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Pearl Jam: Historia y Rock

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La semana que hemos vivido de seguro pasará a la historia del rock nacional por ser una de las más contundentes y significativas en lo que respecta a presentaciones en vivo y shows de calidad. Particularmente, tendrá un sabor especial para todos aquellos fanáticos del grunge, ya que en tan sólo dos días se presentaron íconos de este movimiento, como lo son Alice In Chains (con su esperada primera visita al país), Chris Cornell, Stone Temple Pilots, y los inspiracionales Sonic Youth. Sin embargo, esta fiesta no podía terminar sin un broche de oro, sin ese toque épico e histórico que tanta gente había estado esperando por casi seis años: el regreso a Chile de Pearl Jam, quizás los únicos representantes de este movimiento que han sabido resistir el paso del tiempo, a punta de cojones, actitud, y por supuesto, rock & roll.

La expectativa generada en torno al concierto de ayer no era gratuita: en noviembre de 2005, Pearl Jam nos brindó dos de los mejores recitales que han tenido lugar en estas tierras, en esas memorables jornadas en las cuales el tiempo pareció detenerse, y lo más importante del mundo fue el rock. Como si esto fuera poco, se debe agregar que este año ha sido un año especial para PJ, ya que se cumplieron dos décadas desde el lanzamiento de “Ten” (1991), ese disco icono que los lanzó a la fama y ciertamente cambió la historia de la música, lo cual ha sido “celebrado” con una serie de reediciones de sus discos, además del lanzamiento del documental “PJ 20” y del single “Olé”.

Por lo tanto, las expectativas de lo que el quinteto de Seattle podía mostrar sobre el escenario eran altísimas. Esto quedó demostrado apenas se abrieron las puertas del Estadio Monumental y la gente comenzó a repletar progresivamente el recinto, dando grandes muestras de entusiasmo y energía contenida. El variopinto público demostraba cuán transversal es la música de PJ, y cómo en estos veinte años han logrado encantar a varias generaciones a punta de himnos, honestidad y acordes inolvidables.

Un poco antes de lo programado, salieron a escena los invitados al evento: el grupo punk californiano ‘X’, quienes mostraron fuerza e ímpetu sobre el escenario, pero que no lograron encantar a un público que estaba quizás demasiado ensimismado en lo que iba a acontecer más tarde. Sin embargo, el momento de gloria lo vivieron cuando invitaron al propio Eddie Vedder al escenario a interpretar la poderosa “Devil Doll”, canción con la cual se ganaron la ovación de todos los presentes. En poco más de 40 minutos, y a pesar de pasar sin pena ni gloria por el Monumental, ‘X’ logró apaciguar los ánimos de la hinchada, y acortar un poco la espera de lo que sería el plato fuerte de la noche.

Un poco antes de las 21:30 ocurrió aquel momento mágico que todos anhelaban: hicieron ingreso en escena, uno a uno, los integrantes de Pearl Jam. El estadio explotó en gritos de euforia, alegría y celebración, que demostraron claramente cuán profundo era el vínculo entre esta agrupación y los presentes. Ahí estaban, frente a todos, aquellos músicos que, en mayor o menor medida, formaban parte de la banda sonora de la vida de cada uno de los asistentes. Eddie Vedder, Stone Gossard, Mike McReady, Jeff Ament y el nunca bien ponderado Boom Gaspar, saludaban, tomaban sus respectivos instrumentos, y se preparaban para brindarnos una inolvidable noche de rock.

El show comenzó con la emotiva “Unthought Known”, canción perteneciente al álbum “Backspacer” (2009), que congenió perfectamente con la carga que se sentía en el ambiente, aquella carga de reencuentro y alegría que fue demostrada por el público desde el primer acorde.

Luego comienza una montaña rusa de rock, furia y guitarras, a partir de la clásica “Why Go”, en la que la banda desata toda su potencia y muestra su lado más animal. En ese momento el estadio se transformaba en una fiesta, rindiéndole los honores respectivos al mencionado “Ten”. El ambiente está más que prendido, pero se siguen desatando las pasiones con “Animal” y “Do The Evolution”, otros clásicos pertenecientes a los discos “Vs.” (1993), y “Yield” (1998), respectivamente. Con estas interpretaciones queda claro que lo que seguirá es una gran noche, y que la máquina aceitada de lo que es Pearl Jam no va a parar hasta que la última alma presente quede rendida a sus pies. Notables de este segmento fueron la guitarra afilada de McReady, la rabia transmitida por Vedder ante el micrófono y la sincronía del público durante el coro eclesiástico de la mencionada “Do The Evolution”.

Bajando un poco los decibeles, se vino el nuevo single “Olé”, lanzado como parte del documental “PJ 20” bajo la forma de descarga gratuita desde la página web respectiva. A pesar de ser una gran canción, en un formato punkie que la banda viene cultivando marcadamente desde el disco “Backspacer”, el público fue apaciguado durante su interpretación, probablemente a lo reciente de su lanzamiento y la poca difusión que ha tenido en nuestro país.

Después vino la clásica “Corduroy”, uno de los temas más queridos de la banda, el cual fue recibido con un marcado entusiasmo por parte de los asistentes. Tanto entusiasmo generó, que una vez finalizado Eddie Vedder tuvo que incitar al público de cancha a dar tres pasos hacia atrás, producto de la gran cantidad de personas ubicadas cerca de las rejas, lo cual tornaba la situación inestable y peligrosa. Para algunos quizás fue una actitud un tanto paternalista, pero viene al caso recordar el trágico incidente de Roskilde, Dinamarca (2000), en cual en medio de un concierto de la banda murieron 11 personas asfixiadas por la presión del público que trataba de acercarse al escenario. Bien por Vedder, y bien por la gente que hizo caso de sus peticiones.

Una vez superado el impasse, el quinteto volvió a la acción con una canción directa al corazón de los presentes: la conmovedora “Small Town”, la cual fue coreada al unísono por todo el estadio, y mostró la capacidad del grupo para manejar intensidades y estados anímicos de grandes masas. A esta le siguieron “Cropduster”, que prolongó la senda de tranquilidad impulsada previamente, y luego “Evenflow”, uno de los clásicos calados del disco “Ten”, con la cual todo el mundo vibró, coreó y seguramente agradeció al Señor (o al ente divino que fuera) por estar ahí, viviendo uno de esos instantes que forman parte del olimpo del rock.

Reafirmando la idea de manejo de emociones por parte de la banda, fueron despachadas “Daughter” – la cual incluyó un jam alusivo a “Another Brick In The Wall” de Pink Floyd, y luego una manifestación de apoyo explícita al movimiento estudiantil de nuestro país – y “Setting Forth”, canción de la autoría de Vedder que forma parte de la banda  sonora de la película “Into The Wild”.

El primer momento realmente emotivo de la velada se vivió con las interpretaciones de “I Got Shit”, “Given To Fly” y “Nothingman”, canciones que significaron una paz momentánea de la multitud, pero que sin lugar a dudas fueron acompañadas en cada acorde y lírica por los presentes, sobre todo la enternecedora “Nothingman”. Poniendo fin al ‘primer tiempo’ del concierto, vino el cover “Public Image” de la banda de punk rock Public Image Ltd., la efectiva “The Fixer”, y otro himno de la banda, “Jeremy”, con la cual quedó demostrado que el engranaje conformado por los músicos y su complicidad en el escenario roza la perfección, y el público, por su parte, vibró y coreó como si hubiese sido el último concierto de su vida.

La pausa generada antes del encore se vivió con tranquilidad; acostumbrados a ver conciertos de Pearl Jam, se tenía la certeza de que volverían por lo menos dos veces más sobre el escenario a calmar a la horda de fanáticos que esperaban más y más canciones. Vedder y compañía saben cómo manejar la tensión, así que salieron en el momento preciso echando mano a una de las sorpresas de la noche: “Just Breathe”, una simple y maravillosa canción perteneciente al disco “Backspacer”, la cual conjuga perfectamente con el sonido folk obtenido por Eddie en el soundtrack de “Into The Wild”.

Siguieron a esta canción la animosa “Down”, track que nunca fue publicado en un disco oficial, pero que en los últimos años ha sido recurrente en sus conciertos, y la enérgica “I

Believe In Miracles”, cover perteneciente a The Ramones, una de las reconocidas inspiraciones de Vedder y los suyos. “World Wide Suicide”, del disco “Pearl Jam” (2006), sacó a relucir nuevamente la faceta más punkie de la agrupación, mientras que “Last Kiss” y la dramática “Black” aportaron una cierta cuota de tranquilidad y descanso para lo que sería el cierre del encore.

El toque final de esta patita lo aportó “Rearviewmirror”, un clásico para todos aquellos que gustan de ese increíble disco llamado “Vs.”, y del cual es sabido que la ejecución en vivo es una suma de fuerza y emoción difícilmente superable. Esto quedó demostrado ayer, en una versión que superó los 7 minutos y que provocó el arrebato del público, el cuál vio – y oyó – cómo Gossard, Ament y McReady generaban una un muralla sonora de la mano de Matt Cameron, finalizando en un éxtasis que indudablemente quedará por siempre marcado en la retina – y en el oído – de los que llenaron el monumental.

La segunda pausa tampoco provocó mayores inquietudes en la fanaticada, se esperaba un ‘tiempo de alargue’ y se desarrollaba con la paz de quien sabe que tal vez se venía lo mejor. Y así fue. Como un golpe directo a la cabeza fue la interpretación de “Once”, parte de la mítica trilogía “Mamasan” (la cual completan “Alive” y “Footsteps”), que puso de manifiesto que el público aún tenía ánimos de seguir con el espectáculo por mucho rato. Un momento de romance y relajo llegó con “Betterman”, que fue sucedida por otra de las inesperadas: “Crazy Mary”, cover de Victoria Williams en la cual los grandes protagonistas fueron el tecladista Boom Gaspar y el guitarrista Mike McReady, los que ejecutaron un solo en conjunto que podría haber sido eterno, ilustrando el complicidad y soltura que cada uno posee en sus instrumentos.

“Alive”, quizás el himno por excelencia, sacó a todos de su calma y revivió a aquellos que ya se sentían satisfechos con el repertorio exhibido, y nuevamente se formó un solo coro en torno a esa pequeña biografía de Vedder, que trata de cómo vivió creyendo tener un padre a un hombre que nunca lo fue. Luego vino otra referencia a ídolos del grupo, “Baba O’Riley”, cover de The Who que le llegó al alma a todos los amantes del rock clásico: ahí estaban pasado y presente, conjugándose en un solo momento. En este punto del concierto, la fiesta ya había sido desatada; Gossard, Ament y McReady parecían estar disfrutando como si fuera su primera presentación en vivo, mientras que Vedder bailaba y gozaba tocando el pandero; el estadio era solo alegría.

Una gran interpretación de “Indifference” sorprendió a los presentes, y calmó los ánimos para el gran final, que se dio con la archi-probada “Yellow Ledbetter”, que provocó el delirio de la multitud, y agotó los últimos cartuchos de energía de los que asistieron al concierto. El notable riff de McReady puso fin a una velada inolvidable, que de seguro pasará directamente a los libros de historia del rock nacional. Eso es lo que querían todos, y eso es lo que tuvieron: una clase de rock.

Por Jorge Barahona
Fotos de T4F Chile

Setlist:

  1. Unthought Known
  2. Why Go
  3. Animal
  4. Do the Evolution
  5. Olé
  6. Corduroy
  7. Small Town
  8. Cropduster
  9. Even Flow
  10. Daughter
  11. Setting Forth
  12. I Got Shit
  13. Given to Fly
  14. Nothingman
  15. Public Image (cover de Public Image Ltd.)
  16. The Fixer
  17. Jeremy
    ——————————
  18. Just Breathe
  19. Down
  20. I Believe in Miracles (cover de The Ramones)
  21. World Wide Suicide
  22. Last Kiss (cover de Wayne Cochran)
  23. Black
  24. Rearviewmirror
    ——————————–
  25. Once
  26. Better Man
  27. Crazy Mary (cover de Victoria Williams)
  28. Alive
  29. Baba O’Riley (cover de The Who)
  30. Indifference
  31. Yellow Ledbetter

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8 Comentarios

8 Comments

  1. Daniel

    19-Nov-2011 en 9:58 pm

    De tanto reviews, del concierto, este ha sido uno de los más decentes.

    GRANDE PEARL JAM! por brindar el mejor concierto del año! Simplemente inolvidable

  2. Arnoldo Cortés

    20-Nov-2011 en 3:09 am

    tal cual… una verdadera clase de lo que es el rock. entrega, pasión, emoción, energía. alguna vez leí que Pearl Jam es “el único grupo que tras 20 años sigue tocando como si el concierto fuera el último de sus vidas”, no podría estar más de acuerdo. simplemente GRANDE PEARL JAM. insuperable.

  3. hombre pollo

    20-Nov-2011 en 2:49 pm

    el apellido del gran Mike, es MC CREADY no MC READY
    igual yo soy super fan de PJ y me gusto mucho el concierto, pero siento que me gustaron mas la primera vez.
    igual seguro este esta entre los 5 mejores del año con el de Alice In Chains.

    • Oscar Cueto

      13-Ene-2012 en 10:47 am

      Tienes razón con lo del gran Mike.

      Además, el tema “I Got Shit” se llama “I Got ID”. Algunos le dicen erróneamente I Got Shit, porque es la frase que menciona en una parte del tema, y porque algunos bootlegs que lo traían de antes que saliera el Merkinball lo llamaban así.

      Buen review, pero un poquito más de rigurosidad no le hace daño a nadie.

  4. davito

    21-Nov-2011 en 12:01 pm

    El concierto de la semana pasada estuvo la zorra, coronando una jornada de rock ke dificilmente se volvera a repetir, pero la mistica del primer concierto ke dieron en chile es insuperable, ademas con mudhoney, otro de los clasicazos del grunge, la lluvia que cayo esa noche, vedder con su botellita de vino, los pititos en los momentos precisos.
    Ahora solo falta soundgarden y tamos.

    • Obvio

      22-Nov-2011 en 6:12 pm

      Obvio que es imposible igualar la mistica del primer concierto pos hermano, si fue ver a Dios por primera vez en Chile …………….. lo del pasado miercoles fue ver a dios por 3era vez en Chile.

      • batman

        29-Nov-2011 en 9:17 pm

        que weon mas fleto pa sus weas

  5. Lopita

    09-Dic-2011 en 1:24 am

    A mi no me gustó, incluso en momentos me aburrí (sobre todo de escuchar minas chillando como chancho), PJ ahora es más popero que la cresta. Pero igual simpático el concierto es agradable ver que todavía están ahí estos hueones después de tantos años de alegrarme los días con su música.

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Paul Gilbert: Seis cuerdas, mil historias

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Paul Gilbert

Podía parecer que la visita del norteamericano Paul Gilbert a Chile, en una templada tarde de sábado al Club Chocolate, sería para rememorar los éxitos de Mr. Big o Racer X, dos bandas donde él fue fundador, pero que no vería germinar tanto como para quedar determinado por ellas. Sin embargo, Gilbert eligió prescindir de ese legado para este reencuentro con el público chileno, en una instancia que funcionó más como una clase magistral que como un concierto propiamente tal.

Casi puntual en la hora señalada de inicio, siendo las 20:05 horas, Paul subió al escenario con dos músicos nacionales, Felipe Cortés en batería y Braulio Aspé Román en el bajo, en una configuración de banda, pero luego del primer tema el esquema cambió y, con la ayuda de un traductor, fue explicando detalladamente el uso de la muñeca para los solos y su forma de tocar, basada en un trémolo manual, en la actualidad, dejando en claro que esto sería una clínica de guitarra. Luego de eso explicó levemente cómo, desde una anécdota tras perder un ticket de avión y, por consiguiente, un vuelo, una chica le dice “señor, debe calmarse”, y con ello surge un tema de su nuevo disco “Behold Electric Guitar” (2018), “Sir, You Need To Calm Down”, que procede a tocar, tras lo cual explica la importancia de las palabras en cómo tocar la guitarra.

En un evento que pareciera estar cargado hacia ver cuán importante es la guitarra y su sonido, resulta refrescante y simpática la postura de un avezado que indica que las palabras importan mucho, incluso en canciones instrumentales. Es que ahí existe una inspiración que permite nuevas prácticas, y relevar el papel de uno de los instrumentos más únicos, que es la voz, para llevar a la guitarra a otros límites. Gilbert explicaba cómo las palabras cantadas podrían convertirse en escalas, tocando extractos de “Rock The Clock” o “Blackbird” para comprender eso con ejemplos, antes de lanzarse a tocar completa “Black Dog” de Led Zeppelin, donde este principio quedaba completamente en práctica.

Luego de tocar esta canción, Paul dijo que muchas veces caía en el acto de tocar todo en una nota, “porque soy del rock, entonces eso pasa”, pero artistas muy queridos para él, como Jimi Hendrix, lo llevaron a intentar un enfoque distinto, más parecido al del jazz, con cambios en los acordes y tratando de simplificar las escalas, eligiendo cuatro notas fundamentales, como son la tónica, la segunda, tercera y quinta, lo cual mostró con un tema del propio Hendrix antes de volver a la carga del habla, para ahondar en el uso de los trastes y las escalas, y antes de pasar a otro punto: el ritmo. Ahí salió del jazz o el rock para meterse en el querido blues. Incluso mostró el ritmo con el que despierta a su hijo, sacando risas en un Club Chocolate casi repleto, muy atento y complacido, antes de escuchar otro tema del disco nuevo de Gilbert, uno escrito para enseñar a un estudiante a tocar, “Blues For Rabbitt”.

La cercanía y calidez de Gilbert, un verdadero emblema de las seis cuerdas, vino cuando subió al escenario primero a un invitado que, pese a estar en una silla de ruedas, hacía unos solos con mucha alma y espíritu, para un jam sobre la base rítmica de “Back In Black” de AC/DC, pero que en realidad era un diálogo a través de la guitarra, muy respetuoso y realmente mostrando a un Paul Gilbert lejos de caer en el mal del típico guitarrista virtuoso, donde el ego gana por sobre las canciones y la buena onda. Aquí, Gilbert logra entregar el cetro, así como también ocurre en un segundo jam, esta vez con el conocido blusero Sebastián Arriagada, quien en ocasiones le peleó mucho el spotlight a Paul, pero que precisamente por ello es que derivó en una dinámica de enfrentamiento complementario, muy interesante y entretenido.

Luego vino la sesión de preguntas del público, donde se sucedieron temas como el tono de la guitarra, los pedales, las inspiraciones, el ritmo; le pidieron consejos, e incluso improvisó sobre la frase “it’s really nice to be in Santiago” (“es realmente muy bueno estar en Santiago”) para mostrar la simpleza de la que puede venir una composición. Luego de ello empalmó con las últimas dos canciones de una jornada de casi dos horas y muchas risas e historias: “Mercedes Benz”, original de Janis Joplin, y “Purple Haze” de Jimi Hendrix. No fue el reencuentro con las canciones de Racer X o Mr. Big, sin embargo, quizás fue la instancia donde más se ha mostrado la inmensidad de los mundos que conviven en las seis cuerdas de Paul Gilbert, en una instancia quizás irrepetible y con un ambiente que permitió que la jornada no fuera más ni menos que un éxito rotundo para la guitarra eléctrica.

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