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Primus: El epílogo perfecto

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Estas últimas cuatro noches en la capital, han sido jornadas soñadas para los fanáticos del trio californiano en nuestro país. ¿Quién se habría imaginado hace unos años que Primus realizaría cuatro conciertos de corrido en Santiago, y tres de ellos en el escenario más “elegante” de Chile? La cuarta visita del grupo a tierras nacionales quedará marcada en la historia de los conciertos locales como un lujito que pocas veces tenemos el placer de recibir por estos lares. Estas verdaderas maratones de Primus culminaron anoche en el Teatro Cariola, recinto que albergó la fecha más rockera de su itinerario, necesaria por lo demás, cuando los asientos del Municipal ya se hacían prisiones para todos aquellos que necesitaban saltar al ritmo de la comparsa de Claypool y compañía. Es así como la última velada junto a los gestores de “My Name Is Mud” fue la más apabullante de todas, con el valor agregado de que interpretarían de principio a fin su debut discográfico, el elemental “Frizzle Fry” (1990). De ahí que este recital selló de manera magistral la seguidilla de presentaciones de Primus en Chile, transformándolo en un acontecimiento inolvidable y, quizás, irrepetible.

Siguiendo la tónica de dividir el concierto en dos partes, la primera tanda de canciones hizo un breve repaso por lo que mostraron en las tres fechas anteriores. “Those Damned Blue-Collar Tweekers” dio inicio a los feroces saltos que abundaron durante las casi dos horas de música. Como si se tratara de una especie de descargo colectivo, los cientos de cuerpos que se apostaron en la parte delantera de la “cancha” del teatro no se dieron tregua en los primeros minutos de concierto. “Moron TV” bajó algo las revoluciones, sumergiéndose derechamente en las aguas más profundas de los norteamericanos con una segunda sección instrumental para sacarse el sombrero. Aprovechando el vuelo, “American Life”, que vino precedida por las primeras notas del himno nacional de Estados Unidos tocado por Les Claypool y recibiendo el repudio inmediato de la muchedumbre, volvió a volar cabezas a un público que exigía seguir saltando. Para darles en el gusto, la delirante “Wynona’s Big Brown Beaver” sació la sed de los “mosheros”.

Extraído de “Green Naugahyde” (2011), el sencillo “Lee Van Cleef” puso la cuota más juguetona al espectáculo, contrastando completamente con la oscura “Bob”. El término de la primera parte llegó con la imprescindible “My Name Is Mud”, que en su parte final tuvo de invitado a un amigo de la banda, quien con dificultad se las arregló para suplir a Tim “Herb” Alexander y cumplir su sueño de tocar junto a ellos, para rematar con “Jerry Was A Race Car Driver” y dejar a todo el mundo prendido para recibir el plato fuerte de la noche. Tres capítulos de la serie “Popeye El Marino” funcionaron de distracción para pasar los quince minutos de espera del intermedio, ocasión que muchos aprovecharon para ir al baño e hidratarse antes de librar la gran batalla final, una que fue digna del nombre de la banda.

To Defy The Laws Of Tradition”, unida a “Groundhog’s Day”, encendieron los fuegos y alborotaron a una fanaticada que parecía haber estado esperando este momento hace mucho tiempo. Y para confirmar lo anterior llegó “Too Many Puppies”, devastadoramente entrañable, con todo el recinto cantando y tratando de mantenerse en pie entre la masa de cuerpos danzantes. Una verdadera locura que se calmó un poco durante la interpretación de “Mr. Knowitall”, y que volvió a desatarse con todo, circle pit incluido, con “Frizzle Fry”, uno de los grandes hitos en una noche impecable.

El frenesí no paraba y “John The Fisherman” funcionó como el perfecto catalizador entre el desorden y el coro colectivo. El cuerpo demandaba descanso y Primus nos brindó uno a su manera: nos dejó estar de pie, pero no dio tregua a nuestras neuronas. Es así como la cortinaYou Can’t Kill Michael Malloy” dio la entrada a “The Toys Go Winding Down”, haciendo del show una verdadera película de terror, cortesía de las inquietantes visuales de fondo. “Pudding Time” retomó al Primus que la mayoría conoce e idolatra, dando paso a los últimos cortes de su debut del año 1990. “Sathington Willoughby”, la demencial “Spegetti Western” y la grandísima “Harold Of The Rocks” pusieron fin a la revisión de un disco que en vivo suena mil veces mejor que en estudio. Un regalo que dejó a todo el mundo satisfecho, a pesar de que la banda volvió para un encore con la maravillosa y extraña “Southbound Pachyderm”, despidiéndose definitivamente de nuestro país hasta una próxima oportunidad.

Habiendo asistido también al tercer recital que dieron en el Teatro Municipal, este redactor debe admitir que el sonido bajó un poco su calidad en las dependencias del recinto de calle San Diego. La voz de Claypool nunca pudo escucharse con total claridad –siendo que, con todo ecualizado a la perfección, ya es difícil entenderle–, y el conjunto no sonó tan brillante como lo hizo en el Municipal. En donde ganó puntos fue en la energía que transmitieron a un público que lo dejó todo y saltó todo lo que se debe saltar en un concierto de Primus. Porque si en las tres fechas anteriores la gracia fue ir a escuchar y disfrutar del virtuosismo del power trio, anoche la idea fue ir a hacerse pedazos de la mano de la magia de una agrupación única en su especie. ¿Primus sucks? Para nada, ¡Primus rocks!

Por Sebastián Zumelzu

Fotos por Pedro Mora

Setlist

  1. Those Damned Blue-Collar Tweekers
  2. Moron TV
  3. American Life
  4. Wynona’s Big Brown Beaver
  5. Lee Van Cleef
  6. Bob
  7. My Name Is Mud
  8. Jerry Was A Race Car Driver
  9. To Defy The Laws Of Tradition
  10. Groundhog’s Day
  11. Too Many Puppies
  12. Mr. Knowitall
  13. Frizzle Fry
  14. John The Fisherman
  15. You Can’t Kill Michael Malloy
  16. The Toys Go Winding Down
  17. Pudding Time
  18. Sathington Willoughby
  19. Spegetti Western
  20. Harold Of The Rocks
  21. Southbound Pachyderm

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Ilegales: El rock es un oficio exigente

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Ilegales

Es sabido que durante la década de los ochenta se desarrolló un importante movimiento de rock hispanoparlante en Sudamérica; “rock latino” se le llamó acá, sin embargo, lo cierto es que este fenómeno también abarcó otras latitudes. Desde la vereda más callejera, España fue testigo del denominado “rock urbano”, donde Ilegales figura entre sus nombres emblemáticos. Enmarcados en una nueva fecha del Outsider Festival –que a principios de año también trajo a The Adicts–, los españoles volvieron a Santiago para presentar su nuevo material, “Rebelión” (2018). Marcado por una larga espera, y un Club Blondie a lleno total, Ilegales presentó un show implacable, demostrando con certezas absolutas que, pese a los años, gozan de muy buena forma.

Diecisiete años tuvieron que pasar para que concretaran su retorno a Santiago. Casi dos décadas de ansiedad que ya se hacían sentir en las afueras de Club Blondie, donde los fanáticos comenzaban a agolparse varios minutos antes del show. Con puntualidad perfecta, la banda local Plan 7 dio inicio a la jornada, ofreciendo un sonido rockabilly que hizo bailar al público para ponerlo a tono de lo que se avecinaba después.

Interpretando un repertorio que fue cantado por los asistentes, los locales cerraron un show sólido, incluyendo un par de covers de dos bandas insignes del rock & roll sudamericano. Primero con “Amazona”, original de los porteños Los Blue Splendor, y “Demolición” del conjunto limeño Los Saicos, famosos por su rock salvaje y pioneros en este lado del continente. Luego de un show impecable, el público estaba preparado para recibir al plato principal de la noche.

Cuando una fecha levanta altas expectativas, entregar un show de calidad es un requisito obligatorio. Conscientes del contexto que los convocaba, Ilegales no dejó al azar ningún minuto de su presentación. Desde la heroica entrada, acompañados por “La Danza De Los Caballeros” del compositor Sergei Prokofiev, hasta la incesante carga de canciones que dio inicio con “Stick De Hockey”, el conjunto español ejecutó con prolijidad su extenso repertorio. “No Tanta, Tonto” fue la primera muestra del material de “Rebelión”, para luego dar paso a otro de sus clásicos con “Qué Mal Huelen Los Muertos”. Marcando una de las pocas pausas que tuvo el show, Jorge Ilegal saludó a los fanáticos y les recordó que la banda cumple su palabra: prometieron volver a Chile hace más de diez años, y por fin saldaron su deuda pendiente. Para continuar con el baile, “Hola Mamoncete” y “Ella Saltó Por La Ventana” desataron la algarabía en el recinto.

Bajando un poco en lo rítmico, mas no en lo lírico, “Suicida” y “Suena En Los Clubs Un Blues Secreto” hicieron cantar a los asistentes, dando cuenta que no hubo ninguna canción –dentro del extenso repertorio de casi 40 temas– donde no se escuchó al menos un fanático seguir la letra. Además de ofrecer una propuesta que bebe tanto del rock & roll como el punk, las letras son el elemento que le da a Ilegales una categoría superior. Con ingenio y un sentido del humor particular, canciones como “Agotados De Esperar El Fin” y “Todo Lo Que Digáis Que Somos” daban cuenta de esta actitud que no busca ser amable, sino que, por el contrario, enaltece una visión decadente y pesimista del cotidiano, y que, aun así, no se niega a bajar los brazos.

Desprendiéndose levemente de la arista rockera, el conjunto español se sumergió en una de sus composiciones más oscuras con “Yo Soy Quien Espía Los Juegos De Los Niños”, en un momento que rodeó a Club Blondie de un ambiente nostálgico y reflexivo. Luego de este episodio más pausado, el público volvió a bailar con “Si La Muerte Me Mira De Frente Me Pongo De Lao” y “Ángel Exterminador”. Fue en este momento cuando el bajista de la banda, Willy Vijande, se molestó por el excesivo uso de flashes de los teléfonos, un tema que ya es frecuente en los conciertos y es material de debate en distintos círculos musicales. Luego que Jorge pidiera con mayor sutileza el uso discreto de celulares, “Revuelta Juvenil En Mongolia” marcó uno de los momentos donde el ritmo acelerado desató el lado más salvaje de los fanáticos, generando un mosh que luchaba por abrirse paso en un Club Blondie atiborrado.

Decir las cosas tal cual las piensan, forma parte del encanto de la banda. Así quedó demostrado cuando Jorge aseguró sin escrúpulos que el rock es un ejercicio de arrogancia, y quién lo niegue seguramente está mintiendo. Ocasión elocuente para interpretar “Regreso Al Sexo Químicamente Puro”, cuya letra refleja precisamente las actitudes hipócritas y la falsa modestia. Como un segundo episodio más cercano a lo oscuro, “La Casa Del Misterio” dio cuenta de la habilidad de los españoles por ejecutar de manera eficiente el rock en el amplio concepto de la palabra, paseándose por sus diferentes variantes.

Ya acercándose al cierre, “La Chica Del Club De Golf” marcaba la última seguidilla de un repertorio que parecía infinito. “Si No Luchas Te Matas” planteó la filosofía tozuda de la banda, mientras que “Soy Un Macarra” despedía la noche en uno de los momentos más significativos, donde, luego de presentar al conjunto, Jorge Ilegal se describió como un tipo que se parece a todos y cada uno de los asistentes. Una persona común que, consciente de sus defectos, lucha constantemente contra sí mismo, sin embargo, algunas veces pierde. “Tiempos Nuevos, Tiempos Salvajes” marcó el clímax perfecto para un repertorio vasto que rebosaba de éxitos. Guardando lo más bravío para el final, la oda narcótica “Dextroanfetamina” y el enérgico rock & rollBestia”, hicieron bailar a todo el recinto mientras se sentía cómo el piso estaba al borde del colapso.

A pesar de que los españoles presentaron un repertorio prolongado, el público seguía con ganas de seguir disfrutando. “Odio Los Pasodobles”, “Caramelos Podridos” y “Problema Sexual” ofrecieron los últimos golpes que buscaban apaciguar a los asistentes. Atentos por cuidar hasta el último detalle, “Destruye” dio un cierre de jornada ceremonioso, acompañada por la “bendición” de Jorge a los asistentes con la intención de darle el toque final de mística a la noche y desatando la catarsis gracias a esta oda al caos.

Cuesta creer que una banda con cerca de cuatro décadas de recorrido tenga el vigor que mostró Ilegales. Vale repetirlo nuevamente; se trató de un show que contó con el número para nada despreciable de 35 canciones, muchas de ellas interpretadas una tras otra, sin pausas. Tal como dijo Jorge Ilegal, el público fue testigo de una banda que, pese a los años, se encuentra en plena forma. Una experiencia que, al vivirla en carne propia, resulta tremendamente emocionante. Así lo vive el conjunto español, perfectos antihéroes que, lejos de romantizar la figura del rockstar, exponen el camino difícil e ingrato que conlleva alcanzar la infamia. Tal como la vida misma, el rock & roll es una carrera de largo aliento, donde la lucha es una constante.

Setlist

  1. Stick De Hockey
  2. No Tanta, Tonto
  3. Qué Mal Huelen Los Muertos
  4. Hola Mamoncete
  5. Ella Saltó Por La Ventana
  6. Suicida
  7. Suena En Los Clubs Un Blues Secreto
  8. Agotados De Esperar El Fin
  9. Todo Lo Que Digáis Que Somos
  10. Voy Al Bar
  11. El Norte Está Lleno De Frío
  12. Enamorados De Varsovia
  13. Chicos Pálidos Para La Máquina
  14. Yo Soy Quien Espía Los Juegos De Los Niños
  15. Si La Muerte Me Mira De Frente Me Pongo De Lao
  16. Ángel Exterminador
  17. Hacer Mucho Ruido
  18. Revuelta Juvenil En Mongolia
  19. Mi Amigo Omar
  20. El Demonio
  21. Regreso Al Sexo Químicamente Puro
  22. La Casa Del Misterio
  23. La Chica Del Club De Golf
  24. Mundo Carajillo
  25. Puta
  26. Si No Luchas Te Matas
  27. Soy Un Macarra
  28. Tiempos Nuevos, Tiempos Salvajes
  29. Dextroanfetamina
  30. Bestia
  31. Los Chicos Desconfían
  32. Odio Los Pasodobles
  33. Caramelos Podridos
  34. Problema Sexual
  35. Destruye

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