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The Black Angels: Psicodelia a contraluz

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La banda estadounidense se presentó por primera vez en Sudamérica, bajo el marco del Maquinaria Fest 2011, y fue bajo un sol occidente (que nos dejó a contraluz y dificultando la visión del público) que los chicos de Austin, Texas, se presentaron en el Lenovo Stage, con algo más de quince minutos de retraso.

Los norteamericanos, fueron precedidos en su presentación por el sorprendente Alain Johannes. Músico que dada su performance austera y solitaria, dejó gran parte del escenario en total vacío. Cosa que la organización o incluso el mismo crew de la banda podría haber aprovechado, para al menos dejar algo del backline de la agrupación instalada, y así haber logrado de forma más efectiva una buena prueba de sonido. Porque a pesar de comenzar la cita con “Bad Vibrations”, canción que abre el último disco de The Black Angels, Phosphene Dream (Blue Horizon, 2010), desde un comienzo los problemas técnicos fueron un hecho evidente, llegando, por cierto, a escucharse desde el público peticiones especiales sobre el sonido. Y aunque nunca mejoró ciento por ciento, algo evolucionó mientras avanzaba la presentación, con aquel rock psicodélico incombustible de “Entrance Song” y “Haunting At 1300 McKinley”. Y entre canción y canción, Kyle Hunt, Nate Ryan y el líder y vocalista, Alex Maas, se fueron intercambiando bajos, guitarras y sintetizadores a cada momento, sólo dejando estable a Stephanie Bailey en batería y Christian Bland en la guitarra principal.

Maas, sin ser un frontman de esos epilépticos y que buscan hacer de su presentación algo dramático, es un tipo que conoce bien su trabajo. Su marca registrada es ese look desenfadado de barba prominente y esa boina que completa ese look algo trashy que maneja. Se mantiene al límite con las características de su registro vocal de blues y rock and roll, y mantiene aquel sonido algo lo fi que lo ha caracterizado en la discografía de su agrupación. Y no tiene miedo ni apuro para pasearse entre los instrumentos que requiera al momento, ya sea en los sintetizadores, la guitarra, el bajo, o percusiones menores como las maracas y el pandero.

Uno de los momentos más altos de la entrega (aunque aún con poca prolijidad del sonido), llega con  “Better Off Alone”, de su disco debut “Passover” (Light in the Attic, 2006), que da  paso al momento más bailable de la tarde, “Telephone”, con esos sonidos que exudan a década de los 60’s.

A esa altura, los fans y curiosos que llegaron al Lenovo Stage, ya estaban más encendidos gracias a los alaridos de Bland y Maas, y por momentos en backstage se visualizaba algo así como un concilio sicodélico, ya que se paseaban de un lado a otro gente de The Ganjas y de Black Rebel Motorcycle Club.

En el segundo tercio del setlist completo que ejecutaron sobre el escenario, The Black Angels dio mayor protagonismo al sonido de “Passover”, y recordando algo de su segundo disco, “Directions To See A Ghost” (Light in the Attic, 2008), con “You On the Run”, que deja entrever los momentos más pegados de esta neo-sicodelia no tan entendida por el público noventero que llegó a Maquinaria.

Y el invitado especial de la tarde, el sol a contraluz, no daba tregua y seguía avanzando y tomando posesión del horizonte, y del trance que iba generando la anti fiesta que a momentos se vivía. Trance que llegó definitivamente con “Yellow Elevator #2” y en el que era imposible evitar un inapelable recuerdo a “Revolver” de The Beatles, gracias a las guitarras y la armonía de las voces de Maas y Hunt.

Ya acercándose el final, dejaron los momentos más hipnóticos con “Black Grease” y “Phosphene Dream”, para terminar todo con “Bloodhounds On My Trail” y con un Alex Maas despidiéndose de forma tímida, y bajando para reunirse con los integrantes de Black Rebel Motorcycle Club.

Fue un show con altos y bajos. Dejaremos en esta ocasión los bajos al sonido y a la organización. Los altos, hay que dárselos a The  Black Angels, que sin ser la mejor de las bandas de la neo-sicodelia, son músicos  afiatados, guitarras ensordecedoras y un orden casi natural del setlist, que lleva desde una sensación de movimiento a momentos estáticos. Sería bastante bueno volver a verlos, pero esta vez solos; quizás en un boliche más lúgubre o con, al menos, el sol a nuestras espaldas.

Por Pamela Cortés
Fotos por Sebastián Rojas

Setlist:

  1. Bad Vibrations.
  2. Entrance Song.
  3. Haunting At 1300 McKinley.
  4. The Sniper.
  5. Better Off Alone.
  6. Telephone.
  7. Young Men Dead.
  8. You On The Run.
  9. Yellow Elevator #2.
  10. Black Grease.
  11. Phophene Dream.
  12. Bloodhounds On My Trail.

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5 Comentarios

5 Comentarios

  1. reincidente

    18-Nov-2011 en 12:31 am

    la gran sorpresa del maquinaria

  2. CorsarioNegro

    18-Nov-2011 en 12:35 am

    Buen review, pero discrepo en un detalle: Si la gente se fue después de Johannes, creo que fue más por ir a ver a Down y/o posicionarse bien para Alice In Chains, no por lo ‘austero y solitario’ de Alain.
    Yo opté por perderme parte de AIC porque de ninguna manera me perdía el final de estos tejanos, que nunca en la vida pensé que vería en Chile.

  3. Lambdaboy

    18-Nov-2011 en 12:22 pm

    Buen review. Algo se comento acá en mi trabajo de esta banda, al ver las fotos lo de “A CONTRA LUZ” toda la razón. la banda es buena.
    Saludos.

  4. Valentina Fernandois

    18-Nov-2011 en 9:07 pm

    Son buenísimos, son de esas bandas que nunca pensé ver acá en Chile, menos mal que si, y fue lo mejor, sonaban igual. Y para mi, los pequeños problemas técnicos no fueron muy importantes aunque se veían en la cara de Bland que si jaja. A esperar a que vuelvan!

  5. Day H

    28-Nov-2011 en 9:59 pm

    que bueno estuvieron los Black Angels!! Soy de Venezuela y fui hasta Chile para este festival…cuando vi que finalmente ellos confirmaron me decidi a ir…excelente banda!!!

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Rod Stewart: Directo al ángulo

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Rod Stewart

Muchas veces se critica a los artistas que, teniendo una trayectoria grandiosa y extensa, no viven un presente que les permita preservar adecuadamente su legado. Salvo casos paradigmáticos como el de Chuck Berry en sus últimos años, en general esa crítica tiene que ver con una cosa muy chilena: ver en los artistas que alcanzan (o están cerca de) la tercera edad a seres inútiles cuyo tiempo ya pasó. Hay una situación estructural que sustenta la limitada visión de Chile hacia los mayores de 60 años, desde lo organizacional hasta el trato diario, entonces de antemano hay prejuicios ante una persona en cualquier ámbito. Más aún cuando se para en un escenario.

Por eso hace bien ver cuando alguien “viejo” –según el pasaporte– denota más frescura que muchos actos que se ven copiándose mutuamente en festivales y proscenios varios. Rod Stewart no es un niño, pero intenta (y muchas veces logra) moverse como tal. No es un dotado vocalmente, pero cuando necesita dejar en claro que tiene garganta y cuerdas, lo hace. Rod no es un gran creador, pero sí es un tremendo intérprete, y eso queda en claro cuando se revisa cómo estuvo su retorno a Chile, en una fresca noche de 18 de febrero en un Movistar Arena a un 90 por ciento de su capacidad, que pudo ver la puntualidad excesiva de este londinense, quien partió su show poco antes de la hora convenida.

A las 20:56 ingresó la banda, compuesta por una docena de intérpretes, a tocar “Soul Finger”, original de The Bar-Kays, para luego dar paso a Rod, la algarabía de la gente (en especial al frente) y una versión de ajuste vocal para Stewart de “Infatuation”. Luego de sortear ese escollo con éxito, la mesa estaba servida para la fiesta, y así prosiguió con clásicos de su repertorio como “Having a Party” y “Tonight’s The Night”, además de covers a hits como “Have You Ever See The Rain?” de Creedence Clearwater Revival. Las pantallas, los movimientos y cambios entre los músicos y las coristas, los propios movimientos de Stewart, todo era hecho para dar cuenta de un sentido de espectáculo, sin perder una sensación de urgencia juvenil que rara vez se ve en un concierto de temas que, en su gran mayoría, tienen más de un cuarto de siglo de vida. Los cambios de tempo son muy ligeros y los arreglos son prístinos, lo que se escapa del esquema de la nostalgia como mina de oro cuando las canciones se vuelven lentas y cansinas, perdiendo una chispa que Rod sí puede seguir prendiendo a su antojo.

Los movimientos de Rod siguen siendo los del muchacho que tocara con Jeff Beck o que formara Faces, entreteniéndose y, a la vez, generando reacciones de un público que, desde un respeto por el espectáculo, mostró fervor en varios pasajes del show. Stewart entiende que no por haber vendido centenares de millones de discos va a tener la tarea hecha con sólo pararse en el piso pintado como tablero de ajedrez en el proscenio, sino que debe hacer algo relevante para seguir ahí, con la adrenalina y la satisfacción de sentirse vivo en vivo. Por eso maneja a la gente, la hace cantar, aplaudir, sentarse, pararse, y también le entrega un show con momentos diferentes, como cuando tras un doblete lleno de sentimiento con una versión renovada entre el country y el alt rock de “Forever Young” y la belleza del cover de Tom Waits de “Downtown Train”, pidió atención, sentó a casi toda su banda, e incluso a su dinámico e inquieto cuerpo, en taburetes plásticos para una sesión acústica.

Lo futbolero no se le irá jamás a Rod, quien en “You’re In My Heart (The Final Acclaim)” no sólo mostró goles del Celtic a su archirrival Glasgow Rangers, sino que también instó a corear como en el estadio, mientras un sector de fans ataviados de camisetas albiverdes respondían entusiastas al llamado. Tampoco más adelante, cuando en “Hot Legs” patearía más de una decena de pelotas autografiadas al público. Además, incluyó temas tan clásicos como “The First Cut Is The Deepest” de Cat Stevens, o “Have I Told You Later” de Van Morrison, un “bastardo” según Rod, quien sonreía al presentar la canción.

La confianza que Stewart tiene en su banda es tal, que, más allá de trucos que usan algunos para cambiarse de ropa como hacer veinte solos y cuarenta juegos con el público, con toda tranquilidad fue tras bambalinas, sus coristas tomaron la voz e hicieron una vibrante versión de “Proud Mary”, que luego –como todo buen blanco criado con música negra en los 60– tendría un necesario homenaje a Muddy Waters con “Rollin’ And Tumblin’”. Con esta inyección de fuerza llegó la sección final del show, con “Hot Legs”, la omnipresente “Da Ya Think I’m Sexy?” sonando a estos tiempos, y “Baby Jane” cerrando la parte central del show.

Dos minutos después, Stewart volvía a comandar el karaoke masivo con “Sailing”, y con el coro convertido en una especie de mantra se cerró el telón tras 103 minutos de espectáculo pensado, ensayado y ejecutado con respeto al público y los artistas. El mayor gol de un show así es el entendimiento cabal de las limitaciones de Rod Stewart, y de esa forma poder aprovechar sus puntos fuertes, dejando en claro que se puede confiar en su capacidad en el escenario, esa área donde el olfato de un artista no se extingue.

Setlist

  1. Soul Finger (original de The Bar-Kays)
  2. Infatuation
  3. Having A Party (original de Sam Cooke)
  4. Have You Ever See The Rain? (original de Creedence Clearwater Revival)
  5. Rhythm Of My Heart (original de Marc Jordan y John Capek)
  6. Some Guys Have All The Luck (original de Jeff Fortgang)
  7. Tonight’s The Night (It’s Gonna Be Alright)
  8. Forever Young
  9. Downtown Train (original de Tom Waits)
  10. You’re In My Heart (The Final Acclaim)
  11. People Get Ready (original de The Impressions)
  12. The First Cut Is The Deepest (original de Cat Stevens)
  13. I Don’t Wanna Talk About It (original de Crazy Horse)
  14. Have I Told You Later (original de Van Morrison)
  15. Proud Mary (original de Creedence Clearwater Revival)
  16. Rollin’ And Tumblin’ (original de Hambone Willie Newbern)
  17. Hot Legs
  18. Da Ya Think I’m Sexy?
  19. Baby Jane
  20. Sailing (original de Sutherland Brothers)

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