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Nightwish: Técnicas de la emoción

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Hay una facilidad brutal en el menosprecio del otro. Tenemos una tendencia innegable a mirar en menos el gusto, el disfrute y la felicidad del otro, simplemente porque aquello no tiene estándares de calidad que se acomoden a nuestras percepciones o a nuestras ideas. Lo que muchas veces olvidamos, es que incluso el artista más desastroso del mundo tiene gente que lo apoya y escucha, y con mayor razón hay un público cuando hay una trayectoria y una conexión detrás. Esta crítica siempre se le ha hecho a Nightwish después de la partida de Tarja Turunen, indicando que los discos que han editado con Anette Olzon y Floor Jansen no tienen la calidad de antaño, y que Empuu Vuorinen y Tuomas Holopainen no le hacen justicia a lo que en algún momento fueron, pero también se olvida que la música no sólo está hecha para el análisis, sino que también para la percepción.

04 Caterina Nix @ Teatro Caupolicán 2015

De esto último hubo muchísimo en el Teatro Caupolicán la noche del 4 de octubre en el retorno de Nightwish luego de siete largos años, incluyendo una omisión aún inexplicable de Santiago en la gira que hiciera el conjunto hace algunos años. Por ello es que la gran mayoría de los alrededor de cuatro mil asistentes al show estaban expectantes, y llegaron antes de la hora convenida para que los fineses se subieran al escenario. El retorno del sexteto a nuestro país sirvió también para demostrar que, aunque el material en estudio no sea de la calidad que muchos esperan, o existan críticas, la experiencia en vivo supera con creces las conjeturas que puedan hacer como prerrogativas con los discos.

Antes, se presentaron dos propuestas chilenas que hicieron honor a la velada con un material propio lleno de intención, aunque con diferencias en la interpretación. Caterina Nix tiene una voz privilegiada y se ha rodeado de buenos músicos, e incluso ha trabajado con Timo Tolkki, ex Stratovarius, con quien armó su disco debut. Pero Caterina se nota todavía un poco incómoda en el escenario, o al menos no al 100% de la soltura que podría tener, en especial con la voz que posee. Aun así, dio un buen show, con una respuesta muy interesante del público (pese a los infaltables que sólo se fijaron en su belleza), con su momento más alto en “You Will Breathe Again”, que ella presentó como una composición propia y que destacó por su frescura y dinámica, presagiando grandes cosas para la intérprete.

09 Polímetro @ Teatro Caupolicán 2015

En tanto, sólo diez minutos después de terminado el show de Nix, se subió al escenario Polímetro. Ni siquiera 30 segundos bastaron para que tuvieran al público en el bolsillo, y la banda respondió con un set de 35 minutos sólidos, a la altura de su creciente historia que, con su segundo álbum, “El Laberinto de los Sueños” (2014), ya se pegaron un salto importante de calidad, la que en vivo tiene ecos fuertes, en especial con canciones como “Laberintos”, que mueve a la gente, donde demuestran la capacidad de mezclar quiebres de compases muy interesantes con un momentum que no se detiene jamás. Gran sonido, además, para el quinteto que avanza y avanza, con plena convicción y calidad interpretativa.

Pero para lo que todos llegaron era para presenciar a Nightwish y la banda se lució en todo momento, manejando los tiempos de gran manera y, por cierto, apoyándose en el carisma descomunal que posee Floor Jansen, a la usanza de otras grandes intérpretes del llamado “metal sinfónico”. Llamativo era el efecto de la corriente de viento en el rostro de Floor, quien parecía todo el tiempo en una sesión fotográfica. Y es que el halo de perfección en la interpretación de Jansen no la dejó jamás, siempre presta, con un headbanging de antología cuando era necesario, con pasos seguros por el escenario sin exagerar con el recurso, y manejando la conexión con el público de gran forma.

07 Nightwish @ Teatro Caupolicán 2015

El público era la caja de resonancia de lo que pasaba en el escenario, y en general la energía siempre estuvo a tope. Aunque la crítica fue dura con los últimos álbumes de Nightwish, parte importante de las canciones más disfrutadas vinieron de su último disco, “Endless Forms Most Beautiful” (2015), como “Yours Is An Empty Hope” o el single “Élan”. La energía de la banda fue tremenda y sentían el cariño de la gente, y se aprovecharon de ello para inundar su show de buenas vibras. Lo técnico de las capacidades instrumentales de cada uno, estaba puesto al servicio de la emoción y de generar algo. Al final, eso era lo más importante.

El concierto, de diecisiete canciones y una hora cincuenta minutos de duración, no tuvo bis, y eso demuestra la vocación narrativa de un show que tiene momentos de calma, momentos para el lucimiento de cada miembro, y donde también Floor es una administradora perfecta de sus recursos. “Ever Dream” y “She Is My Sin” forman un combo donde Jansen se luce, para luego tener la aparición de Troy Donockley con flautas, bodrán y más instrumentos que dan la sensación nórdica que transmiten varios pasajes de la música de Nightwish. Su afable presencia, hace que “My Walden” tenga aires del norte que bien le vienen al set, mientras que para “The Islander” tuvo a Marco Hietala en solitario, con el resto sumándose a mediados de la tonada.

13 Nightwish @ Teatro Caupolicán 2015

La solidaridad del conjunto hace que se transmita una vibra que, tal vez, permite que pensemos que los tiempos de absurdas disputas egóticas de Vuorinen y Holopainen con el mundo, quedaron en el pasado. Jansen es la cara de la banda y deja atrás con facilidad la presencia que muchos aún tienen de Tarja Turunen como la voz de Nightwish. Incluso las canciones de los tiempos de Tarja son tomadas y amasadas a su pinta por Floor, y por ello la explosión del público es gigante en momentos como “Stargazers” y “Sleeping Sun”, del ya lejano “Oceanborn” (1998).

Potente fue la recepción a canciones como “Nemo” y el karaoke de “I Want My Tears Back” fue épico, mientras que las más complejas “The Greatest Show On Earth” (Chapter II: Life; Chapter III: The Toolmaker) y “Ghost Love Score” generaban el delirio de los fans, que entendían que el conjunto no sólo iba a entregar hits y nada más, sino que también parte de su material con más sustancia, haciéndose cargo de su historia, dándole una vuelta de tuerca interesante.

04 Nightwish @ Teatro Caupolicán 2015

Tras “Last Ride Of The Day”, y con “The Greatest Show on Earth” (Chapter IV: The Understanding; Chapter V: Sea-Worn Driftwood) de fondo, la banda agradeció, se sacó fotos con el público y cerró todo. Porque así corresponde y así se lo ganó todo el mundo, con los críticos de la puerta para afuera y con la comunidad del afecto mutuo en el interior del teatro, mezclando técnica con emoción, en una noche que valió la pena los siete años de espera, y que sirvió también para indicar que, por mucho que el estudio sea incapaz de reflejar mayores mejoras en la creatividad de una agrupación, el escenario siempre será el lugar para revisar si esto es realmente o no un problema para llegar al público que, al final, es el que define si la música vale la pena. Y a juzgar por lo visto en el Caupolicán, Nightwish no necesita loas más que las de su gente, y eso es lo que importa.

Por Manuel Toledo-Campos

Fotos por Nicolás Aros

Setlist

  1. Shudder Before The Beautiful
  2. Yours Is An Empty Hope
  3. Ever Dream
  4. She Is My Sin
  5. My Walden
  6. The Islander
  7. Élan
  8. Weak Fantasy
  9. 7 Days To The Wolves
  10. Wishmaster
  11. I Want My Tears Back
  12. Nemo
  13. Stargazers
  14. Sleeping Sun
  15. The Greatest Show On Earth (Chapter II: Life; Chapter III: The Toolmaker)
  16. Ghost Love Score
  17. Last Ride of the Day

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Luis

    08-Oct-2015 en 8:50 pm

    Excelente articulo. Hace bastante justicia a lo vivido. Tengo 53 años. Rockero desde los 15 y fan de Nightwish desde hace bastantes años. Viajé desde Antofagasta sólo a ver el show. Fue uno de los mejores que he visto en mi vida. Emocionante, poderoso y justo. Coincido con lo dicho sobre Floor. El recital cumplió todas mis expectativas.

  2. marianela

    11-Oct-2015 en 8:32 pm

    A mi me gusto el show, aunque senti que en las canciones antiguas la voz de Floor no le alcanzaba para borrar el recuerdo de Tarja.
    Sonaba espectacular sobretodo Nemo, pero yo que tengo en mi cabeza la voz de Tarja, no me podia olvidar de su interpretacion.

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Festival 10 Años Fauna

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Este es el primer review en vivo de HumoNegro desde que estallara el descontento social en más de tres semanas frenéticas donde la represión está a la orden del día, y los ojos se abren (y casi 200 lamentablemente por acción de Carabineros se han cerrado) cada día más. No es precisamente un entorno normal, y es en medio de esa extraordinaria contingencia que Fauna Producciones celebró sus 10 años con un festival que, en el papel, tenía muchos puntos atractivos, pese a que existiera gente que lo mirara en menos tras la cancelación de la edición 2019 de Fauna Primavera. Dentro de la delimitación del Parque Metropolitano, el Parque Mahuidahue en la comuna de Recoleta era el punto de encuentro, que aparentaba ser una brecha de aire fresco en medio de semanas tensas, fuera de lo común, difíciles. Pero, lamentablemente, el intento de preservar los aires de normalidad fue el pecado fatal que dinamitó todo lo bueno que estaba construyendo esta jornada de música de calidad y mucho calor.

Las puertas abrieron recién a las 13:40 hrs., mientras que el show que supuestamente comenzaba a las 13:30 hrs. recién partiría casi una hora más tarde. Lo aparente es que la prueba de sonido de Little Simz y sus músicos se retrasó, algo que más tarde también golpearía el fluir del encuentro. Mientras, la gente probaba los pocos retazos de sombra que había en el escenario principal del festival, Red Bull, que se instaló en una cancha de pasto sintético, con todo muy ordenado, bien delimitado, sin aparentes contratiempos.

Francisco Victoria

La música recién partió a las 14:28 horas, con el único músico nacional que se subiría al escenario principal, Francisco Victoria, quien no sólo mostró solidez absoluta en su desplante, pese a que también le afectó el calor que ya a esa hora marcaba 33ºC en Santiago, sino también el arrojo para mostrarse por completo en 35 minutos. Todo su disco debut, “Prenda” (2018), pudo sonar, y además el single “Querida Ven”, dedicado al momento político y social del país y que tuvo en Felicia Morales a un reemplazo más que competente para la parte de Juliana Gattas, algo necesario en una canción así de conversacional.

La banda es un gran apoyo para Francisco, quien en contados momentos se colgó un instrumento para poder maniobrar como el frontman que está siendo hoy por hoy, con la propia Felicia, Raúl Abarca y Daniela Riquelme como actores de reparto en este guion que ve en Francisco Victoria a un protagonista claro, que emociona en “Cuídeseme”, inquiere en “Cruza El Puente” o cautiva en “Marinos”. Brillante inicio de jornada, pese al retraso.

Little Simz

Más tarde sería doloroso lo que generarían los retrasos vistos respecto a Little Simz, pero la rapera londinense que despachó uno de los discos del año con “Grey Area” (2019) fue probablemente el mejor show de todo el día, con una energía tan contagiosa como extraña, con esa fuerza que tienen las y los artistas que marcan la diferencia.

A las 16:10 horas partió el espectáculo de Little Simz con su banda, todos de estricto vestuario blanco, al igual que el revestimiento del micrófono de la artista, que entró siendo la jefa (“Boss”) y luego entregó esa peripecia de las rimas que explican cómo el sistema apunta con el dedo para no dar oportunidades (“Therapy”). El tren ágil del inicio del show cerró con el tema que le abrió oportunidades a Little Simz, “God Bless Mary”, mostrando todo lo que tiene para ofrecer, desde una sensibilidad soul hasta una pluma afilada para resaltar las vivencias de las mujeres y todos quienes necesitan chances.

Pressure”, “Backseat” o “Good For What” son muestras de que la rapera entiende cómo no sólo el talento asegura tener una voz digna de escuchar, sino también hay dificultades que sortear, bocas que acallar y sociedades que cambiar. Ella lo dejó claro en su mensaje político: “Mantengan la cabeza en alto. Ustedes son fuertes”. No hay dudas en el ethos de Little Simz, por eso fue tan sencillo que dejara a todo el público encendido, compitiéndole al intenso sol golpeando la ladera del cerro, porque cada acción hecha por la artista quiebra la rutina, es extraordinaria, y eso fue lo que sintió el público. Se trata de una artista en la cúspide creativa y eso se notó. “Venom”, el hit “Selfish”, “101 FM”, “Flowers” y el cierre con “Offense” para apenas 50 minutos, pero que dejaron huella en el debut solista de la londinense en Chile (antes cantó con Gorillaz). Lo problemático fue el retraso que dejó su presentación y preparación: 85 minutos que serían calvario y desolación más tarde.

Khruangbin

Cuando el trío de Houston, Texas, se subió al escenario de 10 Años Fauna, estaba claro que la onda sería muy diferente a la intensidad de Little Simz. En vez de rimas, mensajes e ideas, lo de Khruangbin involucró un viaje por los sentidos que quedaban abiertos, cuando ya el sol había quemado más allá de lo debido la piel y los pies comenzaban a tener esa incomodidad típica de un festival.

Más gente llegó y se sucedieron canciones como “Dern Kala”, “August 10”, “The Infamous Bill” o “Mr. White”, convirtiendo a la cancha en un espacio más etéreo, sin límites, transformando la tarde en lo que siempre quiso ser: un oasis en medio de lo extraordinario. Allí Laura Lee, Mark Speer y Donald Johnson mostraron su calidad como instrumentistas y también como presencias magnéticas en el escenario. Speer y Lee son imposiblemente cool, y cada cosa que hicieron con sus instrumentos o con las acotadas palabras en español esforzado que regalaban al público tenía esa vibra de superestrellas. En tanto, la batería de Johnson era una fuerza que no por poco estridente era menos potente.

El momento visagra del show, eso sí, fue cuando se animaron con un cover de “El Derecho De Vivir En Paz” de Víctor Jara, con las clásicas líneas de guitarra del himno de las movilizaciones sociales de este año. Nuevamente, lo extraordinario se colaba en este intento de poner un poco de normalidad en el Parque Mahuidahue. Luego de 65 minutos, el trío culminó su show debut en nuestro país, el que sin duda ayudó a tener un poco de frescura y de ese rock atemporal que pocas veces suena tan contemporáneo como lo hace en manos del trío texano.

BadBadNotGood

Speaking Gently” era el tema que inició el show de BadBadNotGood en este retorno a nuestro país, esta vez sin novedades discográficas inmediatas, pero en un formato festivalero que trajo las mejores canciones del conjunto, en una especie de show de grandes éxitos con su formato de cuarteto implacable, con un sonido de lujo que mezclaron con temas completamente nuevos que han estado probando en conciertos durante los últimos meses.

Tampoco es que se trate de una reinvención del conjunto, porque eso no es, pero sí en el show se notó cómo es que la dinámica incesante y en constante evolución de BadBadNotGood se privilegia en pos de romper esquemas. En medio, tracks más clásicos como “Weight Off” o “And That, Too” corroían las ganas de reposar por parte de un público muy activo con el grupo canadiense, que aún está buscando las formas más eficientes de usar a Leland Whitty, único miembro no fundador, que con su manejo del clarinete o el saxofón conseguía ahondar y generar cruces efectivos con el teclado de Matt Tavares.

BadBadNotGood lucen como investigadores de las posibilidades del jazz, y es eso lo que demostraron en casi una hora de solidez irresistible. Tal vez el show más ensimismado, pero, a la vez, el de perfección más evidente en el marco del evento del décimo aniversario de Fauna.

The Whitest Boy Alive

Cuando ya la noche había caído y el escenario Boiler Room tenía a mucha gente bailando y disfrutando, en especial tras el brillante set de Pepo Fernández y Nico Castro con trazos de disco, electrónica y pop latino, en una mezcolanza que no dejó indiferente a nadie, venía el que se suponía que era el primer plato fuerte del evento, sin tanta mezcla como lo que se veía en el otro escenario, pero sí marcando un hito con la mera presencia ahí. Erlend Øye volvía a tocar en Chile, y en eso no había novedad, pero sí la había en que era con The Whitest Boy Alive, quizás su proyecto más pop y más “feliz”, dentro de lo que se pueda comentar. Algo raro, pero divertido de advertir, con el cuarteto en pleno para tocar luego de diez años sin editar nuevos discos, aunque con las ganas de disponerse para divertir a la gente.

Y lo hicieron desde casi el comienzo, pasadas las 20:35 hrs., cuando en “Courage” el baterista usó una olla y su baqueta para introducir el sonido del cacerolazo en la canción, y jugar con Erlend. El sonido de TWBA es muy indie, pero también muy pop, y por ello la gente pudo saltar y bailar con prácticamente todo lo que aparecía en los parlantes, ya fuera con “Burning”, “Fireworks” o “Bad Conscience”.

La banda tiene en los teclados de Daniel Nentwig el otro gran pilar de su sonido, entregando trazos que ningún otro proyecto de Øye posee, y eso le entregó una aspiración de diferencia muy grande al show. Y otra cosa: se notó siempre que la banda lo pasó increíble tocando frente a un público otra vez. Siete años es mucho tiempo, sin embargo, la capacidad de demostrar sin artilugios cómo logró fluir cada canción es algo que no lo entrega el ensayo, sino que la química del grupo. El público jugaba también en ciertos momentos a integrar el grito “El que no salta es paco” dentro de las canciones, pero esto tuvo su apogeo en “1517”, la que cerró el show, cuando Erlend la presentó con un pequeño discurso sobre la democracia, citando también la frase del coro que habla de la libertad, antes de ponerse a tocarla. En el final del tema, la gente comenzó a gritar “El pueblo unido jamás será vencido” y, tras ello, TWBA integró “Show Me Love” de Robin S. como un cover, con el cacerolazo sonando de nuevo, y con el retorno del grito del que no salta en su puesto es parte de las fuerzas policiales.

Incluso en el oasis más profundo de la catarsis musical era imposible abstraerse de lo ocurrido en el país. Con 55 minutos, el show de regreso de The Whitest Boy Alive no sólo los mostró sueltos y compenetrados, sino que también parecía el preludio perfecto para lo que sería el gran cierre con Hot Chip.

Pero Hot Chip jamás se subiría al escenario. ¿Qué pasó? ¿Qué hizo que la banda principal en el evento cancelara en el último de los minutos? Parte de la explicación tenía que ver con una pequeña barricada en las afueras del parque. Otra parte, venía de la mano con robos en buena parte de los vehículos estacionados en esos mismos alrededores. Por “razones de seguridad” el show se detuvo y la gente quedó en shock, y más aún al ver a Erlend asomarse y acercarse a la reja con la gente para conversar a viva voz y explicar lo ocurrido, tras el anuncio improvisado hecho por los parlantes. Pese a que pareció un movimiento de la producción, luego se aclaró que fue el propio músico noruego el que se quiso acercar a la gente para retribuir el afecto, pero también, como él dijo, porque sabe de esa sensación de quedar esperando un show que se canceló en las últimas. Erlend explicaba y la gente se indignaba más. ¿Dónde estaba la producción? ¿Dónde está la aceptación de algún error? Eso es lo que deja un sabor muy amargo tras 10 Años Fauna, al ver a una de las productoras de mejor curatoría del negocio de los conciertos en nuestro país sucumbir ante errores que la dejan mal ante quienes compran los tickets. Quizás en el caso particular de este evento el error principal fue pretender normalidad en un contexto extraordinario, y más aún al dejarse llevar por el retraso inicial que terminó sepultando la posibilidad de tener a Hot Chip cerrando con broche de oro la celebración.

Fuera del calor, el lugar estuvo bien ordenado y con un sonido que se perdía mucho menos que en el vasto Espacio Broadway; la gente se portó bien y las bandas entregaron shows de calidad. Incluso, la alianza con Boiler Room impulsó aún más la electrónica en el marco del festival. Entonces, ¿por qué todo queda como algo más sombrío? Tiene que ver con esas cancelaciones de último minuto, con no prever que, en vez de atrasar la jornada, quizás era mejor adelantarla. En el afán de tener un oasis, que logró concretarse en la mayoría de este sábado 9 de noviembre, todo quedó al final como un espejismo de los duros. Gente llorando al no tener ese break final en medio de días de mierda, en medio de semanas de terror y en medio de un país en su revolución más incomprendida, era el cuadro más terrible de un evento que merecía esa chance que al final se esfumó en el afán de una normalidad plástica, afectando las sensaciones frente al arte real de, como siempre, uno de los carteles mejor curados en festivales en nuestro país.

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