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Norah Jones: Como las cosas solían ser

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Desde el 18 de octubre todos los shows musicales han tenido algún tipo de acercamiento a la movilización, a un quebrantamiento a la abulia social, indicando una buena forma de ver cómo el paisaje va cambiando. Pero también existe ese tipo de shows que podría estar inserto en cualquier momento de la historia y no habría mayor diferencia. Tanto por la atemporalidad de la música presentada, como por la indiferencia de un público, como también las lógicas mismas que pueden aparecer en un espectáculo, el retorno de Norah Jones a Chile ante un Teatro Caupolicán casi repleto tuvo mucho de cápsula de tiempo y poco de conexión con lo que había fuera de las rejas del recinto de calle San Diego. Más adelante, se verá cómo esto también es una posibilidad sana y genuina respecto a la música misma.

Antes, durante la tarde del viernes 6 de diciembre, las plateas y sillas en cancha se fueron llenando muy lentamente hasta pasadas las 20:00 hrs., cuando Felipe Cadenasso se subió al escenario acompañado por Antonio del Favero y Natisú a tocar un set marcado por su trabajo como solista. Las armonías entre las voces de Felipe y Natisú eran perfectas, aterciopeladas, de una gran química marcada por el trabajo de ambos compositores que ven en la voz un instrumento mayor. Esto hacía de Cadenasso una buena elección de show de apertura.

Pero entre medio de canciones calmas, las luces estaban apagadas en las plateas y el ruido de la gente llegando cada vez de forma más numerosa, y las conversaciones multiplicándose como si nadie estuviera en el escenario. Realmente, era una sinfonía del irrespeto que censuraba la música preciosa que estaba siendo mostrada en el escenario y que hizo que casi nadie escuchara el único mensaje político de la jornada, cuando Cadenasso explicaba cómo era importante el hecho de estar más juntos que nunca. Tras 34 minutos de canciones brillantes, pero con mucha interferencia por parte del público, el trío de músicos se retiró con la cabeza en alto, sabiendo que la gente se lo perdió.

Luces volvieron a encenderse y ya el teatro lucía lleno en un 80%, espacio de tiempo que se extendería porque Norah Jones y sus músicos no saldrían a escena a las 21:00 hrs. Y qué bueno que no fue así, dada la cantidad de público que aún faltaba que se instalara en sus asientos. Recién a las 21:18 hrs., con todo en penumbra, ingresó ella junto a Brian Blade en batería y Jesse Murphy en el bajo (y luego en el contrabajo) para cambiar el aire en el ambiente, y entregar “Just A Little Bit” pegada a “It Was You”.

Era claro desde el inicio que la cruzada por el “retorno a lo básico” de Norah Jones que se inició en “Day Breaks” (2016) y se consolidó con “Begin Again” (2019) es parte del momento clave en que se encuentra la artista norteamericana, quien incluso, más allá de sus dotes vocales evidentes, incluso plasma su personalidad y talento en la forma de tocar el piano. Claro, su voz es un paradigma innegable del acercamiento del jazz al pop y a la pasividad que ha conseguido su trabajo, pero viendo lo que entregaba a temas como “Nightingale” o las versiones que haría más adelante de sus canciones más conocidas, los matices también se encuentran en la forma de pulsar las teclas, desde lo más tierno hasta lo más dramático. Norah Jones no se acomoda a lo pálido, dándole colores a todo, tal como las luces tenues que iluminaban a los músicos intentaban pintar en los telones detrás del escenario.

El formato en escena es un clásico trío, sea jazzero con piano, bajo y batería, o en “Don’t Know What It Means”, original del proyecto Puss n Boots, y “Come Away With Me”, colgándose la guitarra, logrando otro tipo de presencia, un poco estática dada la perfección en cada eslabón del sonido logrado, sin falla alguna, pero con el carisma necesario para inundar el espacio. En medio, varias sorpresas como “It’s A Wonderful Time For Love” o “Tragedy” removían un repertorio que encontraba reacciones más ruidosas de la gente –cuyo silencio caracterizó esta fase de la noche–, las que vinieron con “Sunrise” o “After The Fall”. También fue llamativo notar cómo ella le entrega espacio a “Black”, parte del proyecto “Rome” que Danger Mouse y Daniele Luppi lanzaron en 2011, demostrando cómo Jones consigue que canciones con un carácter muy marcado se acoplen a lo que ella expresa y significa en un escenario.

Por eso que arruinaba un tanto la experiencia notar personas yéndose desde la mitad del concierto en adelante. Era muy extraña la sensación de ver perfección andando en un proscenio y con la calidez que tiene la voz de Norah Jones, para luego notar decenas de personas caminando a cuentagotas en dirección a la salida. Algunos, luego de “Come Away With Me”, otros tras “Don’t Know Why”, y otros después de “Flipside”, los movimientos humanos eran el único indicio de no estar ante una grabación en un estudio. Por otra parte, mucho se puede comentar de Jones, pero también la capacidad de estar siempre reaccionando de Brian Blade y la habilidad para marcar un pulso y, a la vez, armonizar con el piano de Jesse Murphy en el bajo, son importantes para apoyar y enaltecer a la artista.

Hablando de “Flipside”, también en esa canción se daba otra muestra más de cómo Norah Jones y su banda tienen una gran formación: cuando logran aguantar el compás, no dejando que pase al siguiente tan fácilmente, cerca del final, rompiendo con el ciclo de un pulso más natural, entregando otras sensaciones. Aguantar el compás, con tal precisión, es impactante, y más golpea en “Don’t Be Denied”, ese tema de Neil Young que ella transforma en una pieza de plegaria por la identidad propia, para que cada cual entienda su valor y también en su fuero más personal, que alguien como ella –que valora lo suyo y lo cuida tanto como puede (no usa redes sociales para asuntos personales, cuida el anonimato de su actual pareja, entre muchas otras cosas)–, es capaz de comprender.

Luego de despedirse de la gente, Jones y sus músicos volvieron para hacer sólo un tema más, entregando un show más breve de lo esperado, con casi una hora y media de espectáculo cerrado con “Cold Cold Heart”, cover de Hank Williams aparecido en “Come Away With Me” (2002), otra de las canciones que demuestran que la cantautora está para volver a comenzar y que ésta vez lo hace con la libertad de la madurez y las decisiones propias para, a final de cuentas, entregar música de la forma en la que muchos suponen que las cosas deben ser. Considerando la calidad –al menos desde ese punto de vista–, esta atemporalidad y capacidad de crear un universo paralelo propio son fuertes argumentos para tomar este camino, disfrutarlo y luego tratar de que ese dulzor dure un poco más, antes de volver al amargor de un contexto donde la lucha aún no termina.

Setlist

  1. Just A Little Bit
  2. It Was You
  3. Nightingale
  4. Begin Again
  5. Those Sweet Words
  6. It’s A Wonderful Time For Love
  7. Sunrise
  8. Don’t Know What It Means (original de Puss N Boots)
  9. Come Away With Me
  10. After The Fall
  11. Black (original de Danger Mouse & Daniele Luppi)
  12. Tragedy
  13. I’ve Got to See You Again (original de Jesse Harris & The Ferdinandos)
  14. Don’t Know Why (original de Jesse Harris & The Ferdinandos)
  15. Flipside
  16. Don’t Be Denied (original de Neil Young)
  17. Cold Cold Heart (original de Hank Williams)

Fotos por Jaime Valenzuela para DG Medios

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La Polla Records: Una contradicción evidente

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Resulta difícil escribir desde la decepción. Tener que desechar todas las expectativas depositadas en un espectáculo que sería histórico para verse en la obligación de dedicar estas palabras a la falta de sentido común. Demás está decir que pasaron dos décadas desde la última visita a Chile de La Polla Records, como también está demás mencionar que se trata de una banda disuelta, que dedicó esta gira exclusivamente para revivir un hito imperecedero dentro del punk hispanoparlante. Ante circunstancias tan irrepetibles, recordar lo que no fue es un ejercicio amargo.

Horas antes del abrupto reencuentro, los argentinos de Flema fueron los encargados de iniciar una jornada que ya daba cuenta de una falta de control por parte de la productora. Respetando la hora pactada, el conjunto trasandino repasó temas icónicos de su repertorio, ofreciendo un celebrado homenaje a Ricky Espinosa durante “Vahos Del Ayer”, y una dedicatoria directa a las fuerzas de orden con “Nunca Seré Policía”. Acompañados por Pogo, Los Peores De Chile continuaron la antesala de los vascos. Las primeras señales del desastre comenzaron con un pequeño desencuentro de la banda con el público, sin embargo, no se escapaban de la dinámica propia de estas instancias.

Con la misma puntualidad de sus antecesores, La Polla Records subió al escenario del Bicentenario de La Florida para dar comienzo a lo que, supuestamente, iba a ser un show extenso. Rodeándose de cantos eclesiásticos y un par de cruces encendidas en los extremos de las pantallas, “Salve” fue la primera muestra de por qué cada palabra de Evaristo carga con un sentido de contingencia inagotable. Al igual que “Lucky Man For You”, ambas canciones entregaron una visión crítica a la doble moral de la iglesia católica.

Pese a que el show mostró menos de la mitad del setlist, el escueto repertorio permitió evidenciar cómo el contenido lírico se adecúa perfecto a los tiempos de despertar social y el cuestionamiento a las figuras de poder. En tan sólo unos breves minutos, canciones como “Nuestra Alegre Juventud”, “Chica Ye-Ye”, “Los 7 Enanitos” o “Delincuencia” sacan a relucir problemáticas como la precarización de la vida, el endeudamiento, la violencia machista y la negligencia en la salud pública. Un repertorio que suena tan actual y que, lamentablemente, algunos asistentes no supieron poner en contexto.

Marcando el principio de un fin anticipado, “Ni Descanso Ni Paz” se alzó como una declaración de principios, reivindicando sus más de treinta años de carrera. Fue durante este tramo del concierto cuando la cantidad de fanáticos que subían al escenario comenzó a aumentar de manera considerable, sin embargo, Evaristo pedía en buenos términos que no lo tomaran del cuello como última advertencia. Mientras interpretaban “Gol En El Campo”, la banda abandonó el escenario ante el constante hostigamiento y la ocupación del público, dejando inconcluso un repertorio que prometía más de cuarenta canciones.

Cabe recalcar que, a diferencia de lo que aseguran algunos medios, los problemas no se originaron por el uso del escenario como espacio de protesta, ya que la banda dio tribuna a quienes expresaron su descontento, como fueron los casos de denuncia frente a los altos índices de violencia del gobierno o el número de encarcelados como consecuencia del estallido social. Más bien, se trata del ego infantil de algunas personas y su afán por interrumpir el show sin entregar algún discurso coherente.

A raíz de estas dinámicas, que impiden la convivencia en un concierto, es necesario preguntarse cuál es la real consecuencia de quienes se jactan de pertenecer a una colectividad supuestamente horizontal y antiautoritaria. Muy por el contrario: son incapaces de poner en práctica el respeto y el autocontrol entre sus pares. Porque, más allá del final absurdo de un show tan anhelado, bajo el escenario también se evidenciaron prácticas repudiables de acoso sexual, que nada tienen que ver con el punk, sino que sólo muestran una contradicción evidente. El punk puede ser un espacio valioso, sin embargo, requiere mayor consciencia si pretende articular una verdadera contracultura. Lo demás queda para la postal.

Setlist

  1. Salve
  2. Memoria De Muerte
  3. Así Es La Vida
  4. Lucky Man For You
  5. Nuestra Alegre Juventud
  6. El Suicida
  7. Chica Ye-Ye
  8. Los 7 Enanitos
  9. Delincuencia
  10. Come Mierda
  11. Ni Descanso Ni Paz
  12. Maigenerasión
  13. Igual Para Todos
  14. Que Turututu, Ay Que Tururu
  15. Vuestra Maldición
  16. Balada Inculta
  17. Gol En El Campo

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