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Roger Waters: Todos contra el muro

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Las expectativas no podían ser más altas. Por tercera vez teníamos la oportunidad de presenciar el show de una leyenda viviente del rock. Roger Waters regresaba al país para presentar su proyecto más ambicioso. Una obra monumental como jamás se ha visto, mezcla de una poderosa propuesta audiovisual y la interpretación íntegra de uno de los álbumes insignes de la historia del rock, “The Wall” (1979), conforman el que muchos han denominado como el show más grande de la historia de la música. Después de haber experimentado lo que ocurrió la noche del viernes en el Nacional, sólo puedo confirmar que cualquier elogio queda chico para lo que Roger Waters entrega en dos horas de concierto. Efectivamente, estamos antes un show que, más que un concierto, es una experiencia.

En el pasado bandas como Kraftwerk, Radiohead o Nine Inch Nails nos dejaban boquiabiertos con presentaciones que ponían un gran énfasis en lo visual, apoyándose en el uso de la tecnología, para crear atmósferas que servían como complemento para la música, creando una sinergia entre sonido e imagen, dando como resultado presentaciones que aún quedan en la retina. “The Wall” es eso, pero multiplicado por cien. Tan sólo bastaba con entrar al nacional y presenciar una gran muralla de unos100 metros de largo, por 10 de alto, para quedar boquiabierto.

Las galerías estaban repletas y en el sitio de prensa se podía apreciar lo heterogéneo del público asistente. Mientras en sus asientos descansaban familias completas o rockeros de mayor edad, en la cancha se apostaban los jóvenes más “aperrados”. Si bien, ambos estaban separados por una muralla, la energía era la misma y era muestra del poder que posee la música para tocar a distintas generaciones por igual.

A las 21:30 en punto, una voz en off daba la bienvenida al público y los invitaba a tomar asiento. Las luces se apagaban y comenzaba “In the Flesh?”. A título personal, creo que nunca había podido presenciar un inicio de concierto más espectacular y parafernálico. Explosiones, un sonido inigualable, gracias a los parlantes que rodeaban el estadio y creaban el efecto cuadrofónico, donde literalmente se podía sentir las balas y helicópteros rozarte la espalda. Un avión cruzaba el estadio y se estrellaba en la muralla. Las decenas de miles de personas que estaban en el Nacional, no podían hacer más que aferrarse a sus asientos y dejarse llevar por la magnitud de lo que estaban presenciando. Roger Waters sale a escena, corriendo y saludando, haciéndonos olvidar sus casi setenta años de edad.

Un personaje aparte es la muralla, la gran responsable de la magia de la presentación. Proyecciones en alta definición, impecables y espectaculares. Para “The Thin Ice”, esta se llenó de fotografías de victimas de las guerras. Un momento emotivo e íntimo, alejado de la explosividad que habíamos vivido minutos atrás, demostrando que, a pesar de estar parados frente a una mole, podíamos sentir emociones más cercanas.

Con un fondo de mar rojo llegaba “Another Brick In The Wall Part 1”, melodía que ya despertaba el fervor del público. Le siguió “The Happiest Days Of Our Lives”, para luego llegar a uno de los momentos más esperados de la noche, “Another Brick In The Wall Part 2”, un himno para muchas generaciones y esta vez con un gusto especial, debido a toda la contingencia con los estudiantes del país, marcaron una performance que incluyó un coro de niños chilenos y la ya clásica marioneta del profesor del filme “Pink Floyd, The Wall” (1982).

De pie en el enorme escenario, Roger Waters da la bienvenida al respetable y dedica el concierto a Víctor Jara y a los detenidos desaparecidos, declarando que nunca serán olvidados, gesto que fue agradecido con un gran aplauso. Con guitarra acústica en mano, presenta “Mother”, donde hace un dúo con él mismo, gracias a un video grabado en Earls Court durante el año 1980. Entre risas, Waters señala que puede parecer un tipo muy narcisista al hacer algo como esto, pero necesita acompañar a “este jodido hombre”, señalando a su versión ochentera. “Mother” fue coreada por todo el estadio, que fue sorprendido cuando la letra versaba “Mother, should I trust the government?”, y en la muralla se escribía la frase “NI CAGANDO”.

Para “Goodbye Blue Sky”, la muralla se vio invadida por aviones que bombardeaban la tierra con marcas, símbolos políticos y religiosos. Una crítica dura y sin concesiones, donde se pudieron apreciar símbolos propios del comunismo y el capitalismo. Todos juzgados por igual y responsables de la desdicha y rivalidades de los hombres. “Empty Spaces” nos presentó el extracto animado del filme, donde unas plantas realizan el acto sexual y se devoran unas a otras, mientras que en “What Shall We Do Now?” la muralla se hace cada vez más imponente.

“Young Lust” llega para poner la nota más rockera y sacarnos por un momento de la catarsis de los temas anteriores. Waters recorre el escenario en “One of My Turns” interactuando con el público e invitándolos a levantar las manos junto a él. La introspección vuelve con “Don’t Leave Me Now”, donde el ex líder de Pink Floyd canta al rostro de una gran mujer, de cuyos ojos caen lagrimas. “Another Brick In The Wall Part3”vuelve a la critica social, esta vez su blanco son los políticos y los medios de comunicación. La primera parte del show terminaba con “The Last Few Bricks”, una suerte de retrospectiva de lo vivido hasta el momento, con la muralla completamente construida y transformándose en una gran masa de concreto, lugar desde donde Waters interpretó una sentida “Goodbye Cruel World”.

Ante una gran ovación llegó el intermedio. Sobre la muralla se proyectaban las imágenes de las victimas de las guerras en el mundo. Entre ellos apareció la imagen de Salvador Allende. Pasaron unos 15 minutos para volver con el segundo set del concierto. “Hey You” fue interpretada desde atrás de la muralla. La voz de Waters, impecable por lo demás, resonaba desde el fondo del escenario, acompañada por el coro del público. Unos grandes ojos aparecían en la gran muralla para cuando tocó interpretar “Is There Anybody Out There?”. La atmósfera se mantenía sombría y desoladora, en los momentos más introspectivos del recital. Una plataforma surgía desde los ladrillos, una simulación de un living donde Waters observaba por la desdicha del mundo en “Nobody Home”.

“The Wall” es una obra personal que relata un período en la vida de Waters. La muerte de su padre, la desolación y decadencia de una estrella de rock. Sin embargo, en esta ocasión el artista quiso llevar su obra a escalas mayores y presentar los problemas que aquejan al mundo como una metáfora de su historia. “Vera” y “Bring The Boys Back Home” sorprendieron por su visceralidad y potencia visual, con fotografías de niños sufriendo de hambre. Un momento conmovedor e impactante.

“Comfortably Numb” merece un comentario aparte. Junto con “In the Flesh?”, uno de los momentos más espectaculares de todo el espectáculo. Waters destruyendo la muralla, mientras el gran solo de guitarra -original de David Gilmour-, hacia estruendos en todo el estadio. Conmoción y euforia, en un momento peak de la noche. Seguido de “The Show Must Go On” el cantante daba rienda suelta a su ira disparando ráfagas de metralleta hacia el público en “In the Flesh”. Uniformado, pregunta si hay algún paranoico en el lugar. A ellos les dedica “Run Like Hell”, donde las proyecciones en la muralla vuelven a robarse la película. Con megáfono en mano llegaba “Waiting For The Worms”, momento en que los pilares en la muralla se vieron sobrepasados por los gusanos y daban pie a esa imagen icónica de los martillos avanzando en fila y aplastando todo a su paso.

Mientras un cerdo gigante sobrevolaba la cancha, llegaba el gran final con “Stop” y “The Trial”, otro momento catártico e hipnotizante. El fragmento final del filme original se tomaba la muralla, en el clímax de una historia escalofriante y épica. El derrumbe del muro y la ovación del público pusieron fin a un viaje gigantesco.

Sobre las ruinas del muro, se paraba Roger Waters con su banda, para interpretar “Outside The Wall”. Un cierre simple y cercano. Las palabras finales fueron dedicadas a los estudiantes chilenos y a agradecer a los presentes. Así terminaba la primera jornada de “The Wall” en Chile. Un show sin precedentes y que debería ser presenciado por todos aquellos que sientan un vínculo con la música, lo que hace Waters es un sueño para cualquier melómano. Las palabras sobran para describir lo que se vivió la noche del viernes en el Nacional. Simplemente inolvidable.

Por Sebastián Zumelzu
Fotos por Sebastián Rojas

SETLIST

  1. In the Flesh?
  2. The Thin Ice
  3. Another Brick in the Wall Part 1
  4. The Happiest Days of Our Lives
  5. Another Brick in the Wall Part 2
  6. Mother
  7. Goodbye Blue Sky
  8. Empty Spaces
  9. What Shall We Do Now?
  10. Young Lust
  11. One of My Turns
  12. Don’t Leave Me Now
  13. Another Brick in the Wall Part 3
  14. The Last Few Bricks
  15. Goodbye Cruel World
  16. Hey You
  17. Is There Anybody Out There?
  18. Nobody Home
  19. Vera
  20. Bring the Boys Back Home
  21. Comfortably Numb
  22. The Show Must Go On
  23. In the Flesh
  24. Run Like Hell
  25. Waiting for the Worms
  26. Stop
  27. The Trial
  28. Outside the Wall

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13 Comentarios

13 Comments

  1. Ximena

    03-Mar-2012 en 7:43 pm

    Excelente crítica, fue un show maravilloso, y creo que también en mi caso se trata del comienzo de concierto más espectacular que he podido presenciar.

  2. xika

    03-Mar-2012 en 10:08 pm

    ke ganas de haber idoo !! ojala se vuelva a repetir

  3. Esteban

    04-Mar-2012 en 11:30 am

    Conmovedor, en muchos momentos te quedas con la boca abierta por la perfeccion del espectaculo, realmente el mejor espectaculo que he visto en mi vida por lejos.

  4. paul

    04-Mar-2012 en 4:37 pm

    Espectacular concierto, lo malo que desde cancha hacia atras el sonido no era espectacular, y las 3 torres no dejaban ver de lo mejor, pero en cuanto a musica y show nada que decir.

  5. Mike

    04-Mar-2012 en 5:16 pm

    El mejor concierto que he visto en mi vida.

  6. cesar jimenez

    04-Mar-2012 en 5:23 pm

    Increible se queda corto una mezcla de cine y musica artes visuales afectos especiales todo combinado con un sonido perfecto un disco de lujo mensajes que llegan al centro de la sociedad, caricaturas de la pelicula de 1981 agregando nueva tecnologia o sea una experiencia unica que todos los amantes del rock deberian vivir recomendable 100% y mas aun…

  7. cesar hernandez

    04-Mar-2012 en 10:03 pm

    creo tener muchos conciertos en mi cuerpo y lejos pero lejos el mejor debo decir que emociona ……sin palabras

  8. Pancho

    05-Mar-2012 en 12:07 am

    Me quedé sentado por más de 15 minutos después que terminó el concierto tratando de asimilar lo que había visto. He estado en gran cantidad de megaconciertos, pero esté es superlativo, lo más cercano a la perfección hecha música. Cualquier mortal sobre la tierra le guste o no Pink Floyd debería verlo y quedaría igualmente asombrado. Simplemente, Gracias Roger!!!!!

  9. boris bustamante

    05-Mar-2012 en 4:20 pm

    es lo mejor ke hemos tenido en chile, creo ke nada lo superaraaa… gracias roger….

  10. nicole

    06-Mar-2012 en 10:50 am

    impresionante, una verdadera opera del rock…
    sin palabras.

  11. Paolo

    07-Mar-2012 en 2:17 pm

    La misma wea de siempre, los artistas honran a la izquierda pero la mitad del público son fachos ………… pfffffffff, como el derechista que escucha los cadillacs, o los que van al show de U2 y se tienen que mamar a los familiares de los detenidos desaparecidos, o los fachos que tienen que aguantar saludos y dedicatorias a Víctor Jara ………… de mas está decir que bien tarde Roger viene a hacer mención a Víctor Jara.

    • Jorge

      08-Mar-2012 en 9:40 pm

      amargo, disfruta la música gil. Lo demás está de más.

  12. PheLip

    08-Mar-2012 en 4:08 pm

    Best Show Ever!!!

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DIIV: Esquemas Juveniles

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DIIV

Aunque estamos en una época con la posibilidad de más estilos que nunca, lo que es más claro de ver son las convergencias, cuando existen cosas muy diferentes que tienen un punto de encuentro. Nadie podría decir que Mac DeMarco, Wild Nothing y DIIV suenan igual, pero estos tres actos, con popularidad en nuestro país, tienen una sensibilidad con las guitarras y los ritmos que los hacen convivir incluso en el mismo sello, Captured Tracks. Pero luego aparecen las diferencias, que tienen más relación con cómo se disponen en un escenario o cómo se disponen ante su propia música, algo que se reafirmó en una nueva visita de DIIV, enterando su tercera vez en Chile.

Antes, todo partió con un potente set de Adelaida. La banda de Valparaíso estuvo muy bien elegida para partir con la jornada, en especial por la energía desplegada, que redundó en una ovación del público al cierre de su show pasadas las 21:45 hrs., donde pasaron por canciones como “1999” y “Eco”, para cerrar con la explosiva “Cienfuegos”, en su mayoría tracks que pertenecen a “Paraíso”, el disco que editaron en 2017. Un sólido espectáculo de una de las bandas más potentes del rock chileno, cuyo repertorio está siendo rápidamente engrosado.

Tras 25 minutos de espera, y teniendo a la mitad de DIIV en los últimos minutos ajustando ellos mismos sus instrumentos, entró a escena la banda de Brooklyn, que de inmediato podía establecer su potencia. A diferencia de Wild Nothing o DeMarco, lo de DIIV es más potente en el proscenio, y ellos no caen en la autoindulgencia, pese a que las formas de Zachary Cole Smith pudieran hacer creer lo contrario. Toda la banda suena cohesionada y eso deriva en el peso escénico que proyectan. Mientras Zachary pareciera al comienzo un vocalista parco que no se interesa en que se le entienda poco, luego se denota que eso es parte de la estética mientras él está enfocado como láser en lo suyo, y también en la guitarra de Andrew Bailey, con quien se complementan perfectamente.

Además, esta energía enfocada y este sonido aplanador no caen en un saco roto, porque el público que llegó a Club Blondie (que, vale decir, cada vez suena mejor para bandas) estaba dispuesto a saltar y sentir este show como algo realmente relevante. Ya en “Human” y “Dopamine” la algarabía era tal, que gente de la audiencia hacía crowdsurfing y otros revoleaban la polera o lo que fuera en el aire, como si se estuviera alentando al equipo en el estadio, con una conexión envidiable.

Aunque se ha visto a DIIV varias veces en vivo, existe algo que hace que se vuelva a ellos. Y tal vez sea esa sensación de que, en medio de todos los esquemas que rodean lo que son y proyectan sus canciones, existe una banda que tiene mucho que entregar, enfrentándose al cliché de los conjuntos que suenan o se ven similar, y que en general tienden a restringir el caudal de energía. En temas como “Past Lives” quedaba en claro que no se trataba meramente de escuchar versiones como las oscuras rendiciones de los discos, sino que algo de mayor alcance explosivo, sin traicionar esas sensaciones.

No es que DIIV sea la banda más brillante del mundo. Tras entregar una canción nueva sin título, tocaron un minuto de algo ininteligible y esos son gestos contradictorios, pero al menos reposa algo de honestidad en ellos que los hace ser de lo mejor de su rebaño, algo que en el iluminado final con “Dust”, “Doused”, y luego el encore con “Wait” (en el cual Andrew salió con un sostén que una persona lanzó al escenario) quedó de manifiesto. Poco más de una hora y cuarto que explicitan a DIIV como parte de los actos en los que no se debe desconfiar, porque pese a seguir modelos que parecieran muy definidos, ellos aún son capaces de entregar algo que los separa de la indulgencia y la simplona sencillez, y es así como probablemente los neoyorquinos consigan el paso a la trascendencia.

Setlist

  1. (Druun Pt. II)
  2. Is The Is Are
  3. (Druun)
  4. Human
  5. Under The Sun
  6. Dopamine
  7. Sometime
  8. Oshin (Subsume)
  9. Incarnate Devil
  10. Bent (Roi’s Song)
  11. Past Lives
  12. Nueva canción
  13. Healthy Moon
  14. Loose Ends
  15. Dust
  16. Doused
  17. Wait

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