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Opeth: Éxtasis Sonoro

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Con una presentación digna de haber sido registrada en un DVD, Opeth deleitó a los miles de fanáticos que llenaron el Caupolicán, en una jornada para el recuerdo. Dueños de una discografía intachable, los suecos regresaban al país para presentar su más reciente producción, “Heritage” (2011), un cambio de registro contundente, que dejó a un lado las voces guturales y riffs metaleros, para sumergirse en los sonidos del rock progresivo de los años setenta. Decisión que sorprendió a propios y extraños, y que ha causado más de una polémica entre los fans que defienden este cambio, y los que están en contra. Más allá de las opiniones que cada uno pueda tener sobre el disco, la calidad de “Heritage” es innegable, y demuestra la necesidad de Mikael Åkerfeldt, por mantenerse en una constante evolución musical. Para nosotros, era la oportunidad de constatar la solidez de esta nueva faceta de Opeth, y de reencontrarnos con una de las bandas más prolíficas del rock y del metal mundial.

Los encargados de abrir la velada, fueron los nacionales de Mar De Grises, quienes ejecutaron un show breve, pero que mantuvo atentos a los presentes, con un sonido potente y una performance que demostraba virtuosismo y seguridad en el escenario. Los chilenos fueron despedidos entre aplausos, cuando ya faltaba media hora para el plato fuerte y el teatro de San Diego recibía a los últimos fanáticos, quienes a coro, clamaban el nombre de la banda.

Unos minutos pasadas las nueve de la noche, Opeth salía al escenario. Los aplausos y gritos, en su mayoría provenientes del público femenino, recibieron a Åkerfeldt y compañía, quienes comenzaron con todo con “The Devil’s Orchard”, el segundo track de “Heritage”, causó el delirio inmediato del público, que comenzó a corear cada una de las letras y melodías. La voz de Åkerfeldt se escuchaba fuerte y clara, al igual que el resto de la banda, y que sumado al fervor del público, marcaron un inicio emocionante. “I Feel The Dark”, también de su último álbum, mantenía una atmósfera misteriosa e hipnotizante. El frontman se toma unos minutos para agradecer al público y bromear mencionando los típicos clichés del rockstar o molestar a Martín Méndez, el tímido bajista, quien más adelante tomó el micrófono para dedicar un no muy amable saludo al público, llevándose un par de pifias por ello. Una actitud que se sale de la regla cuando hablamos de músicos de este estilo y que se transformó en la tónica entre canción y canción.

El primer clásico de la noche llegó con la belleza de “Face Of Melinda”, un momento conmovedor, cuya melodía final de guitarra, fue casi opacada por la voz de la gente. El rock más frenético se dejó caer con “Slither”, tema que fue dedicado a la memoria de Ronnie James Dio, donde se formó el primer mosh pit de la noche. Uno de los momentos más celebrados del show fue la interpretación de “Windowpane” uno de los favoritos de “Damnation” (2003), dejó a todos casi enmudecidos en un éxtasis generalizado.

Para continuar revisando “Damnation”, llegaba “To Rid The Disease”, conservando la atmósfera, que hasta ese minuto, era de contemplación absoluta. Luego de comentar las bondades del pisco sour, el teclado de Joakim Svalberg daba la introducción para “Burden”, donde la voz de Åkerfeldt, junto a la de los presentes, generó otro momento de gran emotividad. “The Lines In My Hand” fue presentada como una canción que, a pesar de sonar simple, contenía una gran complejidad, que jamás habían podido manejar en vivo. Åkerfeldt declara que en Chile las cosas serían distintas, y parece que estaba en lo cierto,  porque sonó simplemente perfecta, en uno de los tantos momentos en que se pudo apreciar la prolijidad de la banda en vivo. La sincronía entre los músicos, el manejo de los tiempos, todo es perfecto, pero a la vez cercano y simple. Escuchar a Opeth en vivo, es escuchar a la virtud en función de la música, y no a la inversa, como ocurre con muchos otros grupos de este estilo. Esa facultad enriquece a las composiciones, cuyos complejos arreglos y estructuras, se llenan de emociones. Muestra de ello, fue la interpretación de “Folklore”, una vez más, bella y poderosa.

El último tramo del concierto, estuvo reservado para tres de las composiciones más extensas y épicas de la banda. “The Grand Conjuration”, trajo de vuelta la agresividad, donde por fin pudimos escuchar los guturales de Åkerfeldt. Le siguió “The Drapery Falls”, monumental y ovacionada por todo el público, mientras la banda daba las gracias y se retiraba del escenario.

Minutos después, los suecos vuelven para recibir el cariño de los presentes. Fredrik Åkesson toma la batuta y se despacha un solo de guitarra, antes de tocar el último tema de la noche. “Deliverance”, del disco homónimo del año 2002, fue la encargada de poner el punto final. En sus trece minutos de duración, condensó todas las sensaciones que se sucedieron durante una noche impecable.

Reverencia final por parte de la banda y la sensación unánime de haber asistido a un show que quedará para el recuerdo. Con permiso del señor Roger Waters, el regreso de Opeth a Chile, se consolida como uno de los espectáculos más importantes del año.

Por Sebastián Zumelzu

Fotos por Sebastián Rojas

 Setlist:

  1. The Devil’s Orchard
  2. I Feel the Dark
  3. Face of Melinda
  4. Slither
  5. Windowpane
  6. To Rid the Disease
  7. Burden
  8. The Lines in My Hand
  9. Folklore
  10. The Grand Conjuration
  11. The Drapery Falls
  12. Deliverance

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The Offspring, Eterna Inocencia y BBS Paranoicos: Final de fiesta

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The Offspring

Es imposible no pensar en el contexto antes de plantearse cómo hablar de un show realizado en medio del avance del SARS-CoV-2, coronavirus que deriva en la enfermedad COVID-19, hoy una pandemia global. Es difícil no pensar en la ineptitud de las autoridades que, pese a la tardanza del virus en llegar a Chile, aún no toman las decisiones que podrían evitar un contagio a niveles terribles. Así, no es extraño que el show de The Offspring en nuestro país sí pudiera realizarse, aunque en la previa hubo múltiples cuestionamientos. La industria del entretenimiento está sufriendo en todo el mundo y, al final, este fue el último concierto quizás hasta cuánto tiempo más. Y eso está bien, y es lo correcto, por culpa de un virus que no ataca con fuerza a quienes van a eventos así, sino a los adultos mayores.

Sin embargo, este cierre de fiestas, pese a tener tanto en contra y tanto que analizar fuera del escenario, en el lugar donde la gente pone sus oídos, ojos, cuerpos y corazones, lo cierto es que presentó tres bandas que exploraron los lados más brillantes del punk, de todo lo que significa, ya sea el compromiso social –como hizo Eterna Inocencia–, con la rabia del pleno acto de vivir como hace BBS Paranoicos, o desde el lado de disfrutar el sonido como The Offspring. En una extraña burbuja con forma de cúpula como es el Movistar Arena, pudimos ver una comunidad unida, sin temores a una pandemia mundial. Y es que la fiesta fue completa para quienes asistieron, pese a la postal de personas con mascarillas (que se supone no sirven para enfrentar un posible contagio) o también las noticias que llegaban de la suspensión de múltiples eventos y actividades productivas del país, anticipándose a las autoridades, las grandes perdedoras de cualquier jornada en los últimos meses.

BBS Paranoicos abrió con puntualidad los sonidos a las 17:45 hrs., y lo hizo con “Sin Salida”, “Mis Demonios” y “La Rabia”, una triada que en poco más de cinco minutos dejó en claro el espíritu que inundaría la siguiente hora de música, que de forma exacta iba hilvanando canciones de furia, desesperanza o reafirmación del ser, como “Sanatorio”, “Mentira” o el hit “Ruidos”. En medio de eso, la gente saltaba al son de “el que no salta es paco” o de los gritos de “Piñera conchetumare, asesino, igual que Pinochet”. La banda respondía diciendo que era clave ir a votar, mientras lucían sus poleras negras con la leyenda “#APRUEBO” por delante, dejando su tradicional logo por la espalda.

Aunque el micrófono de Omar Acosta no tenía mucha claridad –algo que hacía que se perdieran parte de las letras–, la interpretación en todo sentido funcionaba perfecto. “Como Una Sombra” o “Calla y Espera” retumbaban mientras ya se pasaba de un millar a varios miles de personas en Movistar Arena. La parte de adelante fue siempre la más entusiasta y, aprovechando el espacio, incluso hubo un circle pit que probablemente contravino cualquier recomendación de distanciamiento social por el coronavirus, pero que a quienes estuvieron ahí no les importó. Igualmente, se hacía rara esa sensación de ver un show con tal nivel de compromiso social y, a la vez, notar que las ganas de formar parte del momento podían ser contraproducentes respecto a la salud pública. De todas formas, una hora después, tras el doblete entre “Irreparable” y “No Lo Veo Como Tú”, se cerró no sólo un show tremendo de BBS Paranoicos, sino también el inicio de esta extraña, pero potente jornada de punk.

La continuación no iba a ser menos fuerte con Eterna Inocencia. La banda argentina, que hace de la consigna social parte de las historias que cuentan, se atrasó cinco minutos de lo que supuestamente debía ser el inicio del show, aunque eso no mermó en la vibra de la gente o de los músicos. Nuevamente sería el micrófono del vocalista principal el que generaría problemas, esta vez dejando en un nivel más bajo del necesario a Guillermo Mármol, cuya labia es importantísima en cada track que se despachó, desde “Viejas Esperanzas” o desde “A Los Que Se Han Apagado…”. Lo más impactante de lo que hace el quinteto es cómo logran el sonido que tienen, que los acerca más a Bad Religion en la pulcritud que a conjuntos más desprolijos que ven en lo instrumental algo secundario. Sí, las letras y las convicciones de Eterna Inocencia son algo que los acerca al público y a una sociedad completa, con “La Risa De Los Necios” –dedicada al “cura obrero”, Mariano Puga– o “El Guardián” como ejemplos de ello. Pero también hay espacios como el instrumental después de “Le Pertenezco A Tus Ojos…” que dejan en claro cómo EI es muchísimo más en vivo que en estudio.

Episodio aparte fue el freno que la banda le dio al show por más de cinco minutos con el fin de que la gente amontonada dejara espacio para que atendieran a un chico que estaba con problemas de salud en la multitud. Cerrando con “Weichafe Catrileo”, canción inequívocamente destinada a la lucha en la que, pese al desvío lamentable que presenta la pandemia del nuevo coronavirus SARS-CoV-2, sin duda que continúa, y que tras más de una hora de fuerza escénica también se pudo compartir con las grandes letras e interpretación de una banda de punk que es mucho más que eso a estas alturas para sus fans en nuestro país.

Cuando el reloj marcaba las 21:00 horas en punto, el recinto bajaba sus luces y las trompetas características de “Pretty Fly (Reprise)” –canción que cierra el icónico “Americana” (1998)– daban inicio al número estelar de la jornada. Y es que, luego de la enérgica rendición de los clásicos “Americana”, “All I Want” y “Come Out And Play”, no cabía duda de que los fanáticos de The Offspring ansiaban un baño de nostalgia tras casi cuatro años de espera y del reagendamiento dado por la contingencia en el territorio nacional. El triplete, ovacionado y disfrutado por los presentes hasta con bengala incluida, dejó en evidencia el excelente estado de la banda gracias a una perfecta ecualización que reverberó sin problemas en el globo. Tras dicho inicio, Dexter bromeó que este sería “probablemente el último concierto en el hemisferio occidental” y que, a pesar de todo, no podían cancelar tan especial reencuentro. El vocalista finalizó su humorística intervención no sin antes recomendar evitar el contacto físico para prevenir cualquier contagio relacionado a la pandemia que acecha al mundo por estos días.

Pausando el repertorio típico por algunos momentos, el cuarteto estadounidense presentó “It Won’t Get Better”, una de sus más recientes creaciones, ante una respetuosa audiencia que apoyó con palmas cuando la canción y los músicos lo requirieron. Luego, volvieron al ruedo con “Want You Bad”, “Session”, “Original Prankster” y “Staring At The Sun”, hitazos que encendieron al público y lo llevaron a iniciar diversos –y poco recomendados– mosh pits a lo largo de la sección. La voz de Dexter merece mención aparte, pues, a pesar de los años, llega a los tonos requeridos por la selección y es capaz de interpretar con la fuerza que una agrupación de este estilo demanda. Al finalizar un diálogo que sólo The Offspring puede llevar a cabo a la perfección, haciendo chistes sobre cómo Dexter, aparte de ser el liricista principal de la banda, también tenía un doctorado en virología, llegando a la hora de los covers. Y es que, tal y como lo reconocieron en el escenario, no habría grupo sin Ramones o sin la influencia de los hermanos Young.

Una vez terminado el homenaje, los norteamericanos versionaron sus tradicionales “Bad Habit”, “Gotta Get Away” y una emotiva “Gone Away” en piano, la que demostró el correcto estado vocal de Holland y constituyó una mezcla perfecta entre aterciopelados tonos de sensibilidad y el estruendo característico de la banda hacia el ocaso del tema. Luego, los éxitos insignes de la banda “Why Don’t You Get A Job?”, que incluyó unas pelotas plásticas de colores para interactuar con los fans, “(Can’t Get My) Head Around You”, “Pretty Fly” y “The Kids Aren’t Alright” sentaron precedente de que la potencia del grupo sigue incólume tras 34 años de carrera. Hacia el epitafio del periplo, y a modo de encore luego de un par de minutos de reposo, retornaron al escenario para finalizar con dos clásicos y un inesperado tributo a Pennywise, quienes tuvieron que restarse del evento a última hora dada la alerta de salud mundial. Cerrando con “You’re Gonna Go Far, Kid”, “Bro Hymn” y “Self Esteem”, The Offspring le puso broche de oro a una icónica noche en Movistar Arena, lugar que marca un hito de masividad en la historia del grupo en cuanto a conciertos en nuestro país.

Tomando las palabras de Holland en los últimos minutos del show, es menester mencionar que este fue, probablemente, el bastión final en un largo tiempo de eventos masivos en la industria de la música en Chile y en occidente. Sin embargo, eso no fue impedimento para el disfrute de miles de asistentes que llegaron y lo dieron todo en un espectáculo que logró llevarse a cabo de manera perfecta, pese a todos los contratiempos y dificultades que surgieron. Ciertamente, resulta muy importante tomar las recomendaciones del vocalista antes de despedirse: “Cuídense, por favor. Hasta la próxima”. Un incierto cierre temporal para el showbiz musical que promete un “hasta luego”, pero que desconoce qué tan pronto se reactivará el flujo normal y necesario de adrenalina y fervor que solamente las melodías pueden proveer a los habitantes de esta tierra.

Setlist BBS Paranoicos

  1. Sin Salida
  2. Mis Demonios
  3. La Rabia
  4. No Siento Culpa
  5. Eterno Retorno
  6. Sanatorio
  7. Mentira
  8. Ruidos
  9. Corazón Al barro
  10. Tanto Insistir
  11. Daño Permanente
  12. Recuerdos
  13. Como Una Sombra
  14. Cristales
  15. Calla y Espera
  16. El Regreso
  17. Ausencia
  18. Irreparable
  19. No Lo Veo Como Tú

Setlist Eterna Inocencia

  1. Viejas Esperanzas
  2. Encuentro Mi Descanso Aquí, En Este Estuario
  3. A Los Que Se Han Apagado…
  4. Trizas De Vos
  5. Abrazo
  6. A Elsa y Juan
  7. La Risa De Los Necios
  8. El Guardián
  9. La Mentira Sin Fin
  10. Cuando Pasan Las Madrugadas…
  11. Hazlo Tú Mismo
  12. Cartago
  13. Sin Quererlo (Mi Alma Se Desangra)
  14. Cassiopeia
  15. Le Pertenezco A Tus Ojos…
  16. Puente De Piedra
  17. Nuestras Fronteras
  18. Weichafe Catrileo

Setlist The Offspring

  1. Americana
  2. All I Want
  3. Come Out and Play
  4. It Won’t Get Better
  5. Want You Bad
  6. Session
  7. Original Prankster
  8. Staring At The Sun
  9. Blitzkrieg Bop (original de The Ramones)
  10. Whole Lotta Rosie (original de AC/DC)
  11. Bad Habit
  12. Gotta Get Away
  13. Gone Away
  14. Why Don’t Get You Get A Job?
  15. (Can’t Get My) Head Around You
  16. Pretty Fly
  17. The Kids Aren’t Alright
  18. You’re Gonna Go Far, Kid
  19. Bro Hymn (original de Pennywise)
  20. Self Esteem

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