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The Adicts: Vámonos de fiesta

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Cuarenta años de trayectoria no los tiene cualquiera, eso bien lo sabe The Adicts que se ha dedicado a predicar su mensaje durante varios lustros sin resistirse al inevitable paso del tiempo. Bajo el contexto de celebrar una carrera llena de diferentes hitos, además de presentar sus nuevas composiciones, la banda llegó a Santiago para tocar en el Club Blondie un completo repaso de su catálogo ante la atenta presencia de sus leales fanáticos.

La tarde comenzó con la agrupación femenina KeRuede, la cual, a punta de una contestataria mezcla de punk y ska, animó a los primeros entusiastas que llegaron hasta el Club Blondie, presentando parte de su repertorio y resaltando algo cada vez más necesario: la presencia de artistas femeninas en cualquier tipo de evento musical que se realice en nuestro país.

Luego, llegó la agrupación Faltan Money’s, quienes, con un estilo un poco más tradicional pero no por eso menos potente, llevaron las revoluciones hasta lo más alto a punta de un punk rock lleno de sentido social y letras con una urgencia de aquellas, donde se plantean esas incomodas realidades sin mayores maquillajes.

El ambiente estaba listo y dispuesto para la fiesta; la premisa principal de la noche era pasarla bien y eso se sentía en el aire, ya que desde el primer minuto todo fue alegría para el público junto a “Let’s Go”, canción que inició un repertorio que iría pasando por distintos puntos clave de la historia de los británicos, siempre con el buen humor y sentido de espectáculo en el escenario que los caracteriza.

Si bien, musicalmente hablando, el sonido de The Adicts se acerca al punk más tradicional, su puesta en escena goza de mucho colorido y un condimento de felicidad que en algunas ocasiones contrarresta las temáticas de sus líricas, así como sus potentes riffs en lo más callejero de la palabra. Con un libreto casi sin desviaciones, la banda fue pasando por importantes tracks de su carrera, como “Joker In The Park”, “Horrorshow” o “And It Was So”, las que sonaban sin descanso alguno mientras la gente pasaba un buen momento en la pista de Club Blondie. Con diez trabajos de estudio y 40 años de trayectoria, el conjunto mantiene la misma energía de siempre, lo que se veía en cada una de las interpretaciones que entregaban en escena; The Adicts es una de esas bandas que sigue adelante mucho más dignamente que otros estandartes del rock, por lo que son capaces de seguir sonando tan bien como en antaño.

No hay duda de que el carisma de su vocalista Keith Warren, más conocido como “Monkey”, es una de las partes esenciales para sostener un show que nunca cae en el aburrimiento; pese a que muchos puedan criticar el sentido monótono del punk, aquí cada canción es una experiencia, lo que está principalmente argumentado en los años de circo que el conjunto posee, ya que no todos se pueden dar el lujo de celebrar tantas décadas de trayectoria y, además, con un trabajo nuevo como lo es “And It Was So!” de 2017, el que, mediante su canción homónima, “Talking Shit” y “Gimme Something To Do”, recibió su merecido espacio dentro de un setlist que logró darle cabida a gran parte de los trabajos del conjunto, por lo menos a los más importantes, como “Songs Of Praise” (1981) y “Sound Of Music” (1982), sus primeras dos obras y las que se llevaron casi la gran parte del repertorio en esta noche de domingo. Por supuesto, Monkey no hace todo solo, ya que las actuaciones de Pete “Pete Dee” Davison en guitarra y el baterista Michael “Kid Dee” Davison complementan muy bien el combo de lo que entrega el conjunto en escena.

Ya para el final, fueron llegando muchas de las favoritas de la audiencia, tales como “Crazy”, “Who Spilt My Beer?” y “Chinese Takeaway”, con una fiesta que seguía sin parar: todos cantaban, todos saltaban y el ambiente se propiciaba para continuar con la tripleta que cerró el show, “Viva La Revolution”, “You’ll Never Walk Alone” y finalmente su punketa versión de “Ode To Joy”, la que, a punta de guitarras, finiquitó una presentación donde la rabia característica de su estilo tomó un segundo plano por un sentido de comunidad mucho más amigable.

Luego de presenciar un show de estas características, no hay duda de que The Adicts es una banda que sabe cómo resistir el paso del tiempo. Mientras otros grupos con similar o menor trayectoria se fueron convirtiendo en deplorables parodias de ellos mismos, los liderados por Monkey se paran dignos y confiados ante cualquier contexto, manteniendo un legado que quizás no ha entregado nada novedoso ni avanzado, pero que sí se hizo su lugar en la memoria colectiva de quienes han recorrido este largo camino junto a ellos. La invitación es clara y parece indeclinable, nos vamos de fiesta y eso es lo único que importa.

Setlist

  1. Let’s Go
  2. Joker In The Pack
  3. Horrorshow
  4. And It Was So
  5. Tango
  6. Easy Way Out
  7. Johnny Was A Soldier
  8. Numbers
  9. Troubadour
  10. I Am Yours
  11. Angel
  12. Daydreamers
  13. Fuck It Up
  14. Talking Shit
  15. You’re All Fools
  16. Just Like Me
  17. My Baby Got Run Over By A Steamroller
  18. Crazy
  19. Who Spilt My Beer?
  20. Chinese Takeaway
  21. Bad Boy
  22. Gimme Something To Do
  23. Viva La Revolution
  24. You’ll Never Walk Alone (original de Rodgers & Hammerstein)
  25. Ode To Joy

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Mark Farner’s American Band: Hermano, estoy brillando

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Mark Farner

Es difícil lograr dar con la definición de un “sonido americano” en el sentido de lograr contener todas las manifestaciones en Estados Unidos, un territorio difícil de abarcar en su totalidad. Pero hay gente que lo intenta para no sólo lograr ese “sonido americano”, sino también para acentuar la identidad o impulsarla. Esto es lo que ha hecho en su carrera Mark Farner, quien, con Don Brewer y Mel Schacher, formara Grand Funk Railroad en 1969, una de las referencias obligadas en el rock norteamericano, que también diera forma al sonido de Detroit, algo más directo y listo para el buen rato, con una conciencia social asociada a la paz en contra de la guerra. Pero los problemas legales hicieron que, a comienzos de este año, Farner tuviera que luchar contra los otros miembros por el nombre de su banda, Mark Farner’s American Band, porque según Brewer y Schacher daba lugar a equívocos por el legado de Grand Funk. Una batalla legal que quedó en nada, y que por suerte fue así, ya que quizás no habría mejor nombre para la banda que trajo Mark a tocar a un Teatro Caupolicán con más de dos mil personas, las que jamás se sentaron durante todo el show.

Luego de un clip –sin mucha calidad técnica audiovisual– que destacaba la carrera en números de Mark Farner, en especial con Grand Funk, a las 20:58 horas comenzó la música, como una bofetada para las personas que se atrasaron, porque esto fue un par de minutos antes de la hora en la que supuestamente todo iniciaba. Una lección para esas personas que no respetan los horarios establecidos y un premio para quienes madrugaron para ver desde el inicio las aptitudes y carisma de Farner, figura que a sus 70 años todavía mantiene las energías y la capacidad de llamar a la gente a volverse loca.

En vez de hacer lo mismo que en otras fechas en Sudamérica e iniciar con “Are You Ready?”, de inmediato comenzó todo con “We’re An American Band”. Y es que Mark Farner es reconocido como el “patriota rockero” o el “patriota del rock”, instalando siempre la dinámica de ser hijo de Estados Unidos, tanto por el lado de quienes luchan por lo que es hoy (es hijo de un condecorado militar que batallara en la Segunda Guerra Mundial), como también por lo que es su espíritu primitivo (su madre es de herencia Cherokee). En su música esto se traspasa en letras llenas de ese confort, de ser parte de algo, de llamar a ser parte de un todo y también con la visión de que es necesario ser bueno con todas y todos, “hermanas y hermanos”, como llamaría Mark a la audiencia varias veces en la noche. Mientras, se sucedían clásicos como “Rock & Roll Soul” o “Footstompin’ Music”, donde él se fue a un teclado al centro del escenario a tocar mientras el público cantaba, y se veía gente en otro mundo, en otra esfera. Ojalá todo el público que va a shows musicales viviera el espectáculo como lo hacían personas de 60 o 70 años viendo a Mark Farner, agitándose y cantando todo, con devoción conmovedora.

Fuera de ciertas excepciones, todo lo que tocaron era parte de las canciones que Farner escribió para Grand Funk Railroad, tal como llamara Homero Simpson en la referencia de cultura pop más grande a la agrupación, “las salvajes y descamisadas letras de Mark Farner”, que se condecían con las poleras agitadas al viento en varios tramos de un show con grandes momentos, como “People Let’s Stop The War” o “Shinin’ On”, mientras la banda sonaba precisa, con los vacíos necesarios para sentir que los efectos o las voces completan el todo, sin sobrecargar jamás la vibra del espacio.

Esto permitió que todo el tiempo el sonido estuviera con claridad suficiente para escuchar la voz de quien cantara, fuera Mark o alguno de sus músicos. Un teclado, una guitarra, un bajo y una batería. Nada más ni nada menos era lo que había en el escenario, y con ello bastaba para generar momentos gigantes, como en “Heartbreaker”, donde el sonido era menos festivo, pero sí mucho más emotivo, siendo un punto alto de un show de gran calidad.

Extractos de otras canciones, como “Gotta Get Out Of This Place”, sonaron antes de que Mark volviera al teclado para hacer “Mean Mistreater”, otra gran canción, para luego de “Bad Time” y “Sin’s A Good Man’s Brother” llegaran las únicas dos que no vienen de la pluma de Farner. La fantástica versión de “The Loco-Motion”, originalmente de Carole King, y Some Kind Of Wonderful, popularizada por Soul Brothers Six, fueron momentos de diversión que dejaban en claro cómo es que ese “sonido americano” podía ser dúctil y, a la vez, notarse con mucha claridad.

Y, como era de esperar, el capitán en este navío sonoro, Mark Farner, elige cerrar el show con una vibrante versión de “I’m Your Captain”, con solos, extensión y mucho más, dejando a la gente muy prendida y brillante, como en un estado lisérgico, digno de los 60, digno de tardes en el pasto transportando ganas, amor y angustias acalladas gracias a canciones llenas de buenas vibraciones.

El público, como pocas veces, exigió ensordecedoramente un encore, el que llegó con “Inside Looking Out” en una versión de diez minutos, la que fue coreada de forma aplastante por la gente terminando a las 22:43 horas, luego de una hora 45 minutos de un show perfecto para los fans de Grand Funk y también para quienes gustan de ese sonido americano. Hermanas, hermanos, ese fue el sonido del rock de Detroit, en una noche fría de mayo en Santiago de Chile, y qué bueno que fue.

Setlist

  1. We’re An American Band (original de Grand Funk Railroad)
  2. Rock & Roll Soul (original de Grand Funk Railroad)
  3. Footstompin’ Music (original de Grand Funk Railroad)
  4. Aimless Lady (original de Grand Funk Railroad)
  5. Paranoid (original de Grand Funk Railroad)
  6. People Let’s Stop the War (original de Grand Funk Railroad)
  7. Shinin’ On (original de Grand Funk Railroad)
  8. Heartbreaker (original de Grand Funk Railroad)
  9. Gotta Get Out Of This Place (original de Grand Funk Railroad)
  10. Mean Mistreater (original de Grand Funk Railroad)
  11. Bad Time (original de Grand Funk Railroad)
  12. Sin’s A Good Man’s Brother (original de Grand Funk Railroad)
  13. The Loco-Motion (original de Carole King)
  14. Some Kind Of Wonderful (original de Soul Brothers Six)
  15. I’m Your Captain (original de Grand Funk Railroad)
  16. Inside Looking Out (original de Grand Funk Railroad)

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