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Stick Men + David Cross Stick Men + David Cross

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Stick Men + David Cross: Choque de astros

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Stick Men ya ha visitado nuestro país en cuatro ocasiones, y si pensamos en las veces que Tony Levin y Pat Mastelotto lo han hecho con otros proyectos, podríamos notar que ambos músicos se presentan en Chile prácticamente una vez al año. Ahora, la agrupación de rock progresivo se presentaría una vez más, pero esta vez lo harían con el debutante David Cross, leyenda del violín que formó parte de King Crimson en el período entre los años 1972 y 1974, alcanzando a participar en tres álbumes fundamentales del grupo: “Larks’ Tongues In Aspic” (1973), “Starless And Bible Black” (1974) y “Red” (1974). A todas luces, el show de Stick Men + David Cross prometería ser un imperdible para los amantes del estilo, ya que estas verdaderas leyendas no sólo interpretarían el material de su autoría, sino que también repasarían algunas composiciones de la emblemática banda liderada por Robert Fripp. Es por eso que, desde muy temprano, los fans comenzaron a llenar el Teatro Nescafé de las Artes, nadie quería perderse un sólo minuto de este histórico concierto.

Con una destacable puntualidad, el conjunto ingresó al escenario para comenzar la presentación, lanzándose con un improvisado calentamiento previo para echar a andar toda la maquinaria y arremeter con “Hide The Trees”, canción que abrió el repertorio, demostrando de inmediato todo el virtuosismo y gran entendimiento que cada músico posee no sólo con su instrumento, sino que también con el resto de sus compañeros. La adición de David Cross permite dar un nuevo aire a la clave progresiva que va marcando la banda, agregando así un nuevo espacio donde poder desarrollar creatividad sonora y dejarse llevar por el sentimiento dominante en el momento, puesto que la especialidad de Stick Men guarda mucha relación con la convivencia entre diferentes espacios, ritmos y formas, estableciendo una armonía que se ve orquestada principalmente desde la batería de Pat Mastelotto, quien, con sus apaleadores golpes, va marcando la pauta para los movimientos que emanan del resto de las piezas de este conjunto.

Así mismo, el Chapman Stick de Tony Levin fue dando rienda suelta a todas las melodías en cada uno de los temas, complementándose perfectamente con Markus Reuter y David Cross, quien de manera inconsciente terminó siendo la estrella principal del show del power trio. De esa manera, era prácticamente imposible dejar pasar el evidente recuerdo a King Crimson con canciones como “The Talking Drum”, “Sartori In Tangier” o “Red”, acogidas con gran entusiasmo por los fanáticos e interpretadas de una manera excepcional por la banda, quienes hicieron gala de toda su creatividad con la adición de pasajes de improvisación entre ciertas composiciones puntuales, generando momentos de mucho goce para los músicos en el escenario, a quienes se les vio concentrados y cómodos a la vez generando estas melodías que nacieron directamente desde los sentimientos. Tal como las describió Levin en un momento, las composiciones cobraban vida delante del público, como si estuvieran junto a la banda en el estudio de grabación, solamente liberando ideas sin ningún ensayo o parámetro previo.

El viaje cobró más fuerza aún mediante los galopantes sonidos de “Mantra”, transportando a los asistentes por los confines del espacio mediante sus espaciales y futuristas estructuras. Fue increíble ver cómo cada músico iba proyectando su música de manera autónoma, reiterando el concepto de que el funcionamiento principal de Stick Men se ve guiado por las ideas individuales y su convivencia en conjunto. “Prog Noir” pudo demostrar eso, dándose el lujo de ser además uno de los únicos momentos puntuales del show que contuvieron voces, quitándose la premisa original, así como también “Open”, cuya versión ultra extendida finiquitó la impecable presentación del cuarteto.

Lo que para algunos podría resultar aburrido o repetitivo, obtuvo una reacción absolutamente contraria a eso, ya que la audiencia en general disfrutó de cada composición interpretada por el conjunto, en una noche donde los sonidos salieron desde cuatro mentes diferentes, con distintas motivaciones, quienes expresaron ideas abstractas que fueron encontrando puntos en común con sus pares. Un show de Stick Men es como presenciar la conformación de una constelación de estrellas, con cuatro cuerpos diferentes formando una sola figura a través de sus sonidos y provocando estallidos de creatividad que inundaron por completo el teatro. La banda hizo suyas canciones que fueron desplegando todo su potencial mediante la ejecución de los instrumentos, siendo las melodías las principales protagonistas de este ballet cósmico. Bastó sólo con una potencia instrumental sin precedentes, ya que las palabras no se echaron de menos en un show donde lo más importante fue la música y su capacidad para contar un relato sin esbozar ninguna silaba.

Setlist

  1. Opening Soundscape / Improvisation
  2. Hide The Trees
  3. Cusp
  4. The Talking Drum (original de King Crimson)
  5. Larks’ Tongues In Aspic, Part Two (original de King Crimson)
  6. Crack In The Sky
  7. Schattenhaft
  8. Sartori In Tangier (original de King Crimson)
  9. Swimming In Tea (nueva canción)
  10. Never The Same
  11. Plutonium
  12. Red (original de King Crimson)
  13. Mantra
  14. Prog Noir
  15. Shades Of Starless
  16. Level Five (original de King Crimson)
  17. Open

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Chumy

    07-Sep-2018 en 10:03 am

    Falto Plutonium en el set list!

    por lo demas, muuuuy buena nota, el recital no tuvo desperdicio alguno…

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En Vivo

Orchestral Manoeuvres In The Dark: Pretendiendo ver el futuro

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¿Qué hay detrás del baile? ¿Por qué el cuerpo traduce la música y los ritmos de ciertas maneras? Desde Darwin hasta David Byrne han tratado de pensar en por qué la evolución de la humanidad tiene a la danza como algo clave para el acto de ser humanos, y por ello es que la reflexión siempre aparece cuando el baile se hace algo colectivo. Cuando bailamos juntos, en la oscuridad de una pista o una cancha como ocurre en un concierto, esto indica, por lo menos, la existencia de una comunión, y en el punto máximo, una creencia haciéndose algo material.

Cuando se observa lo que pasa con la música de Orchestral Manoeuvres In The Dark (OMD), es difícil pensar en qué tiempo se habla. Se puede pensar en ritmo, en letra, en música, en espíritu, pero también hay un ansia en el dúo formado a fines de los 70’s por capturar el futuro. ¿Qué hay detrás del baile? Pareciera que está la voz de los tiempos, un zeitgeist accidental, que luego de ser futurista calza más con un retro futurismo que se vuelve único y necesario, tal como fue la primera visita de OMD a nuestro país, en una Cúpula Multiespacio repleta con más de un millar de personas que tuvieron chance de ver una clase maestra de cómo se configura una sesión de baile, intensidad y calidad.

Tras un buen calentamiento con el set de synthpop que puso Cristián “Chico” Pérez, el público esperó ansioso a OMD, y es que el público (cuyo promedio de edad probablemente se elevaba sobre los 40 años) sabía que la espera había sido larga. “Paul, ¿me puedes decir por qué cresta esperamos 40 años para venir acá?” fue la pregunta de Andy McCluskey que todos pensaron, al unísono, que resumía esa sensación de cómo lo inevitable se deja esperar tanto tiempo. Antes de eso, “Isotype” iniciaba el show a las 21:45 hrs., en una muy buena muestra de cómo OMD pasó de proyectar al futuro, a vivirlo.

Aunque este tema fuera de “The Punishment of Luxury” (2018), último disco a la fecha de los ingleses, lo cierto es que se integraba de forma natural con clásicos posteriores como “Messages” o “Tesla Girls“, y todo se transformaba en una fiesta, con un juego de luces perfecto, y también con los movimientos maniáticos de McCluskey quien parecía poseído por el espíritu de su “yo” más joven. Una mezcla entre el luchador Shinsuke Nakamura y un bailarín experto en clubes de Ibiza, los pasos de Andy eran impactantes y dotaban de urgencia a un repertorio que, en vez de urgente, ha tenido al tiempo de su lado para decantar en lo preciso y lo trascendente.

Por ello es que el salto entre canciones con décadas de diferencia como “History Of Modern (Part 1)” y “Pandora’s Box” se da con tanta naturalidad, porque el factor común es OMD, cuya historia puede remontarse a cuatro décadas atrás, pero que estuvo 10 años completos sin avanzar, y ese tipo de desajustes no se notan en el escenario ni en el armado de un set hecho para la ocasión, no enfocado en el trabajo más reciente, sino que en clásicos de todas las épocas, desde “(Forever) Live And Die“, “If You Leave” y “Souvenir” (que fueron todas juntas), hasta las “Joan of Arc” y “So In Love“.

La gente respondía siempre, en todas las canciones, en todos los momentos, sin dejar de entregar energía y corresponderle un poco a McCluskey. También hay momentos donde Paul Humphreys tomaba el micrófono para cantar, como en “Souvenir” o “(Forever)…“, y ahí quedaba de manifiesto cómo se complementan ambas personalidades, Andy desde lo frenético y Paul desde lo melódico, redundando en esta conjunción de ideas de futuro que se vuelven fiesta, baile y oscuridad.

Más cerca del final viene la locura de “Locomotion” o el coro que es “Sailing On The Seven Seas“, para luego cerrar el main set con “Enola Gay“, esa canción de OMD que es imposible que no haya sido escuchada, que es reconocible incluso por quienes no tienen idea de la mera existencia de la banda. Aunque se escuchaban cosas comentadas por la gente como “este es el tema de los gays” (claro, campeón, seguro que es por eso), lo cierto es que la energía era completa y dejaba a la gente en ascuas de más, en especial con esa maravilla de coreo de estadio asimilando a los sintetizadores en esta canción. La cara de sorpresa de Andy y Paul dejaba en claro su posición respecto al público en esta velada.

¿Qué hay detrás del baile? Esto funciona como idea a considerar en canciones más calmas como las que iniciaron el encore como el himno “Walking In The Milky Way“. Al final del día, y cerca del final del concierto, se buscan puntos de encuentro, sensaciones comunes. A veces no es de lo más placentero tener mucha gente alrededor, moviéndose y chocando unos con otros, a veces con cabezas que tapan parte del escenario o con algunos que fuman en recintos cerrados, pero cuando se consigue la coordinación de todos los espíritus para ser uno, nada de eso importa.

En el caso de un show como el de OMD lo que importa es cómo nos encontramos en pistas de baile, en recuerdos de un futuro pasado, y cómo es que la electricidad se sigue transmitiendo. Por ello es que ese tributo a Kraftwerk, “Electricity“, se hacía la mejor forma de cerrar 97 minutos perfectos, con sonido, energía, voces, y un público a la medida de lo que debió ser, y que finalmente fue el debut de OMD en Chile. Como cantara Springsteen: “No puedes iniciar un fuego sin una chispa / (…) incluso si es que estamos danzando en la oscuridad“.

Setlist

  1. Isotype
  2. Messages
  3. Tesla Girls
  4. History Of Modern (Part 1)
  5. Pandora’s Box
  6. (Forever) Live And Die
  7. If You Leave
  8. Souvenir
  9. Joan Of Arc
  10. Joan Of Arc (Maid Of Orleans)
  11. Of All The Things We’ve Made
  12. So In Love
  13. The Punishment Of Luxury
  14. Dreaming
  15. Locomotion
  16. Sailing On The Seven Seas
  17. Enola Gay
  18. Walking In The Milky Way
  19. Secret
  20. Electricity

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