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P.O.D.: Una ceremonia de emociones

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¿Qué importa si una banda visita Chile, lejos de estar en su momento peak?. Si la banda da un buen concierto, y la asistencia es adecuada. No debería importar. Lo de P.O.D este pasado 2 de diciembre, fue así en lo primero, pero distó respecto de lo segundo. Es decir, confirmó su vigencia, pero claramente la convocatoria fue pobre, aun cuando los recibiera un caluroso Club Cadilac a un 90% de su capacidad.

Pero si ahondamos sobre su actual estado en la orbe, ¿Cuál momento peak?, ¿en cuanto a la música o a la fama? Lo de la fama sencillamente, no influye demasiado, aunque hayan pasado más de 6 años de saborear el reconocimiento mundial de su carrera y el mítico disco “Satellite”.

De todas maneras, fue un show bastante completo y emocionante. Hay que decirlo, contrariando a todos aquellos; incluyéndome; que por momentos se anotaron con la idea, que, la banda se había activado en “piloto automático” de principio a fin. El concierto tuvo vaivenes hacia diversas emociones. Pero la genuinidad de estos músicos de San Diego, quedó más que confirmada, sumada a una cuota interminable de pasión, maestría y atmósferas. La presentación de P.O.D., que sin el trasfondo mediático que hubiese tenido hace seis años, fue más que elocuente.

Dieciséis años, y una espera que culminaba, en un local pequeño dada la baja afluencia de público. Pero que sin duda, aguantó con creces una performance impecable de Sonny Sandoval y compañía.

La ansiedad de la espera, tras una mística introducción, se desató en locura, con los acordes de “Boom”, fue el destape para los casi mil asistentes que llegaron hasta el recinto de la calle Blanco Encalada. Mientras el vocalista, Sonny Sandoval, incitaba a saltar, los demás músicos introducían un show que quedaría en la retina de todos aquellos que lo presenciaron.

“Set it Off”, seguida del primer sencillo de su nuevo disco, “Addicted”, daba las primeras luces de calor encendidas con la introducción y “Boom”. El Club Cadilac entonces comenzaba a arder en llamas y el goce de los fanáticos era evidente. Un show que pasaba por lo taquillero, hacia lo más íntimamente atmosférico. Desde los hits más coreables, hasta canciones con una mística inacabable. Se veía a P.O.D. entre saltos emocionados, hacia un ensimismamiento total. Durante el concierto completo, fueron amos y señores del escenario del Club Cadilac.

Fue destacada la participación del reintegrado guitarrista Marcos Curiel, que sin duda, fue el que enlazó con mayor facilidad al público con ese improvisado spanglish, no menos entendible. Fue entonces cuando dos grandes temas, fueron presentados por el susodicho, quién lanzó al público una frase bastante decidora. “A cuantos aquí les gusta el punk… porque a nosotros nos gusta mucho”. Fue el turno de “Kaliforn eye a” y “Without Jah nothing”. Cualquier reacción del público fue inmediata, fue el descontrol total.

Tras tal descomunal entrega de energía, “Youth of the nation” tornó al Club Cadilac, en un solo cántico entre Sonny y una audiencia que caía a sus pies. “Lights out”, cayó de perilla aunque fuera de la época del disco “Testify” (2006), en donde Jason Truby reemplazara al retornado Marcos Curiel. Mientras Sonny volvía a asentir, “Desde San Diego a Santiago” y los acordes introductorios de “Southdown” reverberaban en los oídos de los presentes.

Luego vino “Satellite”, y la emoción yacía al límite. El público cantaba sin cesar. I’ll be ready, mantuvo la nota alta. Entonces llegó el turno del himno mediático de la banda, el emblema, “Alive”. Sonny no tuvo que hacer gran esfuerzo por cantar, la enardecida audiencia, lo hacía por él.

Entonces vino todo el vigor de “God forbid”, y la primera pausa de la noche. Tras el bis, la banda se dio el lujo de interpretar “Bullet the blue sky”, el emocionante hit de U2. Para finalizar, “Rock the party”, cerró la presentación de los de San Diego. Y así Payable on death cumplió con su cometido. Nada de cálculos, y mucha emoción. Corta, precisa, quizás algunas canciones que se quedaron en el tintero. “Sleeping awake”, “Will you”, entre otras.

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5 Comentarios

5 Comments

  1. ????

    02-Mar-2009 en 8:38 pm

    ?????????

  2. Andrés

    07-Mar-2009 en 1:36 am

    Estuvo la zorra el concierto! Muy bueno el último disco “When Angels and Serpents Dance”. Lo único penca fue la organización, cambiaron como 2 ó 3 veces el lugar

  3. felipexepon

    07-Mar-2009 en 9:09 pm

    vi q subieron los videos de ellos a youtube, hay alguna forma de conseguirlos para mi recuerdo? saludos

  4. PIP3

    11-Ene-2010 en 10:26 am

    Buenisimo el show, lo mas lamentable fue la batalla campal que se ocasiono cuando sonny lanzo la camiseta de chile que tenia puesta, pero en cuanto al show del grupo excelente las canciones escogidas con pinsas como se dice, recordando exitos desde fundamental elements of southtown hasta when angels and serpents dance pasando por la pieza maestra de satellite, la organizacion fue lo mas malo ya que muy poca difución del concierto muy poca publicidad lo que hizo que fuera poca gente al concierto y ojala que esa misma organización se reinvindique y vuelva a traer a P.O.D este año 2010 ya que hay una nueva gira del grupo por latinoamerica pero no incluye chile, ojala hagan algo al respecto y los vuelva a traer pero que esta vez sea una mejor organización, para los que
    no pudieron ver a p.o.d por primera vez ya que fue solo por poca publicidad…..
    saludos….

  5. pagable con la muerte

    09-May-2010 en 4:05 pm

    A pesar de todos los problemas, fue un concierto notable… Deberían venir por 2da vez.. y pagar la deuda que la productora dejó con muchos fans que ni se enteraron que P.O.D. venía o que tampoco supieron donde finalmente tocaron

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Gustavo Santaolalla: El arte de la trayectoria

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Gustavo Santaolalla

La física define a la “trayectoria” como el recorrido que describe un objeto que se desplaza por el espacio. Este término en el ámbito musical se usa indiscriminadamente para hablar de carreras en múltiples estados; ya sea que exista o no un recorrido presente, se habla de las trayectorias para definir a los más grandes, pero pocos emulan a la física y hacen que este desplazamiento continúe. Una cosa es el movimiento hecho, pero otra el que se sigue haciendo, y por prácticamente 50 años, si hay un artista latinoamericano que no ha detenido sus rumbos –y, por tanto, su camino– ese es Gustavo Santaolalla.

Desde el rock profundamente argentino que profesaba en Arco Iris hasta su actualidad, donde se mezclan soundtracks y producciones para artistas desde Café Tacvba hasta Eric Clapton, Santaolalla ha hecho un andar profuso y lleno de canciones, propias y ajenas. Sin embargo, como dijo antes de su primera visita como Gustavo Santaolalla a nuestro país (antes había estado varias veces con Bajofondo), recién a los 66 años lanzó su carrera como solista, la que tiene discos y canciones a su haber, pero que jamás había configurado para girar o mostrarse, quizás en el último acto de humildad que tiene un tipo que gusta del proceso, del camino, ese que invitó a desandar en un Teatro Nescafé de las Artes casi repleto en la fresca noche del 12 de septiembre.

Justo antes de iniciar el show, a eso de las 21:20 horas, el teatro comenzó a aplaudir sin que se hubiera levantado aún el telón: la presencia de Jorge González, quien trabajara con Santaolalla en “Corazones” y su álbum homónimo, generaba vítores raros para un país que no reconoce a sus ídolos en vida, y era un pequeño aperitivo de la energía y sensaciones que inundarían el espacio por casi tres horas.

Todo iniciaba con “Inti Raymi”, y la Santabanda –como se hacen llamar los músicos de Santaolalla– mostraba la variedad de timbres que aparecerían en el show. Con la ovación del teatro, Gustavo aparecía para instalarse y comenzar con el primer set, rico en canciones de Arco Iris, esa banda que armó cuando empezaba a relacionarse con la música, con canciones como “Abre Tu Mente” o “Camino”, las que en el formato de esta gira obtienen matices y colores únicos, alejándose de la falsa psicodelia que se le legó a una banda como Arco Iris, que simplemente incluyó el folklore en el rock en tiempos de apretones mentales y revoluciones hippies. Ahora estas composiciones son atemporales y su construcción sólo alcanza tintes clásicos con los arreglos de este espectáculo, donde es la canción la que manda. Quizás eso hace de Santaolalla un compositor cautivante: deja que la canción mande, y él y los suyos sólo son puntos que arman la trayectoria de estos temas.

Así, a diferencia de otros shows en este formato, se coló un par de temas de su trabajo solista en esta primera parte, “Un Poquito De Tu Amor” y “Compañeros del Sendero”, dos sorpresas de varias que vendrían. Luego volvería a Arco Iris con canciones como la conocida “Zamba”, “Quiero Llegar” o la “Canción De Cuna Para El Niño Astronauta”, tras la cual vendría el recuerdo a la gran Mercedes Sosa y al amigo de mil batallas de Gustavo, León Gieco, para cerrar esa primera parte con el “Río De Las Penas” Intensa forma de dejar esperando a una audiencia que ya veía que el concierto iba para largo, y que sería incluso más extenso que las fechas anteriores hechas por Santaolalla y la Santabanda, sólida en todo momento, con Barbarita Palacios, Javier Casalla, Nicolás Rainone, Andrés Beeuwsaert y Pablo González haciendo gala de su carácter de multiinstrumentistas para dominar cada faceta que las canciones ponen en frente.

Al volver –­casi de improviso– Santaolalla irrumpe con “No Existe Fuerza en el Mundo”, que interpretara Gieco, mostrando lo importante de esa alianza para Gustavo. Luego de esto aparecería el trabajo completamente solista, con tracks como “A Solas” o “Todo Vale” para dar paso a otra corriente más atmosférica de la labor de este artista, que son los soundtracks, eligiendo “De Ushuaia A La Quiaca” de “Diarios de Motocicleta”, el main theme de la banda sonora del videojuego “The Last Of Us”, y un medley de “Brokeback Mountain”, mostrando la diversidad de espíritus, donde destaca el uso del charango y su timbre tan característico, entregando solemnidad y recogimiento, tal como el que se sintió en el homenaje hecho a Jorge González. Luego de mencionarlo para dar con una ovación gigante nuevamente, Santaolalla habla de los lazos que lo unen con González y dice que habrá un disco en honor a él, y que contará con una interpretación de “Por Amarte”, del “Corazones” (1991), ese disco que juntó por primera vez a dos de los artistas más importantes del continente. La versión fue sentida, contenida, una preciosa reversión donde Santaolalla ahondó en el sufrimiento del hablante. Si como compositor es clave, como intérprete se subvalora la intensidad que alcanza y que parece trascendental, más allá de lo obvio.

Debe ser, sino la experiencia, la trayectoria, esos caminos que se cruzan para corear “Mañana Campestre” o sentir “Pena En Mi Corazón”. Bajofondo y Arco Iris. Dos caras de un mismo creador, una apelando a las oscuridades y sus brillos, y otra a la belleza de la luz, tanto interna como externa, lo que trasunta en la belleza tierna de “Vecinos” y en la fuerza de “Ando Rodando”, que luego sólo crecería con la interpretación, a pura garganta y caja, en honor a la tradición de la vidala, para terminar con “Sudamérica” de Arco Iris y “Pa’ Bailar” de Bajofondo, ya con todo el mundo de pie, disfrutando de uno de esos artistas que no se cansan de deambular y hacer que su punto en la inmensidad del cosmos nunca deje de andar. Treinta canciones en casi tres horas, incluyendo el intermedio de quince minutos, emociones por montones y un sonido cálido que permitía a la voz de Santaolalla sobresalir. Pocas veces un espectáculo es capaz de capturar todas las facetas de un artista, en especial uno de tan amplio espectro, y ese fue el lujo que entregó Gustavo Santaolalla en el inicio de una gira solista que no es más que la demostración del más fino arte de la trayectoria.

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