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Steven Wilson: La necesidad de los otros

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Como compositor, Steven Wilson está varios peldaños más arriba que sus pares contemporáneos. En efecto, son poquísimos los que pueden vanagloriarse de tener en su haber una discografía como la del londinense, y no sólo porque los yerros en ella son casi inexistentes, sino que además porque sus creaciones albergan una complejidad compositiva y un mensaje propositivo que busca trascender. El británico, entonces, es talento y a la vez paradigma de este tiempo; él se sorprende de su arrastre en estas tierras, pero quienes vivimos en ellas sabemos que el eco que produce se debe a que, justamente, nos estamos recién acostumbrando a ser un paraje común en los recorridos de los artistas que definen sus épocas.

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Pero aparte del interés normal reseñado en lo precedente, ayer además existía una especie de avidez por presenciar cuál sería la novedad que tendría en custodia su nuevo espectáculo, en el marco de la gira promocional de su excelente trabajo, “Hand. Cannot. Erase.” (2015). Las dudas a este respecto no eran pocas, toda vez que, al ser su tercera visita en cuatro años, era posible que el factor sorpresa se resintiera. No obstante, el acto planeado por el líder de Porcupine Tree colmó las aspiraciones de sus fans, en lo que se refiere a los aspectos visuales y musicales. En los primeros –si bien no son los centrales- es sabido el cuidado y esmero que pone Wilson por tratar de recrear, hasta donde lo permitan sus posibilidades (y/o su presupuesto), visualizaciones que traduzcan al lenguaje óptico lo que va sucediendo en la música. En tal hipótesis, el concierto de ayer fue bastante preciso, pues la mayoría de los temas contaba con un apoyo en video ad hoc con los temas, lo cual permitió subsumir al espectador dentro del marco narrativo de Wilson, y de esa forma satisfacer las expectativas de las casi 2.000 personas que agotaron las entradas para el show.

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Ahora bien, en lo estrictamente musical, lo más “original” –por llamarlo de algún modo- fue la performance de los cinco músicos. Obviamente, no desde el punto de vista histriónico, sino que desde la ejecución y compenetración. En tal sentido,  existió una especie de “disenso” sonoro que aportó frescura a la interpretación, lo que a la vez mermaba la evocación más íntima del setlist escogido. Bajo este último respecto, hay que señalar que anoche debutó en el país Craig Blundell y Dave Kilminster en batería y guitarra principal, respectivamente, lo que en sí no debiese ser una adversidad, mal que mal, en ninguna de las otras dos ocasiones (2012 y 2013) los bateristas y guitarristas se repitieron el plato. A mayor abundamiento, los nombres con los que contó Wilson anoche fueron de primer nivel. Kilminster, por ejemplo, fue guitarrista de la leyenda Roger Waters, y Blundell es reconocido en Inglaterra como uno de los bateristas de sesión más multifacéticos, con diversas colaboraciones que van desde participaciones en proyectos progresivos, intervenciones en revistas especializadas e incluso profesor.

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Esa extraña particularidad sonora que presentó el show de Steven Wilson, entonces, no se debió a los nuevos integrantes –quienes, dicho sea de paso, respondieron a la confianza entregada por aquél-, sino que el signo distintivo de este concierto respecto a los otros que ha dado  Wilson en el pasado, puede ser explicado como una carencia de sentido de banda que cruzó por largos pasajes a la presentación. Cada uno de los músicos, individualmente considerados, estuvieron portentosos en sus estaciones, pero no lograron formar un “todo” el uno con el otro. En otras palabras, es dable considerar que el proyecto personal de Wilson ha alcanzado tales ribetes de autonomía en relación a su persona, que ya debe ser comprendido como una banda con todas las de la ley, al menos en lo que respecta a las presentaciones en vivo. Apoyando este punto de vista, podemos decir que Marco Minnemann y Guthrie Govan –los ausentes- le otorgan un feeling insuperable a la genialidad más cerebral de Steven, complementaria a la calidad de  Adam Holzman y a la prestancia basal de Nick Beggs en el bajo. Aquellos elementos se disfrutan de sobremanera cuando se escuchan juntos en vivo; pero a la vez, si alguno no está presente, se extraña. Y eso ocurrió anoche en canciones como “The Watchmaker” o “3 Years Older”, en donde si bien la factura no se vio mermada, si faltó profundidad en el solo en la primera, y la sutil precisión de los golpes del alemán, en la segunda.

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Pero que lo anterior no se malinterprete: de igual forma, lo exhibido anoche en el Teatro Cariola fue un espectáculo de primer nivel, desde el comienzo, con la mencionada “3 Years Older”,  y luego con “Hand. Cannot. Erase.”, las cuales aportaron el impacto necesario para entusiasmar a los presentes. En ese sentido, suma en demasía a la intensidad y expresión que busca entregar Steven Wilson en esas composiciones, el hecho de haber sido concebidas y grabadas con la finalidad de ser tocadas en vivo. Verbigracia, “Ancestral” –por lejos la mejor de la noche- fue el arquetipo de la propuesta del inglés en pos de tocar con un sentido de pertenencia del escenario. Misma cualidad se pudo apreciar en “Routine”,  una de las canciones más celebradas, aun cuando la voz en playback de Ninet Tayeb –que no viajó “para que la gira fuera más barata”, según un bromista Wilson- no alcanzó a entregar el calado que requería el tema en directo.

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En cuanto al sonido, en líneas generales, el volumen estaba exagerado para lo que demandan las canciones del inglés, que dependen de la cromática de altos y bajos. No obstante lo anterior, sorprendentemente en algunas, tal aspecto ayudó a imprimirles mayores revoluciones. Fue el caso de “Sleep Together” –una de las sorpresas de la noche, proveniente del catálogo de Porcupine Tree-, la que, por magnitud de amplificación, poseyó un cariz bastante rockero, disintiendo de buena forma del tema más bien electrónico que se escucha en “Fear Of A Blank Planet” (2007). Análogo fue el caso de “Harmony Korine”, presentada por Wilson como un intento de recrear la música de los ochenta, que tanto le gusta. Así las cosas, el torrente ruidoso ayudó en estas ocasiones a encender al público, a robustecer las guitarras cuando fue necesario y a darle mayor protagonismo al estilo directo de Blundell. No obstante, en “A Perfect Life”  y en “Home Invasion” el excesivo volumen produjo una pérdida de nitidez y un acoplamiento del sonido. Esto jugó en contra particularmente de esta última y en la parte final de “The Watchmaker”. Tal rasgo técnico, por lo demás, no ayudaba a que Blundell y Kilminster se hallaran cómodos en el escenario. Por el contrario, les hizo labor más difícil, pues equilibrar el ímpetu en la ejecución de los temas de Wilson requiere de los músicos un grado superlativo de precisión. En cualquier caso, en los momentos de mayor premura, salieron siempre jugando bien.

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Por su parte, “Happy Returns”, “Lazarus” (Porcupine Tree) y “The Raven That Refused To Sing” aportaron la emotividad que siempre debe estar presente en los conciertos de Steven Wilson. A raíz de que estos temas son más sencillos, la banda sonó compacta y hasta tuvieron cierto efecto liberatorio en los intérpretes, circunstancia que el público agradeció con sendas ovaciones al finalizar cada uno de ellos.

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Y así, luego de dos horas y casi diez minutos, terminó el primero de los tres shows de Steven Wilson versión 2015 en Chile, quedando la sensación de que el polifacético artista depende cada vez más de quienes tiene a su lado para formular su concepción de la vida, a través de sus grandiosas creaciones. Siempre es un agrado presenciar su espectáculo en vivo y en directo, y anoche no fue la excepción, pero claramente faltaba una pequeña alma en los corazones de los temas interpretados, cuestión que impidió calificar esta presentación como “esencial”.  En todo caso, el espíritu de Steven es el mismo de siempre y eso es más que suficiente para quienes gustamos del rock más genuino y talentoso que se ha creado en lo que va de esta década.

Setlist

  1. First Regret
  2. 3 Years Older
  3. Hand Cannot Erase
  4. Perfect Life
  5. Routine
  6. Index
  7. Home Invasion
  8. Regret N# 9
  9. Lazarus (original de Porcupine Tree)
  10. Harmony Korine
  11. Ancestral
  12. Happy Returns
  13. Ascendant Here On
  14. The Watchmaker
  15. Sleep Together (original de Porcupine Tree)
  16. The Raven That Refused To Sing

Por Pablo Cañón

Fotos por Luis Marchant

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11 Comentarios

11 Comments

  1. javier romero

    09-May-2015 en 3:05 pm

    Excelente review. Felicitaciones humo negro

  2. Gabriel

    09-May-2015 en 4:41 pm

    Por mas que lo pienso, siento que el sonido estuvo estupendo. En eso discrepo

  3. Jaime

    09-May-2015 en 5:09 pm

    en “The Raven That Refuses To Sing”, es “Refused”, ojo ahi.

  4. Gaston Caro

    09-May-2015 en 10:59 pm

    Sólo puedo decir que fue genial y Wilson nos hace creer mucho en esta música llamada Rock.
    Porque nuestros viejos héroes se nos están muriendo y el ha revitalizado la escena actual.

  5. Pablo

    09-May-2015 en 11:15 pm

    Empece con Porcupine el 2004 cuando iba en la universidad, fue una de las bandas con las que pele cable esa época, se la recomendaba a medio mundo jajaja y luego el solista y sus otros proyectos… me pone feliz que ahora tanta gente le este poniendo oreja, me hubiese encantado ir pero por trabajo no pude, aguante a todos los que estuvieron y a los que asistirán a las otras fechas, saludos!!

  6. Sergio Contreras

    10-May-2015 en 12:49 am

    Si, muy bueno., acertado todo tu comentario compadre…Esta reseña me interpreto completamente. el mejor tema eso si fue regret numero 9, adam esta al nivel de los mejores tecladistas….grande Wilson!!

  7. lucas lecaros

    10-May-2015 en 2:15 pm

    Te pasaste!!! Qué relato…felicitaciones hermano.

  8. anibal toro

    10-May-2015 en 9:26 pm

    Primera vez que escucho a Porcupine Tree, es muy bueno , pero, con todo respeto, creo está lejos de una “complejidad compositiva” o de ser “paradigma de este tiempo” es muy bueno, pero muy semejante a lo de Anathema. No se cual es el criterio para analizar compositivamente o armónicamente un estilo o composición, pero su música no rompe con nada, ni es nada nuevo… insisto es muy bueno, de hecho acabo de hacerme fan, pero no es algo que no haya escuchado antes.

    Saludos…

    • jebus

      11-May-2015 en 4:27 pm

      Anathema y Porcupine son bandas formadas en epocas similares, PT como Wilson solista es aun algo mas vieja.. si en general en los trabajos del 2000 en adelante son algo similares, pero antes anathema era doom y alternativo PT era bastante mas space rock y sicodelico..Por otra parte Todo esta inventado, lo hicieron en los 70s..

    • Andres Labra G

      21-May-2015 en 3:58 am

      Concuerdo contigo. De verdad hasta Steven Wilson lo dice, no hago mucho mas que replicar lo que escucho, veo, siento y trato de hacer algo que me guste. Al final vanagloria su forma de componer(la cual es común) no lo hace ser un vanguardista. El tipo es perfectionista y trata de utilizar todo los recursos artístico. Y lo hace muy bien a mi gusto.

  9. CRISTIAN ENCINA DIAZ

    11-May-2015 en 5:30 pm

    Fue una noche que nunca olvidare… “ancestral” lo mejor de la noche

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The Offspring, Eterna Inocencia y BBS Paranoicos: Final de fiesta

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The Offspring

Es imposible no pensar en el contexto antes de plantearse cómo hablar de un show realizado en medio del avance del SARS-CoV-2, coronavirus que deriva en la enfermedad COVID-19, hoy una pandemia global. Es difícil no pensar en la ineptitud de las autoridades que, pese a la tardanza del virus en llegar a Chile, aún no toman las decisiones que podrían evitar un contagio a niveles terribles. Así, no es extraño que el show de The Offspring en nuestro país sí pudiera realizarse, aunque en la previa hubo múltiples cuestionamientos. La industria del entretenimiento está sufriendo en todo el mundo y, al final, este fue el último concierto quizás hasta cuánto tiempo más. Y eso está bien, y es lo correcto, por culpa de un virus que no ataca con fuerza a quienes van a eventos así, sino a los adultos mayores.

Sin embargo, este cierre de fiestas, pese a tener tanto en contra y tanto que analizar fuera del escenario, en el lugar donde la gente pone sus oídos, ojos, cuerpos y corazones, lo cierto es que presentó tres bandas que exploraron los lados más brillantes del punk, de todo lo que significa, ya sea el compromiso social –como hizo Eterna Inocencia–, con la rabia del pleno acto de vivir como hace BBS Paranoicos, o desde el lado de disfrutar el sonido como The Offspring. En una extraña burbuja con forma de cúpula como es el Movistar Arena, pudimos ver una comunidad unida, sin temores a una pandemia mundial. Y es que la fiesta fue completa para quienes asistieron, pese a la postal de personas con mascarillas (que se supone no sirven para enfrentar un posible contagio) o también las noticias que llegaban de la suspensión de múltiples eventos y actividades productivas del país, anticipándose a las autoridades, las grandes perdedoras de cualquier jornada en los últimos meses.

BBS Paranoicos abrió con puntualidad los sonidos a las 17:45 hrs., y lo hizo con “Sin Salida”, “Mis Demonios” y “La Rabia”, una triada que en poco más de cinco minutos dejó en claro el espíritu que inundaría la siguiente hora de música, que de forma exacta iba hilvanando canciones de furia, desesperanza o reafirmación del ser, como “Sanatorio”, “Mentira” o el hit “Ruidos”. En medio de eso, la gente saltaba al son de “el que no salta es paco” o de los gritos de “Piñera conchetumare, asesino, igual que Pinochet”. La banda respondía diciendo que era clave ir a votar, mientras lucían sus poleras negras con la leyenda “#APRUEBO” por delante, dejando su tradicional logo por la espalda.

Aunque el micrófono de Omar Acosta no tenía mucha claridad –algo que hacía que se perdieran parte de las letras–, la interpretación en todo sentido funcionaba perfecto. “Como Una Sombra” o “Calla y Espera” retumbaban mientras ya se pasaba de un millar a varios miles de personas en Movistar Arena. La parte de adelante fue siempre la más entusiasta y, aprovechando el espacio, incluso hubo un circle pit que probablemente contravino cualquier recomendación de distanciamiento social por el coronavirus, pero que a quienes estuvieron ahí no les importó. Igualmente, se hacía rara esa sensación de ver un show con tal nivel de compromiso social y, a la vez, notar que las ganas de formar parte del momento podían ser contraproducentes respecto a la salud pública. De todas formas, una hora después, tras el doblete entre “Irreparable” y “No Lo Veo Como Tú”, se cerró no sólo un show tremendo de BBS Paranoicos, sino también el inicio de esta extraña, pero potente jornada de punk.

La continuación no iba a ser menos fuerte con Eterna Inocencia. La banda argentina, que hace de la consigna social parte de las historias que cuentan, se atrasó cinco minutos de lo que supuestamente debía ser el inicio del show, aunque eso no mermó en la vibra de la gente o de los músicos. Nuevamente sería el micrófono del vocalista principal el que generaría problemas, esta vez dejando en un nivel más bajo del necesario a Guillermo Mármol, cuya labia es importantísima en cada track que se despachó, desde “Viejas Esperanzas” o desde “A Los Que Se Han Apagado…”. Lo más impactante de lo que hace el quinteto es cómo logran el sonido que tienen, que los acerca más a Bad Religion en la pulcritud que a conjuntos más desprolijos que ven en lo instrumental algo secundario. Sí, las letras y las convicciones de Eterna Inocencia son algo que los acerca al público y a una sociedad completa, con “La Risa De Los Necios” –dedicada al “cura obrero”, Mariano Puga– o “El Guardián” como ejemplos de ello. Pero también hay espacios como el instrumental después de “Le Pertenezco A Tus Ojos…” que dejan en claro cómo EI es muchísimo más en vivo que en estudio.

Episodio aparte fue el freno que la banda le dio al show por más de cinco minutos con el fin de que la gente amontonada dejara espacio para que atendieran a un chico que estaba con problemas de salud en la multitud. Cerrando con “Weichafe Catrileo”, canción inequívocamente destinada a la lucha en la que, pese al desvío lamentable que presenta la pandemia del nuevo coronavirus SARS-CoV-2, sin duda que continúa, y que tras más de una hora de fuerza escénica también se pudo compartir con las grandes letras e interpretación de una banda de punk que es mucho más que eso a estas alturas para sus fans en nuestro país.

Cuando el reloj marcaba las 21:00 horas en punto, el recinto bajaba sus luces y las trompetas características de “Pretty Fly (Reprise)” –canción que cierra el icónico “Americana” (1998)– daban inicio al número estelar de la jornada. Y es que, luego de la enérgica rendición de los clásicos “Americana”, “All I Want” y “Come Out And Play”, no cabía duda de que los fanáticos de The Offspring ansiaban un baño de nostalgia tras casi cuatro años de espera y del reagendamiento dado por la contingencia en el territorio nacional. El triplete, ovacionado y disfrutado por los presentes hasta con bengala incluida, dejó en evidencia el excelente estado de la banda gracias a una perfecta ecualización que reverberó sin problemas en el globo. Tras dicho inicio, Dexter bromeó que este sería “probablemente el último concierto en el hemisferio occidental” y que, a pesar de todo, no podían cancelar tan especial reencuentro. El vocalista finalizó su humorística intervención no sin antes recomendar evitar el contacto físico para prevenir cualquier contagio relacionado a la pandemia que acecha al mundo por estos días.

Pausando el repertorio típico por algunos momentos, el cuarteto estadounidense presentó “It Won’t Get Better”, una de sus más recientes creaciones, ante una respetuosa audiencia que apoyó con palmas cuando la canción y los músicos lo requirieron. Luego, volvieron al ruedo con “Want You Bad”, “Session”, “Original Prankster” y “Staring At The Sun”, hitazos que encendieron al público y lo llevaron a iniciar diversos –y poco recomendados– mosh pits a lo largo de la sección. La voz de Dexter merece mención aparte, pues, a pesar de los años, llega a los tonos requeridos por la selección y es capaz de interpretar con la fuerza que una agrupación de este estilo demanda. Al finalizar un diálogo que sólo The Offspring puede llevar a cabo a la perfección, haciendo chistes sobre cómo Dexter, aparte de ser el liricista principal de la banda, también tenía un doctorado en virología, llegando a la hora de los covers. Y es que, tal y como lo reconocieron en el escenario, no habría grupo sin Ramones o sin la influencia de los hermanos Young.

Una vez terminado el homenaje, los norteamericanos versionaron sus tradicionales “Bad Habit”, “Gotta Get Away” y una emotiva “Gone Away” en piano, la que demostró el correcto estado vocal de Holland y constituyó una mezcla perfecta entre aterciopelados tonos de sensibilidad y el estruendo característico de la banda hacia el ocaso del tema. Luego, los éxitos insignes de la banda “Why Don’t You Get A Job?”, que incluyó unas pelotas plásticas de colores para interactuar con los fans, “(Can’t Get My) Head Around You”, “Pretty Fly” y “The Kids Aren’t Alright” sentaron precedente de que la potencia del grupo sigue incólume tras 34 años de carrera. Hacia el epitafio del periplo, y a modo de encore luego de un par de minutos de reposo, retornaron al escenario para finalizar con dos clásicos y un inesperado tributo a Pennywise, quienes tuvieron que restarse del evento a última hora dada la alerta de salud mundial. Cerrando con “You’re Gonna Go Far, Kid”, “Bro Hymn” y “Self Esteem”, The Offspring le puso broche de oro a una icónica noche en Movistar Arena, lugar que marca un hito de masividad en la historia del grupo en cuanto a conciertos en nuestro país.

Tomando las palabras de Holland en los últimos minutos del show, es menester mencionar que este fue, probablemente, el bastión final en un largo tiempo de eventos masivos en la industria de la música en Chile y en occidente. Sin embargo, eso no fue impedimento para el disfrute de miles de asistentes que llegaron y lo dieron todo en un espectáculo que logró llevarse a cabo de manera perfecta, pese a todos los contratiempos y dificultades que surgieron. Ciertamente, resulta muy importante tomar las recomendaciones del vocalista antes de despedirse: “Cuídense, por favor. Hasta la próxima”. Un incierto cierre temporal para el showbiz musical que promete un “hasta luego”, pero que desconoce qué tan pronto se reactivará el flujo normal y necesario de adrenalina y fervor que solamente las melodías pueden proveer a los habitantes de esta tierra.

Setlist BBS Paranoicos

  1. Sin Salida
  2. Mis Demonios
  3. La Rabia
  4. No Siento Culpa
  5. Eterno Retorno
  6. Sanatorio
  7. Mentira
  8. Ruidos
  9. Corazón Al barro
  10. Tanto Insistir
  11. Daño Permanente
  12. Recuerdos
  13. Como Una Sombra
  14. Cristales
  15. Calla y Espera
  16. El Regreso
  17. Ausencia
  18. Irreparable
  19. No Lo Veo Como Tú

Setlist Eterna Inocencia

  1. Viejas Esperanzas
  2. Encuentro Mi Descanso Aquí, En Este Estuario
  3. A Los Que Se Han Apagado…
  4. Trizas De Vos
  5. Abrazo
  6. A Elsa y Juan
  7. La Risa De Los Necios
  8. El Guardián
  9. La Mentira Sin Fin
  10. Cuando Pasan Las Madrugadas…
  11. Hazlo Tú Mismo
  12. Cartago
  13. Sin Quererlo (Mi Alma Se Desangra)
  14. Cassiopeia
  15. Le Pertenezco A Tus Ojos…
  16. Puente De Piedra
  17. Nuestras Fronteras
  18. Weichafe Catrileo

Setlist The Offspring

  1. Americana
  2. All I Want
  3. Come Out and Play
  4. It Won’t Get Better
  5. Want You Bad
  6. Session
  7. Original Prankster
  8. Staring At The Sun
  9. Blitzkrieg Bop (original de The Ramones)
  10. Whole Lotta Rosie (original de AC/DC)
  11. Bad Habit
  12. Gotta Get Away
  13. Gone Away
  14. Why Don’t Get You Get A Job?
  15. (Can’t Get My) Head Around You
  16. Pretty Fly
  17. The Kids Aren’t Alright
  18. You’re Gonna Go Far, Kid
  19. Bro Hymn (original de Pennywise)
  20. Self Esteem

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