momento exacto en que la banda se movía para llegar al escenario de riguroso vestuario blanco, en medio de los vítores. Comenzaron con “Lately”, canción en medio de la cual se escuchaban los primeros gritos de “el que no salta es paco”, parte de la “nueva normalidad” en los conciertos, algo de lo que deberemos hablar más tarde.

La potencia de las canciones de Metronomy no daba respiro. “Lately” y su pulso más psicodélico (sello de su último trabajo de estudio, “Metronomy Forever”) hasta el hit “The Bay”, convirtieron a Matucana 100 en un lugar de karaoke, irrumpiendo de inmediato la faceta más banda de rock de Metronomy con “Wedding Bells” y ese final falso que culminaba en una explosión con el solo de un Joseph Mount que parece más cómodo y sobrecogido que nunca con el rol que tiene en vivo. Mount es un tipo notoriamente tímido en el escenario, pese a ser el líder de un proyecto que mueve mucha gente, pero tal vez eso viene desde una comprensión fundamental. Y es que lo que se convierte en el disco o la canción que llega directo al corazón de la gente es una composición, más allá de sus exponentes.

Aunque Metronomy tiene una formación reconocible, de buenos músicos y carismas al servicio del show, lo más abrumador es la potencia de las composiciones, como pocas veces pasa en un espectáculo. La fuerza de “Corinne” no va ni en la potencia que le puso Anna Prior a cada beat en la batería o a los adornos precisos de los teclados del contagioso bailar y sonreír de Oscar Cash, sino que en la armonía tan fluida como impalpable que tienen los diferentes ritmos que mueven a la canción. En “Everything Goes My Way”, además del inmenso amor del público chileno a Prior o de la guitarra acústica siendo un dulce néctar para los oídos, la dinámica típica de los grupos a capella sesenteros en el coro son lo que hace la canción, y eso terminaba siendo hecho por el público, muy participativo, a diferencia de la última visita de la banda en un Lollapalooza 2018 donde resultaron injustamente ignorados.

Reservoir” fue una explosión de energía, en tanto que “Walking In The Dark” mostraba la vibra más chill digna de Madchester y la onda rave, para luego continuar precisamente con el baile con dos piezas instrumentales: “Boy Racers” y “Lying Low”. En este caso, vale precisar que Michael Lovett y Oscar Cash se complementan de forma perfecta cuando ambos están manejando los teclados, en una mini orquesta de sintetizadores muy a la usanza de Orchestral Manoeuvres In The Dark, pero con una vibra más ligera. En “Boy Racers”, además, Olugbenga Adelekan por fin sonó más con su bajo que, pese a tener un protagonismo clave en canciones como “The Bay”, no quedaba tan adelante en la mezcla de sonido, como sí pasó en esa canción. Todo esto servía como aperitivo perfecto para “Old Skool”, otra de esas composiciones hechas para conseguir la participación del público y hacer aún más grande la experiencia. Es impecable la capacidad de Mount de crear estas obras que, desde una producción usualmente muy minimalista y con el cuidado necesario de dejar respirar las capas sonoras, terminan con una capacidad de generar enlaces de valencia tan numerosos con la audiencia, tanto, que la participación hace del momento algo más cercano y también mucho más inolvidable.

Luego, la vibra de banda de rock & roll volvió a escena con “Insecurity”, una canción que en manos de cualquier otra banda hubiera quedado plana, pero que para Metronomy es perfecta porque refleja sus propias sensaciones de extrañeza y de desacomodo con aquello que pareciera tan natural. Parte también de la catarsis en medio de este show fue la capacidad de evitar que la normalidad parezca tan normal, y eso a Metronomy le queda muy bien. Tal vez, por ello en vez de tocar “On Dancefloors”, como decía el setlist, la banda se vio descolocada con los gritos de “el que no salta es paco” y “el pueblo unido jamás será vencido” con los que ellos intentaron continuar una parte instrumental de “Insecurity”. En vez de hacer como cualquier otra banda y seguir como si nada, la cara de Joseph indicaba que no sabía cómo reaccionar, más allá de una sonrisa nerviosa que cambió para tener un poco más de seguridad con “I’m Aquarius” y calmar un poco los decibeles, sumergiendo a la audiencia en un track tan especial como acuático, de esos que son inmersivos, justo para después despachar “The End Of You Too” pegada a “Salted Caramel Ice Cream” en un tono más bajo de lo que es la versión de estudio, algo que quizás sacó un poco a la gente del acto de disfrutar sin freno.

“El disco de tu corazón”, concepto acuñado por Miranda! –otra banda llena de canciones que, más allá de su estilo, se pegan de forma irremediable a los oídos–, no dejaba de rotar y de ser escuchado. Una canción tan querida como “The Look”, con un épico final de sintetizadores trenzados en un baile sideral, volvía a convertir a la explanada de M100 en un lugar caluroso, movido y repleto de baile, en tanto que “Love Letters” y su pulso casi como el latido de un corazón, sin parar, sin soplos o pausas, aumentó aún más las fuerzas que terminaron de explotar con un poco más de calma en “Sex Emoji”. El encore no demoró mucho, con “Upset My Girlfriend” que, en un tono casi autobiográfico, recuerda los inicios en la música de Joseph, quien por sentir la música muchas veces se dejaba llevar demasiado. Y quizás ahí está el mayor triunfo de su historia, el aprender a tener control, pero también a permitir que las cosas tengan crecimiento orgánico.

Como un corazón latiendo, el beat final tenía que ser uno de compases irregulares y de final abrupto, como ocurre con la rara “Radio Ladio”, final preciso para un show donde las canciones brillaron más que cualquier otra cosa. Al final del día eso es lo importante, porque, así como en tantos recuentos de fin de año, son esos tracks los que se quedan en el alma, esperando su momento para explotar en situaciones de felicidad que pueden acallar, aunque sea por una hora y media, la sordera del fascismo devenido en enemigo y la desesperanza convertida en voz cantante y rebelde de una revolución con todo en contra, pero con la fuerza de la unión como estandarte. Y qué buen soundtrack hubo para este pequeño escape.

Setlist

  1. Wedding
  2. Lately
  3. The Bay
  4. Wedding Bells
  5. Corinne
  6. Whitsand Bay
  7. Everything Goes My Way
  8. Heartbreaker
  9. Reservoir
  10. Walking In The Dark
  11. Boy Racers
  12. Lying Low
  13. Old Skool
  14. Insecurity
  15. I’m Aquarius
  16. The End Of You Too
  17. Salted Caramel Ice Cream
  18. The Look
  19. Love Letters
  20. Sex Emoji
  21. Upset My Girlfriend
  22. Radio Ladio

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