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Pain Of Salvation: Vencer y renacer

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A cinco años de su debut en escenarios nacionales, los suecos de Pain Of Salvation regresaron a nuestro país para presentar su más reciente trabajo, “In The Passing Light Of Day” (2017), décimo álbum de su discografía que llegó con una carga emocional importante para la agrupación, luego de que el vocalista y guitarrista del quinteto, Daniel Gildenlöw se recuperara de una enfermedad que lo tuvo al borde de la muerte durante el año 2014. Como un verdadero sobreviviente, Gildenlöw logró levantarse y seguir adelante, dejando diez canciones como testimonio de su lucha en el último lanzamiento de su banda.

Con este precedente, Pain Of Salvation iba a salir al escenario de Club Blondie para entregarnos dos horas de música ante un público ansioso por volver a encontrarse con sus ídolos, pero antes de su presentación tuvimos la oportunidad de escuchar dos proyectos chilenos de rock progresivo que, cada uno en su particular estilo, lograron llevarse la ovación del respetable.

El primer número en salir a escena fue el proyecto ganador del premio Pulsar 2017, Claudio Cordero Trío, liderado por el guitarrista Claudio Cordero. Echando mano a lo mejor de su último disco, “Quasar” (2016), el chileno hizo gala de un virtuosismo desbordante, dejando boquiabierta a una audiencia que no hizo más que celebrarlo y, así, dejando la pista lista para el siguiente acto, donde el guitarrista nacional Benjamín Lechuga hizo lo propio promocionando su nueva placa, “The Search: Part 3 The Hypothesis” (2017), en una presentación que mezcló el prog con diferentes estilos, destacando por su versatilidad y frescura.

A eso de las 22:00 horas, el plato de fondo se tomó el escenario de la discoteca. Respaldados por un sonido de categoría –en serio, la Blondie nunca había sonado tan bien como lo hizo anoche–, Pain Of Salvation dio inicio a su espectáculo con “Full Throttle Tribe” frente a las centenas de fanáticos que no hicieron más que gozar cada uno de los épicos cortes presentados por el conjunto. Siguieron en el set “Reasons” y “Meaningless”, dejando en claro (para este redactor, quien nunca había tenido la oportunidad de escucharlos en vivo) que los europeos están en un nivel único, logrando tomar todos los códigos y lugares comunes del estilo para crear un sonido propio, excesivo, sobrecargado, dramático y grandilocuente, que funciona a la perfección sobre el escenario.

De verdad, en varios pasajes del concierto, como en la dupleta conformada por “Rope Ends” y “Beyond The Pale”, el recinto parecía quedar chico para la magnitud de las composiciones. Daba la impresión de estar viendo un show de Roger Waters en el Estadio Nacional, donde las decenas de capas musicales y de emociones sólo pueden ser contenidas por un recinto de gran tamaño. A pesar de que el público anoche no acudió en masa y estábamos en un lugar cerrado, Pain Of Salvation logró transmitir el dramatismo casi shakesperiano de su música de una manera abrumadora para el espectador.

Pero con la misma facilidad con la que pueden crear algo gigantesco, también pueden hacer de la velada algo mucho más íntimo, como ocurrió en “Silent Gold” o “Kingdom Of Loss”, esta última directamente influenciada por Pink Floyd, o la que cerró el recital, la épica y conmovedora “The Passing Light Of Day”, que bajó el telón apelando a la emoción por sobre el virtuosismo musical. Los suecos tienen de lo que les pidan, incluso para responder a las peticiones de sus seguidores, quienes en el hotel les solicitaron que tocaran “A Trace Of Blood”, canción que no era parte de la gira, pero anoche fue interpretada para todos aquellos que son acérrimos a la veta del prog rock más tradicional, con los músicos interpretándola en una versión notable.

Como mencionamos más arriba, lo de Pain Of Salvation es una fórmula única, que no teme en pasarse de la raya y excederse cuando tiene que hacerlo. El flujo desbocado de ritmos complejos y coros desgarradores dan como resultado un espectáculo que apela y remece todos los sentidos. Si querían hacernos saber cómo es vencer a la muerte y renacer, los suecos lo cumplieron plenamente con un concierto maratónico que, definitivamente, hace justicia al legado de una de las bandas más notables del estilo.

Setlist

  1. Full Throttle Tribe
  2. Reasons
  3. Meaningless
  4. Linoleum
  5. A Trace Of Blood
  6. Rope Ends
  7. Beyond The Pale
  8. Kingdom Of Loss
  9. Inside Out
  10. Ashes
  11. Silent Gold
  12. On A Tuesday
  13. Inside
  14. The Passing Light Of Day

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Norah Jones: Como las cosas solían ser

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Norah Jones

Desde el 18 de octubre todos los shows musicales han tenido algún tipo de acercamiento a la movilización, a un quebrantamiento a la abulia social, indicando una buena forma de ver cómo el paisaje va cambiando. Pero también existe ese tipo de shows que podría estar inserto en cualquier momento de la historia y no habría mayor diferencia. Tanto por la atemporalidad de la música presentada, como por la indiferencia de un público, como también las lógicas mismas que pueden aparecer en un espectáculo, el retorno de Norah Jones a Chile ante un Teatro Caupolicán casi repleto tuvo mucho de cápsula de tiempo y poco de conexión con lo que había fuera de las rejas del recinto de calle San Diego. Más adelante, se verá cómo esto también es una posibilidad sana y genuina respecto a la música misma.

Antes, durante la tarde del viernes 6 de diciembre, las plateas y sillas en cancha se fueron llenando muy lentamente hasta pasadas las 20:00 hrs., cuando Felipe Cadenasso se subió al escenario acompañado por Antonio del Favero y Natisú a tocar un set marcado por su trabajo como solista. Las armonías entre las voces de Felipe y Natisú eran perfectas, aterciopeladas, de una gran química marcada por el trabajo de ambos compositores que ven en la voz un instrumento mayor. Esto hacía de Cadenasso una buena elección de show de apertura.

Pero entre medio de canciones calmas, las luces estaban apagadas en las plateas y el ruido de la gente llegando cada vez de forma más numerosa, y las conversaciones multiplicándose como si nadie estuviera en el escenario. Realmente, era una sinfonía del irrespeto que censuraba la música preciosa que estaba siendo mostrada en el escenario y que hizo que casi nadie escuchara el único mensaje político de la jornada, cuando Cadenasso explicaba cómo era importante el hecho de estar más juntos que nunca. Tras 34 minutos de canciones brillantes, pero con mucha interferencia por parte del público, el trío de músicos se retiró con la cabeza en alto, sabiendo que la gente se lo perdió.

Luces volvieron a encenderse y ya el teatro lucía lleno en un 80%, espacio de tiempo que se extendería porque Norah Jones y sus músicos no saldrían a escena a las 21:00 hrs. Y qué bueno que no fue así, dada la cantidad de público que aún faltaba que se instalara en sus asientos. Recién a las 21:18 hrs., con todo en penumbra, ingresó ella junto a Brian Blade en batería y Jesse Murphy en el bajo (y luego en el contrabajo) para cambiar el aire en el ambiente, y entregar “Just A Little Bit” pegada a “It Was You”.

Era claro desde el inicio que la cruzada por el “retorno a lo básico” de Norah Jones que se inició en “Day Breaks” (2016) y se consolidó con “Begin Again” (2019) es parte del momento clave en que se encuentra la artista norteamericana, quien incluso, más allá de sus dotes vocales evidentes, incluso plasma su personalidad y talento en la forma de tocar el piano. Claro, su voz es un paradigma innegable del acercamiento del jazz al pop y a la pasividad que ha conseguido su trabajo, pero viendo lo que entregaba a temas como “Nightingale” o las versiones que haría más adelante de sus canciones más conocidas, los matices también se encuentran en la forma de pulsar las teclas, desde lo más tierno hasta lo más dramático. Norah Jones no se acomoda a lo pálido, dándole colores a todo, tal como las luces tenues que iluminaban a los músicos intentaban pintar en los telones detrás del escenario.

El formato en escena es un clásico trío, sea jazzero con piano, bajo y batería, o en “Don’t Know What It Means”, original del proyecto Puss n Boots, y “Come Away With Me”, colgándose la guitarra, logrando otro tipo de presencia, un poco estática dada la perfección en cada eslabón del sonido logrado, sin falla alguna, pero con el carisma necesario para inundar el espacio. En medio, varias sorpresas como “It’s A Wonderful Time For Love” o “Tragedy” removían un repertorio que encontraba reacciones más ruidosas de la gente –cuyo silencio caracterizó esta fase de la noche–, las que vinieron con “Sunrise” o “After The Fall”. También fue llamativo notar cómo ella le entrega espacio a “Black”, parte del proyecto “Rome” que Danger Mouse y Daniele Luppi lanzaron en 2011, demostrando cómo Jones consigue que canciones con un carácter muy marcado se acoplen a lo que ella expresa y significa en un escenario.

Por eso que arruinaba un tanto la experiencia notar personas yéndose desde la mitad del concierto en adelante. Era muy extraña la sensación de ver perfección andando en un proscenio y con la calidez que tiene la voz de Norah Jones, para luego notar decenas de personas caminando a cuentagotas en dirección a la salida. Algunos, luego de “Come Away With Me”, otros tras “Don’t Know Why”, y otros después de “Flipside”, los movimientos humanos eran el único indicio de no estar ante una grabación en un estudio. Por otra parte, mucho se puede comentar de Jones, pero también la capacidad de estar siempre reaccionando de Brian Blade y la habilidad para marcar un pulso y, a la vez, armonizar con el piano de Jesse Murphy en el bajo, son importantes para apoyar y enaltecer a la artista.

Hablando de “Flipside”, también en esa canción se daba otra muestra más de cómo Norah Jones y su banda tienen una gran formación: cuando logran aguantar el compás, no dejando que pase al siguiente tan fácilmente, cerca del final, rompiendo con el ciclo de un pulso más natural, entregando otras sensaciones. Aguantar el compás, con tal precisión, es impactante, y más golpea en “Don’t Be Denied”, ese tema de Neil Young que ella transforma en una pieza de plegaria por la identidad propia, para que cada cual entienda su valor y también en su fuero más personal, que alguien como ella –que valora lo suyo y lo cuida tanto como puede (no usa redes sociales para asuntos personales, cuida el anonimato de su actual pareja, entre muchas otras cosas)–, es capaz de comprender.

Luego de despedirse de la gente, Jones y sus músicos volvieron para hacer sólo un tema más, entregando un show más breve de lo esperado, con casi una hora y media de espectáculo cerrado con “Cold Cold Heart”, cover de Hank Williams aparecido en “Come Away With Me” (2002), otra de las canciones que demuestran que la cantautora está para volver a comenzar y que ésta vez lo hace con la libertad de la madurez y las decisiones propias para, a final de cuentas, entregar música de la forma en la que muchos suponen que las cosas deben ser. Considerando la calidad –al menos desde ese punto de vista–, esta atemporalidad y capacidad de crear un universo paralelo propio son fuertes argumentos para tomar este camino, disfrutarlo y luego tratar de que ese dulzor dure un poco más, antes de volver al amargor de un contexto donde la lucha aún no termina.

Setlist

  1. Just A Little Bit
  2. It Was You
  3. Nightingale
  4. Begin Again
  5. Those Sweet Words
  6. It’s A Wonderful Time For Love
  7. Sunrise
  8. Don’t Know What It Means (original de Puss N Boots)
  9. Come Away With Me
  10. After The Fall
  11. Black (original de Danger Mouse & Daniele Luppi)
  12. Tragedy
  13. I’ve Got to See You Again (original de Jesse Harris & The Ferdinandos)
  14. Don’t Know Why (original de Jesse Harris & The Ferdinandos)
  15. Flipside
  16. Don’t Be Denied (original de Neil Young)
  17. Cold Cold Heart (original de Hank Williams)

Fotos por Jaime Valenzuela para DG Medios

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