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Scorpions: La despedida del huracán

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La vida suele dar segundas oportunidades, y es precisamente bajo esta consigna que los alemanes de Scorpions decidieron extender su gira de despedida, abriendo la posibilidad de que los fanáticos en Chile, que se perdieron su show de 2010, puedan ser testigos privilegiados de la que seguramente será la última presentación en nuestro país de una de las bandas insignes del hard rock a nivel mundial. Resulta conveniente recordar que a principios de 2010 el quinteto anunció la disolución de la agrupación tras más de cuatro décadas de trayectoria y diecisiete álbumes de estudio, los que vendieron la no despreciable suma de 160 millones de discos en todo el mundo, consagrándose como una de las bandas de rock más importantes de la historia.

Coincidentemente, hace exactos dos años, el Movistar Arena albergaba lo que a todas luces se presentaba como la despedida de Scorpions de los escenarios nacionales, sin embargo, el cariño del público y la resignación de la banda por abandonar las pistas, los motivaron a realizar una segunda parte de la gira que marcará el punto final de su carrera (Final Sting World Tour). El recinto y los protagonistas son los mismos que en 2010, y probablemente varios de los miles de fanáticos que empiezan a tomar ubicación en el Arena se están repitiendo el plato. Un público mixto, varias generaciones unidas en un evento que se presume memorable, y donde destaca la gran cantidad de seguidores jóvenes, quienes probablemente ni siquiera habían nacido cuando Scorpions tuvo su etapa más exitosa. De a poco se empieza a configurar el marco perfecto, para el último show de los poseedores de algunas de las baladas rock más significativas de la historia.

En el escenario destacan tres pantallas gigantes, la batería doble bombo de James Kottak y una pasarela frontal que se introduce en la cancha. Ya sobre la hora se produce una evidente discordancia entre la convocatoria de la cancha VIP versus el resto de los sectores, mientras las plateas (alta y baja), y la cancha general se encuentran con escasas ubicaciones disponibles, el sector preferencial se presenta muy por debajo de la mitad de su capacidad. Bastan tan sólo diez minutos de retraso para que el respetable comience a perder la paciencia y los silbidos de reprobación no se hacen esperar, los cuales sólo se acallan a las 21:25 hrs. cuando se apagan las luces en el Movistar Arena, anunciando el comienzo del show.

Las primeras imágenes que se despliegan en pantalla corresponden al mítico US Festival de 1983, que se llevó a cabo en San Bernardino, California. “Sting In The Tail”, uno de sus más recientes éxitos, es el encargado de abrir la presentación, no logrando motivar a los fanáticos, contando sólo con el apoyo de algunas escasas voces que acompañan la canción. De la mano de “Make It Real” se comienzan a evidenciar los primeros problemas técnicos, en donde la voz de Meine no logra resaltar por sobre los instrumentos, haciendo que sea poco nítida y que se escuche débil. El show sigue sin levantar vuelo, y el frontman así lo percibe, que con un potente “¡Buenas noches, Santiago!” busca sacar al público de su momentáneo letargo. Durante los coros de “Is There Anybody There?” los asistentes ya se empiezan a notar más participativos, apoyando con sus manos en alto y tratando de seguir la letra del estribillo. Toda la potencia e intensidad de “The Zoo” marca un importante punto de inflexión, llenando el recinto de fuerza y energía, en base a su clásico sonido hard rock, y las excelentes secuencias de Rudolf Schenker y Paweł Mąciwoda que se lucen en la pasarela. Matthias Jabs no se queda atrás, y no sólo despliega su indiscutida habilidad con la guitarra, sino que también maneja a la perfección el talk box. Para la instrumental “Coast To Coast” el vocalista aporta con una tercera guitarra y en una perfecta postal los cuatro músicos tocan alrededor del baterista.

A pesar de todo el vigor que imprime “Loving You Sunday Morning” el público a ratos vuelve a caer presa del sopor. Meine realiza una pequeña presentación de la gira, marcando la introducción a la primera canción lenta de la jornada, la delicada “The Best Is Yet To Come”, en donde la voz por primera vez en la noche se escucha mucho más fuerte que el resto de los instrumentos, y recibiendo la aprobación de los asistentes mediante la interpretación de los coros y el acompañamiento con las palmas. Para “Send Me An Angel” el protagonismo lo asume totalmente el sonido de las guitarras electro acústicas y su bella melodía que a estas alturas se ha convertido en un verdadero clásico. Los aplausos y la ovación caen desde todas partes del recinto, llenado el ambiente de emotividad y sensibilidad. El inicio de “Holiday” mantiene la tendencia a los sonidos más tranquilos y relajados, y los problemas técnicos que se mostraron en un comienzo, ya son parte de la historia. Una bandera chilena cae al escenario, que el vocalista utiliza como una improvisada capa. La pregunta “Are you ready to rock?” marca el inicio de “Raised On Rock”, otro de los temas de su último álbum de estudio, y que a pesar de lo duro de sus sonidos no logra encender a los fanáticos.

Promediando la mitad del show, no cabe duda que los veteranos de Scorpions todavía tienen combustible de sobra para seguir rockeando por un par de años más, no escatimando en energía para moverse por todo el escenario. Toda esta entrega incondicional se hace más que notoria en “Tease Me Please Me”, en donde el sonido de la batería y las guitarras amenaza con echar abajo el Movistar Arena. Mientras tanto, Meine regala baquetas al público para motivarlos a participar del show. En una rápida transición comienza a sonar “Hit Between The Eyes”, que destaca por su aceleración, pero que no termina por convencer. Tal como ha sido la tónica durante toda la gira, llega el turno del lucimiento personal del baterista James Kottak, que realiza una brillante demostración de manejo de la percusión y que también denota buenos atributos en el dominio de masas, generando una entretenida dinámica de participación y competencia entre los asistentes, para ver quien apoyaba con más intensidad. El punto cúlmine llega cuando muestra la parte trasera de su polera, en donde resalta el texto “Rock & Roll Forever”, frase que también lleva tatuada en la espalda. Con toda esta adrenalina, la mesa queda servida para que “Blackout” despliegue lo arrollador de su sonido.

Llega el turno de dos inyecciones de puro rock: “Six String Sting” y “Big City Night”, que aportan con una potencia que pareciese no tener límites y que permite al público estar en una mayor sincronía con la banda. Rudolf reemplaza el pañuelo que había llevado por todo el concierto, por un estiloso gorro de vaquero. El quinteto se despide de sus fanáticos, regalando uñetas y baquetas, recibiendo como respuesta el clásico: “Olé, olé, olé, olé, Scorpions, Scorpions…”, retirándose del escenario en medio de aplausos y una cerrada ovación. Al cabo de unos minutos, y ante la insistencia de todo el recinto, los alemanes regresan para interpretar una de las baladas rock imprescindibles en la discoteca de cualquier melómano. Con los primeros acordes de “Still Loving You” se desata la locura en el Arena, con miles de voces cantando al unísono cada una de las líneas de la canción, fundamentando así uno de los puntos más altos de la jornada.

Como si toda esta energía no fuese suficiente, llega el turno de “Wind Of Change”, un verdadero encuentro con la historia, y con uno de los temas más significativos de fines de los ochentas. Un himno de esperanza, en donde cada uno de los asistentes aporta con su gota de emotividad, creando una atmósfera inexplicable, que se ve adornada a la perfección por el característico silbido de Meine. Las revoluciones se mantienen en alto con “No One Like You” y los aplausos caen como una avalancha. El cierre no podría ser de mejor manera, toda la potencia de las primeras notas bastan para darse cuenta que llegó el turno de “Rock You Like A Hurricane”, y la respuesta del público no se hace esperar, interpretando cada una de las líneas, sin bajar en ningún momento la intensidad. Los aplausos y silbidos llenan cada rincón del lugar, el vocalista dedica algunas últimas palabras a los fanáticos antes de dar por terminado el show: “Chile, we love you”. La banda realiza una sentida reverencia y se pierde tras bastidores.

Independiente que en las primeras canciones hayan existido algunos problemas con el sonido, en líneas generales se presenció un show de excelente nivel artístico, fundamentado en grandes clásicos del rock que nunca pasarán de moda, e interpretados perfectamente por una banda incombustible que, a pesar de lo extensa de su trayectoria, se nota que lo siguen pasando igual de bien en el escenario. El punto negativo del show, lo marca la poca presencia de fanáticos en el sector VIP, ya que una agrupación del nivel de Scorpions se merecía un marco de público más acorde a su leyenda, quizás la solución pasaba simplemente por bajar el precio de los tickets o reducir las dimensiones destinadas a esta ubicación.

Honestamente, a pesar que todos los medios de comunicación se han encargado de recalcar que esta si será la última presentación de los alemanes en nuestras fronteras, no me molestaría estar siendo engañado y que dentro de un par de años estemos hablando de una gira de reencuentro de Scorpions. No sería la primera vez que unos rockstars se dan cuenta que no pueden vivir sin hacer lo que más les apasiona: ¡rockear como un huracán!

Setlist

  1. Sting In The Tail
  2. Make It Real
  3. Is There Anybody There?
  4. The Zoo
  5. Coast To Coast
  6. Loving You Sunday Morning
  7. The Best Is Yet To Come
  8. Send Me An Angel
  9. Holiday
  10. Raised On Rock
  11. Tease Me Please Me
  12. Hit Between The Eyes
  13. Kottak Attack
  14. Blackout
  15. Six String Sting
  16. Big City Night
  17. Still Loving You
  18. Wind Of Change
  19. No One Like You
  20. Rock You Like A Hurricane

Por Gustavo Inzunza

Fotos por Praxila Larenas

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Jamiroquai: Un espectáculo refulgente

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Jamiroquai

Presenciar un show de la talla de Jamiroquai es enfrentarse a un espectáculo que no se molesta en dosificar talento y grandilocuencia. Enmarcados en la gira que muestra su más reciente placa, “Automaton” (2017), el Movistar Arena fue testigo de dicha muestra durante la noche del sábado, en un nuevo encuentro con el conjunto británico, que hizo bailar y encandilar a su público en la capital. Al ritmo de un sampler de su último trabajo, los músicos hicieron su entrada al escenario y, si bien, fueron recibidos por los aplausos de los presentes, no cabe duda de que quien se roba la atención es su frontman, Jay Kay, el último en ingresar y llevarse la ovación total.

Con un total de once artistas en escena, estaba todo a disposición para dar inicio al espectáculo con “Shake It On”, canción que se acompañó de un soberbio trabajo de luces y pantallas, cautivando a los fanáticos desde los primeros segundos. Como ya es habitual, el estrambótico aspecto de Kay es algo que le otorga mayores elementos visuales a la presentación. En esta ocasión, el líder del conjunto portaba un luminoso sombrero robótico, el cual se movía mecánicamente a lo largo del show sin pasar desapercibido. El primer golpe clásico llegó con “Little L”, el que hizo corear al recinto de Parque O’Higgins, motivando un juego de palmas espontáneas que acompañó a la interpretación del conjunto.

La cercanía del conjunto a sonidos electrónicos se dio con “Automaton”, sacándole el máximo provecho a todo el aparataje tecnológico con el que se acompañó el show. “The Kids” retomó las primeras composiciones de la banda para continuar con otro clásico. La suavidad de “Space Cowboy” marcó un segundo punto alto de la jornada, que, en un equilibrio armonioso, Jamiroquai sacó a relucir su habilidad instrumental y un sonido pulcro. “Alright” mantuvo el ánimo en lo alto, donde además se apreció el carisma aportado por las coristas, elemento que también le aportó mayores matices vocales y notoriedad al show, a pesar de estar posicionadas en un rincón del escenario sin mucha visibilidad.

La banda retomó lo más reciente interpretando “Cloud 9” y “Superfresh”, para luego dar paso a “Cosmic Girl”, ocasión donde la energía y desplante de Jay Kay cautivó a los presentes con sus frenéticos pasos de baile. Luego de los aplausos recibidos al terminar la canción, el conjunto tomó una breve pausa para agradecer el ánimo del público y continuar con “(Don’t) Give Hate A Chance” y “Travelling Without Moving”, haciendo bailar a los fanáticos en una fiesta que se encontraba en su clímax.

Ya despidiéndose de su público, Jamiroquai cerró con “Canned Heat”. La grandilocuente producción a cargo de las animaciones de la pantalla central motivó el baile incesante del recinto, el que no hizo más que intensificarse con “Love Foolosophy” en una constante fiesta de luces que marcaba el fin de su presentación. Fue el griterío incesante de los presentes el que los hizo volver para interpretar una última canción, cerrando con “Deeper Underground” y así satisfacer parte del entusiasmo en un final intenso.

Jamiroquai es una banda que siempre se ha destacado por su talento instrumental y carisma de su frontman. Si bien, esta vez no fue la excepción, cabe destacar que la alta calidad en la puesta en escena e iluminación del show proporcionó un espectáculo visualmente cautivador, proporcionando cerca de setenta y cinco minutos de baile y grandilocuencia, lo que dejó a una fanaticada que se retiraba satisfecha.

Setlist

  1. Shake It On
  2. Little L
  3. Automaton
  4. The Kids
  5. Space Cowboy
  6. Alright
  7. Cloud 9
  8. Superfresh
  9. Cosmic Girl
  10. (Don’t) Give Hate A Chance
  11. Travelling Without Moving
  12. Runaway
  13. Seven Days In Sunny June
  14. Canned Heat
  15. Love Foolosophy
  16. Deeper Underground

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