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The Devil Wears Prada: La música de moda y alta factura

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No tienen nada que ver con la novela, mucho menos con la película de Anne Hathaway y Meryl Streep. Puede ser un comienzo. No el más decidor, no el más acertado. Mucho menos el más creativo. Pero para quiénes recién dilucidan que existe además del largometraje y el libro, una banda. Es información “relevante”. Por otro lado, si te causa demasiado sentido este párrafo, y no puedes evitar sentirte identificado. Debo decirte que te has perdido durante cinco años una banda prometedora y no te queda más que esperar otra visita de los norteamericanos.

La primera visita.

Finalmente el sexteto post-hardcore cristiano arribó a suelo chileno. Gracias a las mediaciones de BTS, la visita The Devil Wears Prada a Chile, se hizo realidad, como muchas otras bandas prolíferas del género. Y no es menor, el trabajo de esta productora nos ha permitido presenciar shows del más alto nivel, e impensados para una realidad musical que ha ido en exponencial aumento.

Esta vez, el club Rock & Guitarras se portó bien para la presentación de los veinteañeros de Dayton, Ohio. El sonido pulcro y nítido que entregó la banda, sumado a un público que coreó la presentación completa, hicieron de la tarde del jueves una experiencia no menos placentera. Cuestión que quedó en evidencia clara, para los cerca de 400 aficionados que repletaron el recinto de Ñuñoa. Se nota también, al momento de revisar videos de la presentación y las opiniones de los cientos de fans, que no se han hecho esperar en la red.

Si consideramos que lo de la trayectoria de The Devil Wears Prada, no es de lo más extensa. Pero si intensa. En sólo cinco años han editado cuatro discos de estudio. El primero, “Patterns of a Horizon” (2005), independiente, los dos siguientes, “Dear Love: A Beautiful Discord” (2006) y “Plagues” (2007), bajo el alero de Rise Records (Dance Gavin Dance y Emarosa).  Su última placa “With Roots Above and Branches Below”, lanzada el año pasado bajo Ferret Records (el mismo de Every time I Die y Poison the well). Representan el raudo avance que Hranica y compañía han vivido.

Todo eso, sumado al éxito, indica que The Devil Wears Prada se encuentra en su mejor momento girando por Sudamérica. Lugar en donde no podemos olvidar que este puñado de agrupaciones, hace rato que gozan de una salud implacable.

Así comenzaba el show.

El show como estaba estipulado comenzó a las 19hrs., ‘Intro (The End Breakdown to Lord Xenu)’ abría los fuegos, y ‘Hey John, What’s Your Name Again?’, desataba la algarabía de la fanaticada presente.

Si bien es cierto, bandas de esta calaña poseen una manada de fieles seguidores que en promedio no superan los veinte años. Los cuatrocientos asistentes el día jueves, dieron fe de lo acérrimos que llegan a ser al profesar tal devoción por esta agrupación. De todos modos el promedio de edad de la banda también rodea los veintiún años. Cuestión no menor, si a todo lo anterior añadimos el oficio, madurez compositiva y calidad que ha desarrollado esta agrupación en su breve carrera.

‘Sassafras’ y ‘Ben Has a Kid’ continuaron un inicio de show electrizante, por sobre todo potente, y con una muestra de sonido perfecta. El audio del Rock & Guitarras pasaba la prueba con honores, de entrada.

A ratos, la actitud de los hombres de las cuerdas (Jeremy DePoyster, Chris Rubey en guitarras, y Andy Trick en bajo) llamaba la atención. En la mayoría de las canciones, y por largo rato tocaban cada tema de espaldas al público y solo en ciertos momentos se tornaban hacia el frente. Hranica hacía lo suyo, y a ratos desaparecía del escenario, como queriendo decir que: “Nuestro show es más importante que nosotros mismos”.

‘Goats on a Boat’, ‘Dogs Can Grow Beards All Over’ y ‘Danger : Wildman’, no hacían más que pulverizar los oídos de una entusiasta audiencia, que no contenía su ánimo de corear cada canción. Lo de The Devil Wears Prada, hasta pasadas las 19:30hrs. era una declaración perfecta de su potencial.

‘I Know a Ghost’, ‘Dez Moines’ y una espectacular ‘HTML Rulez d00d’, fueron sonando una tras otra, como ráfagas acribillantes de un poderío manifiesto. ‘Dont Dink and Drance’ y ‘Assistant to the Regional Manager’, cerraban entonces el show, de manera magnífica. Pero la cita no terminó hasta el último acorde de ‘Wapakalypse’. La emoción de los seis integrantes cerró con una tremenda hora de intensa presentación.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. fanboy

    17-May-2010 en 12:48 am

    Estuvo excelente!!!! gran concierto…
    debió ser en el Caupolicán o algo así…
    Saludos HN…

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DIIV: Esquemas Juveniles

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DIIV

Aunque estamos en una época con la posibilidad de más estilos que nunca, lo que es más claro de ver son las convergencias, cuando existen cosas muy diferentes que tienen un punto de encuentro. Nadie podría decir que Mac DeMarco, Wild Nothing y DIIV suenan igual, pero estos tres actos, con popularidad en nuestro país, tienen una sensibilidad con las guitarras y los ritmos que los hacen convivir incluso en el mismo sello, Captured Tracks. Pero luego aparecen las diferencias, que tienen más relación con cómo se disponen en un escenario o cómo se disponen ante su propia música, algo que se reafirmó en una nueva visita de DIIV, enterando su tercera vez en Chile.

Antes, todo partió con un potente set de Adelaida. La banda de Valparaíso estuvo muy bien elegida para partir con la jornada, en especial por la energía desplegada, que redundó en una ovación del público al cierre de su show pasadas las 21:45 hrs., donde pasaron por canciones como “1999” y “Eco”, para cerrar con la explosiva “Cienfuegos”, en su mayoría tracks que pertenecen a “Paraíso”, el disco que editaron en 2017. Un sólido espectáculo de una de las bandas más potentes del rock chileno, cuyo repertorio está siendo rápidamente engrosado.

Tras 25 minutos de espera, y teniendo a la mitad de DIIV en los últimos minutos ajustando ellos mismos sus instrumentos, entró a escena la banda de Brooklyn, que de inmediato podía establecer su potencia. A diferencia de Wild Nothing o DeMarco, lo de DIIV es más potente en el proscenio, y ellos no caen en la autoindulgencia, pese a que las formas de Zachary Cole Smith pudieran hacer creer lo contrario. Toda la banda suena cohesionada y eso deriva en el peso escénico que proyectan. Mientras Zachary pareciera al comienzo un vocalista parco que no se interesa en que se le entienda poco, luego se denota que eso es parte de la estética mientras él está enfocado como láser en lo suyo, y también en la guitarra de Andrew Bailey, con quien se complementan perfectamente.

Además, esta energía enfocada y este sonido aplanador no caen en un saco roto, porque el público que llegó a Club Blondie (que, vale decir, cada vez suena mejor para bandas) estaba dispuesto a saltar y sentir este show como algo realmente relevante. Ya en “Human” y “Dopamine” la algarabía era tal, que gente de la audiencia hacía crowdsurfing y otros revoleaban la polera o lo que fuera en el aire, como si se estuviera alentando al equipo en el estadio, con una conexión envidiable.

Aunque se ha visto a DIIV varias veces en vivo, existe algo que hace que se vuelva a ellos. Y tal vez sea esa sensación de que, en medio de todos los esquemas que rodean lo que son y proyectan sus canciones, existe una banda que tiene mucho que entregar, enfrentándose al cliché de los conjuntos que suenan o se ven similar, y que en general tienden a restringir el caudal de energía. En temas como “Past Lives” quedaba en claro que no se trataba meramente de escuchar versiones como las oscuras rendiciones de los discos, sino que algo de mayor alcance explosivo, sin traicionar esas sensaciones.

No es que DIIV sea la banda más brillante del mundo. Tras entregar una canción nueva sin título, tocaron un minuto de algo ininteligible y esos son gestos contradictorios, pero al menos reposa algo de honestidad en ellos que los hace ser de lo mejor de su rebaño, algo que en el iluminado final con “Dust”, “Doused”, y luego el encore con “Wait” (en el cual Andrew salió con un sostén que una persona lanzó al escenario) quedó de manifiesto. Poco más de una hora y cuarto que explicitan a DIIV como parte de los actos en los que no se debe desconfiar, porque pese a seguir modelos que parecieran muy definidos, ellos aún son capaces de entregar algo que los separa de la indulgencia y la simplona sencillez, y es así como probablemente los neoyorquinos consigan el paso a la trascendencia.

Setlist

  1. (Druun Pt. II)
  2. Is The Is Are
  3. (Druun)
  4. Human
  5. Under The Sun
  6. Dopamine
  7. Sometime
  8. Oshin (Subsume)
  9. Incarnate Devil
  10. Bent (Roi’s Song)
  11. Past Lives
  12. Nueva canción
  13. Healthy Moon
  14. Loose Ends
  15. Dust
  16. Doused
  17. Wait

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