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Primal Scream: Sonido lisérgico

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Muchas veces se subestima el efecto que puede tener la música, más allá de ser escuchada. Erróneamente se le atribuye una experiencia sensorial limitada basada en sólo un sentido, el oído, pero se niega o se invisibiliza el resto de los efectos. Hay música que relaja, música que genera pena y también música que provoca sonrisas irrefrenables. En el caso de Primal Scream no sólo se advierten los ritmos aterciopelados y las guitarras estridentes, sino que se impulsa un estado alucinógeno que invita a bailar y disfrutar de una fiesta, tal como lo que ocurrió en la explanada del Centro Cultural Matucana 100 ante cientos de personas que, más que vitorear o aplaudir, bailaron mucho con canciones de tres décadas diferentes con algo en común: la figura fluida y característica de Bobby Gillespie.

Antes, como acto de apertura, se presentó el músico Alejandro Paz, que se mueve por la electrónica como solista, con su proyecto Alejandro Paz & Los Resentidos, cuando las perillas se cambian por instrumentos más tradicionales, generando una mezcla efectiva entre lo electrónico y lo orgánico, con una urgencia que extiende las canciones del disco “Sin Llorar” de Paz, uno de los buenos lanzamientos electrónicos de 2017, principalmente por su discurso directo y bien articulado, que tuvo buena recepción de la gente que esperaba a Primal Scream.

El público llegó a Matucana 100 sin grandes ademanes de despliegue de energía para ver primero que Simone Butler no se recuperó de su enfermedad, quedando fuera de los shows de Brasil y Argentina, por lo que Primal Scream, sin hacerse mayor problema, eligió tocar sin bajo. Desde ahí apareció una mezcla de éxitos con cortes más escondidos de los álbumes de la banda, pasando desde un single como “Jailbird” hacia tracks animados, pero para fans, como “Can’t Go Back” o “Shoot Speed/Kill Light”.

Quizás fue en la ocasión donde hubo menos instrumentos y voces a disposición en el show, Primal Scream sonó mejor que en las visitas anteriores, principalmente en la claridad de la voz de Gillespie –sólo con un par de saltos en la transmisión del micrófono, quizás por el cable– y la cuota precisa de estridencia en la batería. Además, terminó siendo el show más extenso que haya tocado la banda escocesa en Santiago, con noventa minutos que incluyeron una sorpresa: “Some Velvet Morning”. No había registro de que Primal Scream hubiera tocado esa canción fuera del archipiélago británico, y es apenas la cuarta vez que aparece en vivo. Aunque el cliché indica que el público chileno es especial, pocas veces hay una manifestación tan clara con uno de los clásicos noveleros de los escoceses.

El público se notaba a veces apagado, y Bobby aplaudía e invitaba al resto de la gente a hacerlo, ya sea en canciones frenéticas como “Kill All Hippies”, o en “pequeños números country”, tal como presentó “(I’m Gonna) Cry Myself Blind”, y muchas veces tuvo respuesta, aunque pocas fueron de algarabía, algo que quedó supeditado a canciones particulares, como la adrenalínica “Swastika Eyes”, la buena vibra de “Loaded” o el punzante percutir de “Rocks”.

Hubo incertidumbre, pero también un silencio muy extraño cuando la banda se bajó del escenario. Minutos largos, que se suponía derivarían en un encore, pero tres minutos después la impaciencia se multiplicaba entre la gente, una que no redundó en silbidos o aplausos para Primal Scream. Extraña forma de llamar a la banda, con silencio, pero cada público hace lo que le parece. Al menos Gillespie y los suyos se subieron para derribar cualquier pared con una versión vibrante y directa de “Come Together”, esa canción que transforma cualquier pista de baile en una catedral, donde los coros góspel grabados pegan duro y hacen que, por ligeros momentos, se pueda creer en el sentido humano de la comunión. El poder de la música.

Movin’ On Up” terminó el show en la nota más alta posible, con baile y alegría en mucha gente, y un Bobby Gillespie agradecido, pero luego el silencio de la asistencia al retirarse o esperar la fiesta posterior fue llamativo. Quizás, lo que pasó fue una alucinación, una fiesta lisérgica donde en realidad no estuvo la banda, pero sí las sensaciones que entrega la música. O simplemente lo que sucedió en el escenario fue lo justo y necesario para salir con sonrisas en la cara, ecos de grandes melodías en los oídos y el cuerpo preparado para seguir la fiesta. Pase lo que pase, las canciones y la capacidad magnética de Primal Scream crean sensaciones que van más allá de lo superficial.

Setlist

  1. Slip Inside This House
  2. Jailbird
  3. Can’t Go Back
  4. Shoot Speed/Kill Light
  5. Kill All Hippies
  6. Trippin’ On Your Love
  7. Higher Than the Sun
  8. Some Velvet Morning
  9. (I’m Gonna) Cry Myself Blind
  10. 100% Or Nothing
  11. Swastika Eyes
  12. Loaded
  13. Country Girl
  14. Rocks
  15. Come Together
  16. Movin’ On Up

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AniPower: Un gran homenaje a las emociones

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AniPower

Con el recuerdo aún fresco del tremendo show que fue Dragon Ball Rock Sinfónico en la Cúpula Multiespacio, ayer pudimos vivir el evento bautizado como AniPower, concierto ideado por la Power Up, orquesta argentina que se dedica a interpretar música de animé y videojuegos, donde repasaron un montón de series de origen asiático de la década de los 90, 2000 y también actuales, en el recital definitivo para cualquier fanático de la animación japonesa. Si bien, la concurrencia no fue en masa como ocurrió en el concierto dedicado a los Guerreros Z, los asistentes disfrutaron de un espectáculo completísimo, tanto musical como audiovisualmente, que no se sostuvo solamente en la nostalgia, sino que también en la celebración de un arte que nos ha entregado –y sigue entregándonos– un montón de grandes y épicas historias.

La orquesta comenzó a la segura con dos sandías caladas: el opening de Dragon Ball Z correspondiente a la saga de Majin Boo y el memorable opening de Digimon, este último despertando de inmediato las emociones del respetable, dejando el terreno preparado para la oleada de himnos que se vendrían en los próximos minutos. One Piece, Detetive Conan, Slam Dunk y Evangelion fueron alguna de las joyitas que despertaron la ovación del respetable.

El sonido era perfecto y la orquesta Power Up chilena que acompañó al proyecto en esta oportunidad ejecutó de maravilla cada uno de los cortes. El maestro de ceremonias, Mariano Cazorla, quien ha sido el responsable de transcribir todas las composiciones y convocar a los músicos de la orquesta, anunciaba cada composición con un comentario previo, muchas veces en tono de broma, como cuando estaban a punto de tocar el opening de Pokémon y declaró que la serie de los monstruos de bolsillo nos había enseñado que podemos capturar a nuestras mascotas y ponerlas a pelear con las de otros, sacando las risas del público. Qué duda cabe que la canción principal de las aventuras de Ash y Pikachu fue uno de los momentos álgidos de la jornada, y así también lo fueron cortes como el de Slam Dunk, Sailor Moon y Ranma.

Pero no sólo de canciones de apertura se sostenía el recital, sino que también tuvimos la oportunidad de escuchar extractos de la música incidental más recordada de las series, tales como el tema del Equipo Rocket en Pokémon, la música que acompañaba las intervenciones de Tuxedo Mask en Sailor Moon y una serie de endings de la saga Dragon Ball, Caballeros del Zodiaco o Digimon.

Los mejores momentos fueron aquellos donde escuchamos canciones de series clásicas que no son frecuentemente revisadas por este tipo de proyectos al no ser las más “populares”, como lo fueron Sakura Card Captor, Arale, Beyblade, Zenki, Mazinger Z o Los Súper Campeones. También hay que destacar la revisión de series más contemporáneas, como lo son Shingeki No Kyojin, u otras que provocaron los gritos de emoción de la fanaticada, como lo fue el opening de Fullmetal Alchemist.

Estas novedades son las que hicieron de este concierto un mar de emociones y recuerdos, algo que, lamentablemente, se pierde un poco al dedicar la última parte del show a repasar la música de Dragon Ball. Es cierto que la serie de Son Goku y compañía es considerada el anime más grande y popular de todos los tiempos, pero dedicar los últimos treinta minutos del set exclusivamente a ella hace perder esa magia y dinamismo que contiene el show en su primera parte. Sobre todo cuando todavía quedaban grandes nombres en el tintero como Yu-Gi-Oh!, Cowboy Bebop, o el más solicitado por la muchedumbre, Naruto.

Así y todo, con “Cha-La Head-Cha-La” y la repetición del opening de Slam Dunk solicitado por el público, Power Up dio por terminada su primera presentación en la capital, dejando a todo el mundo con una sonrisa de oreja a oreja y con la promesa de regresar con alguno de sus shows temáticos. Esperamos que la respuesta de la gente sea mayor en su retorno, ya que el espectáculo de los argentinos se lo merece. Evocando memorias y amor por aquellos dibujos animados que nos hicieron y nos siguen haciendo soñar, AniPower fue un gran homenaje a nuestras emociones.

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