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Primavera Sound Santiago 2022: Domingo

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El dicho popular, reza: “Después de la tormenta, llega la calma”. Y así fue el último día de esta gran cruzada en torno a la música chilena y mundial llamada Primavera Sound Santiago. El buen clima y, por qué no decirlo, el calor agobiante por ratos, se tomaron el Parque Bicentenario Cerrillos y fueron el marco para recibir una jornada que traía nuevamente debuts y consagrados, música para relajarse, para mover los pies y para gritar a todo pulmón.

Familea Miranda

La quintaesencia de la mancomunión catalana-chilena fue la inclusión de Familea Miranda, el trío chileno radicado hace más de una década en Barcelona que prometía ser el puente tácito entre el festival recién llegado y la pujante escena nacional. Y qué mejor que el tándem de fundadores “Katafú Rozas y Milo Gomberoff junto al baterista Alex Farré como un power trio cargado de rock cada vez más intrincado y cavernoso, con este último otorgándole la potencia y sapiencia a la hora de adecuarse a los ritmos enrevesados que la experiencia les ha permitido crear a Rozas y Gomberoff.

Juntos, dieron rienda a un set que recorrió sus más de veinte años de carrera desde los tiempos de “3Nsayo 3Rror” (2006) abriendo con “The Legañon” y “El Bloqueo”, y pasando por “Caballo de Alquiler”, “Lorem” y “Brut Nature” de “Radiopharm” (2015), el disco que significó en su momento el debut de Farré en el trío por este lado del mundo. La entrega fue total para aquellos que en el escenario Primavera desafiaban los primeros y fuertes rayos de sol que tanto escasearon la jornada anterior.

Por supuesto, estuvo “Palomita”, el clásico del folklore latinoamericano reconvertido en rock ruidoso y primal, y el final estridente estuvo a cargo de “Servú (Ronda)” deviniendo en una cuasi jam desbocada de free jazz, añadiendo otra cara que mirar al prisma que es Familea Miranda, una banda que, a la distancia y a su manera, se las arregla para hundir más sus raíces en suelo chileno, viniendo cuando pueden y tocando donde quieren. Aunque digan que ya no son de ninguna parte, se nota que extrañan y qué mejor que plasmarlo en esta, la primera versión del festival Primavera Sound Santiago.

José González

Cuando el sol dominical se abría paso entre las ya escasas nubes del fin de semana, con un breve retraso comenzaba el show de José González. El sueco de ascendencia argentina hizo gala de un español más bien tímido y escueto porque lo suyo no iba de parafernalias, imaginarios o grandes discursos, su declaración de principios es y ha sido siempre la simpleza. “Killing For Love” y “Cycling Trivialties” fueron, entre otras, las elegidas para partir plasmando un delicado set sin prisas ni pausas.

A pesar de no ser un festival el mejor escenario para la propuesta de González por todo el barullo circundante, se las arregló para marcar presencia, incluso con la pulsión electrónica del escenario Bits varios metros más allá haciendo lo suyo y que se colaba cada tanto, a punta de rasgueos abiertos y profundos, preciosas melodías arpegiadas y uno que otro backing track con sutiles beats, como en “Swing”, aunque, si no estaban esos beats, marcando con el pie también se las arreglaba sin mayores problemas. Como respuesta, recibió la respetuosa atención que su música naturalmente exige.

Con destreza, se paseó por su relativamente breve catálogo, dándole espacio a fracciones de su más reciente “Local Valley” como también a sus viejos y queridos clásicos: su propia versión de “Teardrop” de Massive Attack y el famoso cover de “Heartbeats” de The Knife, dotándolo de nuevas intenciones subiéndolo algunos semitonos hasta casi llegar al original. La sesión de los menos de cuarenta minutos originalmente planeados fue acogida por la audiencia como si fuera ese amigo que viene de viaje y quiere contar todo lo que afuera vio. Cantó, gustó y encantó con poco, porque sin duda algunas veces menos es más.

Jessie Ware

Aunque el tiempo que le dieron en Chile fue menor a lo de los otros Primavera Sound en Latinoamérica, Jessie Ware convierte cada segundo de su show en un deleite disco, hecho para bailar, llorar, seducir y transformar un sonido que acompañó la pandemia en una realidad escénica que supera expectativas. Desde “Spotlight” ya se notaba que las canciones tendrían mixes y énfasis diferentes a sus versiones de estudio, más simples, con los beats y el lucimiento de la voz de Jessie como ejes de lo que se escucha, mientras sus coristas y bailarines configuraban imágenes de acción, pasión y complicidad como la que la artista británica también demandaba y obtenía de su público. Aunque mucha gente que esperaba a Björk se quedó impávida, igualmente en ciertos momentos se sumaban a la fiesta, que en 48 minutos conseguiría entregar lo esperado y más.

El show giró alrededor de “What’s Your Pleasure?” (2020), ese álbum que para mucha gente se convirtió en la luz al final del túnel en tiempos de pandemia, ese disco que había que ir a bailar y que permitía viajar a universos paralelos que, bajo el inclemente sol que no había aparecido todo el fin de semana, se hizo real. “Ooh La La”, “Soul Control” o “Hot N Heavy” fueron muy coreadas con todo el mundo bailando, mientras Ware dominaba con carisma y sensualidad la escena, sin excesos, con la elegancia de quien conoce su material y cómo hacerlo brillar. Por ello es llamativo cómo la exhibición vocal es incluso mayor que en el estudio, con más gimnasia tonal y más recursos, enriqueciendo con esas complejidades los mixes más directos.

Lo anterior brilló con especial fuerza en la sobrecogedora versión de “Remember Where You Are”, con emociones y belleza a raudales. También ocurrió con el himno en que se ha transformado el reciente single, “Free Yourself”, y con el icónico momento que es “What’s Your Pleasure?” en vivo, con Jessie tomando un micrófono con un stand en forma de látigo, agitándolo con dominación, en todos los sentidos. Del material anterior a 2020 sólo sonó la versión remix de “Running” como la rearmó Disclosure. El cierre con “Save A Kiss” terminó con una fiesta en el amplio sentido, desde las alegrías instantáneas a los recuerdos perennes, en un debut en Chile para recordar y seguir bailando en su honor.

Björk

Siempre es una apuesta arriesgada cuando un festival decide poner algún show temático dentro de su cartel, más aún cuando dicha presentación está a cargo de alguien tan masivamente popular como Björk, que trajo su espectáculo “björk orkestral”, consistente en una serie de canciones interpretadas en un formato acústico para ser parte de la jornada de domingo en Primavera Sound Santiago. Junto a la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles (FOJI), compuesta por músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil y de la Orquesta Sinfónica Estudiantil Metropolitana, la islandesa se paseó por distintos tracks de su discografía para el deleite de los presentes, quienes, seguramente por la devoción que le tienen a la artista, no tuvieron problemas en conectar con un show que, debido a su configuración y ubicación en el horario a las 19:00 hrs, no lograba enganchar con el grueso del público. El inicio con “Stonemilker”, “Aurora” y “Come To Me” comenzaron poco a poco a generar un ambiente que terminó por apoderarse del lugar, donde se congregaron miles de personas, entre seguidores y asistentes, que comprendían muy bien que a una artista con este nivel de influencia había que verla sí o sí por lo menos una vez en la vida.

Concentrando principalmente sus esfuerzos en canciones de “Vulnicura” (2015), “Homogenic” (1997) y “Post” (1995), Björk presentó épicas y estruendosas reinterpretaciones de tracks como “You’ve Been Flirting Again”, “Isobel”, “Jóga” o “Quicksand”, con los jóvenes de la orquesta dando la talla en cada nota bajo la atenta dirección de Bjarni Frímann, quien se ha encargado de conducir las orquestas que se presentan junto a la islandesa durante esta gira. Ya para el cierre, y con el público en el bolsillo, la artista desplegó una intensa versión de “Hyperballad” para finiquitar su presentación, regresando posteriormente ante el aplauso de los presentes y despedirse definitivamente con “Overture” y “Pluto”.

A 10 años de su última presentación en nuestro país, la islandesa trajo sus composiciones en una configuración distinta, lo que se agradece un montón, pese a lo emocionante que sea escuchar sus clásicos en vivo bajo una interpretación más cercana a las originales. Siempre es bueno ver a Björk en vivo, y mucho mejor cuando se le agrega una novedad como la posibilidad de escuchar composiciones tan importantes para lo que fue su apogeo artístico desde la segunda mitad de los 90 hacia delante, mostrando no sólo su presente más maduro y robusto como artista, sino que además lo adaptables que son sus composiciones a distintas configuraciones. Pese al contexto más íntimo que evoca la presentación, su solemnidad logró que se transformara en algo especial, único y muy distinto de cualquier cosa que se pudiera presenciar durante el fin de semana. En simples palabras: un show de Björk como debe ser.

Mitski

Luego de que Björk invocara el atardecer sobre Cerrillos, era el turno de Mitski, que ya con la oscuridad de cómplice se preparaba para enfrentarse al sorpresivamente amplio público que la esperaba. Con la teatralidad que la caracteriza, y una presencia imponente y cálida, la artista recurrió a su último trabajo, “Laurel Hell”, desde donde escogió “Working For The Knife” como punto de partida. Sólo bastaron los primeros acordes para dar rienda suelta a la catarsis que significa escuchar, sentir y ver a Mitski sobre un escenario. Y es que la artista transmite intensidad y pasión en cada estrofa, como entregando un poco de sí misma a cada persona hasta ya no dar más.

Las nuevas tecnologías y los nuevos contextos digitales han ampliado el margen de los fenómenos virales, y así han logrado que una nueva y joven generación de fanáticas se acerque a su música. He ahí gran parte de la creciente popularidad –que ya iba en ascenso– de la cantante no sólo en Chile, sino también en el mundo. Con los hits “Washing Machine Heart” o “Nobody”, que han sonado fuerte en redes sociales, Mitski diseña un set que, pese a no mantener una línea definida, se pasea por todas las emociones y de esa manera también sorprender.

Mitski debutó en nuestro país en un momento clave para su carrera y popularidad, sintiéndose abrumada y agradecida por el calor del público local que no dejó de acompañarla y seguir cada movimiento que comunicaba con sus manos o su corporalidad. Tomándose el escenario, cumplió con las expectativas y se ganó a un país que pareciera meterse en sus más profundos sentimientos.

Father John Misty

En el último rincón del parque, el escenario Primavera vio llegar el show de Father John Misty pasadas las 21:00 hrs., con el músico presentándose frente a un público mucho menor al de cualquier show en los escenarios principales, pero que se destacó por una cosa en particular: la mayoría estaba familiarizada con su catálogo. Desde el comienzo con “I Love You, Honeybear”, los presentes acompañaron al músico y su banda en un desfile de composiciones de todas sus obras de estudio, pasando por tracks como “Total Entertainment Forever”, “Mr. Tillman” o “Nancy From Now On”, con una solidez instrumental impecable por parte de la banda compuesta por nueve músicos entre batería, guitarras, teclados e incluso una sección de vientos, que le aportaron una exquisitez sonora muy elegante.

Lamentablemente, problemas de sonido aparecieron sin previo aviso en “Goodbye Mr. Blue”, canción que fue interrumpida por un corte total del sonido en el escenario, con Tillman y compañía siguiendo su interpretación por un par de segundos antes de notar que el sistema de sonido del escenario no estaba funcionando. Probablemente esa mala pasada, y la reinterpretación del track, hizo que el músico debiera estrechar su set, aunque de todas maneras el público y artista se mostraron de muy buen ánimo continuando con tracks como “Please Don’t Die”, así como otros momentos de catarsis como “Pure Comedy” o el histriónico cierre con “The Ideal Husband”, canción que suele cerrar las presentaciones más catárticas del artista, quien en su segunda vez en Chile pudo consagrarse no sólo como el poseedor de un gran desplante escénico, sino que también como un músico que ha crecido mucho artísticamente con cada álbum de su corta carrera como solista.

Charli XCX

La presentación de Charli XCX parecía estar en duda. Tras enfermarse de la garganta en Argentina, la cantante inglesa debió permanecer en reposo y en silencio para cumplir con sus shows, incluyendo el de nuestro país. Ya casi recuperada, saltó a escena completamente sola, sin más apoyo que su actitud y desplante. Si bien, en ciertos pasajes de la introducción con “Lightning” o “Gone” la cantante forzaba su voz, esto no fue impedimento para que despachara un show lleno de color, carisma y sensualidad.

Charli XCX maneja las claves del pop en otra frecuencia, las tuerce, y en otras se las apropia. Sin bailarines, músicos en escena y con una modesta escenografía, la artista se adueñó del parque por unos minutos y comandó la fiesta de todos y con dedicatoria especial en “Boys” para acelerar hacia el final con la explosiva “Vroom Vroom” y “Good Ones”. Charli XCX, otro debut en suelo nacional, demostró por qué es la diva alternativa del pop, transversal y agresiva.

Caroline Polachek

El último show del festival estuvo al borde de la perfección, porque Caroline Polachek entregó un nivel de pop que, moviéndose entre la elegancia, la experimentación y la destreza técnica, consiguió la dificultosa hazaña de cerrar con broche de oro un evento con múltiples puntos altos. Es que la norteamericana es capaz de generar ganchos pop con mezclas futuristas en el estudio, y eso juntarlo con su voz que, en vivo, suena aún más potente que en lo grabado. Además, su carisma y simpatía le hacía congeniar con el público que, pese a no ser copioso en el alejado escenario Primavera, sí fue muy participativo, coreando con fuerza y dejando sorprendida a la artista a ratos.

Iniciando con “Pang”, track homónimo de su álbum debut de 2019, la perfección en los movimientos de Polachek, coreografiados con prestancia, se comenzó a notar. Mientras ella logra que su voz proyecte exactitud, los gestos, cada paso, cada giro de su cabeza tiene apariencia de ser parte de un continuum, y es que no es sólo un afán de moverse, sino que una coreografía cuidadosamente trabajada con C Prinz. Al mismo tiempo, cada canción es una cuidada producción, incluso en vivo, porque las versiones cuidan los elementos, a veces eligiendo que la batería se luzca, como en “Hey Big Eyes”, o en “Sunset” con la guitarra al estilo español siendo lo que brilla.

Pero lo más sorprendente es lo espontáneo que logra sonar todo, en un espectáculo que sorprendía incluso a quienes conocen cada recoveco del trabajo de Polachek, ya sea la dulzura de “Billions” y su coro hecho para multitudes, o el cover de “Breathless”, original de The Corrs, que consigue un halo de oscuridad inédito en sus manos. Más allá de la altura de deidad que aparenta la cantautora, hay mucho de humano en el trabajo necesario para equilibrar talentos de manera perfecta en escena, y ello es lo que, en poco menos de una hora, cerró los shows del fin de semana.

​Es indispensable pensar que este fue el debut no sólo de un festival, sino también de su productora, y el análisis debe ser justo con ese tipo de detalles. De hecho, hay múltiples paralelos con el debut del otro festival que se hace en este mismo parque en marzo, iniciando con ripios en la venta de entradas, teniendo que disponer de descuentos meses después de poner abonos en venta, y que le costó comunicar al público de un nuevo paradigma de evento. La amplitud de los espacios físicos para el público, tanto en servicios como en calles para transitar (sólo con la salida del segundo día como un punto preocupante) es algo destacable. Además, la curatoría del cartel entregó el mejor line up en muchos años en suelo nacional, más por el estrellato de los artistas que por sus momentos artísticos y creativos, con mucha gente habiendo lanzado su mejor trabajo y con shows de categoría tal, que cuesta mucho decir cuál no estuvo en un alto nivel. Otro punto a destacar fue cómo las mujeres artistas entregaron la mayoría de lo más comentado y lo más esperado, con multitudes sorpresivas en shows como Japanese Breakfast o Mitski, y otras anticipadas, pero no por ello menos notables, como Björk y Lorde. Un evento posible de mejorar, pero cuya primera impresión proyectó futuros en el presente y entregó esperanzas para posibles siguientes ediciones.

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Primavera Sound Santiago 2022: Sábado

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El segundo día de las actividades de Primavera Sound Santiago en el Parque Bicentenario de Cerrillos tenía la mayor prueba por delante, desde la anticipación del mayor público en todo el fin de semana, hasta las presentaciones de nombres muy esperados en varios escenarios. Menos margen para el error, pero también más posibilidades de aciertos, incluso frente a sucesos donde el control se escapa, que derivaron en chances únicas y momentos clave, tal vez, para la historia del evento en Chile, que llenaron este sábado 12 de noviembre.

Congelador

Congelador es de esas agrupaciones donde cada show es algo especial, desde su irregular calendario de presentaciones, donde pasan a veces años sin verles en un escenario, hasta su afán por siempre mostrar algo nuevo. Luego de “Persona” (2016) no habían existido novedades en su lado envasado, por ello su presencia doble en el debut de Primavera Sound en Chile llamaba la atención (considerando su presentación el jueves en Club Blondie), siendo un deleite construido con espíritu de soundtrack, sin caer en repeticiones o tropos obvios en ningún momento.

Sólo una canción conocida aparecía en el setlist, “Normandía”, del disco “Abrigo” (2008), aunque no se puede descartar que ciertas formas de la batería de Jorge Santis también hayan escapado a “Suelo” del mismo disco, sin mezclar ambas canciones, con la distancia adecuada. Todo el resto se veía como algo nuevo, desde el inicio al más puro estilo del space rock en “Damo Negro”, hasta el drum ‘n bass que daba inicio a “Fantano”. Además, invitaron a Lorena Pulgar, de la banda Chicarica, a tocar un par de temas, los que cerraban el show, pero abrían un mundo de posibilidades.

Y es que, al hilvanar las voces de Rodrigo Santis y Lorena, se notaba una dimensión armónica que parecería ajena a Congelador, pero que es parte de su historia. Desde lo abrasivo a lo técnico, desde lo ambiental a las fanfarrias de trompeta y batería, desde las secuencias al dembow. Lo único predecible con una de las bandas más inventivas de las últimas décadas en el país es, justamente, que siempre sorprenderán, y sin duda lo hacen con maestría.

Japanese Breakfast

De los variopintos debuts que poblaban este festival, uno de los más sonados era Japanese Breakfast, el proyecto de la cantautora Michelle Zauner. Secundados por su excelente tercer álbum, “Jubilee”, hacían ingreso al escenario a la hora en que el sol primaveral debería haberse mostrado en retirada, aunque en realidad nunca lo estuvo. La gente que se agolpaba frente al escenario parecía tener conocimiento sobre a quién tenían enfrente y eso se notó, incluso entre quienes esperaban pacientemente a las bandas y solistas que harían presencia más adelante en ese escenario, o quizás la euforia de la jornada los llevó a conectar. Como sea, la comunión se logró.

Paprika” y “Be Sweet” fueron las canciones de apertura, donde Michelle hizo gala de su carisma y simpatía, recibiendo automática recepción positiva de la audiencia. La artista aprovechó las siguientes canciones para colgarse la guitarra, acústica y eléctrica, y demostrar que no sólo de canto se alimenta su presencia escénica. El precioso arpegio de “Glider” brilló con luces propias, y el saxofonista Adam Schatz complementaba las labores, dándole nuevos bríos a canciones que de antemano ya lucían y sonaban prístinas.

La segunda mitad del show introdujo una nueva forma de acercarse a la banda, más desde la esfera electrónica y textural. Cuando más de una gota de lluvia empezaba a amenazar, el pulso hipnótico de la batería, las guitarras juguetonas y la línea de bajo hicieron lo suyo, en complicidad con una muy buena distribución sonora y provocando momentos derechamente bailables, como en “Everybody Wants To Love You” o el cierre indie noise de “Diving Woman”.

Interpol

Como ya es costumbre, Interpol se presentó en nuestro país una vez más, casi exactamente tres años después desde su última visita. Las expectativas con el recién estrenado “The Other Side Of Make-Believe” eran altas, y con la sobriedad y elegancia que los caracteriza se impusieron ante un gran marco de público, que los esperaba en su nueva aventura festivalera. Con un setlist que incluyó en su mayoría clásicos como “Evil” o “C’Mere”, cautivaron y conectaron como siempre con el público chileno.

Hace rato que Interpol ha logrado encontrar un semblante en vivo acorde a sus procesos y evolución musical, donde la llegada de Brandon Curtis en teclados y Brad Truax en el bajo, quien vistió una camisa con el logo de Public Image Ltd tributando al recién fallecido Keith Levene, ha sido un gran aporte para esa frescura. Si bien ellos los acompañan hace años, con cada nuevo trabajo y arreglos en vivo se va sintiendo más la complicidad de una banda que no habla ni se mira mucho sobre el escenario, pero que sabe exactamente qué punto tocar.

Con un sonido impecable, que ha acompañado a todas las presentaciones del escenario Punto Ticket, asomaba “Toni” y “Fables” de su último trabajo, donde el trabajo de Sam Fogarino en la batería es excepcional. Interpol sabe cómo conquistar y seducir desde pequeñas audiencias, pasando por otras que no son su público fiel, hasta grandes audiencias como en el caso de la tarde del sábado, sin mayores pretensiones y con un oficio que sólo entrega la trayectoria y madurez.

Phoebe Bridgers

Nombres jóvenes, pero importantes, hay muchos. Y pocos han sabido congeniar el indie pop con la pulsión árida como lo ha hecho Phoebe Bridgers. Una de las náufragas de la suspendida versión 2020 de Lollapalooza Chile encontró puerto en Primavera Sound con un show a la altura de las circunstancias. Un estruendoso recibimiento tuvieron los primeros acordes de “Motion Sickness”, la animada canción que inició un montaña rusa de intensidades con “DVD Menu” y “Garden Song”, o volviendo al uptempo en “Kyoto” e incluso regresando al midtempo con “Punisher”.

Mientras sus músicos lucían los ya clásicos trajes cadavéricos, Bridgers vestía un traje como si de un maestro de ceremonias se tratara, en una liturgia melancólica que la de Pasadena fue a compartir con sus fervientes feligreses en el pasillo que dividía ambas secciones del público, con un tono eminentemente intimista que invadía el sentir general, en contraposición con la multitud que se iba agolpando desde atrás. Mención aparte merecen las elaboradas visuales representando un libro desplegable con una imagen conceptual que adornaba visualmente cada canción. La parte abrasiva del show apareció en “I Know The End”, con una guitarra desbocada y una trompeta al borde del destemple, pero que le dieron un cierre apoteósico.

Lo de Bridgers fue una experiencia dispar, aunque en el buen sentido de la palabra, porque detrás de una propuesta en apariencia simple, y por largos ratos pastoril, asomaron cantidades ingentes de distorsión y potencia, y esos shows que llevan al espectador de un lado a otro, sea fan o no, son los que valen la pena ver.

Lorde

Las nubes seguían amenazantes cuando llegaba el turno de Lorde en el escenario Punto Ticket, espacio que recibiría a la neozelandesa en su tercera visita a nuestro país, esta vez en promoción de su divisivo tercer álbum, “Solar Power” (2021). Pese a que las gotas comenzaron apenas iniciaba el show de la artista, esto no fue impedimento para que se generara una sinergia entre Ella Yelich-O’Connor y sus fanáticos, que, empapados por igual, se entregaron a la interpretación de tracks como “The Path”, “Secrets From A Girl (Who’s Seen It All)” o “Mood Ring”, demostrando que, sin importar las críticas mixtas de su tercera placa, de igual manera son canciones coreadas por la audiencia.

Muchas gracias por seguir aquí. Entiendo si deciden irse para no empaparse con la lluvia”, repetía Lorde de vez en cuando ante un rotundo “No” de los asistentes, algo que generó una conexión más grande aún para una artista que pasó de un tímido show adolescente a plena luz del día en la edición 2014 de Lollapalooza Chile, hasta ser una de las headliners de Fauna Primavera 2017, y ahora show estelar de la primera edición local de Primavera Sound en el momento más importante de su carrera. Y es que, pese a contar solamente con tres LPs y una carrera que apenas alcanza la década de antigüedad, sus composiciones se han convertido poco a poco en clásicos modernos, con cortes como “Homemade Dynamite” o “Supercut”, demostrando que lo suyo va más allá del pop para la pista de baile.

Al público poco pareció importarle algunos inconvenientes sonoros y estar empapándose con el torrencial aguacero, sobre todo considerando que se vivieron momentos mágicos, como la interpretación bajo la lluvia de “Buzzcut Season”, la teatralidad de “Royals” o el íntimo momento de reflexión en “Liability”, su primer gran éxito y una de las canciones más importantes de su catálogo. Siendo justos, las mejores composiciones de su último álbum no estuvieron presentes en el setlist, extrañándose la presencia de “Fallen Fruit” o la inexplicable ausencia de “Stoned At The Nail Salon”, pero de igual manera hubo algunas sorpresas como “California”, así como las catárticas actuaciones de “Perfect Places” y “Green Light”, dos de sus hits 2017 que se han ido escribiendo a fuego en el cancionero esencial del pop contemporáneo.

Como si no faltaran más clásicos, el cierre a cargo de “Solar Power” y la gigantesca “Team”, terminaron de escribir un capítulo más en la historia de Lorde y Chile, sellando el que probablemente sea el mejor y más inolvidable show de todas sus visitas. La música genera una conexión especial entre un artista y su audiencia, incluso cuando las condiciones climáticas no sean las necesarias, pero en este caso la sinergia se transformó en ejercicio único que dejó de lado cualquier factor negativo, concediendo un momento que, pese a tener todo lo posible para ser una mala experiencia, terminará recordándose como algo histórico.

Arctic Monkeys

El plato fuerte de la primera versión de Primavera Sound Santiago se hizo esperar unos minutos tras la intensa lluvia que cayó en el Parque Bicentenario de Cerrillos y sobre los miles de fanáticos de Lorde. Con un espacio prudente para reacomodarse, comenzaron a sonar sorpresivamente los primeros acordes de “There’d Better Be A Mirrorball”, la coqueta canción que abre su último disco “The Car”, pero que no abría últimamente sus shows. De esta forma, el ambiente ya estaba preparado para quebrarse con la intensidad de “Brianstorm”, “Crying Lightning” o “Why’d You Only Call Me When You’re High?”, que desataron el fervor del público que repletó el escenario Santander al mismo tiempo que Arca comenzaba su set unos metros más allá.

En esta nueva etapa, Arctic Monkeys debe saber desdoblarse entre sus hits de espíritu rockero y las baladas sepia que vienen proponiendo desde “Tranquility Base Hotel & Casino” (2018). En ese sentido, diferentes arreglos acompañaron las versiones de “Four Out Of Five” y sorprendieron con “Arabella” y “Potion Approaching”.

Al igual como pasa con bandas como Interpol, la figura de Alex Turner despierta todo tipo pasiones y emociones. Y es que su seguridad, carisma y desplante magnético como amo del escenario, se hace notar de entrada y en cada cambio que propone su set cargado de hits. Si no fuera por las individualidades técnicas de Nick O’Malley en el bajo, Jamie Cook en guitarra y el completo Matt Helders en batería, pasarían inadvertidos y absorbidos por la presencia de Turner en escena, quien cada vez se apodera más de este personaje.

Así, Arctic Monkeys se paseó por casi toda su discografía, entregando una pizca de todo y para todos hasta lo que parecía el fin de su show. Cuando ya gran parte del público proponía irse, nuevamente se hicieron esperar hasta “Body Paint”, una de las canciones más sugerentes de su nuevo disco para cerrar con el himno “R U MINE?”. Con soltura, Arctic Monkeys atravesó todas sus etapas, reforzando la idea de que su formato actual les acomoda y resulta mejor que en otras ocasiones.

Pese al gran inconveniente de la inesperada intensidad de la lluvia durante el atardecer, pareciera que el segundo día de Primavera Sound Santiago pasó la prueba. Salvo el cierre del escenario BITS por seguridad, el resto de la jornada se desarrolló con la normalidad que permitía el clima y con los cierres artísticos precisos y puntuales. El sentimiento de cooperación y comunidad es clave en este tipo de eventos y pruebas así son el mejor ejemplo para ponerlo en práctica y contagiarlo. Más allá de la anécdota, el segundo gran día de Primavera Sound Santiago mantuvo su esencia, puntualidad y compromiso técnico a la espera de la última jornada.

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