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Nova Materia: Hijos de la Tierra

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La naturaleza entrega sonidos, desde el silbido del viento hasta el trinar de un pájaro, y tenemos al ritmo y a las melodías como algo que acompaña al ser humano en su afán más primitivo. La música tiene elementos que se repiten una y otra vez, y que en su familiaridad generan compromiso y pueden ser atractivos, haciendo que canciones muy diferentes compartan cifrados de compases o escalas de notas. He allí el magnetismo que genera para los artistas evitar la sofisticación y sentir esos recursos en su más pura expresión, pudiendo tocar cada inflexión, cada material, cada idea puesta en su música. Nova Materia responde a las nuevas inquietudes artísticas de Eduardo Henríquez y Caroline Chaspoul, tras decretar un receso de Pánico y maravillarse con las posibilidades que les entrega la música electrónica. Pero Nova Materia no iba a ser meros sintetizadores y loops dignos del EDM, sino que tenía que ir más allá. El dúo tiene una obsesión con lo humano dentro de la electrónica, viendo a la tecnología como un medio para expresar algo y dejar patente su conexión con algo más distante que el alcance de la mano.

Eduardo y Caroline se conectan con lo primitivo, sin escalas, pese a que el sonido termine siendo sofisticado. Esto es lo que se pudo ver en el primer show de la banda en Chile (su anterior venida había sido a un festival), el pasado sábado 18 de marzo en Club Blondie. Pero antes la gente que llegó muy de a poco al recinto que en 2017 cumple 24 años pudo ver el live de Alejandro Paz, uno de los créditos de la electrónica nacional. El artista armó un espectáculo donde los beats bailables y las pistas chillonas predominaban, armando una masa de sonido a la que era difícil no sumarse, en especial en los momentos donde tomaba el micrófono y escudriñaba frases como “No tengo plata” o “Váyanse, váyanse, váyanse, si no van a bailar”. Aunque no había tanta gente (unas 200 personas de las más de 500 que se verían en el show principal), quienes decidieron pasarlo bien con Alejandro Paz sin duda quedaron preparados para Nova Materia. O tal vez no.

Nova Materia es probablemente algo para lo que nadie está preparado, porque es el lado más análogo de una electrónica que suena apabullante, tal como se notó desde el comienzo de un show que partió a las 23:25 y que se extendería más allá de la hora y media, aunque si hubiese durado 10 o 15 minutos hubiera dado igual: la intensidad y la forma de construir música en el escenario hacía que lo de Eduardo y Caroline tuviera un sentido de urgencia inevitable, como un choque para el que frenar ya es imposible, y se ve venir en cámara lenta. Mucho ayuda el hecho de que Club Blondie suena mejor que nunca, cada vez con mejor amplificación y con más cuidado en que su escenario no sólo tenga épica por el espacio utilizado, sino también por los sonidos que se comparten en vivo.

Aunque sea Eduardo el más eléctrico y notorio en sus movimientos, y en las inflexiones que consigue corporalmente, es Caroline la que construye bloque a bloque las capas sonoras a base de loops y de sonidos de múltiples fuentes. Nova Materia usa rocas con micrófonos, tubos huecos y duros, guitarras que se tratan más como un timbal más que como un instrumento tradicional, maderas, y a través de la puesta en escena de diferentes sonidos se logra sentir a esta electrónica como algo primitivo, justamente. Este parece ser el paso lógico tras lo que se pudo ver en “Pánico: La Banda Que Buscó El Sonido Debajo”, el documental que graficó el paso de Pánico por el norte de Chile y el desierto de Atacama, donde buscaban matices desde los elementos y lugares que visitaban. La vibración, la materialidad, todo tenía relación con lo que se crearía. Salió “Resonancia”, el último disco a la fecha de Pánico, y con Nova Materia se nota que se da el paso más lógico posible, en un camino de obsesiones y de naturaleza.

Eduardo y Caroline parecen ser hijos de la misma tierra que los dotó de esta conexión con los materiales en escena. La alquimia de transformar piedras en ocarinas o de tener maderas como tambores únicos e irrepetibles, convierten a lo que hizo Nova Materia en Blondie en uno de los espectáculos más creativos vistos en mucho tiempo en nuestro país, simplemente porque está la confianza de ver en la naturaleza a una aliada y en la Tierra a la materia prima para hacer totalmente creíble este trayecto de conexión con lo más recóndito de lo inicial de la música. Nova Materia consigue sonar como algo particular al usar de forma cándida los recursos que tanta gente ya ha utilizado, porque se nota que en este caso hay honestidad brutal y un trance más allá de lo humano en esa pista de baile: con este proyecto, Eduardo y Caroline se convierten en el dúo que encontró el sonido debajo y que pone beats, alaridos y melodías debajo de la piel de los afortunados que pudieron disfrutar de uno de los espectáculos electrónicos más impactantes en mucho tiempo.

Por Manuel Toledo-Campos

Fotos por Pedro Mora

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DIIV: Esquemas Juveniles

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DIIV

Aunque estamos en una época con la posibilidad de más estilos que nunca, lo que es más claro de ver son las convergencias, cuando existen cosas muy diferentes que tienen un punto de encuentro. Nadie podría decir que Mac DeMarco, Wild Nothing y DIIV suenan igual, pero estos tres actos, con popularidad en nuestro país, tienen una sensibilidad con las guitarras y los ritmos que los hacen convivir incluso en el mismo sello, Captured Tracks. Pero luego aparecen las diferencias, que tienen más relación con cómo se disponen en un escenario o cómo se disponen ante su propia música, algo que se reafirmó en una nueva visita de DIIV, enterando su tercera vez en Chile.

Antes, todo partió con un potente set de Adelaida. La banda de Valparaíso estuvo muy bien elegida para partir con la jornada, en especial por la energía desplegada, que redundó en una ovación del público al cierre de su show pasadas las 21:45 hrs., donde pasaron por canciones como “1999” y “Eco”, para cerrar con la explosiva “Cienfuegos”, en su mayoría tracks que pertenecen a “Paraíso”, el disco que editaron en 2017. Un sólido espectáculo de una de las bandas más potentes del rock chileno, cuyo repertorio está siendo rápidamente engrosado.

Tras 25 minutos de espera, y teniendo a la mitad de DIIV en los últimos minutos ajustando ellos mismos sus instrumentos, entró a escena la banda de Brooklyn, que de inmediato podía establecer su potencia. A diferencia de Wild Nothing o DeMarco, lo de DIIV es más potente en el proscenio, y ellos no caen en la autoindulgencia, pese a que las formas de Zachary Cole Smith pudieran hacer creer lo contrario. Toda la banda suena cohesionada y eso deriva en el peso escénico que proyectan. Mientras Zachary pareciera al comienzo un vocalista parco que no se interesa en que se le entienda poco, luego se denota que eso es parte de la estética mientras él está enfocado como láser en lo suyo, y también en la guitarra de Andrew Bailey, con quien se complementan perfectamente.

Además, esta energía enfocada y este sonido aplanador no caen en un saco roto, porque el público que llegó a Club Blondie (que, vale decir, cada vez suena mejor para bandas) estaba dispuesto a saltar y sentir este show como algo realmente relevante. Ya en “Human” y “Dopamine” la algarabía era tal, que gente de la audiencia hacía crowdsurfing y otros revoleaban la polera o lo que fuera en el aire, como si se estuviera alentando al equipo en el estadio, con una conexión envidiable.

Aunque se ha visto a DIIV varias veces en vivo, existe algo que hace que se vuelva a ellos. Y tal vez sea esa sensación de que, en medio de todos los esquemas que rodean lo que son y proyectan sus canciones, existe una banda que tiene mucho que entregar, enfrentándose al cliché de los conjuntos que suenan o se ven similar, y que en general tienden a restringir el caudal de energía. En temas como “Past Lives” quedaba en claro que no se trataba meramente de escuchar versiones como las oscuras rendiciones de los discos, sino que algo de mayor alcance explosivo, sin traicionar esas sensaciones.

No es que DIIV sea la banda más brillante del mundo. Tras entregar una canción nueva sin título, tocaron un minuto de algo ininteligible y esos son gestos contradictorios, pero al menos reposa algo de honestidad en ellos que los hace ser de lo mejor de su rebaño, algo que en el iluminado final con “Dust”, “Doused”, y luego el encore con “Wait” (en el cual Andrew salió con un sostén que una persona lanzó al escenario) quedó de manifiesto. Poco más de una hora y cuarto que explicitan a DIIV como parte de los actos en los que no se debe desconfiar, porque pese a seguir modelos que parecieran muy definidos, ellos aún son capaces de entregar algo que los separa de la indulgencia y la simplona sencillez, y es así como probablemente los neoyorquinos consigan el paso a la trascendencia.

Setlist

  1. (Druun Pt. II)
  2. Is The Is Are
  3. (Druun)
  4. Human
  5. Under The Sun
  6. Dopamine
  7. Sometime
  8. Oshin (Subsume)
  9. Incarnate Devil
  10. Bent (Roi’s Song)
  11. Past Lives
  12. Nueva canción
  13. Healthy Moon
  14. Loose Ends
  15. Dust
  16. Doused
  17. Wait

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