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Radio Moscow: Con el cerebro en círculos

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Con una mezcla apabullante de rock psicodélico y blues –lo que ellos llaman el “heavy psych”–, Radio Moscow volvió a Chile después de dos años de ausencia para demostrar una vez más que son uno de los fenómenos más interesantes del rock mundial, un camino que llevan 14 años recorriendo, respaldados por siete discos de estudio que se quedan cortos en comparación con el salvajismo histérico de su gran actuación en directo. Pero la cita que reunió a los estadounidenses con sus fanáticos locales para presentar “New Beginning” (2017) también tuvo un sabor especial, marcando la vuelta a los escenarios de los locales Hielo Negro, por lo que asistentes que hicieron la gran fila que se empezó a formar desde las 20:00 horas a las afueras de Espacio San Diego tenían dos motivos de peso para no dejar pasar esta histórica jornada.

Después de un receso de largo tiempo, los patagónicos regresaron con su nueva formación, que ahora incluye a José Olivares en el bajo, quién demostró todo su poder en canciones como “Sin Ley Ni Dios” o “Kaos Ahora”, probando que será una adquisición que dará que hablar en el futuro material de la agrupación. Por su parte, Marcelo Palma se mostró descollante en “Cemento” (con un especial “hello, hello, It’s good to be back” al final), “En La Ruta”, “Hijo Del Diablo” o “Salamandra”, luciendo como siempre ese fervoroso y rasposo tono que logra con la guitarra, marcada al mismo tiempo por el blues cargado de fuzz que siempre ejecuta de manera tan orgánica al son de historias que los asistentes conocen al pie de la letra. El sólido Christian MacDonald impulsó “Viento Sabio”, “Cabo Negro” o “Altas Mareas” a niveles estratosféricos, aportando la velocidad y densidad que cohesiona los parajes desérticos creados por sus compañeros. Gran inicio de temporada para Hielo Negro, una de esas bandas que siempre es bueno tener en la ruta.

Cuando el reloj marcaba las 22:30 horas fue el turno de Radio Moscow, quienes se dieron unos minutos para compartir un cigarrillo de marihuana, que les llegó desde el público antes de comenzar lo que sería aproximadamente una hora y diez minutos de viaje lisérgico, el que arrancó frenéticamente con “New Beginning” y “Death Of A Queen”, un crudo comienzo que no dejó títere con cabeza. Asentados en sus raíces clásicas, el power trio funcionó como un combo bien propinado, certero y directo. Enérgico, pero no como para propiciar un mosh pit, sino que provocando un delirio atómico que hizo mover la cabeza de los presentes con la mandíbula totalmente desencajada.

El tranquilo semblante de Anthony Meier contrastó de sobremanera con el disparate de notas que salieron expulsadas de su bajo en “These Days”, “Rancho Tehama Airport” y “The Escape”, opuesto a la bestialidad de Paul Marrone, quien machacó su batería hasta la saciedad en “250 Miles” con su inicio lleno de misterio, en la que agregó elementos mínimos para posteriormente reventar, y “Brain Cycles”, con esa marcha a mil por hora al principio y sus cortes esquizofrénicos en el desarrollo. Pero fue Parker Griggs quien deslumbró con su manejo rotundo de la guitarra en “Deceiver”, “Before It Burns” y “Last To Know”, lleno de cambios abruptos, bruscos y rotundos, que embrujaban con su poder chamánico desplegado en jammings densos, donde el guitarrista hacía crujir el instrumento para sacarle la mayor cantidad de sonidos posibles.

La fase final, constituida por “No Time” y “Broke Down”, mantuvo los niveles de adrenalina a tope gracias a hitos como el solo de batería magnético de Marrone y la performance de Griggs, que llegó a su apogeo en “Dreams”, cuando terminó pasando la guitarra por el amplificador Marshall, quedando sin la correa de esta después de que saliera de su hombro en un movimiento brusco mientras estaba sumido en la catarsis. Por eso es fácil caer rendido ante Radio Moscow: su propuesta está marcada por los sonidos que las viejas glorias del rock criaron en nuestras mentes, pero su gracia no se reduce sólo a eso, ya que son dueños de una sonoridad excitante y aguerrida, que le da frescura a un estilo que bien podría ser puro reciclaje.

Hoy en día, podemos distinguir al menos dos cursos de acción bien determinados en el panorama rockero: las bandas que deciden transgredir los límites de lo posible y combinar los elementos para crear algo nuevo y acorde con los tiempos, y los que escogen trabajar sobre lo que ya está establecido para perpetuar un sonido que, a juzgar por los fieles que quedaron pasmados ante tal demostración de poder, sigue ganando adeptos. En ese contexto, la jornada que se vivió en el recinto de calle San Diego se ubicó en esa segunda vereda, porque tanto Hielo Negro como Radio Moscow se edifican desde los cimientos del rock no por mera nostalgia, sino porque saben que hay veces en que la sangre tira y no se necesitan de elementos externos para hacerla correr por las venas de las seis cuerdas de una Fender Stratocaster, las cuatro de un Rickenbacker 4003 y los platillos de una Gretch para que el que el oyente abandone la velada con esos sonidos recorriendo su cerebro en círculos.

Setlist Hielo Negro

  1. Cemento
  2. Kaos Ahora
  3. En La Ruta
  4. Sin Ley Ni Dios
  5. Kiebre
  6. Hijo Del Diablo
  7. Viento Sabio
  8. Locomotora
  9. Altas Mareas
  10. Salamandra
  11. Cabo Negro

Setlist Radio Moscow

  1. New Beginning
  2. Death Of A Queen
  3. These Days
  4. Rancho Tehama Airport
  5. The Escape
  6. 250 Miles
  7. Brain Cycles
  8. Deceiver
  9. Before It Burns
  10. Last To Know
  11. No Time
  12. Broke Down
  13. Dreams

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Christina Rosenvinge: Ouijas para la empatía y la revolución

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Christina Rosenvinge

La opresión de la lógica patriarcal que rige como titiritero invisible a las acciones sociales del mundo ataca a todas y todos. Aunque las movilizaciones multitudinarias hacen creer a varios que son las mujeres las que buscan cambios para ellas, lo cierto es que toda modificación a la norma imperante debe implicar algo más allá, afectando a hombres y mujeres. Por ello se hace vital entender todo el espectro. Esa es parte de las inquietudes de una de las creadoras más relevantes de Hispanoamérica, en especial cuando el análisis se cierne sobre su propia historia y la de los suyos.

Christina Rosenvinge es activista, pensadora, productora, mujer, pero por sobre todo es compositora, y en este ámbito es el que vierte complejidades claves de escudriñar. “Un Hombre Rubio”, uno de los mejores discos de 2018, ataca desde la empatía y la honestidad hacia las razones por las que existen exigencias para los hombres en pos de un patriarcado que busca su propia sanidad. Ella ve en su padre a una figura que tiene esas contradicciones e intenta explicarse una relación –cuando menos– conflictiva. Junto con una producción exquisita (de exclusivo crédito de la propia Christina) y sonidos precisos y bien desarrollados, el décimo álbum de la madrileña es un arma poderosa para hacer espiritismos propios en busca de respuestas, analizar esos diálogos pendientes y, por supuesto, para elucubraciones que deriven en esa revolución que permitiría la transversalidad fundamental, esa donde géneros no importen.

Un portal se abrió a pocos kilómetros del radio urbano del Gran Santiago, y en el parque de Las Majadas de Pirque, con edificaciones preciosas alrededor, se dio algo cercano a un día de campo, ocasión que vería a Rosenvinge volver luego de 14 meses a Chile, pero con un nuevo paradigma, de esos que usaría el propio David Bowie para corromper la normalidad y expresar todo lo que se pueda indicar.

Pero antes, la velada fue abierta por la solvente y delicada propuesta de Sabina Odone, quien, pese a indicar que existían ciertos desperfectos técnicos, siempre se escuchó con claridad y belleza. Lo primero que mostró en su presentación –que se extendería por 35 minutos– fue su trilogía de sencillos “Una Historia de Amor”, previa a su disco “Amore” que está trabajando para ser editado en 2019. Y se nota la consistencia de las tres canciones, tan diferentes en temática y sonoridades, pero tan ligadas una a la otra, desde “Algo de Ti” con el enamoramiento, hasta “Quise Ser Tu Amante” en la reflexión a posteriori, pasando por la decepción en “Ellos No Cambian”. Además, Sabina estrenó una canción y, cuando su piano eléctrico dejó de sonar, cantó una versión a capella de “Il Cielo In Una Stanza”, canción que refiere a los ancestros de Odone, quien, emocionada por la oportunidad, demostró que una buena voz no necesariamente viene asociada a la catarsis permanente, sino al control y la contención que da la experiencia en vivo y la convicción en las propias canciones.

Media hora después sería el turno de una Christina Rosenvinge que, a la usanza del arte de “Un Hombre Rubio”, llegó ataviada de una camisa blanca y pantalones negros sin talle ajustado. El afán de explicar una vestimenta va en que es este el personaje en el que podía sostenerse Christina a lo largo del show, en este hombre rubio, guapo, exitoso, dominante, que por 106 minutos sería el centro de la atención, con sorpresas, reflexiones y, al final del día, un rock que desde la sofisticación puede transformar un tranquilo prado en un concierto frenético y lleno de momentos.

Con “Niña Animal” y “El Pretendiente”, ambas del disco nuevo, Rosenvinge ponía sobre aviso a la gente del tono del sonido para el show, con una banda correcta mas no descollante, quizás dejando en claro que, más allá de virtuosismos o perfección, lo que podía hacer que el show fuera inolvidable eran las canciones, y por ello es que Christina también entendió que, para el espacio y ambiente, ella podía tomar el pasado para ir tanteando la trayectoria para enlazar el presente, formando un lindo nudo que cierre todo. Por ello irrumpieron como nunca las canciones que originalmente le pertenecían a Christina & Los Subterráneos. Incluso, la primera sería una del disco incomprendido de ese proyecto, “Mi Pequeño Animal” (1994). “Pálido” era la primera sorpresa nostálgica, para luego pasar a una nostalgia más personal de Christina en “Jorge y Yo”, dedicada a su hermano, y luego llegar a otra antigua, en ese caso de 1992, “Señorita”.

Rosenvinge volvía a su último registro con el dueto espiral de “Pesa La Palabra” y “Romance De La Plata”. En la primera canción, es el padre el que le habla a su prole, en tanto que en la segunda es la hija la que se da el espacio de hablarle a su progenitor, en un esfuerzo gimnástico de la interpretación, donde vemos cómo Christina está en otro nivel, siendo capaz de saltar desde su yo de hace más de 25 años hacia su padre, y luego hacia ella misma. Pareciera que estuviera dejando a los espíritus entrar, comunicarse y luego salir, todo en márgenes mínimos.

La Distancia Adecuada”, una sombría y elegante versión de “Tú Por Mi”, y luego “Ana y Los Pájaros” continuaban una jornada donde la verdadera Christina Rosenvinge quedaba a flote en todo momento, ya fuera con la repetición a modo de tantra de “Alguien Tendrá La Culpa” o con etapas más complicadas como las posteriores. Pasarán la puta, la tejedora, la flor entre las vías, pero nada será tan inesperado como “Mil Pedazos”, canción que la artista no tocaba desde su anterior visita en 2017, en una versión oscura, que hace sentir mucho más la división y el dolor de estos pedazos que no se sabe por dónde intentar volver a unir.

Aunque Rosenvinge y su banda abandonaron el escenario un poco, eso es parte de la dinámica tradicional de los conciertos, pero el retorno tuvo a Christina sola, con la guitarra ataviada y con intención de dar en el gusto a su gente, que logró que sonaran versiones solistas de “Las Suelas De Mis Botas” y “Sábado”, dos temas muy sorpresivos y que, sin querer, van dentro de la narrativa de comprender a otros y también generar cambios para modificar al ser.

En “La Piedra Angular”, canción que primero tiene a Christina acompañada solo por un piano para terminar con banda, se vivió uno de los momentos inolvidables de la jornada cuando ella se baja del escenario con intención de buscar una pareja para bailar el intermedio de ese track, que es casi un vals. Rosenvinge eligió a una mujer del público, con el arrojo arrogante de la vestimenta del hombre rubio que lleva puesta. Mientras bailan, mujer contra mujer, todo el público se pone a su alrededor generando una postal única, que se convertiría en incredulidad y risas cuando Christina falló espectacularmente en hacer un gesto galán y ella y su bailarina cayeron muy fuerte contra el suelo. Una manera única de relevar también el track que cierra “Un Hombre Rubio”, una balada preciosa que se pegó perfecta con otro track de Christina & Los Subterráneos, “Alguien Que Cuide De Mí”, y con el gran final con “Voy En Un Coche”, en una versión rockera pero madura, haciéndose cargo de la brecha de pensar que un auto es la libertad, algo muy lejano en 2019 a ese ideal de 1992, y por ello es que un tono más sombrío resultaba preciso.

Así culminaba un espectáculo donde no sólo hubo grandes canciones y momentos, sino también pudimos ver a una artista en el tope de sus capacidades, sean estas artísticas como personales. Christina Rosenvinge tiene en la cabeza como objetivo que se comunique qué es el feminismo, pero que se haga bien, sin caricaturas, y he allí su loable intención de buscar la empatía en figuras que también son consecuencias de un sistema opresor. En esta búsqueda, que va más allá de tumbas, dimensiones y fronteras, es que tenemos los cimientos de una revolución que no sabemos cuándo llegará, pero que sí tenemos certeza de que vendrá. Mientras tanto, como dice la canción que abrió el show, “aguanta”.

Setlist

  1. Niña Animal
  2. El Pretendiente
  3. Pálido (original de Christina & Los Subterráneos)
  4. Jorge y Yo
  5. Señorita (original de Christina & Los Subterráneos)
  6. Pesa La Palabra
  7. Romance De La Plata
  8. La Distancia Adecuada
  9. Tú Por Mi (original de Christina & Los Subterráneos)
  10. Ana y Los Pájaros
  11. Alguien Tendrá La Culpa
  12. La Flor Entre La Vía
  13. La Muy Puta
  14. La Tejedora
  15. Mil Pedazos (original de Christina & Los Subterráneos)
  16. Las Suelas De Mis Botas (original de Christina & Los Subterráneos)
  17. Sábado
  18. La Piedra Angular
  19. Alguien Que Cuide De Mi (original de Christina & Los Subterráneos)
  20. Voy En Un Coche (original de Christina & Los Subterráneos)

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