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Slayer: Recuperar la fe

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Durante los últimos años, Slayer ha sido protagonista de diversas -y para nada decorosas- polémicas, tanto dentro como fuera de la banda. La más dolorosa para los fanáticos fue el confuso despido del baterista Dave Lombardo el año 2013, quizás el último miembro que representaba el espíritu brutal y salvaje de Slayer después de que el grupo perdiera a su corazón y mente maestra el mismo año con la muerte de Jeff Hanneman, guitarrista, miembro fundador y principal artífice de lo más destacado del catálogo de los estadounidenses.

Con sólo dos miembros originales en sus arcas, Slayer decidió seguir adelante, a pesar de que el misticismo que les rodeaba se vio mermado por la pérdida de miembros originales y la apatía del grupo que siguió de gira como si nada hubiera pasado, y también por las poco afortunadas declaraciones de Tom Araya, quien, en diversas entrevistas, ha dejado bien en claro que para él ser el frontman en una de las bandas legendarias del estilo, no es más que un trabajo. Eso y una polémica foto subida a la cuenta de Instagram oficial del grupo, donde la magia del Photoshop puso a Donald Trump -quien recientemente había sido elegido presidente de Estados Unidos- posando junto al grupo en su formación original, dio vida a una postal que causó controversia entre propios y extraños, y que incluso motivó el pronunciamiento de la banda, culpando al músico chileno de haber sido el responsable de subir dicha foto sin el consentimiento del resto de sus colegas, y que por ningún motivo representaba el pensamiento de la agrupación. Incluso dejando los desatinos de lado y enfocándose netamente en la música con el lanzamiento de un nuevo disco, el tibio “Repentless” (2016), Slayer dejaba claro que no estaba pasando por su momento más brillante.

Como fanático desde la infancia del cuarteto, este redactor no puede negar que los últimos años junto a la banda no han sido los más disfrutables. Incluso habiéndolos escuchado previamente con la alineación actual en el épico show que realizaron junto Iron Maiden y Ghost hace cuatro años en el Estadio Nacional, la sensación de que algo falta, algo que va más allá de la presencia de Hanneman o Lombardo sobre el escenario, es innegable. Slayer perdió su esencia y lo que tenemos hoy es una banda que suena potente y demoledora, pero sin alma, sin garra, sin pasión, que es lo que finalmente hace trascender a la música. Sin embargo, esta nueva visita de Slayer al país se hacía especialmente interesante, ya que desde el año 2011 que no realizaban un show en solitario donde ellos fueran el gran número principal de la jornada. Es por este motivo que, este redactor, dejó de lado los prejuicios y cualquier animadversión ante el presente de Slayer y simplemente se entregó al espectáculo de los norteamericanos para, sorprendentemente, recuperar la fe en el cuarteto de California.

Héroes del Metal” fue el título elegido para denominar este encuentro de metaleros, ya que, además de la leyenda del norte, también tuvimos la oportunidad de disfrutar las presentaciones de dos bandas sudamericanas. La primera, los chilenos de Dekapitated, banda elegida por el público para abrir la velada, que dio una buena muestra de thrash metal de vieja escuela en la casi media hora que tuvieron sobre el proscenio. La performance de los nacionales fue aplaudida por los argentinos de A.N.I.M.A.L, quienes se encargaron de calentar los motores en un Movistar Arena que de a poco iba llenando cada una de sus localidades. Los trasandinos dieron una lección de actitud y agresión con canciones como “Barrio Patrón”, “El Nuevo Camino Del Hombre” y “Gritemos Para No Olvidar”. El final de su actuación lo marcó el cover de la banda californiana Body Count, “Cop Killer”, para invitar a todos a un mosh rebelde y dejar todo listo para el plato de fondo.

Precedidos por la intro “Delusions Of Saviour”, los cuatro músicos dieron el vamos con “Repentless”, el mortal sencillo que abre el nuevo álbum, desatando la locura en la cancha del recinto el Parque O’Higgins. Los primeros minutos del retorno de Slayer a la capital no dieron tregua a nadie. “The Antichrist”, “Disciple” y “Hate Worlwide”, tres canciones que marcaron épocas muy distintas del conjunto, funcionaron como catalizadores de odio en una fanaticada que lo entregó todo desde el primer instante.

A pesar de que la guitarra de Gary Holt -guitarrista de Exodus que ha ocupado el lugar de Hanneman desde el año 2011- siempre fue opacada por la muralla de Kerry King, en un problema que se ha venido repitiendo desde hace tiempo y que sólo hace pensar que el calvo guitarrista quiere ser el único que suena sobre el escenario, Slayer sonaba como una aplanadora que acababa con todo a su paso. Bajo este panorama, quien les escribe no podía hacer más que dejarse llevar por un espectáculo brutal. Más allá de todo lo que ocurra bajo el proscenio, una vez que los norteamericanos toman sus instrumentos y hacen lo que tienen que hacer -incluso si para ellos es sólo “una pega”-, Slayer se convierte en la leyenda viviente que es. Increíble.

La imprescindible “War Ensemble” precedió a “When The Stillness Comes” y “You Against You”, la última elegida de “Repentless”, siendo recibidas como clásicos del catálogo con violentos circle pits, dando cuenta que, incluso es los momentos más oscuros, el grupo es capaz de seguir pariendo cortes letales. De ahí en adelante el repertorio estuvo plagado de clásicos. Joyitas como “Fight Till Death”, “Captor Of Sin”, cuyo frenético solo de apertura fue lamentablemente “devorado” por la guitarra de King, agregaron algo de variedad a la batería de hits que el grupo echó mano para satisfacer a una muchedumbre sedienta de violencia. “Chemical Warfare”, “Hell Awaits” y la fusión de “Raining Blood” con “Black Magic”, marcaron los hitos más altos de la noche, mientras que canciones como “Dead Skin Mask” y “South Of Heaven” convocaron al coro multitudinario en los pasajes más “calmos” del show. Como no podía ser de otra manera, “Angel Of Death” dio la estocada final a una presentación precisa.

Sin salidas en falso ni pausas innecesarias, Slayer hizo la pega y la hizo como siempre suele hacerlo: devastadoramente. Habiendo gozado a destajo de las veinte canciones que presentaron durante la noche del lunes, como fanático del grupo he de decir que, incluso si la banda ha perdido parte de su esencia, incluso si sus integrantes parecen haber perdido el sentido del “arte” tras lo que hacen, el alma de Slayer revive cuando la música fluye desde los amplificadores y no se puede hacer más que entrar al remolino a repartir golpes. En una de las noches más catárticas en lo que va del año, se puede afirmar con felicidad que la fe ha sido restaurada. Slayer hasta la muerte.

Por Sebastián Zumelzu

Foto por Jerrol Notes

Setlist

  1. Repentless
  2. The Antichrist
  3. Disciple
  4. Postmortem
  5. Hate Worldwide
  6. War Ensemble
  7. When The Stillness Comes
  8. You Against You
  9. Mandatory Suicide
  10. Fight Till Death
  11. Dead Skin Mask
  12. Captor Of Sin
  13. Die By The Sword
  14. Chemical Warfare
  15. Seasons In The Abyss
  16. Hell Awaits
  17. South Of Heaven
  18. Raining Blood
  19. Black Magic
  20. Angel Of Death

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1 Comentario

1 Comentario

  1. RocKdrigO VII

    10-May-2017 en 4:53 am

    Es verdad que Slayer ya no es lo mismo que antes y lo mismo le ha pasado a Iron Maiden, Kreator y para que decir Metallica.

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The Offspring, Eterna Inocencia y BBS Paranoicos: Final de fiesta

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The Offspring

Es imposible no pensar en el contexto antes de plantearse cómo hablar de un show realizado en medio del avance del SARS-CoV-2, coronavirus que deriva en la enfermedad COVID-19, hoy una pandemia global. Es difícil no pensar en la ineptitud de las autoridades que, pese a la tardanza del virus en llegar a Chile, aún no toman las decisiones que podrían evitar un contagio a niveles terribles. Así, no es extraño que el show de The Offspring en nuestro país sí pudiera realizarse, aunque en la previa hubo múltiples cuestionamientos. La industria del entretenimiento está sufriendo en todo el mundo y, al final, este fue el último concierto quizás hasta cuánto tiempo más. Y eso está bien, y es lo correcto, por culpa de un virus que no ataca con fuerza a quienes van a eventos así, sino a los adultos mayores.

Sin embargo, este cierre de fiestas, pese a tener tanto en contra y tanto que analizar fuera del escenario, en el lugar donde la gente pone sus oídos, ojos, cuerpos y corazones, lo cierto es que presentó tres bandas que exploraron los lados más brillantes del punk, de todo lo que significa, ya sea el compromiso social –como hizo Eterna Inocencia–, con la rabia del pleno acto de vivir como hace BBS Paranoicos, o desde el lado de disfrutar el sonido como The Offspring. En una extraña burbuja con forma de cúpula como es el Movistar Arena, pudimos ver una comunidad unida, sin temores a una pandemia mundial. Y es que la fiesta fue completa para quienes asistieron, pese a la postal de personas con mascarillas (que se supone no sirven para enfrentar un posible contagio) o también las noticias que llegaban de la suspensión de múltiples eventos y actividades productivas del país, anticipándose a las autoridades, las grandes perdedoras de cualquier jornada en los últimos meses.

BBS Paranoicos abrió con puntualidad los sonidos a las 17:45 hrs., y lo hizo con “Sin Salida”, “Mis Demonios” y “La Rabia”, una triada que en poco más de cinco minutos dejó en claro el espíritu que inundaría la siguiente hora de música, que de forma exacta iba hilvanando canciones de furia, desesperanza o reafirmación del ser, como “Sanatorio”, “Mentira” o el hit “Ruidos”. En medio de eso, la gente saltaba al son de “el que no salta es paco” o de los gritos de “Piñera conchetumare, asesino, igual que Pinochet”. La banda respondía diciendo que era clave ir a votar, mientras lucían sus poleras negras con la leyenda “#APRUEBO” por delante, dejando su tradicional logo por la espalda.

Aunque el micrófono de Omar Acosta no tenía mucha claridad –algo que hacía que se perdieran parte de las letras–, la interpretación en todo sentido funcionaba perfecto. “Como Una Sombra” o “Calla y Espera” retumbaban mientras ya se pasaba de un millar a varios miles de personas en Movistar Arena. La parte de adelante fue siempre la más entusiasta y, aprovechando el espacio, incluso hubo un circle pit que probablemente contravino cualquier recomendación de distanciamiento social por el coronavirus, pero que a quienes estuvieron ahí no les importó. Igualmente, se hacía rara esa sensación de ver un show con tal nivel de compromiso social y, a la vez, notar que las ganas de formar parte del momento podían ser contraproducentes respecto a la salud pública. De todas formas, una hora después, tras el doblete entre “Irreparable” y “No Lo Veo Como Tú”, se cerró no sólo un show tremendo de BBS Paranoicos, sino también el inicio de esta extraña, pero potente jornada de punk.

La continuación no iba a ser menos fuerte con Eterna Inocencia. La banda argentina, que hace de la consigna social parte de las historias que cuentan, se atrasó cinco minutos de lo que supuestamente debía ser el inicio del show, aunque eso no mermó en la vibra de la gente o de los músicos. Nuevamente sería el micrófono del vocalista principal el que generaría problemas, esta vez dejando en un nivel más bajo del necesario a Guillermo Mármol, cuya labia es importantísima en cada track que se despachó, desde “Viejas Esperanzas” o desde “A Los Que Se Han Apagado…”. Lo más impactante de lo que hace el quinteto es cómo logran el sonido que tienen, que los acerca más a Bad Religion en la pulcritud que a conjuntos más desprolijos que ven en lo instrumental algo secundario. Sí, las letras y las convicciones de Eterna Inocencia son algo que los acerca al público y a una sociedad completa, con “La Risa De Los Necios” –dedicada al “cura obrero”, Mariano Puga– o “El Guardián” como ejemplos de ello. Pero también hay espacios como el instrumental después de “Le Pertenezco A Tus Ojos…” que dejan en claro cómo EI es muchísimo más en vivo que en estudio.

Episodio aparte fue el freno que la banda le dio al show por más de cinco minutos con el fin de que la gente amontonada dejara espacio para que atendieran a un chico que estaba con problemas de salud en la multitud. Cerrando con “Weichafe Catrileo”, canción inequívocamente destinada a la lucha en la que, pese al desvío lamentable que presenta la pandemia del nuevo coronavirus SARS-CoV-2, sin duda que continúa, y que tras más de una hora de fuerza escénica también se pudo compartir con las grandes letras e interpretación de una banda de punk que es mucho más que eso a estas alturas para sus fans en nuestro país.

Cuando el reloj marcaba las 21:00 horas en punto, el recinto bajaba sus luces y las trompetas características de “Pretty Fly (Reprise)” –canción que cierra el icónico “Americana” (1998)– daban inicio al número estelar de la jornada. Y es que, luego de la enérgica rendición de los clásicos “Americana”, “All I Want” y “Come Out And Play”, no cabía duda de que los fanáticos de The Offspring ansiaban un baño de nostalgia tras casi cuatro años de espera y del reagendamiento dado por la contingencia en el territorio nacional. El triplete, ovacionado y disfrutado por los presentes hasta con bengala incluida, dejó en evidencia el excelente estado de la banda gracias a una perfecta ecualización que reverberó sin problemas en el globo. Tras dicho inicio, Dexter bromeó que este sería “probablemente el último concierto en el hemisferio occidental” y que, a pesar de todo, no podían cancelar tan especial reencuentro. El vocalista finalizó su humorística intervención no sin antes recomendar evitar el contacto físico para prevenir cualquier contagio relacionado a la pandemia que acecha al mundo por estos días.

Pausando el repertorio típico por algunos momentos, el cuarteto estadounidense presentó “It Won’t Get Better”, una de sus más recientes creaciones, ante una respetuosa audiencia que apoyó con palmas cuando la canción y los músicos lo requirieron. Luego, volvieron al ruedo con “Want You Bad”, “Session”, “Original Prankster” y “Staring At The Sun”, hitazos que encendieron al público y lo llevaron a iniciar diversos –y poco recomendados– mosh pits a lo largo de la sección. La voz de Dexter merece mención aparte, pues, a pesar de los años, llega a los tonos requeridos por la selección y es capaz de interpretar con la fuerza que una agrupación de este estilo demanda. Al finalizar un diálogo que sólo The Offspring puede llevar a cabo a la perfección, haciendo chistes sobre cómo Dexter, aparte de ser el liricista principal de la banda, también tenía un doctorado en virología, llegando a la hora de los covers. Y es que, tal y como lo reconocieron en el escenario, no habría grupo sin Ramones o sin la influencia de los hermanos Young.

Una vez terminado el homenaje, los norteamericanos versionaron sus tradicionales “Bad Habit”, “Gotta Get Away” y una emotiva “Gone Away” en piano, la que demostró el correcto estado vocal de Holland y constituyó una mezcla perfecta entre aterciopelados tonos de sensibilidad y el estruendo característico de la banda hacia el ocaso del tema. Luego, los éxitos insignes de la banda “Why Don’t You Get A Job?”, que incluyó unas pelotas plásticas de colores para interactuar con los fans, “(Can’t Get My) Head Around You”, “Pretty Fly” y “The Kids Aren’t Alright” sentaron precedente de que la potencia del grupo sigue incólume tras 34 años de carrera. Hacia el epitafio del periplo, y a modo de encore luego de un par de minutos de reposo, retornaron al escenario para finalizar con dos clásicos y un inesperado tributo a Pennywise, quienes tuvieron que restarse del evento a última hora dada la alerta de salud mundial. Cerrando con “You’re Gonna Go Far, Kid”, “Bro Hymn” y “Self Esteem”, The Offspring le puso broche de oro a una icónica noche en Movistar Arena, lugar que marca un hito de masividad en la historia del grupo en cuanto a conciertos en nuestro país.

Tomando las palabras de Holland en los últimos minutos del show, es menester mencionar que este fue, probablemente, el bastión final en un largo tiempo de eventos masivos en la industria de la música en Chile y en occidente. Sin embargo, eso no fue impedimento para el disfrute de miles de asistentes que llegaron y lo dieron todo en un espectáculo que logró llevarse a cabo de manera perfecta, pese a todos los contratiempos y dificultades que surgieron. Ciertamente, resulta muy importante tomar las recomendaciones del vocalista antes de despedirse: “Cuídense, por favor. Hasta la próxima”. Un incierto cierre temporal para el showbiz musical que promete un “hasta luego”, pero que desconoce qué tan pronto se reactivará el flujo normal y necesario de adrenalina y fervor que solamente las melodías pueden proveer a los habitantes de esta tierra.

Setlist BBS Paranoicos

  1. Sin Salida
  2. Mis Demonios
  3. La Rabia
  4. No Siento Culpa
  5. Eterno Retorno
  6. Sanatorio
  7. Mentira
  8. Ruidos
  9. Corazón Al barro
  10. Tanto Insistir
  11. Daño Permanente
  12. Recuerdos
  13. Como Una Sombra
  14. Cristales
  15. Calla y Espera
  16. El Regreso
  17. Ausencia
  18. Irreparable
  19. No Lo Veo Como Tú

Setlist Eterna Inocencia

  1. Viejas Esperanzas
  2. Encuentro Mi Descanso Aquí, En Este Estuario
  3. A Los Que Se Han Apagado…
  4. Trizas De Vos
  5. Abrazo
  6. A Elsa y Juan
  7. La Risa De Los Necios
  8. El Guardián
  9. La Mentira Sin Fin
  10. Cuando Pasan Las Madrugadas…
  11. Hazlo Tú Mismo
  12. Cartago
  13. Sin Quererlo (Mi Alma Se Desangra)
  14. Cassiopeia
  15. Le Pertenezco A Tus Ojos…
  16. Puente De Piedra
  17. Nuestras Fronteras
  18. Weichafe Catrileo

Setlist The Offspring

  1. Americana
  2. All I Want
  3. Come Out and Play
  4. It Won’t Get Better
  5. Want You Bad
  6. Session
  7. Original Prankster
  8. Staring At The Sun
  9. Blitzkrieg Bop (original de The Ramones)
  10. Whole Lotta Rosie (original de AC/DC)
  11. Bad Habit
  12. Gotta Get Away
  13. Gone Away
  14. Why Don’t Get You Get A Job?
  15. (Can’t Get My) Head Around You
  16. Pretty Fly
  17. The Kids Aren’t Alright
  18. You’re Gonna Go Far, Kid
  19. Bro Hymn (original de Pennywise)
  20. Self Esteem

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