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Starsailor: Fidelidad y convicción

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Es raro cuando no podemos decir que una banda es sobresaliente o que innovó más que ninguna otra, sin embargo, eso ocurre más a menudo de lo que imaginamos. De hecho, muchas bandas importantes tampoco son las mejores. Esa reflexión llega cuando vemos la historia y el impacto de un conjunto como Starsailor, parte de esa camada de bandas que debieron luchar contra la resaca del britpop en la década de los 2000 y que no pudieron dejar una verdadera huella, pero que no por ello dejaban de tener méritos para intentar armarse de canciones, singles, EPs y álbumes que tuvieran cosas buenas y que lograran cautivar audiencias.

Más allá de méritos artísticos puros, en todo caso, es imposible no encontrar algo sólido cuando un conjunto lleva dando vueltas por casi dos décadas, cruzando generaciones, y eso lo ha logrado Starsailor, pese a vivir infiernos personales, pasar por contratiempos con discos que no lograban consolidar un mayor estatus para la banda o las dificultades que entrega el tiempo. Es por eso que parecía un capítulo más de su historia, esa que fluye pese a los obstáculos, a que el show que marcaba su regreso a Chile no hubiera tenido tan buena venta, pero que –y como debe valorarse– igualmente se confirmó en un espacio más reducido como el Club Amanda.

Ante unas doscientas personas, con mucho ánimo, el cuarteto inglés se subió al escenario pasadas las 22:00 horas tocando “Listen To Your Heart”, del disco que servía como excusa para darse una vuelta por Sudamérica, “All This Life” (2017), que no sería el LP más referenciado de la noche: la banda, entendiendo que su pasado también es muy potente, se abrazó a su disco más querido, “Love Is Here” (2002), ese promisorio debut de hace más de quince años, desde donde vinieron varios momentos de karaoke colectivo con “Alcoholic”, “Poor Misguided Fool” o “Fever”. Sin embargo, en la cuarta canción de la noche aparecería la energía de un público que, poco a poco, fue sacándose la timidez del espacio vacío. “In The Crossfire” es un himno generacional, de esos que nadie pudo no escuchar, como “Clocks” de Coldplay o como “Sing” de Travis. Esa era la canción que conllevaba la promesa de una explosión que no alcanzó a arrasar con todo, pero que ya por sí sola justifica que Starsailor continuara, algo apoyado en la madurez de un conjunto que hoy suena mucho mejor que en sus tiempos mejores.

La voz de James Walsh se ha tornado más potente con el paso de los años, pasando de ser una voz promedio de la industria para tener una calidez y una vulnerabilidad que hace creíbles las cosas que se cantan, en especial en letras sentidas como “Way To Fall” o “Tie Up My Hands”. Es difícil lo que le ha tocado pasar a la banda y, pese a que 200 personas no suene a un número grande de fanáticos, los que estaban ahí vieron y también recordaron, porque al final –más allá de quienes tocaban esas canciones– era una sensación la que inundaba el ambiente, la que cada uno vivió, experimentó y, quizás, pudo disfrutar, desandando las huellas.

Sí, Starsailor puede ser una buena ejemplificación de la banda promedio de esos tiempos duros, que no era mala pero tampoco era brillante, no obstante, a punta de profesionalismo y también de lo más importante que tiene un artista, que es la obra, superan ampliamente aquello que sólo puede significar nostalgia. Un muy buen sonido permitía que la vida pasada pudiera ser observada desde el hoy, como en tracks como “Four To The Floor” o la intensa “Silence Is Easy”. Sí, el silencio es fácil, y por eso lo complicado es cantar, tocar, escuchar ondas en el viento y quizás por eso las caras sonrientes abundaban en el aire.

Luego de “Silence Is Easy” la banda salió del escenario para volver con la presentación especial por parte de James a Andy Dunlop, quien opera como guitarrista en Travis, completando el círculo de la historia de Starsailor con nuestro país. Andy reemplazó en el tour sudamericano a James Stelfox en el bajo, y la banda partió su encore con un cover de una canción que sonó el 4 de noviembre de 2007: “All I Wanna Do Is Rock” de Travis. Cada cosa con un significado, con un nexo bien hilvanado, como si se hubiera armado un guion preciso que cerraba con “Good Souls” un show que fue todo lo que tenía que ser, con una honestidad, brillo y calidez que rara vez se ve en shows internacionales. Quizás fueron las circunstancias, la historia acumulada, que todo haya ocurrido contra viento y marea, pero lo de Starsailor, más de diez años después, superó el promedio y generó una jornada precisa, que aumentó la felicidad de fans y observadores casuales. El silencio puede ser fácil, pero en la dificultad del sonido es donde se ve lo real y lo significativo, y la noche del 4 de octubre tuvo mucho de eso, de lo trascendente.

Setlist

  1. Listen To Your Heart
  2. Alcoholic
  3. Poor Misguided Fool
  4. In The Crossfire
  5. Fidelity
  6. Way To Fall
  7. Blood
  8. Lullaby
  9. Fever
  10. Best Of Me
  11. Tie Up My Hands
  12. Tell Me It’s Not Over
  13. Four To The Floor
  14. Silence Is Easy
  15. All I Wanna Do Is Rock (original de Travis)
  16. Good Souls

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1 Comentario

1 Comentario

  1. María Elizabeth Cornejo Hidalgo

    05-Oct-2018 en 2:22 pm

    Éramos pocos, pero MUY fieles!!! Gracias HumoNegro porque gracias a ustedes pude verlos!!!

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Mark Farner’s American Band: Hermano, estoy brillando

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Mark Farner

Es difícil lograr dar con la definición de un “sonido americano” en el sentido de lograr contener todas las manifestaciones en Estados Unidos, un territorio difícil de abarcar en su totalidad. Pero hay gente que lo intenta para no sólo lograr ese “sonido americano”, sino también para acentuar la identidad o impulsarla. Esto es lo que ha hecho en su carrera Mark Farner, quien, con Don Brewer y Mel Schacher, formara Grand Funk Railroad en 1969, una de las referencias obligadas en el rock norteamericano, que también diera forma al sonido de Detroit, algo más directo y listo para el buen rato, con una conciencia social asociada a la paz en contra de la guerra. Pero los problemas legales hicieron que, a comienzos de este año, Farner tuviera que luchar contra los otros miembros por el nombre de su banda, Mark Farner’s American Band, porque según Brewer y Schacher daba lugar a equívocos por el legado de Grand Funk. Una batalla legal que quedó en nada, y que por suerte fue así, ya que quizás no habría mejor nombre para la banda que trajo Mark a tocar a un Teatro Caupolicán con más de dos mil personas, las que jamás se sentaron durante todo el show.

Luego de un clip –sin mucha calidad técnica audiovisual– que destacaba la carrera en números de Mark Farner, en especial con Grand Funk, a las 20:58 horas comenzó la música, como una bofetada para las personas que se atrasaron, porque esto fue un par de minutos antes de la hora en la que supuestamente todo iniciaba. Una lección para esas personas que no respetan los horarios establecidos y un premio para quienes madrugaron para ver desde el inicio las aptitudes y carisma de Farner, figura que a sus 70 años todavía mantiene las energías y la capacidad de llamar a la gente a volverse loca.

En vez de hacer lo mismo que en otras fechas en Sudamérica e iniciar con “Are You Ready?”, de inmediato comenzó todo con “We’re An American Band”. Y es que Mark Farner es reconocido como el “patriota rockero” o el “patriota del rock”, instalando siempre la dinámica de ser hijo de Estados Unidos, tanto por el lado de quienes luchan por lo que es hoy (es hijo de un condecorado militar que batallara en la Segunda Guerra Mundial), como también por lo que es su espíritu primitivo (su madre es de herencia Cherokee). En su música esto se traspasa en letras llenas de ese confort, de ser parte de algo, de llamar a ser parte de un todo y también con la visión de que es necesario ser bueno con todas y todos, “hermanas y hermanos”, como llamaría Mark a la audiencia varias veces en la noche. Mientras, se sucedían clásicos como “Rock & Roll Soul” o “Footstompin’ Music”, donde él se fue a un teclado al centro del escenario a tocar mientras el público cantaba, y se veía gente en otro mundo, en otra esfera. Ojalá todo el público que va a shows musicales viviera el espectáculo como lo hacían personas de 60 o 70 años viendo a Mark Farner, agitándose y cantando todo, con devoción conmovedora.

Fuera de ciertas excepciones, todo lo que tocaron era parte de las canciones que Farner escribió para Grand Funk Railroad, tal como llamara Homero Simpson en la referencia de cultura pop más grande a la agrupación, “las salvajes y descamisadas letras de Mark Farner”, que se condecían con las poleras agitadas al viento en varios tramos de un show con grandes momentos, como “People Let’s Stop The War” o “Shinin’ On”, mientras la banda sonaba precisa, con los vacíos necesarios para sentir que los efectos o las voces completan el todo, sin sobrecargar jamás la vibra del espacio.

Esto permitió que todo el tiempo el sonido estuviera con claridad suficiente para escuchar la voz de quien cantara, fuera Mark o alguno de sus músicos. Un teclado, una guitarra, un bajo y una batería. Nada más ni nada menos era lo que había en el escenario, y con ello bastaba para generar momentos gigantes, como en “Heartbreaker”, donde el sonido era menos festivo, pero sí mucho más emotivo, siendo un punto alto de un show de gran calidad.

Extractos de otras canciones, como “Gotta Get Out Of This Place”, sonaron antes de que Mark volviera al teclado para hacer “Mean Mistreater”, otra gran canción, para luego de “Bad Time” y “Sin’s A Good Man’s Brother” llegaran las únicas dos que no vienen de la pluma de Farner. La fantástica versión de “The Loco-Motion”, originalmente de Carole King, y Some Kind Of Wonderful, popularizada por Soul Brothers Six, fueron momentos de diversión que dejaban en claro cómo es que ese “sonido americano” podía ser dúctil y, a la vez, notarse con mucha claridad.

Y, como era de esperar, el capitán en este navío sonoro, Mark Farner, elige cerrar el show con una vibrante versión de “I’m Your Captain”, con solos, extensión y mucho más, dejando a la gente muy prendida y brillante, como en un estado lisérgico, digno de los 60, digno de tardes en el pasto transportando ganas, amor y angustias acalladas gracias a canciones llenas de buenas vibraciones.

El público, como pocas veces, exigió ensordecedoramente un encore, el que llegó con “Inside Looking Out” en una versión de diez minutos, la que fue coreada de forma aplastante por la gente terminando a las 22:43 horas, luego de una hora 45 minutos de un show perfecto para los fans de Grand Funk y también para quienes gustan de ese sonido americano. Hermanas, hermanos, ese fue el sonido del rock de Detroit, en una noche fría de mayo en Santiago de Chile, y qué bueno que fue.

Setlist

  1. We’re An American Band (original de Grand Funk Railroad)
  2. Rock & Roll Soul (original de Grand Funk Railroad)
  3. Footstompin’ Music (original de Grand Funk Railroad)
  4. Aimless Lady (original de Grand Funk Railroad)
  5. Paranoid (original de Grand Funk Railroad)
  6. People Let’s Stop the War (original de Grand Funk Railroad)
  7. Shinin’ On (original de Grand Funk Railroad)
  8. Heartbreaker (original de Grand Funk Railroad)
  9. Gotta Get Out Of This Place (original de Grand Funk Railroad)
  10. Mean Mistreater (original de Grand Funk Railroad)
  11. Bad Time (original de Grand Funk Railroad)
  12. Sin’s A Good Man’s Brother (original de Grand Funk Railroad)
  13. The Loco-Motion (original de Carole King)
  14. Some Kind Of Wonderful (original de Soul Brothers Six)
  15. I’m Your Captain (original de Grand Funk Railroad)
  16. Inside Looking Out (original de Grand Funk Railroad)

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