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Phoenix: En la cima de su sonido

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Para despedir la tarde y darle la bienvenida a la noche santiaguina, se presentó en Chile por tercera vez la agrupación francesa Phoenix, que para muchos podría lucir como una banda casi juvenil del neo electro-pop, pero que llegan a los escenarios chilenos después de un largo viaje por diversos sonidos, soundtracks y discos. Y hoy, con un estilo más depurado y propio se han hecho dueños de las buenas críticas por parte de la prensa especializada y de su público en general.

PHOENIX LOLLAPALOOZA CHILE 2014 01

Los chicos de Versalles llegaron puntuales, a las siete de la tarde, cargados con una batería de canciones rítmicas dispuestas para hacer bailar a cualquiera, y siempre bajo las direcciones del siempre carismático Thomas Mars, que no dejó ningún espacio para el silencio en el Claro Stage, al contrario de lo que sucedió con las imágenes, ya que mientras los arreglos de parlantes replicaban la energía del grupo en la apertura con “Entertainment”, el apoyo visual de las pantallas gigantes era interrumpido por fallas técnicas, donde incluso se visualizó a un técnico subiendo a reconectar una de las pantallas, mientras Mars y compañía desarrollaban su presentación. A pesar de esto, los franceses demostraron desde un comienzo la potencia de su labrado sonido, con importantes envolventes en sus secuencias y sintetizadores, y una aplastante sección rítmica, como quedó evidenciado con “Lasso” y con uno de sus singles más conocidos, “Lisztomania”, donde asomaron tímidamente un par de acoples, a pesar de que la mayoría del show contó con una buena calidad de audio, pero a ratos rozando lo fuerte y amenazando la saturación.

PHOENIX LOLLAPALOOZA CHILE 2014 05

Con pantallas reestablecidas a momentos –sin duda el punto bajo de la presentación-, el show siguió con la bailable “Long Distance Call” y la delirante “The Real Thing”, de su disco más reciente “Bankrupt!” (2013), donde quedó clarísima la diferencia de sonoridad, evidenciando la evolución del sonido de la agrupación, que ha mutado desde un indie rock más conservador, a un pop sintetizado cargado de timbres y adornos, como también lo pudimos notar en “Trying To Be Cool”, “S.O.S. In Bel Air”, y en la mayoría del repaso de “Wolfgang Amadeus Phoenix” (2009), donde además destacaron los mix de canciones, lo que fue una muy buena jugada para lograr pasar por un mayor número de singles sin necesariamente tocarlas enteras, como sucedió con “Girlfriend” y “Too Young” –el éxito de la mano de Sofia Coppola-, el maravilloso momento instrumental de “Love Like A Sunset” y “Bankrupt!” –más conocido como “Sunskrupt!”, que fue ovacionado por los asistentes.

PHOENIX LOLLAPALOOZA CHILE 2014 04

El sonido de Phoenix, a pesar del carisma y el empeño vocal que añade Mars, descansa equilibradamente en cada uno de sus seis componentes en vivo. Es imposible pensar en el desarrollo de las canciones sin el aporte de Brancowitz, Mazzalai o D’Arcy. O incluso sería imperdonable restar importancia a Robin Coudert en percusiones, o al gigantesco Thomas Hedlund en batería, quien participa como un eje central en toda la presentación, como en “Consolation Prizes” o en la aplaudida “Rome”, donde sabe añadir un apoyo fundamental a las ensordecedoras secuencias.

PHOENIX LOLLAPALOOZA CHILE 2014 02

Otro de los grandes momentos de la presentación llegaría con otro de sus ya mencionados mixes, con “If I Ever Feel Better” y “Funky Squaredance”, ambos del disco debut de la banda, “United” (2000), y que reversionadas en 2014 suenan frescas y potentes. El show llegaría a su fin con las enérgicas “1901” y “Armistice”, para caer en el delirio absoluto con el reprise de “Entertainment”, donde se vio a Mars correr hasta la multitud para terminar en un largo y desenfrenado encuentro que lo dejó sin micrófono, forcejeando y siendo sostenido por decenas de fans. Sin duda un final épico para una banda que consolidó su relación con el público chileno.

PHOENIX LOLLAPALOOZA CHILE 2014 03

Phoenix es una banda adulta, la juventud y el largo camino de búsquedas imprecisas quedaron en el pasado, ya que desde 1997 ha trabajado intentando encontrar el sonido que más le acomode, y desde “Wolfganf Amadeus Phoenix” que no ha parado de sorprendernos. No por nada vienen de encabezar en 2013 festivales como Lollapalooza Chicago, Coachella o Primavera Sound. Lo bueno es que el público chileno de Lollapalooza le ha sabido tomar el peso a la música con tendencias más pop electrónicas, y ya no son los invitados subnormales a las galas festivaleras. Más allá de que Phoenix mezcle material en la mayor parte de su discografía, el énfasis que le adhieren en vivo las hace vivir una segunda vida, donde el aire de las viejas canciones convive con la instrumentalización actual, dejando en nuestros oídos una sensación de saciedad sonora. Bienvenidos al sonido definitivo de Phoenix.

Setlist

  1. Entertainment
  2. Lasso
  3. Lisztomania
  4. Long Distance Call
  5. The Real Thing
  6. Too Young / Girlfriend
  7. Trying To Be Cool / Drakkar Noir / Chloroform
  8. Consolation Prizes
  9. Sunskrupt! (Love Like A Sunset Part I / Bankrupt! / Love Like A Sunset Part II)
  10. If I Ever Feel Better / Funky Squaredance
  11. S.O.S. In Bel Air
  12. Armistice
  13. 1901
  14. Rome
  15. Entertainment (reprise)

Por Pamela Cortés

Fotos por Julio Ortúzar

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Iron Maiden en el Estadio Nacional: La magia de los tres tercios

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Iron Maiden

En la fotografía, pintura, diseño y en las artes audiovisuales, la llamada “regla de los tres tercios” es una forma de composición para ordenar objetos dentro de la imagen para que logren tener encuadres armoniosos, y así utilizar de forma eficiente y placentera el espacio disponible, de acuerdo a este criterio de inclusión. La búsqueda de un equilibrio para registrar de forma adecuada lo encuadrado es difícil, pero es algo que, al andar, queda impregnado en la obra y en la práctica. En el arte narrativo también la estructura de tres actos funciona de manera clásica, aunque al ver la perfección en el armado de “Legacy Of The Beast”, gira que traía a Iron Maiden a hacer su noveno y décimo show en Chile, quizás la referencia a la fotografía es la que hace más sentido desde una perspectiva amplia.

El Estadio Nacional había sido agotado meses antes, también el Movistar Arena, que la noche del lunes recibió la primera descarga eléctrica de la doncella de hierro, pero se sabía que la fecha final de este tour que revisitó el legado de Maiden sería aún más mágica. Aunque The Raven Age hubiera hecho sentir que se estaba frente a un acto de rock-metal alternativo de inicios del milenio, con trazos a Disturbed o Staind, pero con una calidad sonora más de estos tiempos que resultaba en un buen presagio para lo que vendría después. Concentrándose en su último disco, “Conspiracy” (2019), la banda sonó muy correcta y se conectó con la audiencia que estaba repletando el sector más próximo al escenario, lamentablemente de la mitad para atrás del recinto no hubo la misma visión, debido a que las pantallas no mostraron el show, dejando especialmente a la galería aislada de este acto inicial.

Las 64 mil personas que se reunieron en el Estadio Nacional llegaban para una cita con la historia, esa que se construye poco a poco, visita tras visita, haciendo de Chile (como dijo ayer Manuel Cabrales) “la casa de la bestia” y el lugar más adecuado para cerrar la gira como repetidas veces indicaría Bruce Dickinson a lo largo de las casi dos horas de show. A las 21:07 comenzaban a mostrarse en las pantallas imágenes casi calcadas al trailer de “Iron Maiden: Legacy Of The Beast”, el juego que la banda lanzara en 2016, a pocos meses de su visita anterior a Chile. De forma eficaz, el recorrido por la discografía de la banda tuvo lugar en medio de la imaginería de Eddie, la mascota más conocida en el mundo del metal, y en menos de dos minutos la introducción resultaba perfecta, empalmando con “Doctor, Doctor” de UFO, un clásico del inicio de los shows de Maiden, canción que calentó los cuerpos, las gargantas y los brazos, sabiendo lo que venía de inmediato con “Aces High”.

Antes, se daba inicio al primer acto, centrado en la guerra y los estragos que dejó en la sociedad en la que se criaron los integrantes de la banda, en la Inglaterra de los 60, donde los veteranos abundaban y la rareza se palpaba en el aire. Luego de un video breve aparecía un avión por sobre el escenario con el aspa girando y “Aces High” explotaba para deleite del público, que se ponía a saltar y cantar sin cesar, mientras Dickinson consolidaba la idea de ser un frontman perfecto, con la voz aún mejor que en 2016, tras su delicada cirugía para tratar un cáncer en la garganta. Además, corría de un lado a otro del escenario, jugando de forma calculada, pero bien dispuesta con el resto de los integrantes, para luego despachar “Where Eagles Dare” y disparar a los corazones con “2 Minutes To Midnight”, que extrañamente no iba a entregar las primeras bengalas de la noche en el público, pero que sí permitía advertir esas chispas que grandes y chicos compartían en cancha y alrededores.

Algo que sorprendió a muchos al ver el setlist fue la presencia de canciones de discos donde estuvo Blaze Bayley, como “Virtual XI” (1998), álbum del que se desprende “The Clansman”, canción que Bruce hizo como si fuera suya y que movió a la gente en medio de su grata sorpresa directo a las fauces de Eddie, que apareció para luchar contra el frontman y su espada en “The Trooper”. En ese momento la bengala se elevó por el aire y no había dudas de cómo la capacidad de Maiden sigue ahí. Mientras muchos bajan el tempo o el tono de las canciones, Iron Maiden a veces incluso acelera los compases para corresponder a los torbellinos que arman los fans en cancha. Es admirable cómo el sexteto evita demostrar fatiga, y eso no puede sino ser fruto de mucho ensayo, mucha confianza y mucho trabajo en esas canciones que son parte de las vidas de tantas personas. Esos temas forman parte de esas guerras que la gente lleva en su día a día, y por ello se hacía perfecto ver cómo el primer acto del show se centraba en esas dificultades, para luego pasar a un ámbito más religioso o espiritual, tomando la estética de una iglesia para maravillar desde lejos.

Revelations”, “For The Greater Good Of God” o “The Wicker Man” se sucedían para aumentar los aplausos a la labor de la guitarra ágil de Dave Murray, la precisión de Adrian Smith en la suya o la solvencia de la batería de Nicko McBrain, mientras Janick Gers se encarga de los gestos, los movimientos y las acciones que le compiten a Dickinson por el más carismático del escenario, aunque este último con quien se va a acurrucar y le muestra un cariño descomunal es a Steve Harris, el bajista que no sólo es el miembro fundador que queda, sino también tiene su capacidad intacta. Mención aparte para los encargados de sonido de la banda que, como en pocas bandas de metal, eligen dar espacio para cada instrumento, evitando el predominio tan majadero de las guitarras. Las líneas de bajo de Harris, por ejemplo, merecen ser escuchadas y así ocurrió en el show del Nacional, luciéndose en tracks como “Sign Of The Cross”, mientras Dickinson ataviado de una capucha negra se paseaba con una cruz con luces muy potentes. El acto lo cerraba “Flight Of Icarus”, en el que Bruce apareció con un lanzallamas que le permitía jugar con ambas manos tirando flamas, mientras una figura inflable como la del propio Ícaro se elevaba justo antes de otro karaoke colectivo con “Fear Of The Dark”.

La transición al infierno fue más rápida y también la sección más breve con la explosión en “The Number Of The Beast”, con el “six six six” coreado por las 64 mil personas presentes, y por supuesto que en la más punketa de las facetas de la banda en “Iron Maiden”, esa canción que precipitó la aparición de la bestia infernal enorme en el fondo, mirando lo que ocurría con ojos de luces y cuernos de cabra, mientras el público lo daba todo en moshpits, saltos, cantos y más.

En el encore vinieron “The Evil That Men Do” seguida de “Hallowed By Thy Name”, otro de esos tracks donde lo instrumental se notó como parte de esas fortalezas preciosas que tiene Maiden, que lo hacen tener una belleza fotográfica, de obra de arte mixta puesta en un museo de arte contemporáneo, capaz de interactuar con la gente y de congregar masas, como las que pasadas las 23:00 hrs. estaban cantando “Run To The Hills” en el gran cierre de una jornada realmente histórica, tanto por la capacidad de disponer de la historia grande de Iron Maiden en poco menos de dos horas, como por esa consolidación permanente con este país que es su casa.

Como dijo al rato después del show el periodista y guitarrista Héctor Muñoz: “Una banda que te manda para la casa diciéndote ‘Always Look On The Bright Side Of Life’ en la voz de Eric Idle tiene las cosas claras”, y es que, viendo la foto completa, Iron Maiden tiene todo tan claro y a estas alturas es un proyecto tan transversal, que ya no es patrimonio sólo del metal, sino que de la música en vivo en general, y qué bueno que el encuadre sea así de armonioso y perfecto.

Setlist

  1. Aces High
  2. Where Eagles Dare
  3. 2 Minutes To Midnight
  4. The Clansman
  5. The Trooper
  6. Revelations
  7. For The Greater Good Of God
  8. The Wicker Man
  9. Sign of the Cross
  10. Flight Of Icarus
  11. Fear Of The Dark
  12. The Number Of The Beast
  13. Iron Maiden
  14. The Evil That Men Do
  15. Hallowed Be Thy Name
  16. Run To The Hills

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