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Playa Gótica: El poder del adiós

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Lo que le pasó a Playa Gótica, y que decantó en su separación, es algo que no debiera pasarle a ninguna propuesta artística de calidad en el país. Pero ocurre, y mucho. Esa sensación de que siempre merecieron más atención, más público, más vistas en YouTube y streams en plataformas digitales, pero que terminó siendo una farra por parte de todo un sistema, es dolorosa. Es en medio del adiós donde se hacen más patentes las heridas que dejan y las preguntas que quedarán sin respuesta, porque la lógica no permitiría entregarnos la tranquilidad de seguir adelante. Playa Gótica sacó un disco debut que hasta fue destacado en medios internacionales, tocó en los festivales más relevantes del país, y se acabó, con la calidad y dificultad que siempre debió enfrentar el conjunto. Aunque ya no era divertido tener una banda, ni siquiera en el amargo adiós en un Club Blondie con centenares de personas en el público, se perdió algo de la vibra que entregaron.

A las 20:17, luego de un mix pop de diferentes vertientes que dejó a la gente lista para seguir moviéndose, la banda salió a escena por última vez despachando “Anilina”, rareza en vivo que jamás vio la luz del estudio, pero sí a diferentes públicos. Luego vinieron “Cosita” y “Dark Balada”, entregando material de “Amigurumi”, ese disco de 2017 que muchos se quisieran y que de todas formas no consigue expresar la potencia de Playa Gótica. Aunque es la despedida, y hayan dicho que la chispa se perdió en entrevistas anteriores, explicando la separación de la banda, es imposible no pensar en una fiesta en vez de un funeral, lo que habla volúmenes de cuán aceitada estaba esa maquinaria en vivo.

Pero como diría Madonna, “no hay nada más que se pueda intentar, ningún lugar dónde esconderse / no hay poder más grande que el poder del adiós”, y esa energía inundaba todo, como el vahído previo a la muerte, cuando muchos dicen que se va el alma y hay una mejoría antes del final de todo. En medio de ese purgatorio feliz, entran los bronces para una vibrante versión de “Bailando” y para dejar entrar a “Boy George”, y hacer la transición a “La Pasajera”, con Fanny Leona empoderada, mientras resuena con pasión el bajo de Cristóbal Loader, la precisión en el ruido y la figura de Carlos Fariña en la guitarra, y la dinámica incesante de Andrés “Pipa” Ugarte.

Esa sección con una Fanny vestida a lo Prince cerró con “Pigman” en contra de los acosadores por doquier, y “Soy Noche” con el baile a tope, para luego realizar una mini transición de puro noise y así tener a Fanny con otro vestuario acompañada de Yaney, quien tocó la guitarra y cantó en “Bikini” y la emotiva “Dónde No Volver”, esa especie de profecía autocumplida de una banda que siempre vio en el final de algo una veta a identificar y cantar. Luego de ello, el cuarteto hizo que la pista se encendiera más con “Extraños Visitantes”. El sonido de Playa Gótica es único, al ser una banda donde el bajo dibuja un montón de las líneas melódicas, con la guitarra pintando atmósferas y la batería cargando con el ritmo por sí sola, a diferencia de tantos que subyugan al bajo con ese fin.

Hablando de bajistas, Bárbara PDA, conocida por haberse encargado de las cuatro cuerdas en Velódromo y El Cómodo Silencio De Los Que Hablan Poco, se subió al escenario tras una amorosa presentación de Fanny para tocar y cantar en la épica “Isla Negra”, y luego invocar también a los bronces para darle al hit inolvidable del conjunto. “Fuego” siempre tenía mucho candor y saltos, y la frontwoman se fue a dar vueltas al público para cantar y saltar con quienes llegaron a la fiesta. Playa Gótica está muerto. ¡Qué viva Playa Gótica!

Pero eso no terminaría ahí, porque en medio de ese frenesí, y tras la salida de casi todos del escenario, luego se subiría Gepe a repetir lo que pasó en Lollapalooza Chile este año, con él tomando el micrófono en “Foerte” y luego siendo dominado por el dios del ritmo para volverse loco en batería, en una versión de diez minutos de “Vacaciones”, donde con Pipa lograban convertirse en una fuerza impactante. Mientras en “Foerte” se podía notar que incluso en los últimos singles existen detalles que hacen de este proyecto algo único, en “Vacaciones” se nota que quien creyera que sólo hacían pop está muy equivocado. Quizás ese fue el problema con Playa Gótica, la imposibilidad de definir qué hacen. En estas líneas se habla mucho de épica, de energía, de saltar y encender un escenario, pero poco de estilos musicales porque eso resulta imposible, más allá de un espíritu pop con ejecución desde muchísimas veredas, desde el reggae hasta el funk, pasando por el shoegaze y la balada, nada aparentemente fácil de mezclar y que a ellos les salía como si fuera siempre la opción correcta.

Sí, es verdad. Lo que pasa es fuerte y foerte, porque es ver una estrella apagarse; es una supernova en pantalla gigante y 4K, ahí, en el escenario de la Blondie, con Fanny Leona emocionándose, pero no con lágrimas brotando, sino que con sonrisas nerviosas y palabras no ensayadas, llenas de honestidad, al volver para presentar la última canción de la historia de Playa Gótica, que además fue la primera: “Reptil No Gentil”, ese single que dice “quiero, pero no puedo alejarme de ti / ahí voy pero nunca puedo olvidarme de ti”, que perfectamente podría ser un cántico de estadio, como lo coreó la gente, cambiándole la letra para decir que jamás olvidarán a Playa Gótica. Eso es lo que merece una propuesta así, ese riesgo de configurar en cinco años una de las historias más poderosas y frustrantes de la música chilena en este milenio.

El poder del adiós también quizás es lo que le dio un tinte especial a las energías en el final, como una capa protectora para que todo resultara prístino en sonido (aunque Fanny tuvo algunos problemas con el micrófono) y en canciones. Casi cien minutos de una película que nadie quería que se acabara, pero que en el cierre simplemente se agradece que alguna vez haya existido, como las mejores cosas de la vida, esas que viven y bien viven, en vez de simplemente sobrevivir cojeando. Con dignidad, dolor, alegría, talento y carisma, se cerró esta historia de Playa Gótica, tremenda y poderosa.

Setlist

  1. Anilina
  2. Cosita
  3. Dark Balada
  4. Bailando
  5. Boy George
  6. La Pasajera
  7. Pigman (Aburrida En La Tienda)
  8. Soy Noche
  9. Bikini
  10. Dónde No Volver
  11. Extraños Visitantes
  12. Isla Negra
  13. Fuego
  14. Foerte
  15. Vacaciones
  16. Reptil No Gentil

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Iron Maiden en el Estadio Nacional: La magia de los tres tercios

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Iron Maiden

En la fotografía, pintura, diseño y en las artes audiovisuales, la llamada “regla de los tres tercios” es una forma de composición para ordenar objetos dentro de la imagen para que logren tener encuadres armoniosos, y así utilizar de forma eficiente y placentera el espacio disponible, de acuerdo a este criterio de inclusión. La búsqueda de un equilibrio para registrar de forma adecuada lo encuadrado es difícil, pero es algo que, al andar, queda impregnado en la obra y en la práctica. En el arte narrativo también la estructura de tres actos funciona de manera clásica, aunque al ver la perfección en el armado de “Legacy Of The Beast”, gira que traía a Iron Maiden a hacer su noveno y décimo show en Chile, quizás la referencia a la fotografía es la que hace más sentido desde una perspectiva amplia.

El Estadio Nacional había sido agotado meses antes, también el Movistar Arena, que la noche del lunes recibió la primera descarga eléctrica de la doncella de hierro, pero se sabía que la fecha final de este tour que revisitó el legado de Maiden sería aún más mágica. Aunque The Raven Age hubiera hecho sentir que se estaba frente a un acto de rock-metal alternativo de inicios del milenio, con trazos a Disturbed o Staind, pero con una calidad sonora más de estos tiempos que resultaba en un buen presagio para lo que vendría después. Concentrándose en su último disco, “Conspiracy” (2019), la banda sonó muy correcta y se conectó con la audiencia que estaba repletando el sector más próximo al escenario, lamentablemente de la mitad para atrás del recinto no hubo la misma visión, debido a que las pantallas no mostraron el show, dejando especialmente a la galería aislada de este acto inicial.

Las 64 mil personas que se reunieron en el Estadio Nacional llegaban para una cita con la historia, esa que se construye poco a poco, visita tras visita, haciendo de Chile (como dijo ayer Manuel Cabrales) “la casa de la bestia” y el lugar más adecuado para cerrar la gira como repetidas veces indicaría Bruce Dickinson a lo largo de las casi dos horas de show. A las 21:07 comenzaban a mostrarse en las pantallas imágenes casi calcadas al trailer de “Iron Maiden: Legacy Of The Beast”, el juego que la banda lanzara en 2016, a pocos meses de su visita anterior a Chile. De forma eficaz, el recorrido por la discografía de la banda tuvo lugar en medio de la imaginería de Eddie, la mascota más conocida en el mundo del metal, y en menos de dos minutos la introducción resultaba perfecta, empalmando con “Doctor, Doctor” de UFO, un clásico del inicio de los shows de Maiden, canción que calentó los cuerpos, las gargantas y los brazos, sabiendo lo que venía de inmediato con “Aces High”.

Antes, se daba inicio al primer acto, centrado en la guerra y los estragos que dejó en la sociedad en la que se criaron los integrantes de la banda, en la Inglaterra de los 60, donde los veteranos abundaban y la rareza se palpaba en el aire. Luego de un video breve aparecía un avión por sobre el escenario con el aspa girando y “Aces High” explotaba para deleite del público, que se ponía a saltar y cantar sin cesar, mientras Dickinson consolidaba la idea de ser un frontman perfecto, con la voz aún mejor que en 2016, tras su delicada cirugía para tratar un cáncer en la garganta. Además, corría de un lado a otro del escenario, jugando de forma calculada, pero bien dispuesta con el resto de los integrantes, para luego despachar “Where Eagles Dare” y disparar a los corazones con “2 Minutes To Midnight”, que extrañamente no iba a entregar las primeras bengalas de la noche en el público, pero que sí permitía advertir esas chispas que grandes y chicos compartían en cancha y alrededores.

Algo que sorprendió a muchos al ver el setlist fue la presencia de canciones de discos donde estuvo Blaze Bayley, como “Virtual XI” (1998), álbum del que se desprende “The Clansman”, canción que Bruce hizo como si fuera suya y que movió a la gente en medio de su grata sorpresa directo a las fauces de Eddie, que apareció para luchar contra el frontman y su espada en “The Trooper”. En ese momento la bengala se elevó por el aire y no había dudas de cómo la capacidad de Maiden sigue ahí. Mientras muchos bajan el tempo o el tono de las canciones, Iron Maiden a veces incluso acelera los compases para corresponder a los torbellinos que arman los fans en cancha. Es admirable cómo el sexteto evita demostrar fatiga, y eso no puede sino ser fruto de mucho ensayo, mucha confianza y mucho trabajo en esas canciones que son parte de las vidas de tantas personas. Esos temas forman parte de esas guerras que la gente lleva en su día a día, y por ello se hacía perfecto ver cómo el primer acto del show se centraba en esas dificultades, para luego pasar a un ámbito más religioso o espiritual, tomando la estética de una iglesia para maravillar desde lejos.

Revelations”, “For The Greater Good Of God” o “The Wicker Man” se sucedían para aumentar los aplausos a la labor de la guitarra ágil de Dave Murray, la precisión de Adrian Smith en la suya o la solvencia de la batería de Nicko McBrain, mientras Janick Gers se encarga de los gestos, los movimientos y las acciones que le compiten a Dickinson por el más carismático del escenario, aunque este último con quien se va a acurrucar y le muestra un cariño descomunal es a Steve Harris, el bajista que no sólo es el miembro fundador que queda, sino también tiene su capacidad intacta. Mención aparte para los encargados de sonido de la banda que, como en pocas bandas de metal, eligen dar espacio para cada instrumento, evitando el predominio tan majadero de las guitarras. Las líneas de bajo de Harris, por ejemplo, merecen ser escuchadas y así ocurrió en el show del Nacional, luciéndose en tracks como “Sign Of The Cross”, mientras Dickinson ataviado de una capucha negra se paseaba con una cruz con luces muy potentes. El acto lo cerraba “Flight Of Icarus”, en el que Bruce apareció con un lanzallamas que le permitía jugar con ambas manos tirando flamas, mientras una figura inflable como la del propio Ícaro se elevaba justo antes de otro karaoke colectivo con “Fear Of The Dark”.

La transición al infierno fue más rápida y también la sección más breve con la explosión en “The Number Of The Beast”, con el “six six six” coreado por las 64 mil personas presentes, y por supuesto que en la más punketa de las facetas de la banda en “Iron Maiden”, esa canción que precipitó la aparición de la bestia infernal enorme en el fondo, mirando lo que ocurría con ojos de luces y cuernos de cabra, mientras el público lo daba todo en moshpits, saltos, cantos y más.

En el encore vinieron “The Evil That Men Do” seguida de “Hallowed By Thy Name”, otro de esos tracks donde lo instrumental se notó como parte de esas fortalezas preciosas que tiene Maiden, que lo hacen tener una belleza fotográfica, de obra de arte mixta puesta en un museo de arte contemporáneo, capaz de interactuar con la gente y de congregar masas, como las que pasadas las 23:00 hrs. estaban cantando “Run To The Hills” en el gran cierre de una jornada realmente histórica, tanto por la capacidad de disponer de la historia grande de Iron Maiden en poco menos de dos horas, como por esa consolidación permanente con este país que es su casa.

Como dijo al rato después del show el periodista y guitarrista Héctor Muñoz: “Una banda que te manda para la casa diciéndote ‘Always Look On The Bright Side Of Life’ en la voz de Eric Idle tiene las cosas claras”, y es que, viendo la foto completa, Iron Maiden tiene todo tan claro y a estas alturas es un proyecto tan transversal, que ya no es patrimonio sólo del metal, sino que de la música en vivo en general, y qué bueno que el encuadre sea así de armonioso y perfecto.

Setlist

  1. Aces High
  2. Where Eagles Dare
  3. 2 Minutes To Midnight
  4. The Clansman
  5. The Trooper
  6. Revelations
  7. For The Greater Good Of God
  8. The Wicker Man
  9. Sign of the Cross
  10. Flight Of Icarus
  11. Fear Of The Dark
  12. The Number Of The Beast
  13. Iron Maiden
  14. The Evil That Men Do
  15. Hallowed Be Thy Name
  16. Run To The Hills

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