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Sólstafir: Vientos del norte

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No existe duda de que Chile es un país metalero, siendo este uno de los estilos musicales que más adeptos genera. Cada mes, la cartelera de conciertos cuenta con al menos dos o tres nombres relacionados al metal, en sus más variadas formas, estilos y ramas. Ese gusto casi adoctrinado logra también que diversas bandas gocen de un reconocimiento por parte de la audiencia, siempre dispuesta a analizar e interiorizarse en su música.

Bajo esa última premisa, el exitoso debut de los islandeses Sólstafir en nuestro país refleja ese gusto tan peculiar por las propuestas diferentes, únicas y, sobre todo, llenas de matices. El cuarteto islandés se caracteriza por mezclar sonidos tan dispares como el post rock y la música progresiva, conjugándolos incluso con elementos del black metal, del que profesaron en sus orígenes. Lo anterior les ha valido calificativos como “los Sigur Rós metaleros”, albergándolos bajo la etiqueta de post-metal, una forma perfecta para describir su música, que ya cuenta con varios álbumes de estudio, siendo el último “Berdreyminn” (2017), placa que vienen promocionando en esta gira.

Un hecho que llamó la atención dentro de la considerable cantidad de público fue el gran despliegue de poleras alusivas a la banda. Eran muchos quienes llevaban esperando años por el debut del cuarteto, así que los gritos y aplausos cuando sus integrantes ingresaron al escenario lo dijeron todo, a la par de que comenzaba a sonar “Silfur-Refur”, canción que abre el último disco y también la mayoría de los shows en esta gira. La concentración era total, mientras que la poderosa voz de Aðalbjörn “Addi” Tryggvason se incorporaba bajo los estridentes riffs del guitarrista Sæþór Maríus “Pjúddi” Sæþórsson y el bajista Svavar “Svabbi” Austmann, quienes, silenciosos y distantes, parecían hablar a través de la música, expresándose solamente mediante las incendiarias notas que surgían de sus instrumentos. Así desfilaron canciones tan oscuras y desgarradoras como “Ótta” o “Náttmál”, ambas extraídas del álbum “Ótta” (2014), predecesor de la actual placa de estudio. Cabe destacar que la batería del recién llegado Hallgrímur Jón “Grimsi” Hallgrímsson, encargado de las baquetas desde 2015, logró dar en el clavo con ese sonido tan denso y algo desesperanzador de la banda, que pareció transportarnos hasta la helada Islandia con su música.

El muro sonoro que componen las guitarras y el bajo logró sin duda uno los puntos más altos en la tremenda “Djákninn”, que partió como un tranquilo ejercicio de Addi para luego convertirse en una verdadera locura de riffs, generando un gran puente sonoro por parte de Pjúddi y Svabbi, que en cierto momento fue realmente como estar viendo unas versiones barbonas y metaleras de Thurston Moore y Lee Ranaldo. Todo era locura en el escenario, y el público ya había quedado con la boca abierta admirando la tremenda calidad y poderío que tiene en vivo la banda.

Un pequeño momento de calma tuvo al vocalista Addi hablando muy seriamente acerca de la depresión, intentando brindar apoyo a quienes sufren o tengan a alguien cercano sintiendo esta terrible enfermedad. Bajo ese contexto, la banda dedicó “Necrologue” a todos ellos, agradeciendo también a todos los que asistieron al show, ya que, según sus palabras, jamás pensaron llegar hasta Sudamérica con su música. Bastó con que comenzara a sonar “Fjara” para que el público se volviera loco, cantando una de las composiciones más esperadas.

Los tormentosos riffs de “She Destroys Again”, tocada a pedido de alguien en la audiencia, volvieron a dejar en evidencia ese sentido tan noise que tiene el cuarteto en cuanto al metal, transformando esta épica canción de siete minutos en un verdadero caos sin interrupción. Es por eso que Sólstafir transita por el lado correcto del caos, dominándolo y expresándolo a su antojo, con cada nota sintiéndose como una verdadera puñalada fría, con la batería de Grimsi golpeando fuertemente con el filo de su sonido. Afortunadamente, la banda no se olvidó de su álbum “Svartir Sandar” (2011), ocupando este una parte considerable del setlist, especialmente con la canción que le da título, momento cúlmine de un show intenso y avasallador en todo momento. Sólstafir se transformó en la más implacable de las ventiscas, arrasando todo a su paso con sus poderosos riffs, traídos directamente de la lejana Islandia.

Independiente de la lejanía geográfica y cultural de Sólstafir, el show completo se sintió como una propuesta interesante y novedosa. A pesar de tener un considerable número de bandas encasilladas en el post rock, lo realizado por los islandeses trasciende cualquier obra vista en este lado del mundo. Y aunque toman elementos de distintas partes para su sonido, su música no se siente lejana ni extraña, sino más bien como una reinterpretación de estilos tan americanos como el noise o incluso el shoegaze, pero llevados de una manera más gélida y desgarradora. Sin duda que la presentación del cuarteto fue un verdadero lujo, un sueño cumplido para sus acérrimos fanáticos y un gran descubrimiento para los curiosos que quisieron comprobar de manera directa qué tan potentes eran en concierto. Los vientos del norte soplaron fuerte la pasada noche en Santiago, como si se tratara del último gran golpe que nos da el invierno antes de iniciar la inminente transición a la primavera.

Por Manuel Cabrales

Fotos por Pedro Mora

Setlist

  1. Silfur-Refur
  2. Ótta
  3. Náttmál
  4. Ísafold
  5. Djákninn
  6. Necrologue
  7. Fjara
  8. She Destroys Again
  9. Svartir Sandar
  10. Goddess Of The Ages

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Lacuna Coil: Sin miedo a nada

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El acto de sacar la voz se ha convertido en un método de supervivencia para las mentes de chilenas y chilenos después del 18 de octubre. La lucha transcurre en las calles, en las redes sociales, en el espacio público, e incluso en los conciertos. Ya es parte de la “nueva normalidad” que la gente haga hora gritando “el que no salta es paco” y “Piñera culiao”, entonces existe un uso de la voz que no sólo valoriza lo que se dice, sino que el acto mismo de decir y enunciar, que no es más que lanzarse a las profundidades de la incomodidad de dejar de disfrutar el silencio. Eso también es lo que hacen las bandas musicales, lanzarse al sonido, y cuando el tiempo pasa, también es trascendente cómo la voz sigue existiendo, sin doblegarse, tal como ha pasado con Lacuna Coil, agrupación italiana que ya tiene más de dos décadas de historia, en las que obviamente han enfrentado dificultades, y siguen ahí, generando canciones que son puntos de encuentro, pero sin dejar de lado cómo la lucha continúa.

El retorno de los italianos tampoco se hizo esperar tanto, sumando casi tres años de ausencia, pero sí había una deuda que saldar con el público chileno que no vio la gira de celebración de los 20 años de la agrupación, y aquello sería el ingrediente más trascendente de lo que ocurriría más adelante. Antes, la jornada iniciaría con BlackFlow en el escenario de Club Blondie, que mostró por qué fue un nombre destacado en varias publicaciones con su EP “Confusion & Time” de 2018, y más material, aunque el público recién empezaría a repletar el tradicional recinto cuando ya estaba en el escenario la banda que acompañó a Lacuna Coil en su gira sudamericana y también lo hará en la parte asiática de ese periplo, los estadounidenses Uncured.

Es entretenido ver cuando se nota que los músicos en el escenario tienen un carisma contagioso y muestran una verdadera hambre juvenil, algo que es extraño porque en general los grupos de metal llegan a nuestro país lo hacen con mucho recorrido, entonces esas prácticas salen más pauteadas. En cambio, lo de Uncured en su debut en Chile fue explosivo, divertido, potente y con ganas de éxito, y eso incluso se notó en lo rápido que se armó todo para que tocaran: si BlackFlow terminó a las 19:30 hrs., ya a las 19:44 hrs. el cuarteto de New Jersey estaba comenzando con lo suyo, un minuto antes incluso de lo que indicaba el itinerario. Canciones como “Sacrifice”, “Myopic” o “Desecration” mostraban lo frenético del espectáculo, con una ejecución precisa por parte de los líderes del proyecto, los hermanos Zak y Rex Cox, que eran la voz y las guitarras dinámicas de un proyecto que en 45 minutos dejó una gran impresión, incluso estrenando una canción inédita y haciendo un cover de “Roots Bloody Roots” de Sepultura, ganándose a la gente, muchos de los cuales tendrán un nuevo nombre a poner en las playlists.

Pero el evento principal de la noche aún no se asomaba y ya la gente se agolpaba más adelante para ver más de cerca a Cristina Scabbia, Andrea Ferro y el resto de Lacuna Coil, banda que puntual a las 21:00 hrs. inició su show, que tendría casi dos mitades exactas, en la primera con un set basado principalmente en material más nuevo, tanto de “Black Anima”, disco editado en octubre pasado, apenas una semana antes del estallido social en nuestro país, como de “Delirium” (2016).

Reckless”, “Downfall”, “Layers Of Time” o “Save Me” eran tracks elegidos para mostrar la potencia de la propuesta de Lacuna Coil, sin perder urgencia ni voz propia, teniendo su fortaleza en su maquinaria simple pero efectiva. Los timbres de Cristina y Andrea son muy diferentes, pero las canciones les entregan momentos perfectos para lucirse en su extremo a cada uno, sea en canciones más rítmicas como “Blood, Tears, Dust” o en costados más emotivos como la ya mencionada “Save Me”.

Pero la noche no sólo era de canciones y virtuosismo instrumental, sino también de compartir lo que se siente, y por ello es que tras “My Demons” Cristina tomó el micrófono para decir que la banda no es ciega y que han visto las noticias y lo difícil que está todo en el país, así que por ello valoraban aún más la intención de estar ahí, en ese espacio, luchando. La banda sabe qué es luchar y sabe qué es tener que hacer sin mirar atrás, porque en su tiempo, cuando aparecieron en escena, eran algo distinto, no la típica fórmula de una vocalista femenina que flotara sobre la potencia del metal, sino que con diálogo, y potencia por parte de la propia intérprete. “Enjoy The Silence”, el cover de Depeche Mode que pasa ese test de que la versión logre identidad propia, resuena con fuerza y aroma a final del show, con todo el mundo cantando, sacando la voz, unidos ahí.

Pero Lacuna Coil sí salió del escenario, tras la 11ª canción, entonces las caras de sorpresa irrumpían en la Blondie, mientras otras calmaban la cosa diciendo que era la primera mitad del show. Tenían razón en esa aseveración, porque a los cinco minutos el quinteto volvió, con diferente vestuario, y dispuestos a saldar esa deuda con la celebración de las dos décadas de historia con la gente. Canciones antiguas como “A Current Obsession”, “Soul Into Hades” o “Tight Rope” eran coreadas por todo el mundo, y pese a que muchos se nota que vieron el setlist de los shows en Brasil y Buenos Aires, de todas formas había esa sensación de ver algo único, siendo ejecutado con maestría.

Parece ser algo obvio a estas alturas, pero no se debe dejar de mencionar cómo la voz de Cristina Scabbia es implacable, perfecta, lozana y -lo más importante- capaz de arrasar con todo a su paso. Es ese carisma que le han dado los años, además, el que hace que se vea como dominadora de todo lo que pasa, incluso cuando se debe improvisar, como cuando en medio de “1.19” decidió salir del escenario para asistir a una fan que se desmayó en las cercanías de la reja, sin dejar de cantar. Son esos detalles los que muestran parte de la receta para que Lacuna Coil dure tanto tiempo, y es que la fluidez y naturalidad son clave, y por ello cuando Andrea o Cristina dicen que la gente “se mantenga con fuerza” o invitan a corear “We fear nothing” (no le tenemos miedo a nada) sea algo de corazón.

También era divertido cómo la banda no se hizo de rogar para tocar un tema fuera de lo convenido en su setlist a pedido de la gente. El coro popular decía con coordinación impactante “Senzafine”, y quizás la idea le gustó mucho a Lacuna Coil porque la tocaron segundos después, de forma magistral, igual que “Veneficium” y el gran final con “Nothing Stands In Our Way”, donde la banda invitó a la gente a seguir adelante, a que nada se interponga en el camino, y que todos estamos juntos en esto porque lo importante es mejorar lo que se tiene, para todas y todos, y luego de una hora y 52 minutos de alto nivel musical y canciones llenas de emociones, sin duda que son momentos como los entregados por Lacuna Coil los que permiten sacar la voz, incluso lejos de las calles, liberando las vallas papales en las calles de la propia consciencia.

Setlist

  1. Blood, Tears, Dust
  2. Our Truth
  3. Reckless
  4. My Demons
  5. Layers Of Time
  6. Downfall
  7. The House Of Shame
  8. Sword Of Anger
  9. Heaven’s A Lie
  10. Save Me
  11. Enjoy The Silence (original de Depeche Mode)
  12. A Current Obsession
  13. 1.19
  14. When A Dead Man Walks
  15. Soul Into Hades
  16. Tight Rope
  17. Comalies
  18. Senzafine
  19. Veneficium
  20. Nothing Stands In Our Way

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