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Sigur Rós: Suspensión de la realidad

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El fenómeno ocasionado por Sigur Rós en Chile es algo que supera cualquier escepticismo, pues, claro, a muchos les costaría creer que una banda proveniente de Islandia goce de tamaña popularidad en un país tan lejano como el nuestro. Lo concreto es que esto es real, materializándose algo que por años fue la respuesta de la gente cada vez que alguna productora local esbozaba su característico “¿Qué banda les gustaría ver en chile este año?”. Sigur Rós siempre era la respuesta, por lo que el concierto que ofrecieron la noche del 24 de noviembre fue un éxito seguro desde su anuncio hace algunos meses. Con un Movistar Arena repleto, los islandeses por fin tuvieron su encuentro con el público chileno, entregando una presentación que superó con creces cualquier expectativa posible.

Desde el momento en que la banda apareció en escena, el cálido recibimiento de la gente fue algo que se sintió de inmediato, transformándose en cómplices de cada movimiento. Una tenue luminosidad mantenía a los músicos en las sombras, mientras la música se encargaba de hacer todo el trabajo desde el momento que comenzó a sonar “Á”, marcando el inicio de una travesía por los confines más recónditos de la vida misma, dominando todos los sentidos y llevando al público a un estado de suspensión de la realidad realmente hipnotizador, algo así como un trance sonoro en esta calurosa noche de noviembre.

La importancia de la voz de Jón Þór Birgisson, más conocido como “Jónsi”, toma una total relevancia en todas las canciones, debido al deseo de transformarla en un instrumento más. Una estrategia que funciona a la perfección y expresa muy bien su intención en canciones como “Glósoli” o las extraídas de “()” (2002), “Untitled #6 (E-Bow)” y “Untitled #7 (Dauðalagið)”, cantadas completamente en vonlenska, jerga inventada por la banda para darle un significado más interpretativo a sus canciones.

Como todo estado de trance, hay momentos de altos y bajos, con espacio para la emoción y el caos, pasando de uno a otro sin previo aviso. Así, el paso de “Óveður” a “Sæglópur” reflejó el verdadero sentido de esta presentación: explorar y liberar todas las emociones escondidas, aunque fuera por unos minutos. Entre lágrimas, gritos y muchos aplausos, el respetable se entregó en cada una de las canciones, disfrutando de varios puntos importantes dentro de la discografía de Sigur Rós, tales como “Ný Batterí” o la tremenda “Untitled #1 (Vaka)”, dos composiciones muy queridas por el público local, que se sintieron avasalladoras y muy consistentes, con un sonido que rozó la perfección durante todo el concierto.

Sumado a lo anterior, el implacable papel del bajista Georg Hólm –o “Goggi”, como es conocido– junto al baterista Orri Páll Dýrason, permitieron que esa aura post rock propia en el sonido de Sigur Rós alcanzara su cúspide con los envolventes sonidos de la instrumentalización. Luego de la interpretar “Varða”, el show llegó a su fin, pero el público quería más, gritando y aplaudiendo para animar a la banda a regresar al escenario. Sigur Rós cumplió, y lo hizo de la mejor forma posible con “Untitled #8 (Popplagið)”, el broche de oro en este eterno viaje sonoro, cerrando de una manera implacable una emotiva e hipnotizante velada. Una vez que los instrumentos dejaron de sonar, la banda nuevamente se marchó, volviendo unos minutos después sólo para despedirse, agradeciendo el cariño y la enorme entrega del público con su música.

En este mundo tan acelerado y agitado en que vivimos, siempre será valorable encontrar una instancia donde poder olvidar toda la vorágine que supone el día a día. Sigur Rós tiene la capacidad de lograr eso, de suspender la realidad y llevarnos hacia otro contexto fuera de lo terrenal, dejando de lado los diálogos y entregándose al poder de los sonidos. Resulta muy complejo poder redactar en palabras lo que se sintió durante el show, ya que fue una experiencia que necesita ser vivida para poder comprender todo lo que envuelve. Es sencillo decir que fue impresionante, demoledor y emotivo, pero esos calificativos se quedan cortos con lo que realmente sucedió. Es por eso que la banda hizo su presentación sin decir prácticamente ni una sola palabra. La música habló por ellos.

Setlist

  1. Á
  2. Ekki Múkk
  3. Glósóli
  4. E-Bow
  5. Dauðalagið
  6. Fljótavík
  7. Niður
  8. Óveður
  9. Sæglópur
  10. Ný Batterí
  11. Vaka
  12. Festival
  13. Kveikur
  14. Varða
  15. Popplagið

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Festival En Órbita 2017

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Cigarettes After Sex

Cuando se realizó el festival En Órbita 2016, la gente agradeció la solidez de un cartel que contó con nombres como The Sonics, Os Mutantes, A Place To Bury Strangers, entre otros. Ahora, en su edición 2017, la tarea sería mucho más complicada, sobre todo con un cambio de recinto hasta el Planetario de Santiago, muy en onda con la temática espacial que posee el festival. Lee Ranaldo, Cigarettes After Sex, Juana Molina, Damo Suzuki’s Network, y más, dieron forma a un cartel de una variedad notable, que contó con todo lo necesario para brindar un festival de primera categoría. El recinto, ajeno a este tipo de encuentros, funcionó como un lugar agradable para disfrutar de la música, con espacios de sombra y una carpa donde los asistentes podían hidratarse, comer algo o simplemente descansar un momento de la multitud.

La jornada partió a cargo de DZ Deathrays, conjunto proveniente de Australia, quien, con su dance punk, comenzó puntualmente a despachar su atrevida y rebelde música, encendiendo los ánimos de los más entusiastas que llegaban al recinto apenas comenzaba el evento. Luego, en el Stage Skylab, los nacionales Miss Garrison sonaron impecables como siempre, siendo la banda encargada de abrir el proscenio que se ubicó en la parte trasera del Planetario.

Por su parte, la presentación de Holy Wave mantuvo la atención de quienes ya se encontraban ahí, así como los que empezaban a llegar al lugar, con un show enfocado en su álbum “Freaks Of Nature” lanzado en 2016. Después de que The Ganjas arrasara con su potente entrega en el escenario, el Sputnik Stage recibió a nada más y nada menos que Damo Suzuki, el histórico músico nipón, conocido principalmente por su corto período junto a los legendarios Can, banda insigne de la escena germana en los setentas. Con una propuesta que apostó por los sentidos y un constante estado de trance, el músico entregó una selección de melodías y sonidos propios de su particular propuesta, donde las canciones toman una forma independiente de lo que cualquiera podría esperar. En esta, su segunda ocasión en nuestro país, Suzuki demostró por qué es un lujo verlo en vivo, más aún en una instancia tan especial como este festival.

Directo desde Montreal, Canadá, Les Deuxluxes desató la locura en el Stage Skylab, gracias a las potentes melodías en tonalidad garage que despachó Etienne Barry, quien tocaba la guitarra y batería al mismo tiempo. Con la poderosa calidad vocal de Anna Frances Meyer, este dúo hizo sonar sus canciones como si fueran interpretadas por una banda completa, llenando de rock el festival en una de las presentaciones más destacadas de toda la jornada.

Ataviados en unos sombreros de vaqueros, Night Beats repasó parte de sus tres álbumes de estudio, con un sonido muy ligado al garage, la psicodelia y el desenfreno instrumental. Pese a ser oriundos de Seattle, la banda incorpora elementos de la psicodelia texana, ese rock árido y profundo radicado en la figura de su vocalista, Danny Rajan, también conocido con el seudónimo de “Lee Blackwell“.

Uno de los momentos más esperados de la tarde fue el debut en nuestro país de Parquet Courts, quienes venían precedidos del excelente álbum “Human Performace” (2016), y lo ya comentada que es su tremenda calidad en vivo. Con “Dust“, “Human Performance” y “Outside“, la banda arrancó una presentación que privilegió el ruido de las guitarras, mezclando esa clásica fórmula del loud quiet loud, proveniente de agrupaciones como Pixies, junto con la pendenciera actitud propia de las calles de Brooklyn, vecindario de origen del cuarteto. “Borrowed Time” desató el baile y algunos pequeños mosh pits en el público, llamando la atención de quienes pasaban por ahí, incluyendo al propio Lee Ranaldo, que subió a ver el show desde un costado del escenario. Con “Sunbathing Animal” como uno de los golpes finales, Parquet Courts finiquitó su breve, pero incendiario debut, esperando tenerlos de regreso muy pronto en un recinto más íntimo.

Siempre es bueno ver propuestas musicales tan tremendas como la de Juana Molina, y más aún cuando se trata de música proveniente de este lado del continente. La compositora argentina fue anunciada como uno de los números más grandes de En Órbita, por lo que llamó agradablemente la atención el hecho de que se presentara en el espacio que comprendía el Stage Sputnik, entre las 21:00 y 22:00 horas. Extraídas desde “Halo” (2017), las canciones “Cosoco“, “Cara de Espejo” y “Estalacticas” fueron las primeras pinceladas de Molina, quien, con una configuración más bien minimalista (comprendiendo un teclado y una batería, aparte de ella y su guitarra), entregó una revisión a la electrónica y el indie pop, con un sello diferente y muy propio de su forma de tocar en vivo.

Qué bueno poder ver una variedad más grande en este tipo de festivales, donde pareciera que la música en español queda relegada a los momentos en que el sol pega más fuerte, dando poca oportunidad a que artistas latinos puedan ocupar espacios de headliner como muchas veces lo merecen. Por suerte, Molina pudo contar con ese privilegio, con canciones como “Lo Decidí Yo“, “Un Día” o “Lentísimo Halo“, manteniendo la atención de una gran cantidad de espectadores que se acumularon para ver su presentación, la que fue rematada con “Sin Guía, No“, dejando contentos a sus fans y, seguramente, a los nuevos seguidores que consiguió luego de show.

Su presentación el pasado jueves sirvió como antesala a lo que se viviría en el festival, por lo que Lee Ranaldo nuevamente entregaría una selección de composiciones en formato acústico. Como se trató de una instancia más masiva, el músico esta vez estuvo acompañado de diversas visuales de fondo, con una cálida tonalidad roja que salía de las pantallas tiñendo todo el espacio. “Moroccan Mountains” nuevamente fue la encargada de iniciar el set, el que esta vez obtuvo un cambio en su orden, así como la adición de otras composiciones. La estridencia desde las seis cuerdas retumbaba en todo el patio del Planetario, mientras Lee interpretaba canciones como “Uncle Skeleton“, “Circular (Right As Rain)” o “Electric Trim“, todas provenientes de su último trabajo de estudio.

Luego de la coreada “Off The Wall“, pedida constantemente por quienes presenciaban el show, Ranaldo sorprendió a todos con “New Thing“, presentada como su canción sobre el internet, donde el músico hace un repaso a la nueva sociedad en que vivimos, con redes sociales y la predominante importancia de los likes, así como de la aprobación general de las personas. El estado de éxtasis sonoro en el que Lee se encontraba en la sección instrumental de aquella canción, sirvió perfectamente como el paso natural hacia “Thrown Over The Wall“, el remate habitual de su setlist, que esta vez contó con sólo una canción más en comparación a su presentación en solitario.

El evento principal del día era el debut de Cigarettes After Sex, proyecto del músico Greg Gonzalez, que vino a presentar su disco homónimo lanzado este año, bajo la calurosa noche santiaguina. Fue realmente un agrado escuchar parte de las composiciones presentes en este trabajo, más aún si consideramos el hecho de que este haya sido lanzado tan solo en junio pasado. El ambiente al aire libre sirvió como el contexto perfecto para dejarse llevar por toda la pasividad de “Sunsetz“, “Young And Dumb” o “I’m A Firefighter“, adornadas con la dulce voz de Gonzalez, cuya interpretación reflejó la efectividad de su música en situaciones como esta.

Con el marco de público más amplio de toda la jornada (muchos asistentes llegaron sólo a ver el show de la banda), Cigarettes After Sex demostró por qué se encuentran presentes en los festivales más destacados del mundo, gracias a su instrumentalización cercana y que profundiza en el sentimiento de intimidad, muy ad hoc con el nombre del proyecto. Cada minuto del show valió la pena, y eso lo sintieron todos quienes esperaron por cantar y escuchar en vivo canciones como “Affection“, “Nothing’s Gonna Hurt You Baby” o “Dreaming Of You“, canalizadoras de emociones y acompañamiento perfecto para el cierre bajo el cálido abrigo de la noche.

Es importante mantener vivas este tipo de instancias, donde tenemos la oportunidad de disfrutar un cartel con muchos nombres que siempre valdrá la pena ver en vivo. Ahora, En Órbita debe replantearse en miras de su próxima versión, donde esperamos puedan sorprender con un cartel tan sólido y variado como el que vienen entregando hasta este momento. Hay festivales para que la gente lo pase bien, así como hay otros para que se luzcan en los diferentes stands de las marcas, pero también están los que son para oír y apreciar la música, algo que es comprendido y muy respetado por quienes asisten. En Órbita afortunadamente cae en esa categoría; en efecto, ya lleva dos años cayendo en ella, por lo que es importante mantener el espíritu de una jornada que está hecha para apreciar y disfrutar lo más destacado en cuanto a calidad musical, además de descubrir y profundizar en proyectos que no son tan conocidos para el público casual.

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