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Philip H. Anselmo & The Illegals: Sin freno

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La nostalgia es amiga y enemiga. Es posibilidad de recordar y de honrar épocas buenas, sin embargo, también de quedarse en el pasado y de no moverse. La nostalgia es espejo retrovisor y es pedal de freno, entonces es un elemento imposible de descartar, pero que hay que saber usar de forma efectiva para evitar empantanar el legado. Esto es algo que le costó entender a Philip H. Anselmo, quien por mucho tiempo evitaba lo relacionado con Pantera, lo que era bueno para sus proyectos propios, para seguir adelante, pero que no le permitía esa necesaria mirada atrás para saber qué vino y qué vendrá.

Es ese reencuentro con la propia historia el que se materializó en la primera de dos jornadas con entradas agotadas en el Teatro Cariola, donde Philip H. Anselmo & The Illegals prometían canciones propias de este proyecto donde Anselmo es más brutal y abrasivo, más inaccesible, pero también muy interesante, y también clásicos de Pantera, como nunca, prometidos de antemano, algo que entusiasmó a la gente y que derivó en un Cariola repleto en la primera jornada, la del jueves 24 de enero, donde el teatro se vio lleno a su máxima capacidad, con todo el mundo apretado de tal forma, que fue imposible que hubiera un circle pit tal como pidió Phil a ratos. Nada de lo anterior le importó a la gente, porque la instancia era más importante y más relevante: las canciones importaban más que el propio bienestar.

Es crudo, pero así es la música que se comienza a desplegar a las 21:23 horas con un Anselmo muy enfocado y muy preocupado de que la gente lo pase bien. Si en otras ocasiones el tipo ha sido loco y hasta irresponsable en el escenario, en esta época está limpio de esos impulsos y puede enfocarse en darlo todo con la voz que, con ciertas limitaciones por el desgaste de los años, todavía puede entregar grandes cuotas de variedad, rango y potencia, algo encomiable cuando aparecieron las canciones de Pantera.

Antes, vino un carril de cinco temas del proyecto Philip H. Anselmo & The Illegals, partiendo con “Bedridden” del primer disco del proyecto, “Walk Through Exits Only” (2013), track homónimo que cerraría el set de canciones de The Illegals. Pese a problemas leves con el retorno y a un acople que empañó esta primera canción, de inmediato la energía inundó el ambiente. Pero el disco que servía como excusa para esta visita era “Choosing Mental Illness As A Virtue”, lanzado hace casi exactamente un año, y que en tracks como “Little Fucking Heroes” (dedicada a los fans) o “Photographic Taunts” dejan en claro el carácter ultra death metal del proyecto, siendo más oscuro y reflexivo que otros trabajos en los que se haya visto involucrado Anselmo.

Luego de ello, de sólo cinco canciones de esta etapa, comenzó a girar esa rueda que para Anselmo se volvió la vida entera, aquella rueda reinventada que fue Pantera en su tiempo, que, a punta de confianza, groove y potencia, pudo permear más allá de los fans del metal o del rock para acercar a gente de forma sin precedentes a estas canciones, que partieron con “Mouth For War”.

Como dijimos, el Teatro Cariola estaba repleto, incluso con las cortinas abiertas para que gente viera desde el hall de entrada, pero el pogo formaba un mar de gente, en cancha y platea, que literalmente gritaba a todo lo que daba los coros, sea en esa la mencionada “Mouth For War”, en “Becoming” o en la más dolorosa “This Love”, que fue una sorpresa para quienes esperaban cierto setlist que tuvo muchas modificaciones. Anselmo lo prometía: ambas noches tendrán repertorios diferentes y “podemos tocar poco cada noche, pero lo hacemos malditamente duro”.

El sonido permitía sentir en las entrañas cómo “Fucking Hostile” era una fiesta de los beats rápidos y la banda fue competente en todo momento. “Hellbound” y “Domination” completaron el cuadro de una noche tremenda, que incluso tendría un encore con una versión muy buena de “I’m Broken”, todo con ese matiz que no desconoce a la nostalgia, sino que simplemente le ve el lado bueno. En este caso, recordar a Dimebag Darrell y a Vinnie Paul, ambos miembros fallecidos de Pantera –y a quienes Phil dedicó el show–, es mandatorio, porque es ese sonido y esa intensidad la que permitió que muchos rockeros también pudieran tener una variedad mayor en su escucha (algo de lo que todavía falta aprender).

Phil Anselmo dejó que la gente cantara coros completos, e inteligentemente fue un coordinador de un instrumento más como fueron las gargantas de los asistentes, y así es como se puede evolucionar. El todo, la visión completa, fue un espectáculo donde en 70 minutos el rock pudo ver rutas para adelante y para atrás, pero jamás apretando el freno, siempre avanzando, porque si ya reinventaste la rueda, para qué vas a dejar que se detenga.

Setlist

  1. Bedridden
  2. Little Fucking Heroes
  3. Choosing Mental Illness
  4. Photographic Taunts
  5. Walk Through Exits Only
  6. Mouth For War (original de Pantera)
  7. Becoming (original de Pantera)
  8. This Love (original de Pantera)
  9. Fucking Hostile (original de Pantera)
  10. Hellbound (original de Pantera)
  11. Domination (original de Pantera)
  12. I’m Broken (original de Pantera)

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Orchestral Manoeuvres In The Dark: Pretendiendo ver el futuro

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¿Qué hay detrás del baile? ¿Por qué el cuerpo traduce la música y los ritmos de ciertas maneras? Desde Darwin hasta David Byrne han tratado de pensar en por qué la evolución de la humanidad tiene a la danza como algo clave para el acto de ser humanos, y por ello es que la reflexión siempre aparece cuando el baile se hace algo colectivo. Cuando bailamos juntos, en la oscuridad de una pista o una cancha como ocurre en un concierto, esto indica, por lo menos, la existencia de una comunión, y en el punto máximo, una creencia haciéndose algo material.

Cuando se observa lo que pasa con la música de Orchestral Manoeuvres In The Dark (OMD), es difícil pensar en qué tiempo se habla. Se puede pensar en ritmo, en letra, en música, en espíritu, pero también hay un ansia en el dúo formado a fines de los 70’s por capturar el futuro. ¿Qué hay detrás del baile? Pareciera que está la voz de los tiempos, un zeitgeist accidental, que luego de ser futurista calza más con un retro futurismo que se vuelve único y necesario, tal como fue la primera visita de OMD a nuestro país, en una Cúpula Multiespacio repleta con más de un millar de personas que tuvieron chance de ver una clase maestra de cómo se configura una sesión de baile, intensidad y calidad.

Tras un buen calentamiento con el set de synthpop que puso Cristián “Chico” Pérez, el público esperó ansioso a OMD, y es que el público (cuyo promedio de edad probablemente se elevaba sobre los 40 años) sabía que la espera había sido larga. “Paul, ¿me puedes decir por qué cresta esperamos 40 años para venir acá?” fue la pregunta de Andy McCluskey que todos pensaron, al unísono, que resumía esa sensación de cómo lo inevitable se deja esperar tanto tiempo. Antes de eso, “Isotype” iniciaba el show a las 21:45 hrs., en una muy buena muestra de cómo OMD pasó de proyectar al futuro, a vivirlo.

Aunque este tema fuera de “The Punishment of Luxury” (2018), último disco a la fecha de los ingleses, lo cierto es que se integraba de forma natural con clásicos posteriores como “Messages” o “Tesla Girls“, y todo se transformaba en una fiesta, con un juego de luces perfecto, y también con los movimientos maniáticos de McCluskey quien parecía poseído por el espíritu de su “yo” más joven. Una mezcla entre el luchador Shinsuke Nakamura y un bailarín experto en clubes de Ibiza, los pasos de Andy eran impactantes y dotaban de urgencia a un repertorio que, en vez de urgente, ha tenido al tiempo de su lado para decantar en lo preciso y lo trascendente.

Por ello es que el salto entre canciones con décadas de diferencia como “History Of Modern (Part 1)” y “Pandora’s Box” se da con tanta naturalidad, porque el factor común es OMD, cuya historia puede remontarse a cuatro décadas atrás, pero que estuvo 10 años completos sin avanzar, y ese tipo de desajustes no se notan en el escenario ni en el armado de un set hecho para la ocasión, no enfocado en el trabajo más reciente, sino que en clásicos de todas las épocas, desde “(Forever) Live And Die“, “If You Leave” y “Souvenir” (que fueron todas juntas), hasta las “Joan of Arc” y “So In Love“.

La gente respondía siempre, en todas las canciones, en todos los momentos, sin dejar de entregar energía y corresponderle un poco a McCluskey. También hay momentos donde Paul Humphreys tomaba el micrófono para cantar, como en “Souvenir” o “(Forever)…“, y ahí quedaba de manifiesto cómo se complementan ambas personalidades, Andy desde lo frenético y Paul desde lo melódico, redundando en esta conjunción de ideas de futuro que se vuelven fiesta, baile y oscuridad.

Más cerca del final viene la locura de “Locomotion” o el coro que es “Sailing On The Seven Seas“, para luego cerrar el main set con “Enola Gay“, esa canción de OMD que es imposible que no haya sido escuchada, que es reconocible incluso por quienes no tienen idea de la mera existencia de la banda. Aunque se escuchaban cosas comentadas por la gente como “este es el tema de los gays” (claro, campeón, seguro que es por eso), lo cierto es que la energía era completa y dejaba a la gente en ascuas de más, en especial con esa maravilla de coreo de estadio asimilando a los sintetizadores en esta canción. La cara de sorpresa de Andy y Paul dejaba en claro su posición respecto al público en esta velada.

¿Qué hay detrás del baile? Esto funciona como idea a considerar en canciones más calmas como las que iniciaron el encore como el himno “Walking In The Milky Way“. Al final del día, y cerca del final del concierto, se buscan puntos de encuentro, sensaciones comunes. A veces no es de lo más placentero tener mucha gente alrededor, moviéndose y chocando unos con otros, a veces con cabezas que tapan parte del escenario o con algunos que fuman en recintos cerrados, pero cuando se consigue la coordinación de todos los espíritus para ser uno, nada de eso importa.

En el caso de un show como el de OMD lo que importa es cómo nos encontramos en pistas de baile, en recuerdos de un futuro pasado, y cómo es que la electricidad se sigue transmitiendo. Por ello es que ese tributo a Kraftwerk, “Electricity“, se hacía la mejor forma de cerrar 97 minutos perfectos, con sonido, energía, voces, y un público a la medida de lo que debió ser, y que finalmente fue el debut de OMD en Chile. Como cantara Springsteen: “No puedes iniciar un fuego sin una chispa / (…) incluso si es que estamos danzando en la oscuridad“.

Setlist

  1. Isotype
  2. Messages
  3. Tesla Girls
  4. History Of Modern (Part 1)
  5. Pandora’s Box
  6. (Forever) Live And Die
  7. If You Leave
  8. Souvenir
  9. Joan Of Arc
  10. Joan Of Arc (Maid Of Orleans)
  11. Of All The Things We’ve Made
  12. So In Love
  13. The Punishment Of Luxury
  14. Dreaming
  15. Locomotion
  16. Sailing On The Seven Seas
  17. Enola Gay
  18. Walking In The Milky Way
  19. Secret
  20. Electricity

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