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Slayer: Se desató el infierno en Santiago

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La presentación de Slayer venía irguiéndose como un evento de magnitudes para la comunidad metalera nacional. Inclusive los medios se habían encargado de magnificar la importancia de esta legendaria banda thrash metal californiana. Que por cierto, desde sus inicios hace casi treinta años, ha tenido entre sus filas al mítico bajista y vocalista Tom Araya, oriundo de la V Región de nuestro país.

Slayer y Tom Araya a estas alturas se han vuelto un cliché de los símbolos patrios. Es el origen de gran orgullo de muchos, y deleite de otros tantos que degustan de lo más clásico del THRASH METAL AMERICANO. Bajo esa perspectiva las expectativas eran altas. Siempre lo han sido, así lo fue en 2006 para su última visita. Situación que incluso hizo de estos cinco años, una larga espera.

Tras la espera, una improvista aparición de Thornafire en la oscuridad de un escenario, que aparentemente aún no estaba listo para ellos. Sumaba entonces, la típica presentación de apertura. Con una ecualización deplorable, la típica recepción fría y tras una escueta performance que incluyó temas como ‘Hacia la ruina del Agartha’,  ‘Sucubación’ y ‘Deconstrucción’ y que no duró más de 25 minutos, salían con la satisfacción de una misión cumplida.

Comenzaba la recta final para esta nueva incursión de Dave Lombardo, Kerry King,  Tom Araya y Gary Holt (en reemplazo temporal de Jeff Hanneman) en nuestro querido Chile. La cada vez más enardecida audiencia aguantaba encendida, y entre el ritmo de AC/DC por los parlantes, los vítores, chiflidos y gritos de ansiedad se comenzaba a vibrar lo que estaba por venir.

Tras una espera más tensa que larga al fin el infierno se desataba y el track que titula su último disco y la gira que los trajo a estos lares. ‘World painted in blood’ abria los fuegos con potencia mas no perfección. Pero no importó, Tom Araya ya se erguía en el medio secundado por la dupla de guitarras de King y Holt a sus costados. Más un inspirado Lombardo ubicado al alero de un imponente pendón. Aquél con el logo de la banda entremezclado con un pentagrama e inserto en el águila, típico emblema romano. Otros dirán NAZI.

Pegada a la introducción y la primera canción vino otra de su último disco ‘Hate worldwide’ que daba paso a los primeros clásicos noventeros de la banda. Toda la potencia de ‘War ensemble’ del “Seasons in the Abyss” (1990) sumada a la aplanadora de ‘PostMortem’ del mundialmente aclamado “Reign in Blood” de 1986 y ‘Temptation’ también de su placa de 1990 aumentaban el calor en el Movistar Arena, aunque la recepción del público aún era algo “tibia”.

Stain of mind’, del “Diabolus in Musica” (1998), y ‘Disciple’ del álbum “God hates us all” (2001) reponían con material noventero que no daba tregua a una audiencia que gozaba y sufría los embates de los pastosos riffs que expelían de la guitarra de King.

Tom Araya por su parte se esforzaba en espetar uno que otro “chilenismo” y que complementaba con alguna otra frase en inglés. Se dio el gusto por enardecer al público presente con arengas que solo buscaban una loca reacción del mismo. Por otro lado se tomó algunas libertades e insinúo hasta frases con tintes políticos y sociales, que al pasar los minutos no reforzó más que con cada canción.

Así pasaron, el tremendo track del “Season of the Abyss”, ‘Dead skin mask’, seguida de una aplaudida ‘Dittohead’ y ‘Americon’ que hace referencia al país que está en boga criticar, Estados Unidos. No hace falta mucho para darse cuenta, “Americon, it’s all about the mother fucking oil / Regardless of the flag upon it’s soil”.

La sorpresa se la mandaron con ‘Not of this god’, también de su última placa, que a pesar de haberla lanzado en 2009 junto al resto del álbum, no la habían interpretado en toda la gira.

Ya tras la exclusiva, todo fueron clásicos y el sonido se volvía cada vez más pulcro, potente y avasallador. ‘Mandatory suicide’ del “South of Heaven” (1988), seguida de ‘Chemical Warfare’, que inicialmente se incluyera como bonus track en la reedición del disco “Show no mercy”, en 1987. Mantenían el ritual en su máxima expresión, Tom Araya seguía liderando una verdadera comunión con su fanaticada criolla.

A esas alturas, la multitudinaria audiencia presente aún estaba expectante en busca de más material de lo más medular del repertorio de los de California. Pues claro, el concierto ya se perfilaba hacia el final. Un poco más de una hora de intenso despliegue, pero que aún no se veía en su peak.

Pero que el triplete de ‘Ghosts of war’ de su opus de 1988, ‘Payback’ del ‘God hate us all’ y ‘Seasons in the Abyss’ del disco con el mismo nombre, se encargaron por acercar la entrega de Slayer, más a ese tope. Antes de la primera salida, aprovecharon por interpretar ‘Snuff’, que si bien es de lo más nuevo de la banda, cayó de cajón a lo que estaba pasando y despidió a la banda a lo grande.

Pero no fue sino hasta el encore que la locura, y la verdadera potencia se vio representada en su forma magnánima. ‘South of heaven’ del disco de 1988, del mismo nombre al igual que ‘Raining Blood’, del disco de 1986, también ‘Black Magic’ del “Show no mercy” y ‘Angel of death’ de su opus máxima “Reign in Blood”. Todas, piezas maestras y fundamentales de la banda, fueron sin duda parte de otro momento, otro concierto, otra vida, otro mundo.

Fueron las encargadas de cerrar otra exitosa presentación de Slayer en nuestro país, y por cierto la razón de locura de los más de diez mil fanáticos que gozaron hasta el fin con tal despliegue de poder. Hasta llegaron a prender bengalas durante ‘Angel of Death’, para transformar ese momento en tensión pura aunque intensamente emocionante.

Setlist

  1. World Painted Blood
  2. Hate Worldwide
  3. War Ensemble
  4. Postmortem
  5. Temptation
  6. Stain of Mind
  7. Disciple
  8. Dead Skin Mask
  9. Dittohead
  10. Americon
  11. Not Of This God
  12. Mandatory Suicide
  13. Chemical Warfare
  14. Ghosts of War
  15. Payback
  16. Seasons in the Abyss
  17. Snuff
    ————————————
  18. South of Heaven
  19. Raining Blood
  20. Black Magic
  21. Angel of Death

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11 Comentarios

11 Comments

  1. Francisco Parra

    06-Jun-2011 en 1:41 am

    al buen “God “”hate”” us All” de 1998…

    infórmese antes de hacer un review

  2. Juane

    06-Jun-2011 en 9:25 am

    De hecho el Diabolus in musica es de 1998 y el God hates us all del 2001. Parece más un error de copy/paste… jajaja

  3. Pablo K.

    06-Jun-2011 en 9:27 am

    Pero de todos modos es un buen review loco!, no sé que tanto alegan…

  4. Luis Villegas

    06-Jun-2011 en 11:18 am

    Sólo quería agregar que en cancha, por lo menos adelante, yo a la tercera canción estaba pal loly. Fue demasiado agotador, hasta hoy me duele el cuerpo, demasiada adrenalina, y faltó mencionar el mosh gigante que se armó sobretodo hacia el final. El concierto más brutal al que he asistido, aunque por otras razones no pude ir a los conciertos anteriores de Slayer en Chile.

    • IMPRESIONANTE

      06-Jun-2011 en 2:25 pm

      Ha sido el espectaculo mas impresionanate que he visto (de los 60 conciertos a los que he ido desde 1995), desde platea alta el “show” que tenian los weones de cancha fue realmente impresionanate durante todo el concierto …………….. y para el final con las bengalas, fue como estar en el infierno.

      Mis respetos y admiración a la comunidad metalera.

    • Lorenzo

      07-Jun-2011 en 10:49 pm

      toda la razon wn, yo estaba en cancha y desde un principio quedo la cagá, por lo menos donde yo estaba no vi nunca un publico tibio o piola.

    • Pulpo

      08-Jun-2011 en 11:36 am

      Yo encontré un poco plano el concierto, los temas menos populares cortaban la euforia del público muy seguido. No se, fue extraño.
      Personalmente me quedo con el 2006, que se pareció más al final del show de este año. Aún así, grande Slayer

  5. Kemy Morton

    07-Jun-2011 en 11:26 pm

    Estuvo increible!!! Rockerazo

  6. nato

    08-Jun-2011 en 8:14 am

    Que Gran concierto!!! nada que decir!!! Grande Tom!

  7. Sed

    08-Jun-2011 en 2:53 pm

    Tras la espera, una improvista aparición de Thornafire en la oscuridad de un escenario, que aparentemente aún no estaba listo para ellos. Sumaba entonces, la típica presentación de apertura.

    La típica presentación de apetura? están locos estos hueónes, SONÓ LA RAJA, EXELENTE SHOW DE THORNAFIRE, MUCHO MÁS QUE MISIÓN CUMPLIDA.

  8. Dxs

    18-Jun-2011 en 5:24 pm

    Thornafire bueno!!!!!????????
    Muy mala banda, plana en todos los sentidos, cero ejecución musical, pésimo

    Slayer, demoledor, como siempre

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Christina Rosenvinge: Ouijas para la empatía y la revolución

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Christina Rosenvinge

La opresión de la lógica patriarcal que rige como titiritero invisible a las acciones sociales del mundo ataca a todas y todos. Aunque las movilizaciones multitudinarias hacen creer a varios que son las mujeres las que buscan cambios para ellas, lo cierto es que toda modificación a la norma imperante debe implicar algo más allá, afectando a hombres y mujeres. Por ello se hace vital entender todo el espectro. Esa es parte de las inquietudes de una de las creadoras más relevantes de Hispanoamérica, en especial cuando el análisis se cierne sobre su propia historia y la de los suyos.

Christina Rosenvinge es activista, pensadora, productora, mujer, pero por sobre todo es compositora, y en este ámbito es el que vierte complejidades claves de escudriñar. “Un Hombre Rubio”, uno de los mejores discos de 2018, ataca desde la empatía y la honestidad hacia las razones por las que existen exigencias para los hombres en pos de un patriarcado que busca su propia sanidad. Ella ve en su padre a una figura que tiene esas contradicciones e intenta explicarse una relación –cuando menos– conflictiva. Junto con una producción exquisita (de exclusivo crédito de la propia Christina) y sonidos precisos y bien desarrollados, el décimo álbum de la madrileña es un arma poderosa para hacer espiritismos propios en busca de respuestas, analizar esos diálogos pendientes y, por supuesto, para elucubraciones que deriven en esa revolución que permitiría la transversalidad fundamental, esa donde géneros no importen.

Un portal se abrió a pocos kilómetros del radio urbano del Gran Santiago, y en el parque de Las Majadas de Pirque, con edificaciones preciosas alrededor, se dio algo cercano a un día de campo, ocasión que vería a Rosenvinge volver luego de 14 meses a Chile, pero con un nuevo paradigma, de esos que usaría el propio David Bowie para corromper la normalidad y expresar todo lo que se pueda indicar.

Pero antes, la velada fue abierta por la solvente y delicada propuesta de Sabina Odone, quien, pese a indicar que existían ciertos desperfectos técnicos, siempre se escuchó con claridad y belleza. Lo primero que mostró en su presentación –que se extendería por 35 minutos– fue su trilogía de sencillos “Una Historia de Amor”, previa a su disco “Amore” que está trabajando para ser editado en 2019. Y se nota la consistencia de las tres canciones, tan diferentes en temática y sonoridades, pero tan ligadas una a la otra, desde “Algo de Ti” con el enamoramiento, hasta “Quise Ser Tu Amante” en la reflexión a posteriori, pasando por la decepción en “Ellos No Cambian”. Además, Sabina estrenó una canción y, cuando su piano eléctrico dejó de sonar, cantó una versión a capella de “Il Cielo In Una Stanza”, canción que refiere a los ancestros de Odone, quien, emocionada por la oportunidad, demostró que una buena voz no necesariamente viene asociada a la catarsis permanente, sino al control y la contención que da la experiencia en vivo y la convicción en las propias canciones.

Media hora después sería el turno de una Christina Rosenvinge que, a la usanza del arte de “Un Hombre Rubio”, llegó ataviada de una camisa blanca y pantalones negros sin talle ajustado. El afán de explicar una vestimenta va en que es este el personaje en el que podía sostenerse Christina a lo largo del show, en este hombre rubio, guapo, exitoso, dominante, que por 106 minutos sería el centro de la atención, con sorpresas, reflexiones y, al final del día, un rock que desde la sofisticación puede transformar un tranquilo prado en un concierto frenético y lleno de momentos.

Con “Niña Animal” y “El Pretendiente”, ambas del disco nuevo, Rosenvinge ponía sobre aviso a la gente del tono del sonido para el show, con una banda correcta mas no descollante, quizás dejando en claro que, más allá de virtuosismos o perfección, lo que podía hacer que el show fuera inolvidable eran las canciones, y por ello es que Christina también entendió que, para el espacio y ambiente, ella podía tomar el pasado para ir tanteando la trayectoria para enlazar el presente, formando un lindo nudo que cierre todo. Por ello irrumpieron como nunca las canciones que originalmente le pertenecían a Christina & Los Subterráneos. Incluso, la primera sería una del disco incomprendido de ese proyecto, “Mi Pequeño Animal” (1994). “Pálido” era la primera sorpresa nostálgica, para luego pasar a una nostalgia más personal de Christina en “Jorge y Yo”, dedicada a su hermano, y luego llegar a otra antigua, en ese caso de 1992, “Señorita”.

Rosenvinge volvía a su último registro con el dueto espiral de “Pesa La Palabra” y “Romance De La Plata”. En la primera canción, es el padre el que le habla a su prole, en tanto que en la segunda es la hija la que se da el espacio de hablarle a su progenitor, en un esfuerzo gimnástico de la interpretación, donde vemos cómo Christina está en otro nivel, siendo capaz de saltar desde su yo de hace más de 25 años hacia su padre, y luego hacia ella misma. Pareciera que estuviera dejando a los espíritus entrar, comunicarse y luego salir, todo en márgenes mínimos.

La Distancia Adecuada”, una sombría y elegante versión de “Tú Por Mi”, y luego “Ana y Los Pájaros” continuaban una jornada donde la verdadera Christina Rosenvinge quedaba a flote en todo momento, ya fuera con la repetición a modo de tantra de “Alguien Tendrá La Culpa” o con etapas más complicadas como las posteriores. Pasarán la puta, la tejedora, la flor entre las vías, pero nada será tan inesperado como “Mil Pedazos”, canción que la artista no tocaba desde su anterior visita en 2017, en una versión oscura, que hace sentir mucho más la división y el dolor de estos pedazos que no se sabe por dónde intentar volver a unir.

Aunque Rosenvinge y su banda abandonaron el escenario un poco, eso es parte de la dinámica tradicional de los conciertos, pero el retorno tuvo a Christina sola, con la guitarra ataviada y con intención de dar en el gusto a su gente, que logró que sonaran versiones solistas de “Las Suelas De Mis Botas” y “Sábado”, dos temas muy sorpresivos y que, sin querer, van dentro de la narrativa de comprender a otros y también generar cambios para modificar al ser.

En “La Piedra Angular”, canción que primero tiene a Christina acompañada solo por un piano para terminar con banda, se vivió uno de los momentos inolvidables de la jornada cuando ella se baja del escenario con intención de buscar una pareja para bailar el intermedio de ese track, que es casi un vals. Rosenvinge eligió a una mujer del público, con el arrojo arrogante de la vestimenta del hombre rubio que lleva puesta. Mientras bailan, mujer contra mujer, todo el público se pone a su alrededor generando una postal única, que se convertiría en incredulidad y risas cuando Christina falló espectacularmente en hacer un gesto galán y ella y su bailarina cayeron muy fuerte contra el suelo. Una manera única de relevar también el track que cierra “Un Hombre Rubio”, una balada preciosa que se pegó perfecta con otro track de Christina & Los Subterráneos, “Alguien Que Cuide De Mí”, y con el gran final con “Voy En Un Coche”, en una versión rockera pero madura, haciéndose cargo de la brecha de pensar que un auto es la libertad, algo muy lejano en 2019 a ese ideal de 1992, y por ello es que un tono más sombrío resultaba preciso.

Así culminaba un espectáculo donde no sólo hubo grandes canciones y momentos, sino también pudimos ver a una artista en el tope de sus capacidades, sean estas artísticas como personales. Christina Rosenvinge tiene en la cabeza como objetivo que se comunique qué es el feminismo, pero que se haga bien, sin caricaturas, y he allí su loable intención de buscar la empatía en figuras que también son consecuencias de un sistema opresor. En esta búsqueda, que va más allá de tumbas, dimensiones y fronteras, es que tenemos los cimientos de una revolución que no sabemos cuándo llegará, pero que sí tenemos certeza de que vendrá. Mientras tanto, como dice la canción que abrió el show, “aguanta”.

Setlist

  1. Niña Animal
  2. El Pretendiente
  3. Pálido (original de Christina & Los Subterráneos)
  4. Jorge y Yo
  5. Señorita (original de Christina & Los Subterráneos)
  6. Pesa La Palabra
  7. Romance De La Plata
  8. La Distancia Adecuada
  9. Tú Por Mi (original de Christina & Los Subterráneos)
  10. Ana y Los Pájaros
  11. Alguien Tendrá La Culpa
  12. La Flor Entre La Vía
  13. La Muy Puta
  14. La Tejedora
  15. Mil Pedazos (original de Christina & Los Subterráneos)
  16. Las Suelas De Mis Botas (original de Christina & Los Subterráneos)
  17. Sábado
  18. La Piedra Angular
  19. Alguien Que Cuide De Mi (original de Christina & Los Subterráneos)
  20. Voy En Un Coche (original de Christina & Los Subterráneos)

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