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Ozzy Osbourne: Religión y ley

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El “polerometro” no miente. No son pocos los que pululan por las dependencias del Parque O’Higgins con diseños alusivos a las últimas dos giras de Black Sabbath que pasaron por el país en 2013 y 2016. El hecho de haber visto hace tan poco a los padres del heavy metal, sumado a la abultada cartelera local en lo que respecta a eventos del género, pudo haber influido en el traslado del “No More Tours 2” desde la Pista Atlética del Estadio Nacional hasta el Movistar Arena, formato más íntimo que probó ser el indicado para la gira de despedida que tuvo a Ozzy Osbourne por cuarta vez en nuestro país, en un concierto que no perdió intensidad en ningún momento y que reafirmó el culto de la personalidad de un frontman que sigue dándolo todo sobre el escenario.

El ánimo del respetable siempre estuvo por los cielos, incluso en los momentos previos, en que canciones de AC/DC y Metallica se corearon a todo pulmón hasta que la imponente cruz justo al medio de las dos pantallas principales en el escenario empezaron a mostrar un recorrido por la carrera de Ozzy, desde los tiernos días de su niñez, pasando por su frenético ascenso hacia la dominación mundial con Black Sabbath, hasta los momentos más destacados de su periplo como solista, todo acompañado con una mezcla de distintas canciones, lo que constituye una versión actualizada del video introductorio que mostró en la primera versión del No More Tours en 1992. Pasadas las 21:30 de la noche, el mítico príncipe de las tinieblas dio el vamos diciendo: “¡Qué comience la locura!”, seguido por la atronadora “Bark At The Moon”, lo que marcó el inicio de un recorrido centrado netamente en sus grandes éxitos, privilegiando discos como “Blizzard Of Ozz” (1980) y “No More Tears” (1991) y agregando tres canciones de Black Sabbath, las cuales se distanciaron incluso de sus versiones más actuales gracias a la excelente alineación que se lució sobre la tarima.

Los profundos teclados de Adam Wakeman en “Mr. Crowley” y la arremetida a mil por hora de la guitarra Zakk Wylde en “I Don’t Know” llevaron estos clásicos al siguiente nivel, con un sonido potente capaz de envolver a todas las almas enloquecidas que cantaban con el puño en alto y levantaban sus manos conducidos por el mismísimo Osbourne, quién no escatimaba en alentar al público para generar ese feedback que tanto le gusta recibir. La contundente interpretación de “Fairies Wear Boots” –que en manos de Wylde fue pura dinamita– deslumbró gracias al evidente cambio de tono que la hizo sonar mucho más pesada de lo que ya es, efecto que se logró también debido a que Adam tomó la segunda guitarra sólo para luego volver a los teclados en una acalorada versión de “Suicide Solution”. La primera sorpresa de la noche vino con “No More Tears”, en la que Rob “Blasko” Nicholson se hizo notar con esa introducción de bajo que caló en lo más profundo de los huesos, y que sirvió como conductor de una electrizante canción que destaca en intensidad, atmósfera que se vio potenciada por la sentida power balladRoad To Nowhere”, que terminó con el bueno de Ozzy arrodillado y rendido ante una magna muestra de emotividad.

El panorama cambió radicalmente cuando la sirena de “War Pigs” y las luces de color rojo invadieron el lugar, y las melenas se empezaron a agitar al son de los ritmos entrecortados y esa línea de guitarra que traspasó todas las barreras sensitivas y se transformó en un cántico de resistencia, con el frontman de Black Label Society haciendo gala de sus innumerables piruetas en las seis cuerdas, lo que dio paso a un solo de guitarra que recorrió su aporte al legado de Ozzy en orden cronológico, con un medley que comenzó con los solos de “Miracale Man” y “Crazy Babies”, ambas del “No Rest Fort The Wicked” (1988), y siguió con “Desire” del “No More Tears” para finalizar con “Perry Mason” del “Ozzmosis” (1995).

Luego del gran solo de batería de Tommy Clufetos, aparecieron “Flying High Again”, otra sorpresa que no fue parte de los setlists en su reciente paso por festivales de Estados Unidos y México, “Shot In The Dark”, despojada totalmente de su onda glam original y reconvertida a los servicios del metal, “I Don’t Wanna Change The World”, entregada totalmente a su público en su pegadizo coro, y “Crazy Train”, que desató el entusiasmo exacerbado de unos irresponsables que encendieron una bengala en un sector de la tribuna, acción coartada rápidamente por los guardias del lugar. Durante todo el show se pudo apreciar el buen estado vocal de Ozzy, al que además sumó el dominó total de la interpretación en momentos determinados, haciendo muecas, tapando su cara o moviendo enérgicamente sus brazos, pero sobre todo mostrándose muy cómodo arriba del escenario, sonriendo y llevando el mando de un show que tuvo su epíteto en la dupleta “Mama I´m Coming Home” y “Paranoid”, gozadas al máximo por las distintas generaciones de asistentes que veían emocionados cómo la banda se despedía con “Changes” de Black Sabbath de fondo, lo que dejó una postal para lo que el mismo Ozzy sentenció como “una noche que recordarán el resto de sus vidas”.

Si esta de verdad es una despedida (con él nunca se sabe), dejó un sabor muy dulce; tanto, que dan ganas de más. Ozzy dice que ni la droga más potente –considerando que tiene conocimientos de sobra en esa materia– se compara al rugido una multitud enardecida cuya sangre hierve cantando sus canciones. El inicio de su gira latinoamericana en nuestro país estuvo lejos del piloto automático, vio a un estandarte de la música más vivo que nunca, desplegando todo su poderío secundado por una alineación de lujo, que se conoce entre sí y que sabe darle nuevos aires a un repertorio que vive y late en los corazones de aquellos entrados en canas que crecieron con él, y de los niños que miran con asombro a este loco lindo que aún guarda el secreto para embrujar a generaciones con música. Precisamente son ellos, los fieles, los que nutren a Ozzy de la energía esencial para sacar adelante un show con una vitalidad envidiable, no importa si lo ha visto una, dos o quinientas veces en vivo. Después de todo, nada puede matar al rock cuando este se convierte en religión y ley, y vaya que Ozzy nos ha enseñado sobre eso.

Setlist

  1. Bark At The Moon
  2. Mr. Crowley
  3. I Don´t Know
  4. Fairies  Wear Boots (original de Black Sabbath)
  5. Suicide Solution
  6. No More Tears
  7. Road To Nowhere
  8. War Pigs (original de Black Sabbath)
  9. Medley: Miracle Man / Crazy Babies / Desire / Perry Mason
  10. Solo de batería
  11. Flying High Again
  12. Shot At The Dark
  13. I Don’t Wanna Change The World
  14. Crazy Train
  15. Mama I’m Comming Home
  16. Paranoid (original de Black Sabbath)

Fotos cortesía Ross Halfin

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Alcest: El territorio de lo imaginario

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Alcest

En un cotidiano tan moldeado por lo concreto, encontrarse con experiencias que dialogan con lo imaginario resulta un acontecimiento casi surreal. Bajo esa óptica, el concepto artístico de los franceses Alcest va en estrecha relación con aquellos episodios inusuales que retoman la fantasía. A cuatro años de su debut, la presentación del disco “Kodama” (2016) fue la coyuntura para esta segunda cita en Club Blondie, una velada etérea, que invitó a viajar a través de mundos que trascienden lo cotidiano.

Como antesala para este segundo encuentro, Bauda tomó la responsabilidad de abrir la jornada. Seleccionados por los mismos anfitriones, los teloneros contaron con una cantidad de público satisfactoriamente alta, quienes incluso participaron activamente en algunas canciones, como el caso de “Tectonic Cells”, mientras sonaban sus primeros arpegios. Las capas sonoras reverberantes proporcionadas por los locales permitieron crear una atmósfera familiarizada al sonido de los franceses, entregando una primera invitación a visitar los estados imaginarios que se profundizaron con los anfitriones.

Ya que el contexto de esta segunda visita se enmarca en la gira de “Kodama”, la presentación de los franceses se dividió en dos partes, dedicando la primera a interpretar íntegramente este trabajo, el cual carga con una importante inspiración de la cultura japonesa y, principalmente, en la obra de Hayao Miyazaki. Siguiendo el mismo orden que su versión de estudio, “Kodama” y “Eclosion” situaron a los presentes en este mundo donde la naturaleza cobra espiritualidad y se enfrenta a la inclemencia de la tecnología. Luego de estas dos canciones, Neige se tomó el tiempo para saludar al público, o más bien recibir los aplausos apabullantes en agradecimiento por una jornada que recién estaba comenzando. Luego de la evidente muestra de afecto, el alma creadora de Alcest se limitó a agradecer y continuar la carga.

La música de Alcest despierta emociones intensas. Los distintos matices por los que atraviesan las canciones entregan un ir y venir de contrapuntos sonoros, haciendo de cada canción un pequeño viaje en sí mismo, donde incluso el silencio es parte de la experiencia. Canciones como “Je Suis D’Ailleurs” pusieron a prueba la euforia del fanático en favor de disfrutar cada elemento de la canción. Por otro lado, “Untouched” y “Oiseaux De Proie” presentaron esta energía vertiginosa y emotiva que también es parte de la identidad del proyecto, la cuál mezcla de un modo sutil y equilibrado sonoridades tan disímiles como el black metal con el shoegaze. Ya presentada la obra en su totalidad, la banda visitó sus primeras composiciones con “Souvenirs D’Un Autre Monde”, trasladando el imaginario con influencia oriental a este otro terreno fantástico. Lamentablemente, parte de este ensueño fue interrumpido por una falla técnica que se extendió por más de lo esperado. Luego que Neige ofreciera las disculpas pertinentes, la banda interpretó “Percées De Lumière” y “Autre Temps”, recogidos de su segunda y tercera placa, respectivamente, generando en esta última un coro espontáneo del público.

Uno de los momentos más potentes de la noche estuvo marcado al cierre con la interpretación de “Sur L’Océam Couleur De Fer”, donde la quietud de la pieza mantuvo absorto a todo el Club Blondie en un instante legítimamente hermoso. Luego de que la banda se retirara tras interpretar “Là Où Naissent Les Couleurs Nouvelles”, el público no se movió en absoluto esperando su retorno. En una tónica netamente reverberante, “Délivrance” marcó un cierre sutil, mientras cada miembro de la banda se retiraba y dejaba a Neige solo, envuelto en estas capas atmosféricas, retornando con el mismo temple que caracteriza tanto a la obra como al autor.

Hacer lo que logra Alcest no es un ejercicio fácil. Si bien los franceses son  influencia del metal contemporáneo que busca explorar horizontes sonoros, no hay duda que son pocas las bandas que logran hacerlo con tanta naturalidad como ellos. El aura que rodea las canciones detrás del genio de Neige funciona como un intermediario entre lo mundano y lo ilusorio, que rara vez se logra traspasar a lo concreto. En tiempos tan privados de sentimientos, presenciar un show como Alcest otorga la escasa oportunidad de visitar estos territorios de fantasía que alguna vez solimos recorrer durante la infancia.

Setlist

  1. Kodama
  2. Eclosion
  3. Je Suis D’Ailleurs
  4. Untouched
  5. Oiseaux De Proie
  6. Onyx
  7. Souvenirs D’Un Autre Monde
  8. Percées De Lumière
  9. Autre Temps
  10. Sur L’Océan Couleur De Fer
  11. Là Où Naissent Les Couleurs Nouvelles
  12. Delivrance

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