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SAM Fest, segunda versión

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Cuando se piensa en los festivales que ocurren cada fin de semana en la capital, un componente es común: el sentido de una comunidad que, en mayor o menor medida, conforma un todo que se da cita en cierto momento en el que hay entendimiento y puro goce con la música. Esto es ayudado por las elecciones correctas, con cierto esmero cuando son espacios creados por la autogestión o por las ganas de grupos de gente hacia el mismo lado. En otros casos, la idea de un festival se esfuma en pos de objetivos más concretos y menos místicos, como mostrar música ante audiencias diversas que se congregan en torno a ciertas figuras a las que se agregan otras de forma subrepticia. Este último es el caso del SAM Fest, que en su segunda edición en el año se concentró en ser un showcase más que un festival, con un ancla clara como fue Planeta No y un cartel muy ecléctico, pero también con cuotas de calidad y variedad aseguradas en la previa.

Aunque el público llegó lentamente al Teatro Mundo Mágico, recinto que aún es poco utilizado para eventos musicales de carácter masivo, la jornada se desarrolló con una energía que contrastaba con el frío exterior, entre baile, pop, indie y rock, en una mezcla que funcionó desde el principio de la jornada con la banda más “nueva” en el cartel, Cuarto Flotante. El grupo, pese a llevar poco tiempo presentándose en vivo, demuestra capacidad de tener un sello propio sin salirse por completo del llamado “pop de guitarras”, en este caso con arranques instrumentales que le deben más al rock progresivo de Pink Floyd que al pop. “Hung” se nota como sencillo principal de la banda, pero pareciera que falta algo para que el vocalista Paulo Cifuentes suene completamente integrado a las canciones. A veces, los tonos o los tiempos no cuajaban de lleno, afectando el entendimiento de las letras incluso, pero tampoco ocurría por alguna falta de la performance del cantante, sino que simplemente faltan shows en vivo para darle a Cuarto Flotante esa solidez que puede ser una gran carta de presentación, y que partió a las 16:45 hrs. con el SAM Fest.

Apenas 10 minutos después del último acorde de Cuarto Flotante, se subió al escenario Sien, el nombre con más historia presente en el festival, pero, por cierto, en una especie de renacer donde el foco está en Tomás Roca, el bajista y vocalista, quien es el único miembro fundador de una de las lumbreras del rock-pop alternativo de mediados de los 90. Sien tiene más cancha y experiencia, y también más sentimientos al estar en vivo. El recuerdo de Rubén Riveros, guitarrista fundador y co-creador de los primeros temas con Tomás, fallecido en 1995, pudo ser enigmático para un público que en su mayoría rondaba la veintena de años, pero sin duda es algo poderoso que muestra parte de las motivaciones para Sien en 2017. En materia sonora, el formato trío conseguía mezclar un rock alternativo con una espiritualidad más abierta, y la mezcla funcionó en los 33 minutos que duró su presentación, donde tocaron temas como “Caer” de su disco “Global” (2015) y un par de su anterior etapa, esperando que sea la primera de muchas veces en las que se crucen generaciones y esto permita ver más cerca a Sien.

Urban Monk es parte de un grupo de bandas del “nuevo pop chileno”, que son capaces de levantar muertos gracias a una dinámica implacable entre un pulso rápido y melodías precisas. El Chai, su vocalista, se pone nervioso con los problemas en el retorno, pero al mismo tiempo es simpático y cercano, entre canciones que hablan de carretes, problemas y amores. El proyecto surgido en La Serena es ligero, pero pesado, y sale airoso con mezclas improbables, entregadas de lleno, con una solidez impávida que se alargó por los 36 minutos que tocó el cuarteto.

Quizás donde hubo dificultades mayores fue en el show de Los Valentina, que, entre los problemas del retorno para varios de sus integrantes y un evidente resfrío de la vocalista Valentina Martínez, pudo haber visto mermada su llegada a la gente, pero que, en vez de eso, logró dejar en claro el poder de sus canciones. Su EP “Señoras” (2016) es una instalación de lleno de otros conceptos para las bandas nuevas. No se trata de tener a los referentes en la independencia, sino que en la canción pop, y más específicamente en el pop latino de antaño, de ese que se escuchaba en radio AM, tal como funciona en los compases de “Señora Civilizada” o “Antes De Dormir”. Pese a todo, Los Valentina no falla gracias a lo más importante: la creación.

El primer gran momento del festival lo entregó Patio Solar, que parece estar exorcizando los fantasmas de las presentaciones mediocres que dieron en ciertos momentos del año para volver a hacer grandes cosas en el escenario, y de la mano de su material más logrado. Una triada del EP “Los Movimientos” (2016) dio inicio a un show con un sonido impecable, que, al segundo tema, “Tu Velocidad”, hizo que la gente por primera vez se parara de sus asientos y fuera hacia el espacio delante del escenario para saltar y corearlo, o también “Viajar en Metro” y “Destellos de Algo” del ya mítico “Temporada” de 2015, uno de los discos basales para la nueva generación. Patio Solar está tocando mejor que nunca y eso lo hicieron visible en un show que parece otro renacer para una de las agrupaciones con canciones que más sentido le hacen a un público como el del SAM Fest.

A las 20:20 hrs. se subió Bellyco, la otra banda que -al igual que Sien- tenía una trayectoria superior a esta década. Esto no es antojadizo, pensando que las sensibilidades a las que responde la música del quinteto no tienen tantos pies en el presente, sino que tiene ideas distintas, que mezclan sonidos como el stoner y el brit de forma muy interesante, y con un manejo del escenario que incluso su vocalista Paulo Gallardo, que lleva sólo dos años en la banda, ha podido capturar de buena manera. Sí, era la banda más “rock & roll” del cartel y se notó, con la distancia de buena parte del público, pero aun así sirvió como muestra de un armado de cartel que privilegió calidad sobre homogeneidad sonora.

Donde el público fue aún más cercano que lo que había sido con Patio Solar es con Medio Hermano. El cuarteto liderado por Mico Rubilar (el mismo de la batería en Los Valentina) destila vitalidad e intención en canciones rápidas y con la guitarra como medio principal de expresión, también con homenajes a César, quien le devolvió una guitarra robada a Mico, o a Manuel Gutiérrez antes de “Bajo El Mismo Cielo”, y para qué hablar del karaoke grupal en la barrera y digna de estadio llamada “Arturo”. Un set sólido, que nuevamente confirma a Medio Hermano como una fuerza de energía enorme.

Más de media hora tuvo que pasar para que la penúltima banda se subiera al escenario, aunque terminó valiendo la pena. Porque De Mónaco llegó con parafernalia, pero una que significa más que luces intermitentes o máquinas de humo. La precisión en el uso de diferentes tonalidades melódicas mezclado con ritmos complementarios, la coordinación de la iluminación, la energía del trío en escena, lo ponen en una vanguardia del pop electrónico nacional, y lo bueno es que en vivo son mucho más intensos que en disco. Aunque “El Siglo de las Luces” (2016) era un buen álbum, carecía de la fluidez que tienen en sus conciertos, con mayor intensidad y, por cierto, con mayor entrega. Una actuación perfecta para conocer en detalle una propuesta que se escapa de la austeridad del pop independiente en estos días, y es esa ambición confirmada en el escenario la que puede llevar lejos a De Mónaco.

A las 23:26, luego de casi siete horas de iniciado el festival, la última banda congregó a prácticamente todo el público para que se pusiera de pie. Planeta No tiene un acto que, sin tener mayores elementos extra en escena, parece estar acoplado de forma perfecta. Claro, han tocado tanto las mismas canciones y han trabajado en ellas tantas veces, que Gonzalo García parece hacer los mismos gestos en temas como “Zapatillas de Luces de Color” o “Casa Okupa”. Pero pese a este ensayo permanente y perfección que podría hacer que todo pareciera rutinario, Planeta No exhibe el dominio suficiente como para que todo suene fresco. Quizás la mayor pregunta era cómo Gonzalo no murió de frío con panties, polera y shorts, pero con esta banda hay más certezas que dudas, y nuevamente quedó en claro con un brillante set que cerró el SAM Fest.

En su segunda edición, este festival funcionó más como una muestra de bandas, con un escenario sencillo, muy buena capacidad de reacción y un sonido adecuado, pese a varios problemas con los retornos y algunos acoples menores. Sin duda que instancias así recuerdan que es importante formar audiencias e ir un poco más allá que los dominios del gusto propio, y ahí el festival entregó lo que se necesitaba. Hay deudas pendientes, como la generación de un público y que los propios eventos cumplan sus horarios (algo que sin duda no es exclusivo de SAM Fest) y, principalmente viéndolo en retrospectiva, la falta de mujeres en el cartel: de las nueve bandas, sólo dos tenían participación femenina y sólo en una es una mujer la que tiene un rol protagónico en la composición (Los Valentina). Aunque no les corresponde a los festivales el arreglar problemas instalados en el arte nacional, sí les compete intentar empujar las falencias observables. Eso es importante, tanto como armar buenas instancias para compartir la música, tal como observamos que fue a lo largo de una jornada que terminó a las 00:22 hrs. el SAM Fest, que en su segunda versión de 2017 ha mejorado y consolidado un espacio más para bandas y sonidos independientes.

Por Manuel Toledo-Campos

Fotos por Luis Marchant

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Primavera Sound Santiago 2022: Domingo

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Bjork Chile 2022

El dicho popular, reza: “Después de la tormenta, llega la calma”. Y así fue el último día de esta gran cruzada en torno a la música chilena y mundial llamada Primavera Sound Santiago. El buen clima y, por qué no decirlo, el calor agobiante por ratos, se tomaron el Parque Bicentenario Cerrillos y fueron el marco para recibir una jornada que traía nuevamente debuts y consagrados, música para relajarse, para mover los pies y para gritar a todo pulmón.

Familea Miranda

La quintaesencia de la mancomunión catalana-chilena fue la inclusión de Familea Miranda, el trío chileno radicado hace más de una década en Barcelona que prometía ser el puente tácito entre el festival recién llegado y la pujante escena nacional. Y qué mejor que el tándem de fundadores “Katafú Rozas y Milo Gomberoff junto al baterista Alex Farré como un power trio cargado de rock cada vez más intrincado y cavernoso, con este último otorgándole la potencia y sapiencia a la hora de adecuarse a los ritmos enrevesados que la experiencia les ha permitido crear a Rozas y Gomberoff.

Juntos, dieron rienda a un set que recorrió sus más de veinte años de carrera desde los tiempos de “3Nsayo 3Rror” (2006) abriendo con “The Legañon” y “El Bloqueo”, y pasando por “Caballo de Alquiler”, “Lorem” y “Brut Nature” de “Radiopharm” (2015), el disco que significó en su momento el debut de Farré en el trío por este lado del mundo. La entrega fue total para aquellos que en el escenario Primavera desafiaban los primeros y fuertes rayos de sol que tanto escasearon la jornada anterior.

Por supuesto, estuvo “Palomita”, el clásico del folklore latinoamericano reconvertido en rock ruidoso y primal, y el final estridente estuvo a cargo de “Servú (Ronda)” deviniendo en una cuasi jam desbocada de free jazz, añadiendo otra cara que mirar al prisma que es Familea Miranda, una banda que, a la distancia y a su manera, se las arregla para hundir más sus raíces en suelo chileno, viniendo cuando pueden y tocando donde quieren. Aunque digan que ya no son de ninguna parte, se nota que extrañan y qué mejor que plasmarlo en esta, la primera versión del festival Primavera Sound Santiago.

José González

Cuando el sol dominical se abría paso entre las ya escasas nubes del fin de semana, con un breve retraso comenzaba el show de José González. El sueco de ascendencia argentina hizo gala de un español más bien tímido y escueto porque lo suyo no iba de parafernalias, imaginarios o grandes discursos, su declaración de principios es y ha sido siempre la simpleza. “Killing For Love” y “Cycling Trivialties” fueron, entre otras, las elegidas para partir plasmando un delicado set sin prisas ni pausas.

A pesar de no ser un festival el mejor escenario para la propuesta de González por todo el barullo circundante, se las arregló para marcar presencia, incluso con la pulsión electrónica del escenario Bits varios metros más allá haciendo lo suyo y que se colaba cada tanto, a punta de rasgueos abiertos y profundos, preciosas melodías arpegiadas y uno que otro backing track con sutiles beats, como en “Swing”, aunque, si no estaban esos beats, marcando con el pie también se las arreglaba sin mayores problemas. Como respuesta, recibió la respetuosa atención que su música naturalmente exige.

Con destreza, se paseó por su relativamente breve catálogo, dándole espacio a fracciones de su más reciente “Local Valley” como también a sus viejos y queridos clásicos: su propia versión de “Teardrop” de Massive Attack y el famoso cover de “Heartbeats” de The Knife, dotándolo de nuevas intenciones subiéndolo algunos semitonos hasta casi llegar al original. La sesión de los menos de cuarenta minutos originalmente planeados fue acogida por la audiencia como si fuera ese amigo que viene de viaje y quiere contar todo lo que afuera vio. Cantó, gustó y encantó con poco, porque sin duda algunas veces menos es más.

Jessie Ware

Aunque el tiempo que le dieron en Chile fue menor a lo de los otros Primavera Sound en Latinoamérica, Jessie Ware convierte cada segundo de su show en un deleite disco, hecho para bailar, llorar, seducir y transformar un sonido que acompañó la pandemia en una realidad escénica que supera expectativas. Desde “Spotlight” ya se notaba que las canciones tendrían mixes y énfasis diferentes a sus versiones de estudio, más simples, con los beats y el lucimiento de la voz de Jessie como ejes de lo que se escucha, mientras sus coristas y bailarines configuraban imágenes de acción, pasión y complicidad como la que la artista británica también demandaba y obtenía de su público. Aunque mucha gente que esperaba a Björk se quedó impávida, igualmente en ciertos momentos se sumaban a la fiesta, que en 48 minutos conseguiría entregar lo esperado y más.

El show giró alrededor de “What’s Your Pleasure?” (2020), ese álbum que para mucha gente se convirtió en la luz al final del túnel en tiempos de pandemia, ese disco que había que ir a bailar y que permitía viajar a universos paralelos que, bajo el inclemente sol que no había aparecido todo el fin de semana, se hizo real. “Ooh La La”, “Soul Control” o “Hot N Heavy” fueron muy coreadas con todo el mundo bailando, mientras Ware dominaba con carisma y sensualidad la escena, sin excesos, con la elegancia de quien conoce su material y cómo hacerlo brillar. Por ello es llamativo cómo la exhibición vocal es incluso mayor que en el estudio, con más gimnasia tonal y más recursos, enriqueciendo con esas complejidades los mixes más directos.

Lo anterior brilló con especial fuerza en la sobrecogedora versión de “Remember Where You Are”, con emociones y belleza a raudales. También ocurrió con el himno en que se ha transformado el reciente single, “Free Yourself”, y con el icónico momento que es “What’s Your Pleasure?” en vivo, con Jessie tomando un micrófono con un stand en forma de látigo, agitándolo con dominación, en todos los sentidos. Del material anterior a 2020 sólo sonó la versión remix de “Running” como la rearmó Disclosure. El cierre con “Save A Kiss” terminó con una fiesta en el amplio sentido, desde las alegrías instantáneas a los recuerdos perennes, en un debut en Chile para recordar y seguir bailando en su honor.

Björk

Siempre es una apuesta arriesgada cuando un festival decide poner algún show temático dentro de su cartel, más aún cuando dicha presentación está a cargo de alguien tan masivamente popular como Björk, que trajo su espectáculo “björk orkestral”, consistente en una serie de canciones interpretadas en un formato acústico para ser parte de la jornada de domingo en Primavera Sound Santiago. Junto a la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles (FOJI), compuesta por músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil y de la Orquesta Sinfónica Estudiantil Metropolitana, la islandesa se paseó por distintos tracks de su discografía para el deleite de los presentes, quienes, seguramente por la devoción que le tienen a la artista, no tuvieron problemas en conectar con un show que, debido a su configuración y ubicación en el horario a las 19:00 hrs, no lograba enganchar con el grueso del público. El inicio con “Stonemilker”, “Aurora” y “Come To Me” comenzaron poco a poco a generar un ambiente que terminó por apoderarse del lugar, donde se congregaron miles de personas, entre seguidores y asistentes, que comprendían muy bien que a una artista con este nivel de influencia había que verla sí o sí por lo menos una vez en la vida.

Concentrando principalmente sus esfuerzos en canciones de “Vulnicura” (2015), “Homogenic” (1997) y “Post” (1995), Björk presentó épicas y estruendosas reinterpretaciones de tracks como “You’ve Been Flirting Again”, “Isobel”, “Jóga” o “Quicksand”, con los jóvenes de la orquesta dando la talla en cada nota bajo la atenta dirección de Bjarni Frímann, quien se ha encargado de conducir las orquestas que se presentan junto a la islandesa durante esta gira. Ya para el cierre, y con el público en el bolsillo, la artista desplegó una intensa versión de “Hyperballad” para finiquitar su presentación, regresando posteriormente ante el aplauso de los presentes y despedirse definitivamente con “Overture” y “Pluto”.

A 10 años de su última presentación en nuestro país, la islandesa trajo sus composiciones en una configuración distinta, lo que se agradece un montón, pese a lo emocionante que sea escuchar sus clásicos en vivo bajo una interpretación más cercana a las originales. Siempre es bueno ver a Björk en vivo, y mucho mejor cuando se le agrega una novedad como la posibilidad de escuchar composiciones tan importantes para lo que fue su apogeo artístico desde la segunda mitad de los 90 hacia delante, mostrando no sólo su presente más maduro y robusto como artista, sino que además lo adaptables que son sus composiciones a distintas configuraciones. Pese al contexto más íntimo que evoca la presentación, su solemnidad logró que se transformara en algo especial, único y muy distinto de cualquier cosa que se pudiera presenciar durante el fin de semana. En simples palabras: un show de Björk como debe ser.

Mitski

Luego de que Björk invocara el atardecer sobre Cerrillos, era el turno de Mitski, que ya con la oscuridad de cómplice se preparaba para enfrentarse al sorpresivamente amplio público que la esperaba. Con la teatralidad que la caracteriza, y una presencia imponente y cálida, la artista recurrió a su último trabajo, “Laurel Hell”, desde donde escogió “Working For The Knife” como punto de partida. Sólo bastaron los primeros acordes para dar rienda suelta a la catarsis que significa escuchar, sentir y ver a Mitski sobre un escenario. Y es que la artista transmite intensidad y pasión en cada estrofa, como entregando un poco de sí misma a cada persona hasta ya no dar más.

Las nuevas tecnologías y los nuevos contextos digitales han ampliado el margen de los fenómenos virales, y así han logrado que una nueva y joven generación de fanáticas se acerque a su música. He ahí gran parte de la creciente popularidad –que ya iba en ascenso– de la cantante no sólo en Chile, sino también en el mundo. Con los hits “Washing Machine Heart” o “Nobody”, que han sonado fuerte en redes sociales, Mitski diseña un set que, pese a no mantener una línea definida, se pasea por todas las emociones y de esa manera también sorprender.

Mitski debutó en nuestro país en un momento clave para su carrera y popularidad, sintiéndose abrumada y agradecida por el calor del público local que no dejó de acompañarla y seguir cada movimiento que comunicaba con sus manos o su corporalidad. Tomándose el escenario, cumplió con las expectativas y se ganó a un país que pareciera meterse en sus más profundos sentimientos.

Father John Misty

En el último rincón del parque, el escenario Primavera vio llegar el show de Father John Misty pasadas las 21:00 hrs., con el músico presentándose frente a un público mucho menor al de cualquier show en los escenarios principales, pero que se destacó por una cosa en particular: la mayoría estaba familiarizada con su catálogo. Desde el comienzo con “I Love You, Honeybear”, los presentes acompañaron al músico y su banda en un desfile de composiciones de todas sus obras de estudio, pasando por tracks como “Total Entertainment Forever”, “Mr. Tillman” o “Nancy From Now On”, con una solidez instrumental impecable por parte de la banda compuesta por nueve músicos entre batería, guitarras, teclados e incluso una sección de vientos, que le aportaron una exquisitez sonora muy elegante.

Lamentablemente, problemas de sonido aparecieron sin previo aviso en “Goodbye Mr. Blue”, canción que fue interrumpida por un corte total del sonido en el escenario, con Tillman y compañía siguiendo su interpretación por un par de segundos antes de notar que el sistema de sonido del escenario no estaba funcionando. Probablemente esa mala pasada, y la reinterpretación del track, hizo que el músico debiera estrechar su set, aunque de todas maneras el público y artista se mostraron de muy buen ánimo continuando con tracks como “Please Don’t Die”, así como otros momentos de catarsis como “Pure Comedy” o el histriónico cierre con “The Ideal Husband”, canción que suele cerrar las presentaciones más catárticas del artista, quien en su segunda vez en Chile pudo consagrarse no sólo como el poseedor de un gran desplante escénico, sino que también como un músico que ha crecido mucho artísticamente con cada álbum de su corta carrera como solista.

Charli XCX

La presentación de Charli XCX parecía estar en duda. Tras enfermarse de la garganta en Argentina, la cantante inglesa debió permanecer en reposo y en silencio para cumplir con sus shows, incluyendo el de nuestro país. Ya casi recuperada, saltó a escena completamente sola, sin más apoyo que su actitud y desplante. Si bien, en ciertos pasajes de la introducción con “Lightning” o “Gone” la cantante forzaba su voz, esto no fue impedimento para que despachara un show lleno de color, carisma y sensualidad.

Charli XCX maneja las claves del pop en otra frecuencia, las tuerce, y en otras se las apropia. Sin bailarines, músicos en escena y con una modesta escenografía, la artista se adueñó del parque por unos minutos y comandó la fiesta de todos y con dedicatoria especial en “Boys” para acelerar hacia el final con la explosiva “Vroom Vroom” y “Good Ones”. Charli XCX, otro debut en suelo nacional, demostró por qué es la diva alternativa del pop, transversal y agresiva.

Caroline Polachek

El último show del festival estuvo al borde de la perfección, porque Caroline Polachek entregó un nivel de pop que, moviéndose entre la elegancia, la experimentación y la destreza técnica, consiguió la dificultosa hazaña de cerrar con broche de oro un evento con múltiples puntos altos. Es que la norteamericana es capaz de generar ganchos pop con mezclas futuristas en el estudio, y eso juntarlo con su voz que, en vivo, suena aún más potente que en lo grabado. Además, su carisma y simpatía le hacía congeniar con el público que, pese a no ser copioso en el alejado escenario Primavera, sí fue muy participativo, coreando con fuerza y dejando sorprendida a la artista a ratos.

Iniciando con “Pang”, track homónimo de su álbum debut de 2019, la perfección en los movimientos de Polachek, coreografiados con prestancia, se comenzó a notar. Mientras ella logra que su voz proyecte exactitud, los gestos, cada paso, cada giro de su cabeza tiene apariencia de ser parte de un continuum, y es que no es sólo un afán de moverse, sino que una coreografía cuidadosamente trabajada con C Prinz. Al mismo tiempo, cada canción es una cuidada producción, incluso en vivo, porque las versiones cuidan los elementos, a veces eligiendo que la batería se luzca, como en “Hey Big Eyes”, o en “Sunset” con la guitarra al estilo español siendo lo que brilla.

Pero lo más sorprendente es lo espontáneo que logra sonar todo, en un espectáculo que sorprendía incluso a quienes conocen cada recoveco del trabajo de Polachek, ya sea la dulzura de “Billions” y su coro hecho para multitudes, o el cover de “Breathless”, original de The Corrs, que consigue un halo de oscuridad inédito en sus manos. Más allá de la altura de deidad que aparenta la cantautora, hay mucho de humano en el trabajo necesario para equilibrar talentos de manera perfecta en escena, y ello es lo que, en poco menos de una hora, cerró los shows del fin de semana.

​Es indispensable pensar que este fue el debut no sólo de un festival, sino también de su productora, y el análisis debe ser justo con ese tipo de detalles. De hecho, hay múltiples paralelos con el debut del otro festival que se hace en este mismo parque en marzo, iniciando con ripios en la venta de entradas, teniendo que disponer de descuentos meses después de poner abonos en venta, y que le costó comunicar al público de un nuevo paradigma de evento. La amplitud de los espacios físicos para el público, tanto en servicios como en calles para transitar (sólo con la salida del segundo día como un punto preocupante) es algo destacable. Además, la curatoría del cartel entregó el mejor line up en muchos años en suelo nacional, más por el estrellato de los artistas que por sus momentos artísticos y creativos, con mucha gente habiendo lanzado su mejor trabajo y con shows de categoría tal, que cuesta mucho decir cuál no estuvo en un alto nivel. Otro punto a destacar fue cómo las mujeres artistas entregaron la mayoría de lo más comentado y lo más esperado, con multitudes sorpresivas en shows como Japanese Breakfast o Mitski, y otras anticipadas, pero no por ello menos notables, como Björk y Lorde. Un evento posible de mejorar, pero cuya primera impresión proyectó futuros en el presente y entregó esperanzas para posibles siguientes ediciones.

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