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Riverside: Con la fuerza del océano

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Una velada magnífica. Así de simple resulta definir lo que sucedió anoche en el Teatro Cariola, en el marco del debut en nuestro país de los polacos Riverside, evento que contó con el soporte de los nacionales Crisálida, quienes encajaron perfecto con el tenor del concierto.

Siempre las presentaciones que se agendan en Chile, con bandas cercanas al rock o metal progresivo, generan altas expectativas y esta no fue la excepción, ya que los europeos cuentan con la venia de la crítica y del público desde el trabajo que inició su carrera, “Out Of Myself” (2003), situación que se ha acrecentado exponencialmente a medida que han pasado estos años, encontrándose hoy dentro de lo más selecto de los artistas modernos que están por esos mismos confines.

17 Riverside @ Teatro Cariola 2015

Igual que en las memorables actuaciones que Steven Wilson entregó en mayo, el recinto de San Diego dispuso de asientos para los asistentes, algo que –a juicio de este redactor- está de más, considerando que nadie se aguantó mucho posado en las sillas, incluso durante los cuarenta minutos en que Crisálida desplegó lo mejor de su repertorio que, dicho sea de paso, fue presenciado por casi la totalidad de las personas que llegaron temprano, en una tarde matizada por leves precipitaciones que ambientaron aún más la jornada. Lo cierto es que la voz de Cinthia Santibáñez se perdió en cada canción, no por deficiencias en el sonido desde la mesa o del local, sino porque su registro, un tanto llano, queda en un segundo plano en comparación a las texturas deliciosas que crean el resto de los integrantes y no alcanza el protagonismo que, en teoría, debiese tener. En varios pasajes, tanto en canciones antiguas o de su último disco, “Terra Ancestral”, (2015), da la sensación que la vocalización sólo sigue la línea melódica creada por el resto de los instrumentos, en vez de alejarse y crear una nueva. Apreciaciones personales aparte, fue un acto soporte sólido, acorde con lo que acaecería unos momentos más tarde.

Apenas unos minutos pasados las 21:30 horas, y con el telón cerrado, suena fuerte la introducción que nos preparó para la primera entrega de la noche: “Lost (Why Should I Be Frightened By A Hat?)”, extraída de su sexta obra, apenas lanzada hace unos días, “Love, Fear And The Time Machine”. Canción tranquila, paciente, que logra una atmósfera “setentera” pero muy fresca, cautivando de inmediato a los presentes, quienes ya estaban ovacionando desde que se apagaron las luces antes de comenzar. Tras un breve saludo por parte de su vocalista-bajista, Mariusz Duda, llega “Feel Like Falling”, de su trabajo anterior, donde destaca la presencia de los arreglos electrónicos por parte del tecladista, que le dan el toque prog a una composición más dinámica que la previa y que enciende aún más los ánimos.

14 Riverside @ Teatro Cariola 2015

El comienzo calmo y meloso de “Hyperactive” se contrasta con el eclecticismo que le prosigue, donde los músicos demuestran una técnica exquisita y le guiñan un ojo al metal, provocando así uno de los puntos más álgidos de la noche, con una gran cantidad de personas poniéndose de pie y haciendo headbanging, lo que se replica en la ejecución enérgica por parte de la banda. Luego vuelven al lado más parsimonioso con “Conceiving You”, para luego dar paso a “02 Panic Room”, de su tercer LP “Rapid Eye Movement” (2007), canción que muestra una faceta más oscura y densa, cercana a lo que hacía Muse en sus orígenes o, más aún, como lo que hacía Porcupine Tree en algunas ocasiones, banda que a menudo surge a la hora de clasificar el arte de Riverside.

La única extracción de aquel EP que editaron en 2005 (“Voices In My Head”) fue “Acronym Love”, tema de corte clásico y nostálgico, con tonalidades melancólicas, que sumerge al Cariola en un aura llena de quietud  y paz; algo común en el rock progresivo y sus derivados, emulando y homenajeando lo hecho antes por grandes como Pink Floyd, sólo por nombrar alguno. Relativamente cercana a esta vibra recién propiciada, aparece una de las favorita de este redactor: “The Depth Of Self-Delusion”, proveniente de “Shrine Of New Generation Slaves” (2013), y el teatro corea un poco absorto, debido a que la presentación de los polacos, hasta ahora, es perfecta y emotiva, a causa del constante agradecimiento y del discurso que manifiesta todo el tiempo que pasó antes de que se concretara esta visita de Riverside, lo que provoca una ola de sentimientos disímiles entre sí, en cada uno de los que asistimos.

09 Riverside @ Teatro Cariola 2015

A estas alturas, acabamos de pasar la mitad del concierto, que tuvo una extensión de poco más de dos horas, momento preciso para mostrar otra pieza de su nuevo álbum, “Saturate Me”, que suena intensa, contemporánea, conjugando lo mejor de una manera más clásica de concebir la música con una perspectiva moderna, posicionando a este nuevo larga duración en un lugar de privilegio dentro del catálogo de la banda y del espectro mundial, en cuanto a rock y metal progresivo se refiere. “Egoist Hedonist” y “We Got Used To Us” conforman un bloque inolvidable, por el contraste que constituyen, donde la primera se sitúa dentro de lo más vigoroso y potente, con toques del “método Opeth”, mientras que la siguiente otra vez emula un mar sereno y acogedor, donde aparecen atisbos de la influencia que (de manera probable) ha ejercido Anathema en el enfoque de los oriundos de Polonia.

Discard Your Fear” también se desprende de lo más reciente y se alza como otro punto destacable, dentro de muchos, de esta sesión que se ve coronada por “Escalator Shrine”, previamente anunciada como la ejecución más larga del día, cuya esencia es un viaje por todas las vertientes que convergen en este caudal de emociones que comprende el océano sónico de Riverside. La banda se retira del escenario, para luego volver y soltar el encore a cargo de “The Same River” y “The Curtain Falls”, únicas dos canciones de su aclamado registro debut, “Out Of Myself”. La euforia es total y la ovación –algo que ocurrió todo el concierto- es más fuerte que nunca, lo que se traduce en el clímax, la catarsis misma, el instante que tanto el artista como la audiencia desea con ansias.

15 Riverside @ Teatro Cariola 2015

La velada calificó para inmortal, fácil. Desde Crisálida hasta el último acorde de Riverside, la gente acompañó y participó de forma activa en el desarrollo de un show de la más alta calidad. Todos quedamos más que conformes porque, a diferencia del resto de las fechas de la gira que ya han acontecido, acá tocaron más canciones, quizá por el hecho de que –como lo indicaron- otras agrupaciones les contaron que “Chile es el mejor público del mundo”. Si lo somos o no, es materia de otra discusión, aunque anoche la comunión que se creó, confirme tal aseveración.

Por Hans Oyarzún

Fotos por Luis Marchant

Setlist

  1. Lost (Why Should I Be Frightened By A Hat?)
  2. Feel Like Falling
  3. Hyperactive
  4. Conceiving You
  5. 02 Panic Room
  6. Acronym Love
  7. The Depth Of Self-Delusion
  8. Saturate Me
  9. Egoist Hedonist
  10. We Got Used To Us
  11. Discard Your Fear
  12. Escalator Shrine
  13. The Same River
  14. The Curtain Falls

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4 Comentarios

4 Comments

  1. metalliseba

    08-Sep-2015 en 3:25 pm

    Sólo rectificar que “The Depth Of Self-Delusion” es del disco “Shrine of the new generation slave” y no del “Second Life Syndrome” como dice la nota…

  2. vennart

    08-Sep-2015 en 3:32 pm

    The Depth of Self-Delusion es del Shrine of the New Generation Slave, si es de tus faavoritas deberías saberlo…

  3. Black

    08-Sep-2015 en 5:14 pm

    Sillas, sillas y mas sillas, estaban de sobra

  4. The 666 Journalist (@D666journalist)

    10-Sep-2015 en 11:56 am

    Amigos les dejo la charla que tuvimos con el guitarrista de Riverside Priot! para hablar de “Love, Fear and the Time Machine”, enjoy! https://www.youtube.com/watch?v=fhUO9jgVSTg

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Metronomy: El disco de tu corazón

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Metronomy

Sigue siendo extraño ir a conciertos y disponerse a pasarlo bien cuando el país despertó y, como pasa en “The Matrix”, al abrir los ojos no era un mundo idílico el que supuestamente había y pintaban, sino que todo se ve sucio, injusto y sobre una lupa. Por ello la música sirve como escape en medio de tensiones y para no perder la perspectiva sobre el propio ser. En medio de causas comunes, donde los cuerpos se vuelven uno y la individualidad se ve como un lujo, es bueno recordar el propio corazón, aquello que lo mueve, lo que lo emociona y hace feliz. Ese tipo de reacciones genuinas son las que aparecieron copiosamente en el retorno de Metronomy a nuestro país, con su cuarto show a la fecha, en la explanada del Centro Cultural Matucana 100.

La gente fue llegando poco a poco hasta repletar la explanada, cuando ya se escondía el sol, poniéndose cada vez más impaciente mientras se acercaban las 21:15 hrs., supuesto horario de inicio del show. A las 21:26 comenzó a sonar “Wedding” como intro del concierto, y como a la distancia se veía el edificio donde están los camarines, se notaba –como si fuera un programa televisivo– el momento exacto en que la banda se movía para llegar al escenario de riguroso vestuario blanco, en medio de los vítores. Comenzaron con “Lately”, canción en medio de la cual se escuchaban los primeros gritos de “el que no salta es paco”, parte de la “nueva normalidad” en los conciertos, algo de lo que deberemos hablar más tarde.

La potencia de las canciones de Metronomy no daba respiro. “Lately” y su pulso más psicodélico (sello de su último trabajo de estudio, “Metronomy Forever”) hasta el hit “The Bay”, convirtieron a Matucana 100 en un lugar de karaoke, irrumpiendo de inmediato la faceta más banda de rock de Metronomy con “Wedding Bells” y ese final falso que culminaba en una explosión con el solo de un Joseph Mount que parece más cómodo y sobrecogido que nunca con el rol que tiene en vivo. Mount es un tipo notoriamente tímido en el escenario, pese a ser el líder de un proyecto que mueve mucha gente, pero tal vez eso viene desde una comprensión fundamental. Y es que lo que se convierte en el disco o la canción que llega directo al corazón de la gente es una composición, más allá de sus exponentes.

Aunque Metronomy tiene una formación reconocible, de buenos músicos y carismas al servicio del show, lo más abrumador es la potencia de las composiciones, como pocas veces pasa en un espectáculo. La fuerza de “Corinne” no va ni en la potencia que le puso Anna Prior a cada beat en la batería o a los adornos precisos de los teclados del contagioso bailar y sonreír de Oscar Cash, sino que en la armonía tan fluida como impalpable que tienen los diferentes ritmos que mueven a la canción. En “Everything Goes My Way”, además del inmenso amor del público chileno a Prior o de la guitarra acústica siendo un dulce néctar para los oídos, la dinámica típica de los grupos a capella sesenteros en el coro son lo que hace la canción, y eso terminaba siendo hecho por el público, muy participativo, a diferencia de la última visita de la banda en un Lollapalooza 2018 donde resultaron injustamente ignorados.

Reservoir” fue una explosión de energía, en tanto que “Walking In The Dark” mostraba la vibra más chill digna de Madchester y la onda rave, para luego continuar precisamente con el baile con dos piezas instrumentales: “Boy Racers” y “Lying Low”. En este caso, vale precisar que Michael Lovett y Oscar Cash se complementan de forma perfecta cuando ambos están manejando los teclados, en una mini orquesta de sintetizadores muy a la usanza de Orchestral Manoeuvres In The Dark, pero con una vibra más ligera. En “Boy Racers”, además, Olugbenga Adelekan por fin sonó más con su bajo que, pese a tener un protagonismo clave en canciones como “The Bay”, no quedaba tan adelante en la mezcla de sonido, como sí pasó en esa canción. Todo esto servía como aperitivo perfecto para “Old Skool”, otra de esas composiciones hechas para conseguir la participación del público y hacer aún más grande la experiencia. Es impecable la capacidad de Mount de crear estas obras que, desde una producción usualmente muy minimalista y con el cuidado necesario de dejar respirar las capas sonoras, terminan con una capacidad de generar enlaces de valencia tan numerosos con la audiencia, tanto, que la participación hace del momento algo más cercano y también mucho más inolvidable.

Luego, la vibra de banda de rock & roll volvió a escena con “Insecurity”, una canción que en manos de cualquier otra banda hubiera quedado plana, pero que para Metronomy es perfecta porque refleja sus propias sensaciones de extrañeza y de desacomodo con aquello que pareciera tan natural. Parte también de la catarsis en medio de este show fue la capacidad de evitar que la normalidad parezca tan normal, y eso a Metronomy le queda muy bien. Tal vez, por ello en vez de tocar “On Dancefloors”, como decía el setlist, la banda se vio descolocada con los gritos de “el que no salta es paco” y “el pueblo unido jamás será vencido” con los que ellos intentaron continuar una parte instrumental de “Insecurity”. En vez de hacer como cualquier otra banda y seguir como si nada, la cara de Joseph indicaba que no sabía cómo reaccionar, más allá de una sonrisa nerviosa que cambió para tener un poco más de seguridad con “I’m Aquarius” y calmar un poco los decibeles, sumergiendo a la audiencia en un track tan especial como acuático, de esos que son inmersivos, justo para después despachar “The End Of You Too” pegada a “Salted Caramel Ice Cream” en un tono más bajo de lo que es la versión de estudio, algo que quizás sacó un poco a la gente del acto de disfrutar sin freno.

“El disco de tu corazón”, concepto acuñado por Miranda! –otra banda llena de canciones que, más allá de su estilo, se pegan de forma irremediable a los oídos–, no dejaba de rotar y de ser escuchado. Una canción tan querida como “The Look”, con un épico final de sintetizadores trenzados en un baile sideral, volvía a convertir a la explanada de M100 en un lugar caluroso, movido y repleto de baile, en tanto que “Love Letters” y su pulso casi como el latido de un corazón, sin parar, sin soplos o pausas, aumentó aún más las fuerzas que terminaron de explotar con un poco más de calma en “Sex Emoji”. El encore no demoró mucho, con “Upset My Girlfriend” que, en un tono casi autobiográfico, recuerda los inicios en la música de Joseph, quien por sentir la música muchas veces se dejaba llevar demasiado. Y quizás ahí está el mayor triunfo de su historia, el aprender a tener control, pero también a permitir que las cosas tengan crecimiento orgánico.

Como un corazón latiendo, el beat final tenía que ser uno de compases irregulares y de final abrupto, como ocurre con la rara “Radio Ladio”, final preciso para un show donde las canciones brillaron más que cualquier otra cosa. Al final del día eso es lo importante, porque, así como en tantos recuentos de fin de año, son esos tracks los que se quedan en el alma, esperando su momento para explotar en situaciones de felicidad que pueden acallar, aunque sea por una hora y media, la sordera del fascismo devenido en enemigo y la desesperanza convertida en voz cantante y rebelde de una revolución con todo en contra, pero con la fuerza de la unión como estandarte. Y qué buen soundtrack hubo para este pequeño escape.

Setlist

  1. Wedding
  2. Lately
  3. The Bay
  4. Wedding Bells
  5. Corinne
  6. Whitsand Bay
  7. Everything Goes My Way
  8. Heartbreaker
  9. Reservoir
  10. Walking In The Dark
  11. Boy Racers
  12. Lying Low
  13. Old Skool
  14. Insecurity
  15. I’m Aquarius
  16. The End Of You Too
  17. Salted Caramel Ice Cream
  18. The Look
  19. Love Letters
  20. Sex Emoji
  21. Upset My Girlfriend
  22. Radio Ladio

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