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Richie Kotzen: A lo Guitar Hero

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“Richie, you’re my guitar hero”, fue un grito que se sintió en La Batuta el pasado miércoles, pero no fue sino hasta este viernes 15, en el Centro Cultural Amanda, cuando este concepto se representó con mayor fuerza por parte de Richie Kotzen. Un set mucho más cercano a lo realizado en su gira “24 Hours”, promocionando el disco del mismo nombre (2011), fue el que se encontraron los más de 500 asistentes al recinto de Vitacura. Un show más ortodoxo para los estándares de Kotzen que el presentado el pasado miércoles, también permitió notar en toda su extensión a este genio de la guitarra.

Todo partió con el funk-soul de “Bad Situation”, donde el groove de esta fusión, se mezcló con el hard rock, iniciando una fiesta donde Kotzen dejaría en claro porqué no tiene una, sino que dos guitarras Fender Signature con su apellido.

“Help Me” y “24 Hours” tuvieron versiones más que correctas, donde no sólo el guitarrista se lució, sino que también el baterista Mike Bennett, encargado de darle el toque hard rock a la presentación, y el bajista Dylan Wilson que, pese a que Richie todo el tiempo haya hechos grandiosos solos, también se daba maña para constatar su pulcritud y capacidad. Luego vino el primer momento de karaoke de la noche con la versión de “Shine”, original de Mr. Big, pero con lo que nadie contaba, era con que tras un gran solo, y una entrega a esas alturas total del público, Kotzen y los suyos abandonarían el escenario…

Algo andaba mal, y nadie sabía qué era. Y el ingreso con celeridad de los roadies, hacía presagiar lo peor. La gente se descolocó, y más caras de indignación se presentarían cuando se cortó la luz en el recinto, quedando sólo las luces de emergencia, reponiéndose en un instante.

Fueron 15 minutos de bache en el show, donde estos problemas –que nunca quedaron del todo claros sus causas- frenaron en seco la energía, y cuando Richie y los suyos volvieron a escena, había un público al que reencantar.

Si bien nadie dijo nada, Kotzen entregó tremendas versiones de “Stand” y “Fear”, pero donde ya logró enrielar de nuevo el show fue con “Doin’ What The Devil Says To Do”, donde el ex Poison se manda un SEÑOR solo, en medio de una canción que crece hasta lograr una estatura insospechada, con un bajo de Wilson al inicio que sonó claramente saturado, pero cuya maestría tampoco puede quedar en entredicho.

Ya con la gente de vuelta en el concierto, “You Can’t Save Me” calentó las gargantas de la audiencia con la potencia del desconsuelo del desamor. A esas alturas ya se notaba que el set de canciones era lo suficientemente oscuro como para decaer en intensidad. Por esto no fue raro que apareciera “Love Is Blind” sorpresivamente en el horizonte, y después los tremendos solos en una versión extendida y llena de matices de “Fooled Again”, con una energía a tope, tras lo cual la calma llegó con “My Angel”, otra de las sorpresas de Richie Kotzen en esta visita a Chile.

Con “Peace Sign” dejó en claro que no todo son solos o vértigo sonoro, sino que también hacer una pausa, mantener una nota, ser capaz de darle respiros a una canción también sirve, y mucho. Con este antecedente, el beat 80’s se desplegó con todo en “Paying Dues”.

Kotzen dejó el escenario, pero, tras un par de minutos, vuelve para hacer el gran cierre con una versión (aún más) rockera de “Go Faster”, con una intro notabilísima, llena de intención.

Hay un problema, dado que la entrega es con las canciones, con las composiciones, con la guitarra y el micrófono, pero Kotzen evita mostrarse más en el escenario, o interactuar con el público. Quizás, en este caso fue el quiebre forzado del concierto y que bajó de golpe las energías, pero muchos sintieron que, lo que faltó para que el show fuera redondo, fue precisamente este punto, cosa que en La Batuta no había sido tema.

En este caso, en vez de quedarnos con el show completo, tenemos una colección de canciones en vivo. Porque Richie Kotzen es uno de los mejores exponentes de la guitarra en el planeta, y eso es innegable, pero la falta de conexión con la audiencia hace notar que el apelativo de “Guitar Hero” puede tener un doble significado, porque puede hacer referencia a la maestría del artista en su instrumento, pero también la falta de ese valor agregado para las canciones. Y eso también es parte capital de un espectáculo.

Setlist

  1. Bad Situation
  2. Help Me
  3. 24 Hours
  4. Shine
  5. Stand
  6. Fear
  7. Doin’ What The Devil Says To Do
  8. You Can’t Save Me
  9. Love Is Blind
  10. Fooled Again
  11. My Angel
  12. Peace Sign
  13. Paying Dues
  14. Go Faster

Por Manuel Toledo-Campos

Fotos por Sebastián Rojas

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DIIV: Esquemas Juveniles

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DIIV

Aunque estamos en una época con la posibilidad de más estilos que nunca, lo que es más claro de ver son las convergencias, cuando existen cosas muy diferentes que tienen un punto de encuentro. Nadie podría decir que Mac DeMarco, Wild Nothing y DIIV suenan igual, pero estos tres actos, con popularidad en nuestro país, tienen una sensibilidad con las guitarras y los ritmos que los hacen convivir incluso en el mismo sello, Captured Tracks. Pero luego aparecen las diferencias, que tienen más relación con cómo se disponen en un escenario o cómo se disponen ante su propia música, algo que se reafirmó en una nueva visita de DIIV, enterando su tercera vez en Chile.

Antes, todo partió con un potente set de Adelaida. La banda de Valparaíso estuvo muy bien elegida para partir con la jornada, en especial por la energía desplegada, que redundó en una ovación del público al cierre de su show pasadas las 21:45 hrs., donde pasaron por canciones como “1999” y “Eco”, para cerrar con la explosiva “Cienfuegos”, en su mayoría tracks que pertenecen a “Paraíso”, el disco que editaron en 2017. Un sólido espectáculo de una de las bandas más potentes del rock chileno, cuyo repertorio está siendo rápidamente engrosado.

Tras 25 minutos de espera, y teniendo a la mitad de DIIV en los últimos minutos ajustando ellos mismos sus instrumentos, entró a escena la banda de Brooklyn, que de inmediato podía establecer su potencia. A diferencia de Wild Nothing o DeMarco, lo de DIIV es más potente en el proscenio, y ellos no caen en la autoindulgencia, pese a que las formas de Zachary Cole Smith pudieran hacer creer lo contrario. Toda la banda suena cohesionada y eso deriva en el peso escénico que proyectan. Mientras Zachary pareciera al comienzo un vocalista parco que no se interesa en que se le entienda poco, luego se denota que eso es parte de la estética mientras él está enfocado como láser en lo suyo, y también en la guitarra de Andrew Bailey, con quien se complementan perfectamente.

Además, esta energía enfocada y este sonido aplanador no caen en un saco roto, porque el público que llegó a Club Blondie (que, vale decir, cada vez suena mejor para bandas) estaba dispuesto a saltar y sentir este show como algo realmente relevante. Ya en “Human” y “Dopamine” la algarabía era tal, que gente de la audiencia hacía crowdsurfing y otros revoleaban la polera o lo que fuera en el aire, como si se estuviera alentando al equipo en el estadio, con una conexión envidiable.

Aunque se ha visto a DIIV varias veces en vivo, existe algo que hace que se vuelva a ellos. Y tal vez sea esa sensación de que, en medio de todos los esquemas que rodean lo que son y proyectan sus canciones, existe una banda que tiene mucho que entregar, enfrentándose al cliché de los conjuntos que suenan o se ven similar, y que en general tienden a restringir el caudal de energía. En temas como “Past Lives” quedaba en claro que no se trataba meramente de escuchar versiones como las oscuras rendiciones de los discos, sino que algo de mayor alcance explosivo, sin traicionar esas sensaciones.

No es que DIIV sea la banda más brillante del mundo. Tras entregar una canción nueva sin título, tocaron un minuto de algo ininteligible y esos son gestos contradictorios, pero al menos reposa algo de honestidad en ellos que los hace ser de lo mejor de su rebaño, algo que en el iluminado final con “Dust”, “Doused”, y luego el encore con “Wait” (en el cual Andrew salió con un sostén que una persona lanzó al escenario) quedó de manifiesto. Poco más de una hora y cuarto que explicitan a DIIV como parte de los actos en los que no se debe desconfiar, porque pese a seguir modelos que parecieran muy definidos, ellos aún son capaces de entregar algo que los separa de la indulgencia y la simplona sencillez, y es así como probablemente los neoyorquinos consigan el paso a la trascendencia.

Setlist

  1. (Druun Pt. II)
  2. Is The Is Are
  3. (Druun)
  4. Human
  5. Under The Sun
  6. Dopamine
  7. Sometime
  8. Oshin (Subsume)
  9. Incarnate Devil
  10. Bent (Roi’s Song)
  11. Past Lives
  12. Nueva canción
  13. Healthy Moon
  14. Loose Ends
  15. Dust
  16. Doused
  17. Wait

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