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Richie Kotzen: Sonidos al natural

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Cuando te dicen que un genio de la guitarra eléctrica hará un show acústico, el pensamiento obvio es la curiosidad de ver el “verdadero” talento de un instrumentista, en un formato más crudo que denotará sus falencias y virtudes con mayor fuerza. Cuando te dicen que es Richie Kotzen el que hará esto, las dudas se acrecientan. El manejo de los efectos y la forma de tocar del ex Mr. Big y ex Poison es magistral, entonces lo que haga con una guitarra de palo es un misterio para muchos.

Este miércoles 13 de junio, Kotzen logró conectar con la emocionalidad más pura de su trabajo solista. Esa crudeza que se avizora con la falta de efectos, se suplió con la entrega de un artista que sabe muy bien lo que hace, pese a lo simple que él mismo lo haga ver en 17 canciones y 85 minutos de show.

El setlist incluso es distinto a la mayoría de las tocatas que él ha realizado alrededor del mundo. Es que Kotzen tampoco está acostumbrado a este tipo de presentaciones, lo que le reconoció a un público que siempre estuvo ávido de música y que repletó La Batuta. De hecho, comenzó con “I Would”, que sale en el disco “Acoustic Cuts”, un compilado de 2004. Una rareza sólo para fanáticos que Kotzen tocó en solitario, acercándose poco a poco a la gente, mientras se denota el sonido claro de su guitarra. Luego otra rareza con “Rust”, que sale en el mismo álbum. Aquí se nota que el sacrificio en potencia y variedad de efectos en el instrumento, se suplen con la sencillez directa de la composición en acción. Con “Lose Again” el público ya estaba entregado, y tras eso vino “Don’t Ask”, primer “momento karaoke” de la noche.

Pese a que muchas canciones se acortaban, esta “esencia” que se podía observar era más que suficiente para evocar emociones y mucho más. Ese efecto karaoke se hizo presente en varios momentos dignos de recuerdo, porque la conexión fue más allá de lo normal. Kotzen se veía agradecido del apoyo y el público respondía coreando a toda garganta.

Con la banda completa –percusiones a cargo de un motivado Mike Bennett y bajo acústico con un pulcro Dylan Wilson- , las canciones pasaron de la intimidad intensiva a la profundidad de la sencillez, con unas grandes versiones de “Where Did Our Love Go” y “Change”.

Después vino el karaoke con todo. En “High”, “Shine” (original de Mr. Big) y “Stand”, el público le robaba la voz principal a Richie, a lo que este respondía con sonrisas de aprobación. Luego de una tibia versión, en comparación a la entrega extensa que acostumbra hacer, de “Doin’ What The Devil Says To Do”, vino la correcta interpretación de “Everything Good”, para dar paso al groove lleno de funk y soul de “Bad Situation”, donde la guitarra Kotzen Stratocaster sonó notablemente.

La voz de Richie Kotzen es un ítem aparte, dado que, si bien es su destreza en la guitarra la que lo ha hecho famoso, su timbre y colocación de tonos hacen que su interpretación vocal sea magistral de igual forma. Varias veces, como en “Help Me”, la voz replicó figuras de guitarra con una afinación envidiable.

“The Road” fue un aperitivo perfecto para lo siguiente, el tridente final de canciones de la velada, las tres coreadas a más no poder. “You Can’t Save Me”, “Remember” en una versión más blusera de lo usual y “Go Faster” más rockeada que nunca, fueron el broche de oro de una velada inolvidable, concepto manoseado, pero más que adecuado en este caso.

Sin efectos, sin batería, sin más que las manos, la voz y la guitarra de siempre, Richie Kotzen demostró sus quilates en el rock ante un público devoto, que supo ver que el talento, aunque esté al natural, en carne viva, sin artificios, no se esconde, sino que brilla con más fuerza si las canciones y el ambiente lo acompañan.

Setlist

  1. I Would
  2. Rust
  3. Lose Again
  4. Don’t Ask
  5. Where Did Our Love Go
  6. Change
  7. High
  8. Shine (original de Mr. Big)
  9. Stand
  10. Doin’ What The Devil Says To Do
  11. Everything Good
  12. Bad Situation
  13. Help Me
  14. The Road
  15. You Can’t Save Me
  16. Remember
  17. Go Faster

Por Manuel Toledo-Campos

Fotos por Praxila Larenas

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Sebastián Alfaro Flores

    15-Jun-2012 en 3:06 am

    Tocó “Let’s say Goodbye” también, pero no recuerdo en qué momento, pero fue mas tirado para el final.

  2. Francisco Gómez

    15-Jun-2012 en 9:45 am

    No, no tocó esa, aunque sí le dio un par de rasgueos y le dio con “The Road”. Tremendo show!

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DIIV: Esquemas Juveniles

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DIIV

Aunque estamos en una época con la posibilidad de más estilos que nunca, lo que es más claro de ver son las convergencias, cuando existen cosas muy diferentes que tienen un punto de encuentro. Nadie podría decir que Mac DeMarco, Wild Nothing y DIIV suenan igual, pero estos tres actos, con popularidad en nuestro país, tienen una sensibilidad con las guitarras y los ritmos que los hacen convivir incluso en el mismo sello, Captured Tracks. Pero luego aparecen las diferencias, que tienen más relación con cómo se disponen en un escenario o cómo se disponen ante su propia música, algo que se reafirmó en una nueva visita de DIIV, enterando su tercera vez en Chile.

Antes, todo partió con un potente set de Adelaida. La banda de Valparaíso estuvo muy bien elegida para partir con la jornada, en especial por la energía desplegada, que redundó en una ovación del público al cierre de su show pasadas las 21:45 hrs., donde pasaron por canciones como “1999” y “Eco”, para cerrar con la explosiva “Cienfuegos”, en su mayoría tracks que pertenecen a “Paraíso”, el disco que editaron en 2017. Un sólido espectáculo de una de las bandas más potentes del rock chileno, cuyo repertorio está siendo rápidamente engrosado.

Tras 25 minutos de espera, y teniendo a la mitad de DIIV en los últimos minutos ajustando ellos mismos sus instrumentos, entró a escena la banda de Brooklyn, que de inmediato podía establecer su potencia. A diferencia de Wild Nothing o DeMarco, lo de DIIV es más potente en el proscenio, y ellos no caen en la autoindulgencia, pese a que las formas de Zachary Cole Smith pudieran hacer creer lo contrario. Toda la banda suena cohesionada y eso deriva en el peso escénico que proyectan. Mientras Zachary pareciera al comienzo un vocalista parco que no se interesa en que se le entienda poco, luego se denota que eso es parte de la estética mientras él está enfocado como láser en lo suyo, y también en la guitarra de Andrew Bailey, con quien se complementan perfectamente.

Además, esta energía enfocada y este sonido aplanador no caen en un saco roto, porque el público que llegó a Club Blondie (que, vale decir, cada vez suena mejor para bandas) estaba dispuesto a saltar y sentir este show como algo realmente relevante. Ya en “Human” y “Dopamine” la algarabía era tal, que gente de la audiencia hacía crowdsurfing y otros revoleaban la polera o lo que fuera en el aire, como si se estuviera alentando al equipo en el estadio, con una conexión envidiable.

Aunque se ha visto a DIIV varias veces en vivo, existe algo que hace que se vuelva a ellos. Y tal vez sea esa sensación de que, en medio de todos los esquemas que rodean lo que son y proyectan sus canciones, existe una banda que tiene mucho que entregar, enfrentándose al cliché de los conjuntos que suenan o se ven similar, y que en general tienden a restringir el caudal de energía. En temas como “Past Lives” quedaba en claro que no se trataba meramente de escuchar versiones como las oscuras rendiciones de los discos, sino que algo de mayor alcance explosivo, sin traicionar esas sensaciones.

No es que DIIV sea la banda más brillante del mundo. Tras entregar una canción nueva sin título, tocaron un minuto de algo ininteligible y esos son gestos contradictorios, pero al menos reposa algo de honestidad en ellos que los hace ser de lo mejor de su rebaño, algo que en el iluminado final con “Dust”, “Doused”, y luego el encore con “Wait” (en el cual Andrew salió con un sostén que una persona lanzó al escenario) quedó de manifiesto. Poco más de una hora y cuarto que explicitan a DIIV como parte de los actos en los que no se debe desconfiar, porque pese a seguir modelos que parecieran muy definidos, ellos aún son capaces de entregar algo que los separa de la indulgencia y la simplona sencillez, y es así como probablemente los neoyorquinos consigan el paso a la trascendencia.

Setlist

  1. (Druun Pt. II)
  2. Is The Is Are
  3. (Druun)
  4. Human
  5. Under The Sun
  6. Dopamine
  7. Sometime
  8. Oshin (Subsume)
  9. Incarnate Devil
  10. Bent (Roi’s Song)
  11. Past Lives
  12. Nueva canción
  13. Healthy Moon
  14. Loose Ends
  15. Dust
  16. Doused
  17. Wait

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