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Secret Chiefs 3: El retorno a casa

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El regreso de Trey Spruance y sus “Jefes Secretos” no pudo ser más afortunado. Se dieron el lujo de hacer una aparición especial en el Velódromo del Estadio Nacional, como parte del evento “Un Canto Para No Olvidar”. Dieron un concierto en El Huevo de Valparaíso, que según los comentarios, fue una locura, cortesía de un público enfervorizado, donde incluso pudieron divisarse unos frenéticos stage divings. Por último, la banda regresaba al recinto de Santiago, que un 2 de diciembre del año 2010, los vio debutar en un show que dejó a todos con la boca abierta. Con el antecedente de su presentación en la ciudad porteña, las expectativas para este retorno estaban por todo lo alto. Y se cumplieron.

Pocas veces se puede ser testigo de un show que supere con creces a un debut increíble. A pesar de que la puesta en escena se mantenía idéntica a la presentada hace dos años, el aire que se respiraba era distinto. Trey lo mencionó en la conversación que mantuvo con HumoNegro: “Cuando vas por primera vez a un lugar, muchos van porque te asocian con Mr. Bungle, y si no les gusta el show, no van a volver a verte. Cuando vas por segunda vez, es algo más de un grupo de personas, que conoce la música y va a ver lo que haces con la banda.”, y dio completamente en el clavo. Si bien, la asistencia fue menor a la de su visita anterior, esta vez el público era el de Secret Chiefs 3. Puede sonar anecdótico, pero llamó profundamente la atención, no escuchar a nadie entre medio del concierto gritar: “¡Mr. Bungle!”. En cambio, se sucedían solicitudes de canciones y el nombre de la banda. Lo reitero, el aire que se respiraba era distinto.

Sobre el escenario yacían instalados los sintetizadores, guitarras y batería. Una puesta en escena sobria, acompañada de un impecable set de luces, dejaban el peso de la presentación a los músicos, quienes salieron a escena a las 21:20, vistiendo sus usuales túnicas, para tomar sus puestos y comenzar con “Zombievision”, pegada al cover de John Carpenter, “Personnae: Halloween”, reversión del tema principal del slasher ochentero “Halloween”, encargado de abrir cada uno de los shows de la gira sudamericana.

Los temas más reconocibles de su trabajo, comenzaron a hacer acto de presencia con las enigmáticas “The15”y “Fast”, en esta última brillaron las virtudes del baterista Ches Smith, que sobre el escenario, es una maquina brutal y precisa. Trey nos había comentado sobre lo orgulloso que estaba de la formación de músicos con la que se iba a presentar. La verdad es que el combo conformado por Matt Lebofsky (teclados), Toby Driver (bajo), Ches Smith (batería) y, el único que no vistió túnica, Timb Harris (violín), demostraron el porqué del beneplácito del norteamericano, con unas interpretaciones implacables.

El ambiente de exotismo, se mantenía con “The 4 (Great Ishraqi Sun)”, para pasar a un medley del disco “Le Mani Destre Recise Degli Ultimi Uomin” (2009), momento en que los sintetizadores instalaron una atmósfera casi esquizoide, donde se sucedieron una serie de composiciones de ese disco, las cuales se superponían entre sí, creando un momento tenso e hipnótico.

Desde “Book M” (2001), llegaba una versión más orgánica y ruidosa que la de estudio de “Vajra (Rat Puriya)”, seguida de “Combat For The Angel”, del mismo álbum. Estas dos composiciones marcaron puntos álgidos dentro de la presentación, al extender  su duración, otorgando el espacio para que los músicos hicieran de las suyas, en pasajes instrumentales que dejaron a todo enmudecidos.

Llegaba un nuevo cover de película, “Radar (The Day the Earth Stood Still)”, revisitando el clásico de la ciencia ficción, fue sucedida por la melancólica “Sophia’s Theme”. Luego llegó la animada “Bereshith”, para regresar a los sonidos del medio oriente con “ Tistriya”. Con todos los aires de épico Western sonó la emocionante “Book T: Exodus”. Los aplausos y gritos de los presentes clamaron en éxtasis. Una reverencia por parte de los músicos y vivíamos el primer encore de la jornada.

Ante el clamor popular, Trey y los suyos vuelven al escenario, esta vez acompañados por la solista nacional Camila Moreno, para interpretar su canción “Millones”, una versión con todo el toque “Secret Chiefs” y que estuvo marcada por el histrionismo de la cantante, quien dejó todo en el escenario, incluso realizando unos acoples entre su micrófono y el retorno. Una grata sorpresa que fue agradecida por los presentes, quienes siguieron festejando de la mano de “Saptarshi”.

Segundo encore, que fue conseguido gracias a la insistencia de los fanáticos, que obligaron a los músicos a reunirse en medio del escenario para planear su último movimiento, que estuvo compuesto por “Balance Of The19”, y la “playera”, “Labyrinth Of Light”.

Una ovación de pie para una banda mágica. Trey Spruance logra romper las dimensiones sonoras y transpórtanos por senderos misteriosos. Debemos sentirnos afortunados, porque a juzgar de las sonrisas en los rostros de la banda y la respuesta que obtienen de sus fanáticos en Chile, podemos concluir que Secret Chiefs 3, ya es parte de la casa, y retornó a lo grande con un show impecable, emocionante y sobrecogedor. Un lujo.

Setlist

  1. Zombievision
  2. Personnae: Halloween (Cover de John Carpenter)
  3. The 15
  4. Fast
  5. The 4 (Great Ishraqi Sun)
  6. Medley (Le Mani Destre Recise Degli Ultimi Uomini)
  7. Vajra (Rat Puriya)
  8. Combat For The Angel
  9. Radar (The Day the Earth Stood Still) (Cover de Bernard Herrmann)
  10. Sophia’s Theme
  11. Bereshith
  12. Tistriya
  13. Book T: Exodus
  14. Millones (Cover de Camila Moreno, con Camila Moreno)
  15. Saptarshi
  16. Balance Of The 19
  17. Labyrinth of Light

Por Sebastián Zumelzu

Fotos por Praxila Larenas

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Andrés González

    17-Abr-2012 en 2:44 pm

    Fue increible haber estado ahí, disfrutar de un show alucinante, en un espacio perfecto y con músicos de la talla de SC3. Aparte de agradecer su calidad musical, se agradece su calidad como personas, ya que al terminar su show y al salir del teatro, su violinista Timb Harris accedió a compartir con la gente que estaba esperando alguna foto o autógrafo y posteriormente, Trey Spruance hizo lo mismo con los poco más de 15 fans que lo esperaban. Grandes SC3!!!

  2. druged

    17-Abr-2012 en 5:22 pm

    Extrasensorial. Mi única queja es lo demasiado alienado que se le notaba a Toby Driver a ratos. Es un tipo fenomenal, creo que no se hizo justicia a sí mismo.

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Bush + Stone Temple Pilots: Las fuerzas de la historia

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Cuando nos enfrentamos a una noche donde hay dos bandas relevantes, cuyo apogeo parece estar instalado hace décadas, la gran pregunta es por qué se siguen moviendo estos proyectos más allá de la nostalgia qué puede motivar a las bandas a continuar. Dos vertientes muy diferentes, pero a la vez complementarias, es lo que se pudo ver en la noche del 21 de febrero en un Teatro Caupolicán repleto que vivió una noche de rock tradicional, hits indelebles y también diferentes maneras de ver cómo evolucionar.

Antes, con puntualidad extrema (como ocurrió toda la jornada) se paró en el escenario la banda Randy Watson, que pese a que no tiene tanto ruedo discográfico y se presenta como una “nueva” agrupación, destila experiencia y potencia en el escenario. En 20 minutos lograron una reacción inmediata de la gente que ya a esa hora ocupaba más de la mitad del recinto de calle San Diego. Su rock es potente, recuerda al estilo alternativo de los 90’s pero también tiene quiebres más contemporáneos. Si estos son los primeros pasos del retorno de esta banda (que por los inicios de la década sacó su primer material), habrá que esperar qué viene, y si en estudio pueden replicar esa energía contagiosa que ya muestran.

Otra banda nacional recibida de gran forma por el público fue Temple Agents, que siempre en estas ocasiones de abrir para bandas muy reconocidas sale jugando con maestría, pese a que los problemas de sonido con el micrófono de Ale Solar pudieran haber quitado un poco de atención en las canciones. Su potencia es innegable, aunque resulta extraño que, pese a grandes ocasiones y grandes presentaciones, todavía aparente ser tan lejano este nombre. Quizás a Temple Agents le pesa cantar en inglés, pero al mismo tiempo es parte de esas gracias que les hacen tener un look y presentación de nivel internacional, y ello merezca más reconocimiento, en especial por su capacidad en el escenario.

Bush: Hacia adelante, sin miedo

En una entrevista con nuestro medio (que pronto publicaremos), Gavin Rossdale dice que es un “músico trabajador”, reconociéndose como parte de una clase, más allá de talentos o de méritos. Lo que le llena el alma es hacer música y mostrarla, sea a través de Bush o de otros artistas, y es esa apertura la que queda de manifiesto desde las 21:23 hrs. en adelante, en un set que pese a descansar mucho en “Sixteen Stone” (1994), su primer álbum, al mismo tiempo es capaz de mostrar cómo la banda continúa hacia adelante, sin temores.

El pilar de lo que hace la banda es Gavin, sin duda. El tipo se mueve con la prestancia y atractivo en escena que desearía tener Adam Levine y la voz que muchos de la mitad de su edad quisieran mantener. Desde temas más antiguos como “Machinehead” hasta la más nueva del set, “This Is War”, Rossdale entrega movimiento, intensidad y alegría a cada uno de sus movimientos. La banda que lo acompaña, además, es impecable, y suena perfecta desde el primer momento. Eso es algo que no cambiará a lo largo de la jornada, mientras Gavin habla en su español sorprendentemente fluido con un público que, quizás pudo haber llegado en su mayoría a ver a Stone Temple Pilots, pero que se entregó a la experiencia de Bush.

Esta segunda etapa de Bush, que apretó el botón de reinicio en 2010, lleva casi lo mismo que esa que comprendió de 1992 a 2002, y quizás no ha entregado singles memorables, pero ha permitido consolidar a una agrupación demasiado empantanada por el sonido de los tiempos, y darle sus propios matices y, más importante, sanearla de nostalgias sonoras. Una cosa es cantar “Greedy Fly” o “Everything Zen” 20 años después, y otra muy diferente es hacerlo copiando y pegando entre un tiempo y el otro. Es ese error el que Bush evita a toda costa, sin traicionar el momentum propio de las composiciones, y ahí es donde se le puede creer a Gavin: el respeto a la canción es digno de un obrero de la música, y esa devoción a la obra es algo que corre con fuerza en cada etapa de ese viaje.

Entremedio, como en cada periplo, hay baches, y en este caso tuvo que ver con un conato que Gavin tuvo con un asistente en platea baja, quien al parecer tenía un ánimo violento, y que Rossdale intentó calmar, encontrándose con un muro de condescendencia por parte de este miembro del público. Ya nos decía Gavin en la mañana del concierto que intenta no pescar lo que dicen los haters, pero que cara a cara la situación era otra, y así fue. El muchacho se fue, golpeando a su paso a gente del público, un episodio ridículo donde se confunde la “actitud rockera” con la lisa y llana estupidez. Algo irónico luego de tocar un tema llamado “Everything Zen” para dar paso a otro llamado “Let Yourself Go”. Literalmente, Gavin invitó a ese furioso “fan” a dejarse ir.

Tras “Swallowed” y un coro rotundo del público, Gavin se fue a la mitad de “Little Things” bajando a la barricada que separa la cancha del escenario, y luego salió de la vista de la gente para volver en la galería del Caupolicán y transitar por todo el ancho de las plateas cantando y sacándose selfies al paso con algunos, y siendo tocado por otros muchos. Una locura que más tarde sería copiada pero no igualada. Era la invitación a estar todos juntos, como decían Los Jaivas, y también The Beatles en “Come Together”, corte del álbum blanco que Bush cubrió antes de rematar con “Glycerine”, donde Gavin a pura guitarra primero hizo cantar a la gente, y rematando con “Comedown”, directo en el corazón de la nostalgia. En vez de apelar a sonar al pasado, Bush suena a presente, y así proyecta su futuro, con una energía envidiable, que por 80 minutos llevó a un teatro repleto a vivir todos los tiempos, mirando hacia adelante, sin auto plagios ni mentiras, derivando en un gran show.

Stone Temple Pilots: Completando el círculo 

Quienes no buscaban sorprender ni mostrar vigencia fueron Stone Temple Pilots, que pese a ser el plato fuerte de la noche, cayó un poco en el ejercicio de ser opacados por Bush y su excelente presentación, algo similar a lo ocurrido con The Hives eclipsando a Arctic Monkeys en su recordada visita de 2014. Puntual como todo lo que se vivió en la noche, Stone Temple Pilots entró a escena sin mayores presentaciones, abocándose directo a la música con “Wicked Garden” y “Crackerman”, canciones que de inmediato encendieron los ánimos de un público que iba decidido a pasarlo bien, sin importar que la encarnación de la banda arriba del escenario no sea la misma que los hizo famosos. Eso, en el papel, ya que desde el look a los movimientos de Jeff Gutt emularon durante toda la noche a Scott Weiland, algo que podría ser bueno o malo dependiendo el punto de vista que se mire, pero que, a la larga, sirvió como un buen efecto placebo para no caer en cuenta de que la voz que retumbaba en cada rincón del teatro no era la misma que instaló estas composiciones en la memoria colectiva.

A fin de cuentas, lo que STP hace en el escenario es una continuación natural de la carrera de la banda, como si se tratara de empujar un legado estrictamente musical en vez de reposar en la figura de su fallecido frontman. Lo anterior, es una ventaja para el conjunto, ya que se omiten clichés casi obligatorios de las bandas reformadas como el recuerdo a los que ya no están, dedicar alguna composición emotiva a un ex compañero, o el típico “esta noche es para *inserte nombre de fallecido*”, lo cual seguramente era lo que muchos esperaban durante la noche, pero lo más cercano de eso fue la presencia de Jeff Gutt como una especie de cuerpo poseído por el espíritu rebelde y lleno de actitud que tenía Scott Weiland en sus mejores años. Por supuesto, no hay necesidad de quitarle mérito al vocalista, ya que su interpretación es lo que más refuerza una banda que siempre ha sonado perfectamente arrolladora, y eso lo demostró a la hora de despachar clásicos del catálogo del cuarteto como “Bing Bang Baby” o “Plush”, cuya interpretación semi a capella en la primera parte generó uno de los momentos más lindos de la velada.

Y si la noche estaba dispuesta para la nostalgia, las canciones del nuevo álbum homónimo de la banda debieron pasar a segundo plano, con las igualmente tremendas “Meadow” y “Roll Me Under” como las únicas presentes dentro del set. Aquí es donde fue posible notar la gran calidad vocal de Gutt y su entrega hacia el espectáculo, recorriendo toda la cancha del Caupolicán mientras recibía el cariño y los flashes de la gente a medida que los hermanos DeLeo junto a Eric Kretz echaban abajo el escenario con su implacable forma de tocar rock. Si bien Gutt es quién conduce la fiesta, se nota de manera indirecta que es Robert DeLeo junto a su hermano Dean quienes lucharon contra la corriente para sacar la banda adelante en tiempos tan adversos como los que han vivido. “Interstate Love Song”, una de las favoritas de la gente, permitió que los hermanos notaran lo que querían: el público no los olvida y sus canciones siguen sonando tan fuerte como antes.

El show avanzaba hacia el final y llegaban las canciones “Dead And Bloated” y “Trippin’ On A Hole In A Paper Heart” para dar el punto final, cerrando así un círculo que se completaba con la banda volviendo a sus orígenes, ya que, como se notó en varias ocasiones, la figura de Jeff Gutt emuló a un Weiland en sus mejores años, casi como volver en el tiempo a los días en que STP era una de las bandas más comentadas dentro de la escena del grunge y el rock alternativo de los años noventa. “Sex Type Thing” fue la que finiquitó definitivamente un nuevo paso del conjunto por nuestras tierras, el tercero, pero a la vez el primero con esta nueva encarnación que pasó la prueba de cumplir con las expectativas y exigencias que requiere un catálogo tan nutrido y poderoso como el de los oriundos de San Diego, California.

Solo el tiempo dirá si esta alineación puede seguir adelante con éxito, pero al menos con lo demostrado anoche se puede entrever que así será. Tanto Bush como STP tuvieron la tarea de sacar adelante un legado que para el mainstream podría haberse quedado estancado en el tiempo, pero demostraron vigencia y sobre todo respeto por una carrera que dio muchos frutos y que sigue estando latente dentro del corazón de sus seguidores. Puede que ambos sean actos de nostalgia, pero cuando esa nostalgia se expresa tan bien como en sus mejores años, no se siente como tal. Aquí no hubo auto parodias ni músicos en caída libre en cuanto a interpretación o entrega en escena, sino que más bien las energías propias de este segundo aire que las dos agrupaciones tuvieron. Los años podrán seguir pasando, pero el talento, la entrega y el deseo de seguir tocando impecablemente quedará siempre, sin tener que contar con manchas oscuras dentro de tan preciado legado musical.

Setlist Bush

  1. Machinehead
  2. The Sound Of Winter
  3. This Is War
  4. The People That We Love
  5. Greedy Fly
  6. Everything Zen
  7. Let Yourself Go
  8. Swallowed
  9. Little Things
  10. Come Together (original de The Beatles)
  11. Glycerine
  12. Comedown

Setlist Stone Temple Pilots

  1. Wicked Garden
  2. Crackerman
  3. Vasoline
  4. Silvergun Superman
  5. Big Bang Baby
  6. Big Empty
  7. Creep
  8. Plush
  9. Meadow
  10. Interstate Love Song
  11. Roll Me Under
  12. Dead And Bloated
  13. Trippin’ On A Hole In A Paper Heart
  14. Sex Type Thing

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