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The Dead Daisies: Vieja escuela, energía inagotable

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El mundo del rock es cuestionable a veces, con episodios de misoginia o de perpetuación de estereotipos conservadores y rígidos, pero también es uno de los sonidos más vivos en la historia de la música, debido a sus exponentes y a sus fans. Todo lo que parece empaquetado del rock, se despercude cuando aparece el mero afán de entretener y entretenerse en ello, y eso es lo que pasó en la noche del 19 de julio, en el debut de The Dead Daisies en Chile. La banda creada y liderada por el australiano David Lowy, en esta formación incluye al guitarrista Doug Aldrich, al bajista Marco Mendoza, al vocalista John Corabi, y al baterista Brian Tichy, todos nombres conocidos en el lado más glam del rock al haber estado en bandas como Thin Lizzy, Dio, o Whitesnake.

La jornada abrió con Exxocet, banda de hard rock chilena muy joven, pero cuyas influencias están ancladas en los 80, con un sonido que se avizora como único en el contexto nacional y con un look que hace aún más creíble que son parte de quienes “mantienen el rock con vida” y eso, más que un acto de nostalgia, evoca una estética que hoy luce mucho mejor que hace algunos años. El oficio de la banda es bueno, aunque a veces el sonido del micrófono de su vocalista Chris Lion se perdía, pero en general fueron 40 minutos de rock con ese toque de glam que prendió a un público que, pese a casi repletar el Club Chocolate, necesitaba muchos estímulos para funcionar.

Bien lo supo el plato principal de la noche, The Dead Daisies, que a las 22:07 hrs. salieron a escena con una ovación moderada del público, fácilmente dividido entre quienes estaban involucrados en el show y los que sólo observaban. La noche se dio de esa forma, con la banda entregando lo que sabe hacer de forma impecable, sin inventar la rueda ni generar algo sorprendente, pero siendo eficientes y aprovechando sus años de experiencia de forma implacable. Además, el sonido fue claro, algo que muestra la mejora en este aspecto en un Club Chocolate que hasta no hace tanto todavía luchaba contra los rebotes indeseados.

La tripleta inicial de canciones venía del disco que están presentando, “Live & Louder” (2016), un registro en vivo que logra retratar de mejor forma el sonido que el quinteto es capaz de desarrollar, porque si hay algo que no queda impregnado en las versiones de estudio es la viveza del show en el escenario, lo picaresco, y a veces el mal gusto también. Mal que mal, el glam hard rock fue capaz de mostrar parte de lo mejor de la época ochentera, pero también en este género y sus seguidores hubo mucho de misoginia, de encontrar que “la ex es un demonio”, como Corabi dijo antes de “Devil Out Of Time”, o cuando un tema habla ligeramente de que “todas las mujeres son iguales”, como “All The Same”. Eso, mezclado con bromas falocéntricas, causa fácilmente resquemores en quienes no están habituados a este estilo de vida y música, y tal vez por ello es que existe la visión de que estos círculos son cerrados. Claro, lo que antes era aceptable, hoy genera más de un arisco de nariz y más de un ceño fruncido, aunque en la generalidad esto pase desapercibido.

Musicalmente, la banda es capaz de hacer que todo lo que suena sea creíble, como en la “plegaria” “Song And A Prayer” o en la política “With You & I”, donde también queda claro que detrás de dinámicas de género de antaño también existe un pensamiento crítico, que es necesario de ver en el rock y que tampoco teme mostrar el quinteto multinacional. Además, con covers como los de “Fortunate Son” de Creedence o “Join Together” de The Who, también se procuraban que la gente pudiera conocer los temas nuevos sin perder el promedio de energía desplegada, aunque el bajista Marco Mendoza a veces fuera demasiado majadero en el nacionalismo con siete llamados diferentes a lo largo del show de un “ceacheí”. Demasiado, pero sin malas intenciones, viendo el torrente de comunicación que tuvo en todo momento el de las cuatro cuerdas con el público.

Momento de genialidad en el que invitaron a Cler Canifrú, una de las pocas chilenas en un mundo tan sobremasculinizado como el rock, cantautora y guitarrista que mostró a los pocos segundos que sabe cómo hacer chillar una guitarra. Ante la sorpresa de los muchachos, Cler tocó “Helter Skelter” con el quinteto, robándose miradas que ojalá descubran también a la artista detrás de esa habilidad en el instrumento de seis cuerdas.

Tras dos horas de show se bajó el telón de un debut más que correcto, porque The Dead Daisies, pese a caer en los vicios de su estilo musical, también son capaces de hacerlo lucir fresco y sin forzar de forma ridícula la memoria. El cierre fue con “We’re An American Band”, original de Grand Funk Railroad, y “Highway Star” de Deep Purple, y aunque eran covers, también fueron momentos brillantes de un show que entregó rock como el que muchos dicen que “está muerto”, sin siquiera pensar en cuánta gente de las nuevas generaciones aún vibra con esta vieja escuela que aún dicta cátedra sobre cimientos básicos, pero a veces imprescindibles.

Por Manuel Toledo-Campos

Fotos por Pedro Mora

Setlist

  1. Long Way To Go
  2. Mexico
  3. Make Some Noise
  4. Song And A Prayer
  5. Fortunate Son (original de Creedence Clearwater Revival)
  6. We All Fall Down
  7. Lock ’N’ Load
  8. Last Time I Saw The Sun
  9. Solo de Brian Tichy
  10. Join Together (original de The Who)
  11. All The Same
  12. With You & I
  13. Dirty Deeds / La Bamba / Solo de Doug / Run To The Hills / Holy Diver
  14. Mainline
  15. Helter Skelter (original de The Beatles)
  16. Devil Out Of Time
  17. Midnight Moses
  18. We’re An American Band (original de Grand Funk Railroad)
  19. Highway Star (original de Deep Purple)

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DIIV: Esquemas Juveniles

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DIIV

Aunque estamos en una época con la posibilidad de más estilos que nunca, lo que es más claro de ver son las convergencias, cuando existen cosas muy diferentes que tienen un punto de encuentro. Nadie podría decir que Mac DeMarco, Wild Nothing y DIIV suenan igual, pero estos tres actos, con popularidad en nuestro país, tienen una sensibilidad con las guitarras y los ritmos que los hacen convivir incluso en el mismo sello, Captured Tracks. Pero luego aparecen las diferencias, que tienen más relación con cómo se disponen en un escenario o cómo se disponen ante su propia música, algo que se reafirmó en una nueva visita de DIIV, enterando su tercera vez en Chile.

Antes, todo partió con un potente set de Adelaida. La banda de Valparaíso estuvo muy bien elegida para partir con la jornada, en especial por la energía desplegada, que redundó en una ovación del público al cierre de su show pasadas las 21:45 hrs., donde pasaron por canciones como “1999” y “Eco”, para cerrar con la explosiva “Cienfuegos”, en su mayoría tracks que pertenecen a “Paraíso”, el disco que editaron en 2017. Un sólido espectáculo de una de las bandas más potentes del rock chileno, cuyo repertorio está siendo rápidamente engrosado.

Tras 25 minutos de espera, y teniendo a la mitad de DIIV en los últimos minutos ajustando ellos mismos sus instrumentos, entró a escena la banda de Brooklyn, que de inmediato podía establecer su potencia. A diferencia de Wild Nothing o DeMarco, lo de DIIV es más potente en el proscenio, y ellos no caen en la autoindulgencia, pese a que las formas de Zachary Cole Smith pudieran hacer creer lo contrario. Toda la banda suena cohesionada y eso deriva en el peso escénico que proyectan. Mientras Zachary pareciera al comienzo un vocalista parco que no se interesa en que se le entienda poco, luego se denota que eso es parte de la estética mientras él está enfocado como láser en lo suyo, y también en la guitarra de Andrew Bailey, con quien se complementan perfectamente.

Además, esta energía enfocada y este sonido aplanador no caen en un saco roto, porque el público que llegó a Club Blondie (que, vale decir, cada vez suena mejor para bandas) estaba dispuesto a saltar y sentir este show como algo realmente relevante. Ya en “Human” y “Dopamine” la algarabía era tal, que gente de la audiencia hacía crowdsurfing y otros revoleaban la polera o lo que fuera en el aire, como si se estuviera alentando al equipo en el estadio, con una conexión envidiable.

Aunque se ha visto a DIIV varias veces en vivo, existe algo que hace que se vuelva a ellos. Y tal vez sea esa sensación de que, en medio de todos los esquemas que rodean lo que son y proyectan sus canciones, existe una banda que tiene mucho que entregar, enfrentándose al cliché de los conjuntos que suenan o se ven similar, y que en general tienden a restringir el caudal de energía. En temas como “Past Lives” quedaba en claro que no se trataba meramente de escuchar versiones como las oscuras rendiciones de los discos, sino que algo de mayor alcance explosivo, sin traicionar esas sensaciones.

No es que DIIV sea la banda más brillante del mundo. Tras entregar una canción nueva sin título, tocaron un minuto de algo ininteligible y esos son gestos contradictorios, pero al menos reposa algo de honestidad en ellos que los hace ser de lo mejor de su rebaño, algo que en el iluminado final con “Dust”, “Doused”, y luego el encore con “Wait” (en el cual Andrew salió con un sostén que una persona lanzó al escenario) quedó de manifiesto. Poco más de una hora y cuarto que explicitan a DIIV como parte de los actos en los que no se debe desconfiar, porque pese a seguir modelos que parecieran muy definidos, ellos aún son capaces de entregar algo que los separa de la indulgencia y la simplona sencillez, y es así como probablemente los neoyorquinos consigan el paso a la trascendencia.

Setlist

  1. (Druun Pt. II)
  2. Is The Is Are
  3. (Druun)
  4. Human
  5. Under The Sun
  6. Dopamine
  7. Sometime
  8. Oshin (Subsume)
  9. Incarnate Devil
  10. Bent (Roi’s Song)
  11. Past Lives
  12. Nueva canción
  13. Healthy Moon
  14. Loose Ends
  15. Dust
  16. Doused
  17. Wait

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