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Spyair: Un nuevo comienzo

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No existe un lugar más emblemático para el rock japonés en nuestro país que el Teatro Teletón, lugar donde hace diez años vimos el debut de Miyavi, el puntapié inicial para lo que iría sucediendo posteriormente, anotando hitos como el segundo concierto del mismo músico en 2009, el debut de Versailles en 2010, o el regreso de estos últimos a los escenarios el año pasado, escogiendo a Chile como una de las primeras plazas en recibir su gira de reunión. Ahora, el recinto albergaría a Spyair, una banda quizás mucho menos popular que las mencionadas anteriormente, pero que llegó a lo grande para revivir esa llama que se creía apagada. Punto aparte, el conjunto trajo de invitados a la agrupación ROOKiEZ is PUNK’D, convirtiéndose así en una instancia inédita para un show de J-Rock en nuestro país, ya que (omitiendo contextos de festivales) ninguna banda había traído a un compatriota como show de apertura para su concierto.

Los primeros en salir a escena fueron precisamente ROOKiEZ is PUNK’D, quienes gozaban de una popularidad tan general como la agrupación principal, por lo que el show que entregaron –que alcanzó los 45 minutos de duración– se sintió como un concierto propio. Comandados por el gran carisma de su vocalista Shinnosuke, realizaron una presentación que se preocupó de mostrar lo más destacado de su repertorio, poniendo especial énfasis en “The Sun Also Rises” (2018), el tercer y último de sus discos de estudio, motivo de promoción de la gira que, milagrosamente, les permitió presentarse en nuestro país por primera vez. Ya lo dijo el vocalista en una de sus tantas intervenciones en un elaborado español: les habían ofrecido muchas veces venir a Chile, pero su agenda no se los permitía. Lo cierto es que su show demostró que pueden lograr una fecha solitaria en un futuro, permitiendo ver un halo de luz hacia los sonidos de oriente, que poco a poco vuelven a ganar relevancia.

Luego venía el turno de la banda principal, ya que todos esperaban ver finalmente a Spyair en nuestro país. Puntuales, como debe ser, los nipones no hicieron esperar para demostrar su potencial en vivo, abriendo con “Genjou Destruction” y “GLORY”, coreadas por todos los fanáticos que saltaban en la cancha, mientras que el dúo conformado por Uz y Momiken, en guitarra y bajo, respectivamente, se paseaban por el proscenio a la par que desplegaban los encendidos acordes de sus canciones. En ese sentido, es refrescante ver cómo una nueva camada de artistas japoneses se encarga de volver a encender la llama que alguna vez mantuvieron agrupaciones como the GazettE o AN CAFE, refrescando los sonidos del denominado J-Rock e intentando recuperar la relevancia que durante un período tuvo en occidente. Ya lo vimos con One Ok Rock el año pasado, y en cierta forma también con ROOKiEZ is PUNK’D en el show de apertura; estamos frente a una generación de artistas que la tiene un poco más fácil en términos de difusión gracias a las redes sociales, pero que aun así han batallado por hacer que su música llegue hasta países tan lejanos como el nuestro.

Bajo el gran carisma de su vocalista Ike, Spyair se preocupó de dominar el escenario y no mostrar una pizca de nerviosismo frente a un público que seguía cada uno de sus movimientos. A la par que la batería de Kenta ejecutaba los consistentes batacazos de “I’m A Believer”, la banda sabía que eran los dueños de la noche y no temieron en ir desplegando canción tras canción, como si se tratara de los capítulos más impactantes de un repertorio de antología, sintiéndose frescos y llenos de ambición, pese a los más de 10 años que acumulan como banda activa.

Así fueron pasando canciones como “JUST ONE LIFE” o “Imagination”, las que llevaron hacia una de sus composiciones más conocidas, “Samurai Heart (Some Like It Hot!!)”, presente en la serie de animación “Gintama” (Shinji Takamatsu, 2006-2010), que fue cantada con gran entusiasmo por cada uno de los presentes. Finalmente, “SINGING” fue la encargada de dar por terminada la noche, poniendo el broche de oro a un concierto que se sintió fugaz, pero que no desaprovechó ningún espacio para beneficio de su ejecución. Spyair le entregó a su fanaticada el show que todos querían ver, y eso la gente lo agradeció.

Lo que se creía ya una batalla perdida, parece que nuevamente vuelve a generar interés, ya que Spyair demostró el hecho de que una nueva camada de fanáticos de la música japonesa está surgiendo no sólo en Chile, sino que también en el resto de América. Japón es un país que por cosas de la vida nunca ha logrado llevar tan lejos a sus bandas más emblemáticas, algo producido principalmente por las barreras del idioma, lo que le ha negado la posibilidad al público masivo de adentrarse en los sonidos tan únicos de agrupaciones como LUNA SEA, BUCK-TICK o L’Arc~en~Ciel, capaces de llenar estadios de 50 mil personas en su país de residencia. El show de Spyair se puede tomar como un nuevo comienzo, uno que abrirá puertas a bandas no tan conocidas por el momento, sin embargo, que hará justicia por quienes marcaron un precedente y decidieron cruzar el charco para mostrar su música, una que es extraña y llena de contradicciones, pero que a fin de cuentas siempre sonará fresca y original, muy diferente a todo lo que nos rodea actualmente.

Setlist

  1. Genjou Destruction
  2. GLORY
  3. Wendy ~It’s You~
  4. Last Moment
  5. I’m A Believer
  6. Sakuramitsutsuki
  7. BEAUTIFUL DAYS
  8. My Friend
  9. Hold It Buster
  10. JUST ONE LIFE
  11. Imagination
  12. RAGE OF DUST
  13. Samurai Heart (Some Like It Hot!!)
  14. I Wanna Be…
  15. SINGING

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Orchestral Manoeuvres In The Dark: Pretendiendo ver el futuro

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¿Qué hay detrás del baile? ¿Por qué el cuerpo traduce la música y los ritmos de ciertas maneras? Desde Darwin hasta David Byrne han tratado de pensar en por qué la evolución de la humanidad tiene a la danza como algo clave para el acto de ser humanos, y por ello es que la reflexión siempre aparece cuando el baile se hace algo colectivo. Cuando bailamos juntos, en la oscuridad de una pista o una cancha como ocurre en un concierto, esto indica, por lo menos, la existencia de una comunión, y en el punto máximo, una creencia haciéndose algo material.

Cuando se observa lo que pasa con la música de Orchestral Manoeuvres In The Dark (OMD), es difícil pensar en qué tiempo se habla. Se puede pensar en ritmo, en letra, en música, en espíritu, pero también hay un ansia en el dúo formado a fines de los 70’s por capturar el futuro. ¿Qué hay detrás del baile? Pareciera que está la voz de los tiempos, un zeitgeist accidental, que luego de ser futurista calza más con un retro futurismo que se vuelve único y necesario, tal como fue la primera visita de OMD a nuestro país, en una Cúpula Multiespacio repleta con más de un millar de personas que tuvieron chance de ver una clase maestra de cómo se configura una sesión de baile, intensidad y calidad.

Tras un buen calentamiento con el set de synthpop que puso Cristián “Chico” Pérez, el público esperó ansioso a OMD, y es que el público (cuyo promedio de edad probablemente se elevaba sobre los 40 años) sabía que la espera había sido larga. “Paul, ¿me puedes decir por qué cresta esperamos 40 años para venir acá?” fue la pregunta de Andy McCluskey que todos pensaron, al unísono, que resumía esa sensación de cómo lo inevitable se deja esperar tanto tiempo. Antes de eso, “Isotype” iniciaba el show a las 21:45 hrs., en una muy buena muestra de cómo OMD pasó de proyectar al futuro, a vivirlo.

Aunque este tema fuera de “The Punishment of Luxury” (2018), último disco a la fecha de los ingleses, lo cierto es que se integraba de forma natural con clásicos posteriores como “Messages” o “Tesla Girls“, y todo se transformaba en una fiesta, con un juego de luces perfecto, y también con los movimientos maniáticos de McCluskey quien parecía poseído por el espíritu de su “yo” más joven. Una mezcla entre el luchador Shinsuke Nakamura y un bailarín experto en clubes de Ibiza, los pasos de Andy eran impactantes y dotaban de urgencia a un repertorio que, en vez de urgente, ha tenido al tiempo de su lado para decantar en lo preciso y lo trascendente.

Por ello es que el salto entre canciones con décadas de diferencia como “History Of Modern (Part 1)” y “Pandora’s Box” se da con tanta naturalidad, porque el factor común es OMD, cuya historia puede remontarse a cuatro décadas atrás, pero que estuvo 10 años completos sin avanzar, y ese tipo de desajustes no se notan en el escenario ni en el armado de un set hecho para la ocasión, no enfocado en el trabajo más reciente, sino que en clásicos de todas las épocas, desde “(Forever) Live And Die“, “If You Leave” y “Souvenir” (que fueron todas juntas), hasta las “Joan of Arc” y “So In Love“.

La gente respondía siempre, en todas las canciones, en todos los momentos, sin dejar de entregar energía y corresponderle un poco a McCluskey. También hay momentos donde Paul Humphreys tomaba el micrófono para cantar, como en “Souvenir” o “(Forever)…“, y ahí quedaba de manifiesto cómo se complementan ambas personalidades, Andy desde lo frenético y Paul desde lo melódico, redundando en esta conjunción de ideas de futuro que se vuelven fiesta, baile y oscuridad.

Más cerca del final viene la locura de “Locomotion” o el coro que es “Sailing On The Seven Seas“, para luego cerrar el main set con “Enola Gay“, esa canción de OMD que es imposible que no haya sido escuchada, que es reconocible incluso por quienes no tienen idea de la mera existencia de la banda. Aunque se escuchaban cosas comentadas por la gente como “este es el tema de los gays” (claro, campeón, seguro que es por eso), lo cierto es que la energía era completa y dejaba a la gente en ascuas de más, en especial con esa maravilla de coreo de estadio asimilando a los sintetizadores en esta canción. La cara de sorpresa de Andy y Paul dejaba en claro su posición respecto al público en esta velada.

¿Qué hay detrás del baile? Esto funciona como idea a considerar en canciones más calmas como las que iniciaron el encore como el himno “Walking In The Milky Way“. Al final del día, y cerca del final del concierto, se buscan puntos de encuentro, sensaciones comunes. A veces no es de lo más placentero tener mucha gente alrededor, moviéndose y chocando unos con otros, a veces con cabezas que tapan parte del escenario o con algunos que fuman en recintos cerrados, pero cuando se consigue la coordinación de todos los espíritus para ser uno, nada de eso importa.

En el caso de un show como el de OMD lo que importa es cómo nos encontramos en pistas de baile, en recuerdos de un futuro pasado, y cómo es que la electricidad se sigue transmitiendo. Por ello es que ese tributo a Kraftwerk, “Electricity“, se hacía la mejor forma de cerrar 97 minutos perfectos, con sonido, energía, voces, y un público a la medida de lo que debió ser, y que finalmente fue el debut de OMD en Chile. Como cantara Springsteen: “No puedes iniciar un fuego sin una chispa / (…) incluso si es que estamos danzando en la oscuridad“.

Setlist

  1. Isotype
  2. Messages
  3. Tesla Girls
  4. History Of Modern (Part 1)
  5. Pandora’s Box
  6. (Forever) Live And Die
  7. If You Leave
  8. Souvenir
  9. Joan Of Arc
  10. Joan Of Arc (Maid Of Orleans)
  11. Of All The Things We’ve Made
  12. So In Love
  13. The Punishment Of Luxury
  14. Dreaming
  15. Locomotion
  16. Sailing On The Seven Seas
  17. Enola Gay
  18. Walking In The Milky Way
  19. Secret
  20. Electricity

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