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SAM Fest 2017

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Muchas veces las ganas traicionan al argumento. La energía se vuelca en acciones que son cegadas por la ilusión o por la vocación, y de pronto se levanta el velo para ver que ese castillo de arena no estaba en la rivera del mar, sino que en pleno desierto. Desilusión. Desmoronamiento. Abandono. Pero quienes viendo el cambio de realidad persisten, a veces tienen un premio o por lo menos la satisfacción de intentarlo, y así ocurrió con la primera edición de SAM Fest, evento que se realizó en la templada noche del 11 de enero en el Club Chocolate.

Con un cartel ecléctico y en un mes de muchísimos eventos, era difícil la tarea de vender demasiados tickets para este festival en particular, pero los organizadores no se resignaron a hacer lo que muchos hacen, que es dar un paso al costado, y en vez de eso ellos y las bandas siguieron adelante en una noche con pocos asistentes, pero que al menos tuvo a agrupaciones mostrando profesionalismo y mezclando audiencias de forma concreta.

Todo partió con cierto retraso con la banda Catedral, la más desconocida del lote, cuyo sonido fue estridente y con un pulso firme, al estilo del pop de Love Of Lesbian, por ejemplo, pero con un giro más al rock, cercano a la aridez del Interpol o Editors. El público se contaba en decenas en ese momento, pero quienes estaban no dejaban de prestar atención a la propuesta del cuarteto nacional que, con canciones como “Deberías Saber”, pudo sacarle el jugo a sus 25 minutos en el escenario.

Luego de Catedral, la preparación del proscenio fue rápida para que lo antes posible ya sonara El Cómodo Silencio de los Que Hablan Poco, uno de los créditos más relevantes de la música nacional en 2016 cuando lanzaron su esperado LP debut “Run Run”, uno de los mejores discos del año, al que le hicieron justicia con versiones tremendas de “Jardines” o “El Viento en la Cortina”, mostrando el rango de géneros que manejan, desde el emo hasta el indie más tradicional, en tanto que la gente mostró entusiasmo con “Tiempos Bajo El Sol”, el himno de ECSDLQHP que hábilmente juntaron con “Caroline”. Una presentación de poco más de media hora que sirvió para dejar en claro lo tonificada y robusta que está la experiencia de esta agrupación. Se nota la cantidad de tocatas en diferentes tipos de espacio, y así es que, sumado a lo cómodos que se ven los miembros con sus propias composiciones, deriva en un gran espectáculo, sea cual sea el contexto.

Esto es diferente en el caso de Patio Solar. La banda está en una aparente transformación tras la partida de Yaney Salgado (ECSDLQHP, Emisario Greda) y eso también se traduce en la forma en la que Claudio Gajardo, voz, guitarra y compositor del grupo, se mueve en el escenario. Ya no hay segundas voces, el teclado que matizó el sonido de la banda en su muy buen EP “Los Movimientos” (2016) tampoco está porque Franco Peruzza (ECSDLQHP, Ablución) tomó la segunda guitarra. Quizás por esa búsqueda es que las canciones instrumentales predominaron al lado de “Al Sur”, “Pintura” o “Destellos de Algo” de su álbum debut. Un show de transición, a veces con temas técnicos, pero que muestra  la curiosidad de una agrupación que anunció un nuevo disco ahí mismo, para un par de semanas más.

Tras una pausa más extensa apareció en escena Intimate Stranger, que particularmente presenta un caso dicotómico en la escena nacional porque es una agrupación que tiene la mayoría de su repertorio en inglés, lo que es receta de fracaso asegurado en nuestro país, sin embargo, la sólida presencia escénica de Tessie (y su inglés nativo) hacen que no haya ripios por ese lado. Pero ese éxito improbable en estos lares se contrasta con lo parejo del pulso de sus canciones, que entre tanta perfección a veces caen en la monotonía o en el riesgo de la falta de trascendencia. “Just” o “El Horizonte” son canciones que inexplicablemente no son hits planetarios, por su parte, “Girl” o “Ghost” presentan una similitud mortal, que a veces hace pensar que el tiempo languidece. La calidad del conjunto es innegable, pero es la falta de quiebres respecto a su línea continua lo que aleja las energías catárticas de hacerse presentes y la observación distante prime.

Ese problema no lo tiene Fármacos que, manejándose siempre con trazos de elegancia, ha crecido en el pop profundo que hace, generando cercanías entre los cuerpos, propiciando levantar las chispas del movimiento en las cabezas y haciendo que las vibraciones vayan directo a los tímpanos. Fármacos hizo prácticamente su show completo en 65 minutos con 13 canciones, concentrándose principalmente en “Estado de Gracia”, otro de los mejores discos chilenos de 2016, que en vivo gana en urgencia e intensidad sin sacrificar la aterciopelada delicadeza que ofrece, como caricia en medio de sábanas de 500 hilos. “Siempre Tú”, “Lento” o “Amor y Porno” generan empatía lujuriosa, en tanto que “Eternidad” o “Palacio Mental” aparecen como ventanas para escapar en medio de loops y baterías rápidas, las que ganan el predominio en el casi-reggaeton de “Raíz En La Montaña”. Además, los singles como “Despegarte de Mi” o “Quiero Conocer Tu Mundo” lucieron antes del final con “Lo Que Hacemos Sin Mirar”.

La solidez de Fármacos descansa en tener diferentes momentos en cada show, y he ahí que el cierre fue no sólo de calidad, sino que también con la ligereza necesaria para una jornada que duró más de 4 horas y que, pese a que hubo poca gente para que disfrutara, sin duda permitió ver cuán profesionales y claras tienen las cosas las agrupaciones que, aunque pertenecen a diferentes nichos de público, convivieron con fluidez en el escenario del primer SAM Fest.

Por Manuel Toledo-Campos

Fotos por Luis Marchant

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Norah Jones: Como las cosas solían ser

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Norah Jones

Desde el 18 de octubre todos los shows musicales han tenido algún tipo de acercamiento a la movilización, a un quebrantamiento a la abulia social, indicando una buena forma de ver cómo el paisaje va cambiando. Pero también existe ese tipo de shows que podría estar inserto en cualquier momento de la historia y no habría mayor diferencia. Tanto por la atemporalidad de la música presentada, como por la indiferencia de un público, como también las lógicas mismas que pueden aparecer en un espectáculo, el retorno de Norah Jones a Chile ante un Teatro Caupolicán casi repleto tuvo mucho de cápsula de tiempo y poco de conexión con lo que había fuera de las rejas del recinto de calle San Diego. Más adelante, se verá cómo esto también es una posibilidad sana y genuina respecto a la música misma.

Antes, durante la tarde del viernes 6 de diciembre, las plateas y sillas en cancha se fueron llenando muy lentamente hasta pasadas las 20:00 hrs., cuando Felipe Cadenasso se subió al escenario acompañado por Antonio del Favero y Natisú a tocar un set marcado por su trabajo como solista. Las armonías entre las voces de Felipe y Natisú eran perfectas, aterciopeladas, de una gran química marcada por el trabajo de ambos compositores que ven en la voz un instrumento mayor. Esto hacía de Cadenasso una buena elección de show de apertura.

Pero entre medio de canciones calmas, las luces estaban apagadas en las plateas y el ruido de la gente llegando cada vez de forma más numerosa, y las conversaciones multiplicándose como si nadie estuviera en el escenario. Realmente, era una sinfonía del irrespeto que censuraba la música preciosa que estaba siendo mostrada en el escenario y que hizo que casi nadie escuchara el único mensaje político de la jornada, cuando Cadenasso explicaba cómo era importante el hecho de estar más juntos que nunca. Tras 34 minutos de canciones brillantes, pero con mucha interferencia por parte del público, el trío de músicos se retiró con la cabeza en alto, sabiendo que la gente se lo perdió.

Luces volvieron a encenderse y ya el teatro lucía lleno en un 80%, espacio de tiempo que se extendería porque Norah Jones y sus músicos no saldrían a escena a las 21:00 hrs. Y qué bueno que no fue así, dada la cantidad de público que aún faltaba que se instalara en sus asientos. Recién a las 21:18 hrs., con todo en penumbra, ingresó ella junto a Brian Blade en batería y Jesse Murphy en el bajo (y luego en el contrabajo) para cambiar el aire en el ambiente, y entregar “Just A Little Bit” pegada a “It Was You”.

Era claro desde el inicio que la cruzada por el “retorno a lo básico” de Norah Jones que se inició en “Day Breaks” (2016) y se consolidó con “Begin Again” (2019) es parte del momento clave en que se encuentra la artista norteamericana, quien incluso, más allá de sus dotes vocales evidentes, incluso plasma su personalidad y talento en la forma de tocar el piano. Claro, su voz es un paradigma innegable del acercamiento del jazz al pop y a la pasividad que ha conseguido su trabajo, pero viendo lo que entregaba a temas como “Nightingale” o las versiones que haría más adelante de sus canciones más conocidas, los matices también se encuentran en la forma de pulsar las teclas, desde lo más tierno hasta lo más dramático. Norah Jones no se acomoda a lo pálido, dándole colores a todo, tal como las luces tenues que iluminaban a los músicos intentaban pintar en los telones detrás del escenario.

El formato en escena es un clásico trío, sea jazzero con piano, bajo y batería, o en “Don’t Know What It Means”, original del proyecto Puss n Boots, y “Come Away With Me”, colgándose la guitarra, logrando otro tipo de presencia, un poco estática dada la perfección en cada eslabón del sonido logrado, sin falla alguna, pero con el carisma necesario para inundar el espacio. En medio, varias sorpresas como “It’s A Wonderful Time For Love” o “Tragedy” removían un repertorio que encontraba reacciones más ruidosas de la gente –cuyo silencio caracterizó esta fase de la noche–, las que vinieron con “Sunrise” o “After The Fall”. También fue llamativo notar cómo ella le entrega espacio a “Black”, parte del proyecto “Rome” que Danger Mouse y Daniele Luppi lanzaron en 2011, demostrando cómo Jones consigue que canciones con un carácter muy marcado se acoplen a lo que ella expresa y significa en un escenario.

Por eso que arruinaba un tanto la experiencia notar personas yéndose desde la mitad del concierto en adelante. Era muy extraña la sensación de ver perfección andando en un proscenio y con la calidez que tiene la voz de Norah Jones, para luego notar decenas de personas caminando a cuentagotas en dirección a la salida. Algunos, luego de “Come Away With Me”, otros tras “Don’t Know Why”, y otros después de “Flipside”, los movimientos humanos eran el único indicio de no estar ante una grabación en un estudio. Por otra parte, mucho se puede comentar de Jones, pero también la capacidad de estar siempre reaccionando de Brian Blade y la habilidad para marcar un pulso y, a la vez, armonizar con el piano de Jesse Murphy en el bajo, son importantes para apoyar y enaltecer a la artista.

Hablando de “Flipside”, también en esa canción se daba otra muestra más de cómo Norah Jones y su banda tienen una gran formación: cuando logran aguantar el compás, no dejando que pase al siguiente tan fácilmente, cerca del final, rompiendo con el ciclo de un pulso más natural, entregando otras sensaciones. Aguantar el compás, con tal precisión, es impactante, y más golpea en “Don’t Be Denied”, ese tema de Neil Young que ella transforma en una pieza de plegaria por la identidad propia, para que cada cual entienda su valor y también en su fuero más personal, que alguien como ella –que valora lo suyo y lo cuida tanto como puede (no usa redes sociales para asuntos personales, cuida el anonimato de su actual pareja, entre muchas otras cosas)–, es capaz de comprender.

Luego de despedirse de la gente, Jones y sus músicos volvieron para hacer sólo un tema más, entregando un show más breve de lo esperado, con casi una hora y media de espectáculo cerrado con “Cold Cold Heart”, cover de Hank Williams aparecido en “Come Away With Me” (2002), otra de las canciones que demuestran que la cantautora está para volver a comenzar y que ésta vez lo hace con la libertad de la madurez y las decisiones propias para, a final de cuentas, entregar música de la forma en la que muchos suponen que las cosas deben ser. Considerando la calidad –al menos desde ese punto de vista–, esta atemporalidad y capacidad de crear un universo paralelo propio son fuertes argumentos para tomar este camino, disfrutarlo y luego tratar de que ese dulzor dure un poco más, antes de volver al amargor de un contexto donde la lucha aún no termina.

Setlist

  1. Just A Little Bit
  2. It Was You
  3. Nightingale
  4. Begin Again
  5. Those Sweet Words
  6. It’s A Wonderful Time For Love
  7. Sunrise
  8. Don’t Know What It Means (original de Puss N Boots)
  9. Come Away With Me
  10. After The Fall
  11. Black (original de Danger Mouse & Daniele Luppi)
  12. Tragedy
  13. I’ve Got to See You Again (original de Jesse Harris & The Ferdinandos)
  14. Don’t Know Why (original de Jesse Harris & The Ferdinandos)
  15. Flipside
  16. Don’t Be Denied (original de Neil Young)
  17. Cold Cold Heart (original de Hank Williams)

Fotos por Jaime Valenzuela para DG Medios

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