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Steve Hogarth: Caleidoscopio

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Cuando un músico deja pasar casi veinte minutos contando sus historias y respondiendo preguntas de la gente antes de tocar una sola nota, en ese tipo de momentos se nota el nivel de relajo y confianza que este tiene en el carisma de su presencia y en la atención que puede sostener el público. A cualquier otro que no fuese Steve Hogarth, quizás le hubiera costado sacar adelante un show tan aparentemente improvisado como el de la noche del lunes 8 de julio en el Teatro Nescafé de las Artes, pero para un tipo que tiene todos los colores, incluso los mezclados en su paleta lista para pintar, sin duda que este tipo de espectáculos son un desafío estimulante e interesante, incluso cuando la idea haya surgido hace tiempo por una deuda impositiva.

Desde las 21:06 horas el hombre, también conocido como h de Marillion, se paseó por temáticas como sus vergüenzas en un escenario, por el itinerario que no le permitiría compartir una botella de vino con una fanática que le propuso una cita de la manera más natural posible, y también por su visión de los divorcios y cuánto le han afectado, en medio de muchas risas y un teclado que comenzó a sonar casi veinte minutos después para largarse a cantar y pasear por múltiples composiciones, en su mayoría de Marillion, como “Hollow Man”, que inició todo, o también varios covers que partían con “Instant Karma” de John Lennon.

La voz de Hogarth es cautivante y su estilo de fraseo convierte en suyas las canciones, con una cadencia encantadora, más digna de un crooner que de un vocalista de banda de rock progresivo, algo que se notó en canciones como “Karma Police” de Radiohead, o ya en el final del set principal con “Cloudbusting” de Kate Bush, y que también ha explotado en otras fechas de esta gira, como con “Hurt” de Nine Inch Nails o “Going To A Town” de Rufus Wainwright. Pero Hogarth no necesita de una orquesta o una big band para lucir estas canciones. En ciertas ocasiones, elige tocar sólo una tecla y dejarla sonar mientras su voz hace las peripecias melódicas necesarias, usando el piano más para acompañarse que descansando en él. Steve tiene una confianza pasmosa en su capacidad, y ese tipo de seguridad se transmite con un magnetismo que, además, se exacerba cuando las canciones son de Marillion y el público canta sin cesar.

Easter”, “Fantastic Place” o “Runaway” ponen a prueba la capacidad de h de disponer de toda la gama cromática necesaria para hacerle justicia a composiciones que, dentro de sí, tienen múltiples fases interpretativas, algo fácil de transmitir con una banda con los matices que tiene Marillion, pero Hogarth lo logra precisamente confiando en la canción y en el manejo de la intensidad y la energía que presenta el artista con su voz. En un show de Steve Hogarth, el instrumento más poderoso es la voz, pese a que se pueda promover como un espectáculo cuya base es el piano, donde h es de todas formas muy competente.

Es impactante también que Hogarth accediera, casi como una app de streaming, de manera veloz ante ciertas peticiones de la audiencia, como pasó con “Beautiful” o “No One Can”, canciones que han sido parte de shows del cantautor, pero que se presentaron con la inmediatez de una transacción de emociones. Un toque interactivo que acrecentaba la cercanía de un espectáculo donde vendrían más explicaciones de por qué echaba chistes con el tema de su primer divorcio, cómo sus fallas le hicieron entender el concepto de fidelidad, y también se sorprendió al notar que no han venido a tocar “Brave” (1994) completo con Marillion, un show “que te drena emocionalmente, que es muy exigente”, como reconoció el artista.

Hubo incluso un momento donde el piano fue un componente más secundario, cuando Hogarth usó secuencias pre-programadas para hacer la única canción de su carrera solista que tocaría en toda la jornada, “Cage”, en la que incluso se dispondría para hacer ciertos pasos de baile sin dejar de estar sentado. Lo mismo haría con “House” de Marillion, en la que poco a poco iba reintroduciendo el piano para el gran final con el cover de Kate Bush, tras lo cual el músico saldría del escenario para volver al par de minutos y ofrecer una versión preciosa de “The Sky Above The Rain” y luego el clásico “Afraid Of Sunlight” de Marillion, antes de otro clásico del rock, “Like A Rolling Stone” de Bob Dylan, a quien incluso mencionó antes en su fase más stand-up comedy y, pegada a esta, cerrando el show “When I Meet God”.

Cuando Steve Hogarth comenta que vio el documental “Rolling Thunder Revue” de Martin Scorsese sobre Bob Dylan, no lo hace desde la admiración al artista, sino desde el temor a la alienación, a lo hermético. Quizás por eso h adora abrirse a la gente, mostrar sus colores, valorar lo que tiene y a aquellos que lo acompañan. Casi dos horas y cuarto después del inicio, con la emoción a flor de piel, Hogarth se despide, con una sonrisa, tal como partió todo, y tal como, se nota, quisiera ser recordado.

Setlist

  1. Hollow Man (original de Marillion)
  2. Instant Karma (original de John Lennon)
  3. Spirit (original de The Waterboys)
  4. Karma Police (original de Radiohead)
  5. Easter (original de Marillion)
  6. Ocean Cloud (original de Marillion)
  7. Fantastic Place (original de Marillion)
  8. You’re Gone (original de Marillion)
  9. Runaway (original de Marillion)
  10. Hard As Love (original de Marillion)
  11. Beautiful (original de Marillion)
  12. Cage
  13. House (original de Marillion)
  14. No One Can (original de Marillion)
  15. Cloudbusting (original de Kate Bush)
  16. The Sky Above The Rain (original de Marillion)
  17. Afraid Of Sunlight (original de Marillion)
  18. Like A Rolling Stone (original de Bob Dylan)
  19. When I Meet God (original de Marillion)

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Howard Jones & Saiko: Masterizando legados

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Howard Jones

El riesgo para un proyecto musical con trayectoria está en perder calidad, potencia o la capacidad de mantener a flote las ansias creativas, enfrentando los éxitos pretéritos sin ponerlos como tabla de salvación, sino como un recuerdo bello y conmemorable. Por ello es refrescante ver bandas o artistas con décadas de trayectoria que siguen sacando buen material nuevo, evitando mirar tan atrás como para llegar a chocar, y así no sólo dejar a su público feliz, sino también a nuevos entusiastas. Esto es lo que unía en la noche de celebración del Aniversario 26 de Club Blondie a Saiko y Howard Jones, con backgrounds muy distintos: mientras la banda nacional ha tocado muchísimo en ese recinto y ha hecho del espacio subterráneo parte importante de su historia, el músico británico debutaba en Chile en ese, probablemente el lugar donde más ha sonado su música y que parecía perfecto para abordar tal debut.

Saiko salió primero a escena, pasadas las 21:15 hrs., con dos novedades: la más evidente era el debut en la batería de Mauricio Clavería, histórico baterista de La Ley y también de Diacero, donde comparte créditos con el bajista Luciano Rojas, nexo que ayudó a su integración a Saiko, marcando el primer momento con una intro tipo remix de “La Fábula”, donde Clavería mostró de inmediato esa potencia y urgencia, llena de recursos estéticos, que calzan con el perfil de Saiko. La segunda novedad fue la integración como guitarrista del productor y arreglista Martín D’Alesio, quien, tal vez no tan evidente, también es otro salto de calidad para una banda que en Rojas y Denisse Malebrán ya tiene un tótem absoluto. Y, además, están las canciones.

El inicio era arrollador con “Las Horas”, cuya letra tan poética como clara calza perfecto en una semana de recogimiento, como ocurre cada 11 de septiembre. La propia Denisse decía al final “nadie está olvidado”, quizás ante la gente que no agarra esa referencia como algo absolutamente coherente a la canción y su triste historia contada. Amados y amantes que también se encuentran en “Amor Que No Es” o en “Happy Hour”, tracks clásicos de los primeros discos del conjunto, que la gente coreó y disfrutó, con un sonido que no parece querer envejecer, pese a que van casi veinte años desde la salida de esos singles. He ahí la importancia de “remasterizar” la propia pega, no hacerla siempre igual, porque el diablo está en los detalles y el infierno puede estar al alcance de la mano cuando el piloto automático se enciende.

Una vibrante versión de “Estrechez De Corazón” y “Azar” terminaban con un tren de canciones más antiguas para dar espacio a otras que no por no ser longevas tienen menos arrastre. “Es Tan Lógico”, “Fluvial”, “Arder El Cielo” y “Viaje Estelar” hablan de una época de apariencia más calma en lo musical, pero de intensidad en lo emocional; de un pop potente, de excelencia, como siempre lo intentan generar, y en el escenario esto gana en credibilidad, aunque da la impresión de que con los nuevos integrantes y este énfasis, Saiko perfectamente puede elevar su sonido a los umbrales de un arena rock, porque la capacidad está, y con Clavería y Rojas como la base rítmica, y Malebrán con D’Alesio en lo melódico, perfectamente eso es posible.

Cuando Miro En Tus Ojos” iniciaba el trecho final, con puros golazos, que continuarían con “Limito Con El Sol”, luego con la upbeat “Debilidad”, y finalizando con un bis en “Lo Que Mereces”, en una hora de calidad y de conexión con su propia historia, esa que Saiko se ha encargado de tener bien a salvo, evitando la nostalgia excesiva. Esto mismo es lo que ha hecho Howard Jones, quien desde ser un maestro de los sintetizadores en los 80, ha comprendido cómo la música muta. A las 22:48 se subió al escenario de la Blondie, que estaba casi llena, para demostrarlo.

Tímidamente en el piano, Jones hizo una versión calma de “Hide And Seek” para luego sumar a Robbie Bronnimann, productor electrónico con el que Howard logró configurar el sonido que le quitaba el sueño y que se convirtió en el muy buen disco “Transform” (2018), una evolución lógica, pero llena de arrojo del pionero del synth-pop. Algo notorio en la canción que le da nombre al álbum o en “Take Us Higher”, pero también en el track del recuerdo, como la excelente “Equality” que, con un Howard colgándose la keytar, ganaba en potencia no sólo por la canción o los sintetizadores, sino en la re-producción esbozada por Bronnimann, que transformaba una canción de 1984 en el discazo “Human’s Lib” en algo que 35 años después puede sonar como si hubiera salido ayer.

Luego de otro momento en el piano de Howard con “No One Is To Blame”, seguía el frenesí electro-pop con “Beating Mr. Neg” o la excelente versión de “Everlasting Love”, que incluso se permitía entrecruzar con la línea melódica de “Twist And Shout” de The Beatles como si fueran canciones hermanas. Esa es la maestría de Howard Jones, quien, pese a no alcanzar una potencia vocal gigante, igualmente puede llegar a notas precisas, algo que no perdía de vista su micrófono a lo Chayanne, lo que también hizo que su gestualidad fuera muy particular, con atisbos de lo que había hecho hace un par de años David Byrne, por ejemplo.

El momento más bailable (y que también recordó un tanto al “Blue Monday” de New Order) fue “The Human Touch”, una vibrante construcción sonora que también tenía en las pantallas atisbos de Pet Shop Boys o de The Chemical Brothers, pero acercado de una forma única por la capacidad gestual de Howard Jones, quien a sus 64 años es capaz de entregar intensidad corporal cuando las canciones lo requieren. Esa canción donde se critica la posibilidad de reemplazar el “toque humano” por reacciones y acciones automatizadas, casi de máquinas, era a la vez algo completamente vital. En la máquina se ve el catalizador de un orgullo de ser humanos, de vivir los momentos con plena consciencia y querer hacerlos parte de un todo. Es eso que pone a la gente a bailar, pero además a darse cuenta del momento que se vive. Por ello, calzaba perfecto que luego Howard se sentara en el piano nuevamente para (cambiándole la letra un poco) hacer una versión 2.0 de “Life In One Day”, comprendiendo cómo ahora los días son más rápidos, urgentes, precisos, erróneos e inabarcables, como también lo expresa “Tin Man Song”.

El tramo final, que partía con “The One To Love You”, era de mayor repercusión con clásicos como “What Is Love?”, canción implacable y atemporal, para luego dar con el karaoke colectivo de “New Song”, justo para un pequeño bis que culminaría todo en “Things Can Only Get Better”. Y sí, es cierto, todo podrá estar mejor, en especial cuando vemos en figuras como Howard Jones las respuestas o, al menos, los ejemplos a seguir. En vez de caer en la espiral de la nostalgia vacía, una pequeña reinvención de lo propio es buena y no sólo hace lucir mejor todo, sino que también entrega más armas para la creatividad y, así, extender los legados mucho más allá, como se pudo ver en una noche brillante de artistas que siguen avanzando, hacia adelante, en una Blondie donde sonidos así no perecen, sino que se iluminan entre bolas disco y pasos de baile eternos.

Setlist Saiko

  1. Intro La Fábula
  2. Las Horas
  3. Amor Que No Es
  4. Happy Hour
  5. Estrechez De Corazón (original de Los Prisioneros)
  6. Azar
  7. Es Tan Lógico
  8. Fluvial
  9. Arder El Cielo
  10. Viaje Estelar
  11. Cuando Miro En Tus Ojos
  12. Limito Con El Sol
  13. Debilidad
  14. Lo Que Mereces

Setlist Howard Jones

  1. Hide And Seek
  2. Transform
  3. Take Us Higher
  4. Equality
  5. No One Is To Blame
  6. Beating Mr. Neg
  7. Everlasting Love
  8. Hero In Your Eyes
  9. The Human Touch
  10. Life In One Day 2.0
  11. Like To Get To Know You Well
  12. Tin Man Song
  13. The One To Love You
  14. What Is Love?
  15. New Song
  16. Things Can Only Get Better

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