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Pearl Jam: Historia y Rock

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La semana que hemos vivido de seguro pasará a la historia del rock nacional por ser una de las más contundentes y significativas en lo que respecta a presentaciones en vivo y shows de calidad. Particularmente, tendrá un sabor especial para todos aquellos fanáticos del grunge, ya que en tan sólo dos días se presentaron íconos de este movimiento, como lo son Alice In Chains (con su esperada primera visita al país), Chris Cornell, Stone Temple Pilots, y los inspiracionales Sonic Youth. Sin embargo, esta fiesta no podía terminar sin un broche de oro, sin ese toque épico e histórico que tanta gente había estado esperando por casi seis años: el regreso a Chile de Pearl Jam, quizás los únicos representantes de este movimiento que han sabido resistir el paso del tiempo, a punta de cojones, actitud, y por supuesto, rock & roll.

La expectativa generada en torno al concierto de ayer no era gratuita: en noviembre de 2005, Pearl Jam nos brindó dos de los mejores recitales que han tenido lugar en estas tierras, en esas memorables jornadas en las cuales el tiempo pareció detenerse, y lo más importante del mundo fue el rock. Como si esto fuera poco, se debe agregar que este año ha sido un año especial para PJ, ya que se cumplieron dos décadas desde el lanzamiento de “Ten” (1991), ese disco icono que los lanzó a la fama y ciertamente cambió la historia de la música, lo cual ha sido “celebrado” con una serie de reediciones de sus discos, además del lanzamiento del documental “PJ 20” y del single “Olé”.

Por lo tanto, las expectativas de lo que el quinteto de Seattle podía mostrar sobre el escenario eran altísimas. Esto quedó demostrado apenas se abrieron las puertas del Estadio Monumental y la gente comenzó a repletar progresivamente el recinto, dando grandes muestras de entusiasmo y energía contenida. El variopinto público demostraba cuán transversal es la música de PJ, y cómo en estos veinte años han logrado encantar a varias generaciones a punta de himnos, honestidad y acordes inolvidables.

Un poco antes de lo programado, salieron a escena los invitados al evento: el grupo punk californiano ‘X’, quienes mostraron fuerza e ímpetu sobre el escenario, pero que no lograron encantar a un público que estaba quizás demasiado ensimismado en lo que iba a acontecer más tarde. Sin embargo, el momento de gloria lo vivieron cuando invitaron al propio Eddie Vedder al escenario a interpretar la poderosa “Devil Doll”, canción con la cual se ganaron la ovación de todos los presentes. En poco más de 40 minutos, y a pesar de pasar sin pena ni gloria por el Monumental, ‘X’ logró apaciguar los ánimos de la hinchada, y acortar un poco la espera de lo que sería el plato fuerte de la noche.

Un poco antes de las 21:30 ocurrió aquel momento mágico que todos anhelaban: hicieron ingreso en escena, uno a uno, los integrantes de Pearl Jam. El estadio explotó en gritos de euforia, alegría y celebración, que demostraron claramente cuán profundo era el vínculo entre esta agrupación y los presentes. Ahí estaban, frente a todos, aquellos músicos que, en mayor o menor medida, formaban parte de la banda sonora de la vida de cada uno de los asistentes. Eddie Vedder, Stone Gossard, Mike McReady, Jeff Ament y el nunca bien ponderado Boom Gaspar, saludaban, tomaban sus respectivos instrumentos, y se preparaban para brindarnos una inolvidable noche de rock.

El show comenzó con la emotiva “Unthought Known”, canción perteneciente al álbum “Backspacer” (2009), que congenió perfectamente con la carga que se sentía en el ambiente, aquella carga de reencuentro y alegría que fue demostrada por el público desde el primer acorde.

Luego comienza una montaña rusa de rock, furia y guitarras, a partir de la clásica “Why Go”, en la que la banda desata toda su potencia y muestra su lado más animal. En ese momento el estadio se transformaba en una fiesta, rindiéndole los honores respectivos al mencionado “Ten”. El ambiente está más que prendido, pero se siguen desatando las pasiones con “Animal” y “Do The Evolution”, otros clásicos pertenecientes a los discos “Vs.” (1993), y “Yield” (1998), respectivamente. Con estas interpretaciones queda claro que lo que seguirá es una gran noche, y que la máquina aceitada de lo que es Pearl Jam no va a parar hasta que la última alma presente quede rendida a sus pies. Notables de este segmento fueron la guitarra afilada de McReady, la rabia transmitida por Vedder ante el micrófono y la sincronía del público durante el coro eclesiástico de la mencionada “Do The Evolution”.

Bajando un poco los decibeles, se vino el nuevo single “Olé”, lanzado como parte del documental “PJ 20” bajo la forma de descarga gratuita desde la página web respectiva. A pesar de ser una gran canción, en un formato punkie que la banda viene cultivando marcadamente desde el disco “Backspacer”, el público fue apaciguado durante su interpretación, probablemente a lo reciente de su lanzamiento y la poca difusión que ha tenido en nuestro país.

Después vino la clásica “Corduroy”, uno de los temas más queridos de la banda, el cual fue recibido con un marcado entusiasmo por parte de los asistentes. Tanto entusiasmo generó, que una vez finalizado Eddie Vedder tuvo que incitar al público de cancha a dar tres pasos hacia atrás, producto de la gran cantidad de personas ubicadas cerca de las rejas, lo cual tornaba la situación inestable y peligrosa. Para algunos quizás fue una actitud un tanto paternalista, pero viene al caso recordar el trágico incidente de Roskilde, Dinamarca (2000), en cual en medio de un concierto de la banda murieron 11 personas asfixiadas por la presión del público que trataba de acercarse al escenario. Bien por Vedder, y bien por la gente que hizo caso de sus peticiones.

Una vez superado el impasse, el quinteto volvió a la acción con una canción directa al corazón de los presentes: la conmovedora “Small Town”, la cual fue coreada al unísono por todo el estadio, y mostró la capacidad del grupo para manejar intensidades y estados anímicos de grandes masas. A esta le siguieron “Cropduster”, que prolongó la senda de tranquilidad impulsada previamente, y luego “Evenflow”, uno de los clásicos calados del disco “Ten”, con la cual todo el mundo vibró, coreó y seguramente agradeció al Señor (o al ente divino que fuera) por estar ahí, viviendo uno de esos instantes que forman parte del olimpo del rock.

Reafirmando la idea de manejo de emociones por parte de la banda, fueron despachadas “Daughter” – la cual incluyó un jam alusivo a “Another Brick In The Wall” de Pink Floyd, y luego una manifestación de apoyo explícita al movimiento estudiantil de nuestro país – y “Setting Forth”, canción de la autoría de Vedder que forma parte de la banda  sonora de la película “Into The Wild”.

El primer momento realmente emotivo de la velada se vivió con las interpretaciones de “I Got Shit”, “Given To Fly” y “Nothingman”, canciones que significaron una paz momentánea de la multitud, pero que sin lugar a dudas fueron acompañadas en cada acorde y lírica por los presentes, sobre todo la enternecedora “Nothingman”. Poniendo fin al ‘primer tiempo’ del concierto, vino el cover “Public Image” de la banda de punk rock Public Image Ltd., la efectiva “The Fixer”, y otro himno de la banda, “Jeremy”, con la cual quedó demostrado que el engranaje conformado por los músicos y su complicidad en el escenario roza la perfección, y el público, por su parte, vibró y coreó como si hubiese sido el último concierto de su vida.

La pausa generada antes del encore se vivió con tranquilidad; acostumbrados a ver conciertos de Pearl Jam, se tenía la certeza de que volverían por lo menos dos veces más sobre el escenario a calmar a la horda de fanáticos que esperaban más y más canciones. Vedder y compañía saben cómo manejar la tensión, así que salieron en el momento preciso echando mano a una de las sorpresas de la noche: “Just Breathe”, una simple y maravillosa canción perteneciente al disco “Backspacer”, la cual conjuga perfectamente con el sonido folk obtenido por Eddie en el soundtrack de “Into The Wild”.

Siguieron a esta canción la animosa “Down”, track que nunca fue publicado en un disco oficial, pero que en los últimos años ha sido recurrente en sus conciertos, y la enérgica “I

Believe In Miracles”, cover perteneciente a The Ramones, una de las reconocidas inspiraciones de Vedder y los suyos. “World Wide Suicide”, del disco “Pearl Jam” (2006), sacó a relucir nuevamente la faceta más punkie de la agrupación, mientras que “Last Kiss” y la dramática “Black” aportaron una cierta cuota de tranquilidad y descanso para lo que sería el cierre del encore.

El toque final de esta patita lo aportó “Rearviewmirror”, un clásico para todos aquellos que gustan de ese increíble disco llamado “Vs.”, y del cual es sabido que la ejecución en vivo es una suma de fuerza y emoción difícilmente superable. Esto quedó demostrado ayer, en una versión que superó los 7 minutos y que provocó el arrebato del público, el cuál vio – y oyó – cómo Gossard, Ament y McReady generaban una un muralla sonora de la mano de Matt Cameron, finalizando en un éxtasis que indudablemente quedará por siempre marcado en la retina – y en el oído – de los que llenaron el monumental.

La segunda pausa tampoco provocó mayores inquietudes en la fanaticada, se esperaba un ‘tiempo de alargue’ y se desarrollaba con la paz de quien sabe que tal vez se venía lo mejor. Y así fue. Como un golpe directo a la cabeza fue la interpretación de “Once”, parte de la mítica trilogía “Mamasan” (la cual completan “Alive” y “Footsteps”), que puso de manifiesto que el público aún tenía ánimos de seguir con el espectáculo por mucho rato. Un momento de romance y relajo llegó con “Betterman”, que fue sucedida por otra de las inesperadas: “Crazy Mary”, cover de Victoria Williams en la cual los grandes protagonistas fueron el tecladista Boom Gaspar y el guitarrista Mike McReady, los que ejecutaron un solo en conjunto que podría haber sido eterno, ilustrando el complicidad y soltura que cada uno posee en sus instrumentos.

“Alive”, quizás el himno por excelencia, sacó a todos de su calma y revivió a aquellos que ya se sentían satisfechos con el repertorio exhibido, y nuevamente se formó un solo coro en torno a esa pequeña biografía de Vedder, que trata de cómo vivió creyendo tener un padre a un hombre que nunca lo fue. Luego vino otra referencia a ídolos del grupo, “Baba O’Riley”, cover de The Who que le llegó al alma a todos los amantes del rock clásico: ahí estaban pasado y presente, conjugándose en un solo momento. En este punto del concierto, la fiesta ya había sido desatada; Gossard, Ament y McReady parecían estar disfrutando como si fuera su primera presentación en vivo, mientras que Vedder bailaba y gozaba tocando el pandero; el estadio era solo alegría.

Una gran interpretación de “Indifference” sorprendió a los presentes, y calmó los ánimos para el gran final, que se dio con la archi-probada “Yellow Ledbetter”, que provocó el delirio de la multitud, y agotó los últimos cartuchos de energía de los que asistieron al concierto. El notable riff de McReady puso fin a una velada inolvidable, que de seguro pasará directamente a los libros de historia del rock nacional. Eso es lo que querían todos, y eso es lo que tuvieron: una clase de rock.

Por Jorge Barahona
Fotos de T4F Chile

Setlist:

  1. Unthought Known
  2. Why Go
  3. Animal
  4. Do the Evolution
  5. Olé
  6. Corduroy
  7. Small Town
  8. Cropduster
  9. Even Flow
  10. Daughter
  11. Setting Forth
  12. I Got Shit
  13. Given to Fly
  14. Nothingman
  15. Public Image (cover de Public Image Ltd.)
  16. The Fixer
  17. Jeremy
    ——————————
  18. Just Breathe
  19. Down
  20. I Believe in Miracles (cover de The Ramones)
  21. World Wide Suicide
  22. Last Kiss (cover de Wayne Cochran)
  23. Black
  24. Rearviewmirror
    ——————————–
  25. Once
  26. Better Man
  27. Crazy Mary (cover de Victoria Williams)
  28. Alive
  29. Baba O’Riley (cover de The Who)
  30. Indifference
  31. Yellow Ledbetter

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Primavera Sound Santiago 2022: Domingo

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Bjork Chile 2022

El dicho popular, reza: “Después de la tormenta, llega la calma”. Y así fue el último día de esta gran cruzada en torno a la música chilena y mundial llamada Primavera Sound Santiago. El buen clima y, por qué no decirlo, el calor agobiante por ratos, se tomaron el Parque Bicentenario Cerrillos y fueron el marco para recibir una jornada que traía nuevamente debuts y consagrados, música para relajarse, para mover los pies y para gritar a todo pulmón.

Familea Miranda

La quintaesencia de la mancomunión catalana-chilena fue la inclusión de Familea Miranda, el trío chileno radicado hace más de una década en Barcelona que prometía ser el puente tácito entre el festival recién llegado y la pujante escena nacional. Y qué mejor que el tándem de fundadores “Katafú Rozas y Milo Gomberoff junto al baterista Alex Farré como un power trio cargado de rock cada vez más intrincado y cavernoso, con este último otorgándole la potencia y sapiencia a la hora de adecuarse a los ritmos enrevesados que la experiencia les ha permitido crear a Rozas y Gomberoff.

Juntos, dieron rienda a un set que recorrió sus más de veinte años de carrera desde los tiempos de “3Nsayo 3Rror” (2006) abriendo con “The Legañon” y “El Bloqueo”, y pasando por “Caballo de Alquiler”, “Lorem” y “Brut Nature” de “Radiopharm” (2015), el disco que significó en su momento el debut de Farré en el trío por este lado del mundo. La entrega fue total para aquellos que en el escenario Primavera desafiaban los primeros y fuertes rayos de sol que tanto escasearon la jornada anterior.

Por supuesto, estuvo “Palomita”, el clásico del folklore latinoamericano reconvertido en rock ruidoso y primal, y el final estridente estuvo a cargo de “Servú (Ronda)” deviniendo en una cuasi jam desbocada de free jazz, añadiendo otra cara que mirar al prisma que es Familea Miranda, una banda que, a la distancia y a su manera, se las arregla para hundir más sus raíces en suelo chileno, viniendo cuando pueden y tocando donde quieren. Aunque digan que ya no son de ninguna parte, se nota que extrañan y qué mejor que plasmarlo en esta, la primera versión del festival Primavera Sound Santiago.

José González

Cuando el sol dominical se abría paso entre las ya escasas nubes del fin de semana, con un breve retraso comenzaba el show de José González. El sueco de ascendencia argentina hizo gala de un español más bien tímido y escueto porque lo suyo no iba de parafernalias, imaginarios o grandes discursos, su declaración de principios es y ha sido siempre la simpleza. “Killing For Love” y “Cycling Trivialties” fueron, entre otras, las elegidas para partir plasmando un delicado set sin prisas ni pausas.

A pesar de no ser un festival el mejor escenario para la propuesta de González por todo el barullo circundante, se las arregló para marcar presencia, incluso con la pulsión electrónica del escenario Bits varios metros más allá haciendo lo suyo y que se colaba cada tanto, a punta de rasgueos abiertos y profundos, preciosas melodías arpegiadas y uno que otro backing track con sutiles beats, como en “Swing”, aunque, si no estaban esos beats, marcando con el pie también se las arreglaba sin mayores problemas. Como respuesta, recibió la respetuosa atención que su música naturalmente exige.

Con destreza, se paseó por su relativamente breve catálogo, dándole espacio a fracciones de su más reciente “Local Valley” como también a sus viejos y queridos clásicos: su propia versión de “Teardrop” de Massive Attack y el famoso cover de “Heartbeats” de The Knife, dotándolo de nuevas intenciones subiéndolo algunos semitonos hasta casi llegar al original. La sesión de los menos de cuarenta minutos originalmente planeados fue acogida por la audiencia como si fuera ese amigo que viene de viaje y quiere contar todo lo que afuera vio. Cantó, gustó y encantó con poco, porque sin duda algunas veces menos es más.

Jessie Ware

Aunque el tiempo que le dieron en Chile fue menor a lo de los otros Primavera Sound en Latinoamérica, Jessie Ware convierte cada segundo de su show en un deleite disco, hecho para bailar, llorar, seducir y transformar un sonido que acompañó la pandemia en una realidad escénica que supera expectativas. Desde “Spotlight” ya se notaba que las canciones tendrían mixes y énfasis diferentes a sus versiones de estudio, más simples, con los beats y el lucimiento de la voz de Jessie como ejes de lo que se escucha, mientras sus coristas y bailarines configuraban imágenes de acción, pasión y complicidad como la que la artista británica también demandaba y obtenía de su público. Aunque mucha gente que esperaba a Björk se quedó impávida, igualmente en ciertos momentos se sumaban a la fiesta, que en 48 minutos conseguiría entregar lo esperado y más.

El show giró alrededor de “What’s Your Pleasure?” (2020), ese álbum que para mucha gente se convirtió en la luz al final del túnel en tiempos de pandemia, ese disco que había que ir a bailar y que permitía viajar a universos paralelos que, bajo el inclemente sol que no había aparecido todo el fin de semana, se hizo real. “Ooh La La”, “Soul Control” o “Hot N Heavy” fueron muy coreadas con todo el mundo bailando, mientras Ware dominaba con carisma y sensualidad la escena, sin excesos, con la elegancia de quien conoce su material y cómo hacerlo brillar. Por ello es llamativo cómo la exhibición vocal es incluso mayor que en el estudio, con más gimnasia tonal y más recursos, enriqueciendo con esas complejidades los mixes más directos.

Lo anterior brilló con especial fuerza en la sobrecogedora versión de “Remember Where You Are”, con emociones y belleza a raudales. También ocurrió con el himno en que se ha transformado el reciente single, “Free Yourself”, y con el icónico momento que es “What’s Your Pleasure?” en vivo, con Jessie tomando un micrófono con un stand en forma de látigo, agitándolo con dominación, en todos los sentidos. Del material anterior a 2020 sólo sonó la versión remix de “Running” como la rearmó Disclosure. El cierre con “Save A Kiss” terminó con una fiesta en el amplio sentido, desde las alegrías instantáneas a los recuerdos perennes, en un debut en Chile para recordar y seguir bailando en su honor.

Björk

Siempre es una apuesta arriesgada cuando un festival decide poner algún show temático dentro de su cartel, más aún cuando dicha presentación está a cargo de alguien tan masivamente popular como Björk, que trajo su espectáculo “björk orkestral”, consistente en una serie de canciones interpretadas en un formato acústico para ser parte de la jornada de domingo en Primavera Sound Santiago. Junto a la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles (FOJI), compuesta por músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil y de la Orquesta Sinfónica Estudiantil Metropolitana, la islandesa se paseó por distintos tracks de su discografía para el deleite de los presentes, quienes, seguramente por la devoción que le tienen a la artista, no tuvieron problemas en conectar con un show que, debido a su configuración y ubicación en el horario a las 19:00 hrs, no lograba enganchar con el grueso del público. El inicio con “Stonemilker”, “Aurora” y “Come To Me” comenzaron poco a poco a generar un ambiente que terminó por apoderarse del lugar, donde se congregaron miles de personas, entre seguidores y asistentes, que comprendían muy bien que a una artista con este nivel de influencia había que verla sí o sí por lo menos una vez en la vida.

Concentrando principalmente sus esfuerzos en canciones de “Vulnicura” (2015), “Homogenic” (1997) y “Post” (1995), Björk presentó épicas y estruendosas reinterpretaciones de tracks como “You’ve Been Flirting Again”, “Isobel”, “Jóga” o “Quicksand”, con los jóvenes de la orquesta dando la talla en cada nota bajo la atenta dirección de Bjarni Frímann, quien se ha encargado de conducir las orquestas que se presentan junto a la islandesa durante esta gira. Ya para el cierre, y con el público en el bolsillo, la artista desplegó una intensa versión de “Hyperballad” para finiquitar su presentación, regresando posteriormente ante el aplauso de los presentes y despedirse definitivamente con “Overture” y “Pluto”.

A 10 años de su última presentación en nuestro país, la islandesa trajo sus composiciones en una configuración distinta, lo que se agradece un montón, pese a lo emocionante que sea escuchar sus clásicos en vivo bajo una interpretación más cercana a las originales. Siempre es bueno ver a Björk en vivo, y mucho mejor cuando se le agrega una novedad como la posibilidad de escuchar composiciones tan importantes para lo que fue su apogeo artístico desde la segunda mitad de los 90 hacia delante, mostrando no sólo su presente más maduro y robusto como artista, sino que además lo adaptables que son sus composiciones a distintas configuraciones. Pese al contexto más íntimo que evoca la presentación, su solemnidad logró que se transformara en algo especial, único y muy distinto de cualquier cosa que se pudiera presenciar durante el fin de semana. En simples palabras: un show de Björk como debe ser.

Mitski

Luego de que Björk invocara el atardecer sobre Cerrillos, era el turno de Mitski, que ya con la oscuridad de cómplice se preparaba para enfrentarse al sorpresivamente amplio público que la esperaba. Con la teatralidad que la caracteriza, y una presencia imponente y cálida, la artista recurrió a su último trabajo, “Laurel Hell”, desde donde escogió “Working For The Knife” como punto de partida. Sólo bastaron los primeros acordes para dar rienda suelta a la catarsis que significa escuchar, sentir y ver a Mitski sobre un escenario. Y es que la artista transmite intensidad y pasión en cada estrofa, como entregando un poco de sí misma a cada persona hasta ya no dar más.

Las nuevas tecnologías y los nuevos contextos digitales han ampliado el margen de los fenómenos virales, y así han logrado que una nueva y joven generación de fanáticas se acerque a su música. He ahí gran parte de la creciente popularidad –que ya iba en ascenso– de la cantante no sólo en Chile, sino también en el mundo. Con los hits “Washing Machine Heart” o “Nobody”, que han sonado fuerte en redes sociales, Mitski diseña un set que, pese a no mantener una línea definida, se pasea por todas las emociones y de esa manera también sorprender.

Mitski debutó en nuestro país en un momento clave para su carrera y popularidad, sintiéndose abrumada y agradecida por el calor del público local que no dejó de acompañarla y seguir cada movimiento que comunicaba con sus manos o su corporalidad. Tomándose el escenario, cumplió con las expectativas y se ganó a un país que pareciera meterse en sus más profundos sentimientos.

Father John Misty

En el último rincón del parque, el escenario Primavera vio llegar el show de Father John Misty pasadas las 21:00 hrs., con el músico presentándose frente a un público mucho menor al de cualquier show en los escenarios principales, pero que se destacó por una cosa en particular: la mayoría estaba familiarizada con su catálogo. Desde el comienzo con “I Love You, Honeybear”, los presentes acompañaron al músico y su banda en un desfile de composiciones de todas sus obras de estudio, pasando por tracks como “Total Entertainment Forever”, “Mr. Tillman” o “Nancy From Now On”, con una solidez instrumental impecable por parte de la banda compuesta por nueve músicos entre batería, guitarras, teclados e incluso una sección de vientos, que le aportaron una exquisitez sonora muy elegante.

Lamentablemente, problemas de sonido aparecieron sin previo aviso en “Goodbye Mr. Blue”, canción que fue interrumpida por un corte total del sonido en el escenario, con Tillman y compañía siguiendo su interpretación por un par de segundos antes de notar que el sistema de sonido del escenario no estaba funcionando. Probablemente esa mala pasada, y la reinterpretación del track, hizo que el músico debiera estrechar su set, aunque de todas maneras el público y artista se mostraron de muy buen ánimo continuando con tracks como “Please Don’t Die”, así como otros momentos de catarsis como “Pure Comedy” o el histriónico cierre con “The Ideal Husband”, canción que suele cerrar las presentaciones más catárticas del artista, quien en su segunda vez en Chile pudo consagrarse no sólo como el poseedor de un gran desplante escénico, sino que también como un músico que ha crecido mucho artísticamente con cada álbum de su corta carrera como solista.

Charli XCX

La presentación de Charli XCX parecía estar en duda. Tras enfermarse de la garganta en Argentina, la cantante inglesa debió permanecer en reposo y en silencio para cumplir con sus shows, incluyendo el de nuestro país. Ya casi recuperada, saltó a escena completamente sola, sin más apoyo que su actitud y desplante. Si bien, en ciertos pasajes de la introducción con “Lightning” o “Gone” la cantante forzaba su voz, esto no fue impedimento para que despachara un show lleno de color, carisma y sensualidad.

Charli XCX maneja las claves del pop en otra frecuencia, las tuerce, y en otras se las apropia. Sin bailarines, músicos en escena y con una modesta escenografía, la artista se adueñó del parque por unos minutos y comandó la fiesta de todos y con dedicatoria especial en “Boys” para acelerar hacia el final con la explosiva “Vroom Vroom” y “Good Ones”. Charli XCX, otro debut en suelo nacional, demostró por qué es la diva alternativa del pop, transversal y agresiva.

Caroline Polachek

El último show del festival estuvo al borde de la perfección, porque Caroline Polachek entregó un nivel de pop que, moviéndose entre la elegancia, la experimentación y la destreza técnica, consiguió la dificultosa hazaña de cerrar con broche de oro un evento con múltiples puntos altos. Es que la norteamericana es capaz de generar ganchos pop con mezclas futuristas en el estudio, y eso juntarlo con su voz que, en vivo, suena aún más potente que en lo grabado. Además, su carisma y simpatía le hacía congeniar con el público que, pese a no ser copioso en el alejado escenario Primavera, sí fue muy participativo, coreando con fuerza y dejando sorprendida a la artista a ratos.

Iniciando con “Pang”, track homónimo de su álbum debut de 2019, la perfección en los movimientos de Polachek, coreografiados con prestancia, se comenzó a notar. Mientras ella logra que su voz proyecte exactitud, los gestos, cada paso, cada giro de su cabeza tiene apariencia de ser parte de un continuum, y es que no es sólo un afán de moverse, sino que una coreografía cuidadosamente trabajada con C Prinz. Al mismo tiempo, cada canción es una cuidada producción, incluso en vivo, porque las versiones cuidan los elementos, a veces eligiendo que la batería se luzca, como en “Hey Big Eyes”, o en “Sunset” con la guitarra al estilo español siendo lo que brilla.

Pero lo más sorprendente es lo espontáneo que logra sonar todo, en un espectáculo que sorprendía incluso a quienes conocen cada recoveco del trabajo de Polachek, ya sea la dulzura de “Billions” y su coro hecho para multitudes, o el cover de “Breathless”, original de The Corrs, que consigue un halo de oscuridad inédito en sus manos. Más allá de la altura de deidad que aparenta la cantautora, hay mucho de humano en el trabajo necesario para equilibrar talentos de manera perfecta en escena, y ello es lo que, en poco menos de una hora, cerró los shows del fin de semana.

​Es indispensable pensar que este fue el debut no sólo de un festival, sino también de su productora, y el análisis debe ser justo con ese tipo de detalles. De hecho, hay múltiples paralelos con el debut del otro festival que se hace en este mismo parque en marzo, iniciando con ripios en la venta de entradas, teniendo que disponer de descuentos meses después de poner abonos en venta, y que le costó comunicar al público de un nuevo paradigma de evento. La amplitud de los espacios físicos para el público, tanto en servicios como en calles para transitar (sólo con la salida del segundo día como un punto preocupante) es algo destacable. Además, la curatoría del cartel entregó el mejor line up en muchos años en suelo nacional, más por el estrellato de los artistas que por sus momentos artísticos y creativos, con mucha gente habiendo lanzado su mejor trabajo y con shows de categoría tal, que cuesta mucho decir cuál no estuvo en un alto nivel. Otro punto a destacar fue cómo las mujeres artistas entregaron la mayoría de lo más comentado y lo más esperado, con multitudes sorpresivas en shows como Japanese Breakfast o Mitski, y otras anticipadas, pero no por ello menos notables, como Björk y Lorde. Un evento posible de mejorar, pero cuya primera impresión proyectó futuros en el presente y entregó esperanzas para posibles siguientes ediciones.

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