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Sonic Youth: Los padres del ruido sacudieron el Club Hípico

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En su segunda presentación en tierras chilenas, Sonic Youth centró su presentación en un recorrido por los inicios de su nutrida discografía, tocando lo más duro de su repertorio, ante lo que podría ser una de las últimas presentaciones del quinteto.

Son pasada las 17:00 hrs. y un sol pega fuerte en las cabezas apostadas en el escenario Transistor, para ver la actuación de una de las bandas más influyentes para el rock contemporáneo en el segundo día del Festival Maquinaria. Los fanáticos de Sonic Youth están expectantes ante esta presentación, ya que el 14 de octubre el sello “Matador” emitió un comunicado anunciando el divorcio entre Kim Gordon y Thurston Moore tras 27 años de matrimonio, 30 dentro de la banda y poniendo en duda la continuidad de un grupo que supo incluir la experimentación en el rock y al punk.

Se terminan las especulaciones cuando entran en escena con lentes oscuros Steve Shelley (batería), Lee Ranaldo (guitarra y voz), Mark Ibold (de “Pavement” quien toca el bajo desde la gira de “Rather Ripped” de 2006), Thurston Moore (guitarra y voz) y Kim Gordon (bajo, guitarra y voz) que aparece con un corto vestido rojo bien ceñido al cuerpo, que confunde a cualquiera sobre su verdadera edad.

Llegan de una tensa actuación en Perú, sin embargo el show debe continuar. Luego de un breve jam de noise para calentar las guitarras (no hicieron prueba de sonido) abren con “Brave Men Run” del “Bad Moon Rising” (1985), viajando a los orígenes de la banda, para demostrar que los años no pasan en vano y que, a pesar de no ser cabezas de cartel, esta tarde vienen a mostrar una clase magistral de historia musical.

Siguieron con “Death Valley ’69”, con Thurston y Kim cantando al unísono como en los viejos tiempos, provocando la locura de en las primeras filas, levantando una capa de polvo impresionante que a ratos tapaba el escenario.

Siguieron “Tom Violence” de “Evol” (1986) y la dupleta de “The Eternal” (2009) su ultima placa, con Kim Gordon al micrófono cantando desgarradamente la punketa “Sacred Trickster” y “Calming The Snake” con furia, apretando tanto sus cuerdas vocales, que a veces quedaba sin aire. En ningún minuto mira a su ex marido, quien comienza a lucir todos sus trucos clásicos en las 6 cuerdas. Moore se sube a sus efectos para balancearse y hacer rechinar los modelos de guitarra que van apareciendo con distintas afinaciones, para golpearlas con baquetas, creando acoples en el aire que magnifican su altura y su colorina cabellera. Lee Ranaldo es su cómplice, lo deja libre en sus arranques de delirios sónicos, sin embargo raya la cancha cuando es su turno le toca estallar, toma la palabra y anuncia “Eric’s Trip” del gran “Daydream Nation” (1988), para seguir con la dupleta del “Sister” (1987), “Stereo Sancity” y “Kotton Krown”.

Los más jóvenes del público miran con atención, sorprendidos con los cincuentones que rockean igual que en los ‘80, mientras que los más adultos sonríen y corean las canciones al ritmo de un certero Steve Shelley; con cara de bonachón hunde las baquetas contra los toms, poniéndole ritmo a las capas de ruido creadas por sus colegas.

Luego Thurston toma su “Jazzmaster” azul y, para hacerla chillar, la arrastra por el piso, y la frota sobre una cámara al costado del escenario y el cuerpo de su operador, en una introducción ruidosa para que entre Shelley en “Starfield Rd” de “Experimental Jet Set, Trash and No Star” (1994) A continuación vino “Flower”, la saltada “What We Know” a cargo de Ranaldo, una de las canciones más celebradas de su última entrega.

Kim Gordon deja la guitarra y toma el micrófono para “Drunken Butterfly” en una deliciosa y perturbante interpretación, “I love you, I love you, I love you… What’s your name?” clamaba arrodillada en el escenario, mientras empezamos a ver las primeras personas levantadas sobre la multitud. La rubia estiró los brazos para dar vueltas como una mariposa borracha, al ritmo de las estridencia de las guitarras. Una leve brisa refrescó la cara del público y le agitó los cabellos a Kim en un momento sublime, único. El sol comenzaba lentamente a moverse cuando empezó a sonar “Sugar Kane”, del exitoso “Dirty” (1992), nuevamente con 2 bajos, para hacer vibrar a los viejos y nuevos fans, incluso a los que los escuchaban por primera vez a los neoyorquinos con respeto y en silencio. A la mitad del tema se concertaron en una improvisación llena de trabajados ruidos, golpes de bajo, Lee Ranaldo levantó su guitarra para percutarla con baquetas, y volver suavemente al final de la canción para hacerla estallar y despedirse tras la rotunda negativa de los asistentes que los pedían de vuelta.

Volvieron con los puños en alto y Thurston Moore dijo “Ustedes chicos, son asombrosos”, y comenzaron a tocar “Teen Age Riot” para sacudir las cabezas de todos los presentes, con un final ya característico en las presentaciones del quinteto, con el cruce de las guitarras de Lee y Thurston. Luego vino una cascada de sonidos, todo vitoreado por un extasiado público, y con el cable de la guitarra alrededor del cuello de Thurston como si se quisiera ahorcar en directo. Se despidieron, y el alto despachó la frase “Sean Libres” para abandonar el escenario, dejando la incógnita sobre el futuro de una agrupación que se ha mantenido vigente pese a los años, pese a las modas musicales, pese a las ganancias comerciales y que han hecho lo que siempre han querido sin obedecer a limitaciones. Dejaron sus armónicos sonando en el aire, demostrando a los testigos presentes que una guitarra no sólo se toca con una uñeta, y que no hay que vender grandes cantidades de discos para imponer un sello frenético, pero hermoso a la vez.

Un show intenso, que sonó mucho mejor que en su primera visita, pero que se hizo corto y dejó un gusto amargo en los seguidores más fieles, además de una larga lista de temas afuera. No sabremos qué pasará con la banda, pero la tarea está cumplida, seducir a los miles que estaban allí y motivar a las nuevas generaciones de músicos a no seguir patrones convencionales, tal como lo hicieron con un joven Kurt Cobain.

Por Jaime Albornoz
Fotos por Sebastián Rojas

Setlist:

  1. Brave Men Run
  2. Death Valley ’69
  3. Tom Violence
  4. Sacred Trickster
  5. Calming The Snake
  6. Eric’s Trip
  7. Stereo Sanctity
  8. Kotton Krown
  9. Starfield Rd.
  10. Flower
  11. What We Know
  12. Drunken Butterfly
  13. Sugar Kane
    ——————————
  14. Teen Age Riot

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9 Comentarios

9 Comments

  1. Leyla

    20-Nov-2011 en 11:23 pm

    Increíble que ya haya pasado una semana desde esto. Aunque lo hayan narrado muy, muy bien sigo pensando que no hay palabras para describir como se sintió en el momento.

  2. el bigote

    21-Nov-2011 en 3:38 pm

    este concierto fue épico, un set list para los que de verdad le gusta la banda y no para ser cool

    • emilio salfatte

      22-Nov-2011 en 11:25 am

      SEÑOR!! APLAUDO SU COMENTARIO!!!
      OPINO EXACTAMENTE LO MISMO!!

      • perrohott

        29-Nov-2011 en 10:31 am

        idem

    • Young

      29-Nov-2011 en 6:59 pm

      PF. Seguro iban a elegir el repertorio para los que quieren ser cool.

    • Gonzalo Segovia

      01-Dic-2011 en 4:20 pm

      Aunque es sabido que Sonic no reniega ninguna de sus etapas, claramente este setist fue hecho para quienes aondan un poco más en su discografía, aunque esto no quiera decir que esta etapa es mejor que otra, depende de los gustos, pero siempre habrá ese snobismo de decir que la primera etapa de Sonic es la mejor, sabiendo que hay puntos cúlmines de su obra como Daydream Nation o Washing Machine.(en fin, igualmente vi arta gente pasá’ a raja y ‘cool’ jaja). Por otro lado me quedé con las ganas (otra vez) de escuchar algo del Washing. Pero por otro lado, increible concierto, totalmente complementario (en cuanto al set) con la primera vez que vinieron, solo pondría un pero a la producción del festival por haberlos tirado tan temprano.

    • paolo

      29-Dic-2011 en 9:46 am

      Estimado: ¿cuales serían temas para ser cool?, no conozco mucho de Sonic y no cacho mucho ……….. ami me gusta mucho el Evol, Washing y Goo.

  3. Pamela

    21-Nov-2011 en 5:44 pm

    El momento más feliz de Maquinaria (según mis alas) fue al compás de Drunken Butterfly. Excelente reseña!!!

  4. Ramiro

    23-Nov-2011 en 10:46 am

    Sobervio y asquerosamente la raja, pude registrar algunos momentos memorables

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Bush + Stone Temple Pilots: Las fuerzas de la historia

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Cuando nos enfrentamos a una noche donde hay dos bandas relevantes, cuyo apogeo parece estar instalado hace décadas, la gran pregunta es por qué se siguen moviendo estos proyectos más allá de la nostalgia qué puede motivar a las bandas a continuar. Dos vertientes muy diferentes, pero a la vez complementarias, es lo que se pudo ver en la noche del 21 de febrero en un Teatro Caupolicán repleto que vivió una noche de rock tradicional, hits indelebles y también diferentes maneras de ver cómo evolucionar.

Antes, con puntualidad extrema (como ocurrió toda la jornada) se paró en el escenario la banda Randy Watson, que pese a que no tiene tanto ruedo discográfico y se presenta como una “nueva” agrupación, destila experiencia y potencia en el escenario. En 20 minutos lograron una reacción inmediata de la gente que ya a esa hora ocupaba más de la mitad del recinto de calle San Diego. Su rock es potente, recuerda al estilo alternativo de los 90’s pero también tiene quiebres más contemporáneos. Si estos son los primeros pasos del retorno de esta banda (que por los inicios de la década sacó su primer material), habrá que esperar qué viene, y si en estudio pueden replicar esa energía contagiosa que ya muestran.

Otra banda nacional recibida de gran forma por el público fue Temple Agents, que siempre en estas ocasiones de abrir para bandas muy reconocidas sale jugando con maestría, pese a que los problemas de sonido con el micrófono de Ale Solar pudieran haber quitado un poco de atención en las canciones. Su potencia es innegable, aunque resulta extraño que, pese a grandes ocasiones y grandes presentaciones, todavía aparente ser tan lejano este nombre. Quizás a Temple Agents le pesa cantar en inglés, pero al mismo tiempo es parte de esas gracias que les hacen tener un look y presentación de nivel internacional, y ello merezca más reconocimiento, en especial por su capacidad en el escenario.

Bush: Hacia adelante, sin miedo

En una entrevista con nuestro medio (que pronto publicaremos), Gavin Rossdale dice que es un “músico trabajador”, reconociéndose como parte de una clase, más allá de talentos o de méritos. Lo que le llena el alma es hacer música y mostrarla, sea a través de Bush o de otros artistas, y es esa apertura la que queda de manifiesto desde las 21:23 hrs. en adelante, en un set que pese a descansar mucho en “Sixteen Stone” (1994), su primer álbum, al mismo tiempo es capaz de mostrar cómo la banda continúa hacia adelante, sin temores.

El pilar de lo que hace la banda es Gavin, sin duda. El tipo se mueve con la prestancia y atractivo en escena que desearía tener Adam Levine y la voz que muchos de la mitad de su edad quisieran mantener. Desde temas más antiguos como “Machinehead” hasta la más nueva del set, “This Is War”, Rossdale entrega movimiento, intensidad y alegría a cada uno de sus movimientos. La banda que lo acompaña, además, es impecable, y suena perfecta desde el primer momento. Eso es algo que no cambiará a lo largo de la jornada, mientras Gavin habla en su español sorprendentemente fluido con un público que, quizás pudo haber llegado en su mayoría a ver a Stone Temple Pilots, pero que se entregó a la experiencia de Bush.

Esta segunda etapa de Bush, que apretó el botón de reinicio en 2010, lleva casi lo mismo que esa que comprendió de 1992 a 2002, y quizás no ha entregado singles memorables, pero ha permitido consolidar a una agrupación demasiado empantanada por el sonido de los tiempos, y darle sus propios matices y, más importante, sanearla de nostalgias sonoras. Una cosa es cantar “Greedy Fly” o “Everything Zen” 20 años después, y otra muy diferente es hacerlo copiando y pegando entre un tiempo y el otro. Es ese error el que Bush evita a toda costa, sin traicionar el momentum propio de las composiciones, y ahí es donde se le puede creer a Gavin: el respeto a la canción es digno de un obrero de la música, y esa devoción a la obra es algo que corre con fuerza en cada etapa de ese viaje.

Entremedio, como en cada periplo, hay baches, y en este caso tuvo que ver con un conato que Gavin tuvo con un asistente en platea baja, quien al parecer tenía un ánimo violento, y que Rossdale intentó calmar, encontrándose con un muro de condescendencia por parte de este miembro del público. Ya nos decía Gavin en la mañana del concierto que intenta no pescar lo que dicen los haters, pero que cara a cara la situación era otra, y así fue. El muchacho se fue, golpeando a su paso a gente del público, un episodio ridículo donde se confunde la “actitud rockera” con la lisa y llana estupidez. Algo irónico luego de tocar un tema llamado “Everything Zen” para dar paso a otro llamado “Let Yourself Go”. Literalmente, Gavin invitó a ese furioso “fan” a dejarse ir.

Tras “Swallowed” y un coro rotundo del público, Gavin se fue a la mitad de “Little Things” bajando a la barricada que separa la cancha del escenario, y luego salió de la vista de la gente para volver en la galería del Caupolicán y transitar por todo el ancho de las plateas cantando y sacándose selfies al paso con algunos, y siendo tocado por otros muchos. Una locura que más tarde sería copiada pero no igualada. Era la invitación a estar todos juntos, como decían Los Jaivas, y también The Beatles en “Come Together”, corte del álbum blanco que Bush cubrió antes de rematar con “Glycerine”, donde Gavin a pura guitarra primero hizo cantar a la gente, y rematando con “Comedown”, directo en el corazón de la nostalgia. En vez de apelar a sonar al pasado, Bush suena a presente, y así proyecta su futuro, con una energía envidiable, que por 80 minutos llevó a un teatro repleto a vivir todos los tiempos, mirando hacia adelante, sin auto plagios ni mentiras, derivando en un gran show.

Stone Temple Pilots: Completando el círculo 

Quienes no buscaban sorprender ni mostrar vigencia fueron Stone Temple Pilots, que pese a ser el plato fuerte de la noche, cayó un poco en el ejercicio de ser opacados por Bush y su excelente presentación, algo similar a lo ocurrido con The Hives eclipsando a Arctic Monkeys en su recordada visita de 2014. Puntual como todo lo que se vivió en la noche, Stone Temple Pilots entró a escena sin mayores presentaciones, abocándose directo a la música con “Wicked Garden” y “Crackerman”, canciones que de inmediato encendieron los ánimos de un público que iba decidido a pasarlo bien, sin importar que la encarnación de la banda arriba del escenario no sea la misma que los hizo famosos. Eso, en el papel, ya que desde el look a los movimientos de Jeff Gutt emularon durante toda la noche a Scott Weiland, algo que podría ser bueno o malo dependiendo el punto de vista que se mire, pero que, a la larga, sirvió como un buen efecto placebo para no caer en cuenta de que la voz que retumbaba en cada rincón del teatro no era la misma que instaló estas composiciones en la memoria colectiva.

A fin de cuentas, lo que STP hace en el escenario es una continuación natural de la carrera de la banda, como si se tratara de empujar un legado estrictamente musical en vez de reposar en la figura de su fallecido frontman. Lo anterior, es una ventaja para el conjunto, ya que se omiten clichés casi obligatorios de las bandas reformadas como el recuerdo a los que ya no están, dedicar alguna composición emotiva a un ex compañero, o el típico “esta noche es para *inserte nombre de fallecido*”, lo cual seguramente era lo que muchos esperaban durante la noche, pero lo más cercano de eso fue la presencia de Jeff Gutt como una especie de cuerpo poseído por el espíritu rebelde y lleno de actitud que tenía Scott Weiland en sus mejores años. Por supuesto, no hay necesidad de quitarle mérito al vocalista, ya que su interpretación es lo que más refuerza una banda que siempre ha sonado perfectamente arrolladora, y eso lo demostró a la hora de despachar clásicos del catálogo del cuarteto como “Bing Bang Baby” o “Plush”, cuya interpretación semi a capella en la primera parte generó uno de los momentos más lindos de la velada.

Y si la noche estaba dispuesta para la nostalgia, las canciones del nuevo álbum homónimo de la banda debieron pasar a segundo plano, con las igualmente tremendas “Meadow” y “Roll Me Under” como las únicas presentes dentro del set. Aquí es donde fue posible notar la gran calidad vocal de Gutt y su entrega hacia el espectáculo, recorriendo toda la cancha del Caupolicán mientras recibía el cariño y los flashes de la gente a medida que los hermanos DeLeo junto a Eric Kretz echaban abajo el escenario con su implacable forma de tocar rock. Si bien Gutt es quién conduce la fiesta, se nota de manera indirecta que es Robert DeLeo junto a su hermano Dean quienes lucharon contra la corriente para sacar la banda adelante en tiempos tan adversos como los que han vivido. “Interstate Love Song”, una de las favoritas de la gente, permitió que los hermanos notaran lo que querían: el público no los olvida y sus canciones siguen sonando tan fuerte como antes.

El show avanzaba hacia el final y llegaban las canciones “Dead And Bloated” y “Trippin’ On A Hole In A Paper Heart” para dar el punto final, cerrando así un círculo que se completaba con la banda volviendo a sus orígenes, ya que, como se notó en varias ocasiones, la figura de Jeff Gutt emuló a un Weiland en sus mejores años, casi como volver en el tiempo a los días en que STP era una de las bandas más comentadas dentro de la escena del grunge y el rock alternativo de los años noventa. “Sex Type Thing” fue la que finiquitó definitivamente un nuevo paso del conjunto por nuestras tierras, el tercero, pero a la vez el primero con esta nueva encarnación que pasó la prueba de cumplir con las expectativas y exigencias que requiere un catálogo tan nutrido y poderoso como el de los oriundos de San Diego, California.

Solo el tiempo dirá si esta alineación puede seguir adelante con éxito, pero al menos con lo demostrado anoche se puede entrever que así será. Tanto Bush como STP tuvieron la tarea de sacar adelante un legado que para el mainstream podría haberse quedado estancado en el tiempo, pero demostraron vigencia y sobre todo respeto por una carrera que dio muchos frutos y que sigue estando latente dentro del corazón de sus seguidores. Puede que ambos sean actos de nostalgia, pero cuando esa nostalgia se expresa tan bien como en sus mejores años, no se siente como tal. Aquí no hubo auto parodias ni músicos en caída libre en cuanto a interpretación o entrega en escena, sino que más bien las energías propias de este segundo aire que las dos agrupaciones tuvieron. Los años podrán seguir pasando, pero el talento, la entrega y el deseo de seguir tocando impecablemente quedará siempre, sin tener que contar con manchas oscuras dentro de tan preciado legado musical.

Setlist Bush

  1. Machinehead
  2. The Sound Of Winter
  3. This Is War
  4. The People That We Love
  5. Greedy Fly
  6. Everything Zen
  7. Let Yourself Go
  8. Swallowed
  9. Little Things
  10. Come Together (original de The Beatles)
  11. Glycerine
  12. Comedown

Setlist Stone Temple Pilots

  1. Wicked Garden
  2. Crackerman
  3. Vasoline
  4. Silvergun Superman
  5. Big Bang Baby
  6. Big Empty
  7. Creep
  8. Plush
  9. Meadow
  10. Interstate Love Song
  11. Roll Me Under
  12. Dead And Bloated
  13. Trippin’ On A Hole In A Paper Heart
  14. Sex Type Thing

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